martes, 11 de octubre de 2016

Fiesta

 Presidida por el rey que hace días mentía cínicamente en la ONU sobre la generosidad española respecto a los refugiados sirios, una vergüenza nacional:

"Una de las derrotas más grandes jamás conocida del ejército español se produjo en la Batalla de Annual en el Rif. Duelo que se saldó con más de 8.000 soldados españoles muertos y otros tantos miles de heridos. Luego vengarían la derrota el general Sanjurjo y el comandante Franco en una criminal ofensiva en la que utilizaron gas mostaza y armas químicas como fosgeno, difosgeno, cloropicrina. Su intención no era otra que exterminar a los rebeldes indígenas y cabileños y anular cualquier resistencia que pusiera en peligro la soberanía española. Un demencial genocidio que nos recuerda a los cometidos en América por Pizarro, Cortés, Jiménez de Quesada, Orellana, Lope de Aguirre, Nuño de Guzmán, Pedro de Alvarado, Diego de Almagro, Pedro de Valdivia…
De esta forma tan clara y categórica se demuestra como ya sean indígenas americanos o negros ecuatoguineanos (Bantú y Fang), Saharauis, Cabileños, rifeños, o tribus de las Filipinas como los Bontoc, Ibaloi, Ifugao, Isneg, Kalinga, Kankanaey, Tinguian, Palawanes, indígenas de Guam, las Marianas o las Carolinas todos han sufrido las consecuencias de ese “genocidio universal” del imperio español. Los castellanos se acostumbraron de vivir del botín, de robar a otros pueblos y amasar fortuna patrocinando la corrupción y el pillaje.
Tras la victoria en la guerra civil el caudillo Francisco Franco tenía planeado reconstruir el imperio español en el norte de África. De ahí que una de las principales exigencias para unirse a las fuerzas del eje -en su célebre encuentro en Hendaya el 23 de octubre de 1940 con Hitler- era que a cambió le cediera el Roussillon francés, la región de Orán en Argelia, Gibraltar y el Marruecos francés para de esta manera unirlo con el Sahara Occidental y así continuar la escalada expansionista hasta Senegal y Gambia (...)
Hacer fiesta de un holocausto sólo puede caber en la mente enfermiza de un psicópata o un asesino en serie. ¿Acaso la destrucción, la muerte, el expolio, la imposición, la violación y la tortura de millones de aborígenes, de pueblos y naciones, de culturas y civilizaciones es un motivo de júbilo? Los nostálgicos y soñadores de la gesta del descubrimiento, conquista y colonización olvidan el patíbulo, la picota, el hacha, el garrote vil, la daga, la hoguera, los perros rabiosos, la horca y todas las artes de la tortura inquisitorial. El reino de España sin ningún escrúpulo bebe, brinda y danza sobre los millones de cadáveres de su glorioso genocidio universal"


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