domingo, 28 de agosto de 2016

Qué conspiraciones

Para mi gran amigo José Luis, de nuestros eternos debates:
 
Extraído de la serie de conferencias compiladas en "Chomsky esencial", años 90:

"Bien, el término "teoría de la conspiración" resulta interesante. Si, por ejemplo, yo estuviese hablando acerca de la planificación soviética (...) nadie lo llamaría "teoría de la conspiración". Todo el mundo supondría que estoy hablando de planificación.  Pero tan pronto comienzas a hablar de algo que se hace mediante el poder en Occidente, entonces todo el mundo lo llama "teoría de la conspiración" (...) Pero después de todo, los tipos que están en el poder no son idiotas. Realizan una planificación, de hecho, una planificación muy elaborada. (...) Bien, todo es una planificación consciente. (...) No les digo nada nuevo cuando les digo que los principales editores, los funcionarios superiores del gobierno y los hombres de negocios más importantes se reúnen, por supuesto. Y no solo mantienen reuniones, sino que pertenecen a los mismos clubs de golf, acuden a las mismas fiestas, fueron a las mismas escuelas, pasan de un cargo a otro, y del gobierno al sector privado, etc, etc. (...) Así, por supuesto, el Consejo de Administración de General Motors planifica, igual que planifica el Consejo de la Seguridad Nacional, y planifican las agencias de relaciones públicas de la Asociación Nacional de Fabricantes. Es decir, para Adam Smith esto era un truismo: verán que afirma que cada vez que se reúnen dos hombres de negocios en una habitación, puedes estar seguro de que están cocinando un plan para perjudicar al público. Como señaló Smith hace doscientos años los "amos de la Humanidad" harán lo que tienen que hacer para seguir la "vil máxima" siguiente: "todo para nosotros, nada para los demás" (...) Ahora bien, la única cuestión significativa que hay que formular es esta: ¿se trata de una "planificación inteligente"? Muy bien, esto depende de cuáles sean las metas. Si las metas son los beneficios empresariales de mañana, es una planificación muy inteligente. Si las metas son tener un mundo en el que puedan sobrevivir los hijos, es totalmente idiota"


Michael Collon: 

"En realidad, las multinacionales industriales son la base del capitalismo, su explotación es la causa fundamental de la crisis, y son ellas, en última instancia, las que provocan las guerras. Einstein muestra bien que, en el supuesto de que no existieran los bancos, incluso en ese caso, los industriales provocarían crisis, a consecuencia de las reglas que hemos descrito.  A menudo se habla de las reuniones del Grupo Bilderberg como si fuera el poder absoluto y totalmente secreto de nuestra sociedad. Por un lado, es exacto que ese órgano donde se conciertan las multinacionales más grandes tiene más poder que los gobiernos y puede dictarles las orientaciones generales. Por otro lado, el hecho de que los principales capitalistas se concerten entre sí y traten de ponerse de acuerdo sobre algunas cuestiones no elimina la competencia feroz que estas grandes multinacionales se dirigen igualmente entre ellas y que las debilita.
Cuando los grandes bancos estadounidenses se ven sufriendo multas colosales, como se ha indicado anteriormente, y que Goldman Sachs la recibe de cinco mil millones de dólares (5 miliardos o 5.000 millones), es difícil creer que todo esto es parte de una gran confabulación urdida por Goldman Sachs que sería el amo absoluto del mundo. Hay que ser serios. Esa multa es el efecto concreto de las contradicciones entre los bancos y los otros capitalistas, estimando estos que los bancos les han hecho daño, han puesto todo el sistema en peligro y que por lo tanto se debe hacer de policía (...)
Para concluir sobre este punto, una “conspiración global” es imposible porque los capitalistas están en competencia unos con otros. Pueden ponerse de acuerdo sobre uno o más complots cuando sus intereses convergen en un punto, en una región o para abatir un dirigente. Pero no pueden ponerse de acuerdo sobre una “conspiración global” porque sus intereses divergen y todo el mundo quiere abatir al otro (...)
Pero toda la historia de la lucha obrera y ciudadana demuestra que es muy posible defenderse y lograr progreso social: prohibición del trabajo infantil, limitación de la jornada de trabajo (hasta quince horas/día en el siglo XIX!), la obtención de la seguridad social (seguro contra el desempleo, enfermedad, accidente laboral, vejez…), cumplimiento de la higiene y la seguridad en el trabajo. Todos estos avances se han conseguido por las luchas obreras. Si los trabajadores europeos de hoy en día tienen un cierto nivel de vida, es gracias a las luchas de sus padres y abuelos, nunca debemos olvidarlo. Especialmente cuando los capitalistas ahora quieren retomar todo lo que debieron conceder.
Para defender estas conquistas y para obtener nuevos avances, es necesario no dejarse intimidar por la supuesta omnipotencia, oculta o no, de los patrones, sino al contrario verlos como son: con sus fuerzas, pero también con sus debilidades. Se debe, sin negar las dificultades, tener confianza en las propias fuerzas (...)
En cuestiones de guerra, hay muchos tipos de conspiración, como hemos visto. Pero, de nuevo, sería peligroso creer que las grandes potencias ganan todas las conspiraciones que cocinan. La trama tiene éxito cuando hay despolitización y ausencia de movilización. Fracasa cuando la resistencia de las “víctimas” es consciente y bien organizada. Los Estados Unidos fueron vencidos en Vietnam; el pueblo palestino resiste desde hace más de sesenta años; los Estados Unidos ciertamente han sumido a Irak en el caos pero no han logrado controlar y explotar el país como Bush lo esperaba; los golpes de Estado han fallado en Bolivia, Ecuador, Venezuela. En resumen, el mundo es una lucha entre fuerzas opuestas, no siempre son los mismos los que ganan y depende mucho de la unidad y la conciencia de los pueblos. Sus ataques y conspiraciones pueden pues ser frustrados si la población ha sido bien preparada para resistir. Lo que comienza con una buena información sobre la realidad de las cosas.
Y para informarse bien, hay que romper, consciente y completamente, con los dos fantasmas: el conspiracionismo y la ingenuidad. Pues nos enfrentamos a dos peligros: ver conspiraciones por todas partes y no ver conspiraciones por ningún sitio. La primera teoría nos ofrece una explicación falsa que no permite comprender la sociedad ni transformarla. Al ocultar los verdaderos objetivos, hace el juego al poder. La segunda teoría quiere impulsarnos a confiar en los líderes políticos que nos dirían la verdad. Ambas son trampas paralelas.
En lugar de estudiar detenidamente los mecanismos del capitalismo, el conspiracionismo es una explicación perezosa que algunos quieren imponer a las masas para evitarles pensar y para manipularlos. A menudo, con el fin de tomar el poder. Hitler hablaba de “una gran conspiración judeo-bolchevique” y en un primer momento tronó, en palabras, contra los bancos, pero era financiado por los grandes banqueros y los industriales alemanes y toda su acción les ha servido.
¿No ver conspiraciones por ningún lado? Aquellos que no ven conspiraciones “en ninguna parte”, ¡deberían entonces explicarnos para qué sirven los servicios secretos! ¿Los veinte mil empleados de la CIA cobran para jugar crucigramas o para conspirar? Es el momento de mencionar esta broma muy popular en América Latina: “¿Por qué no hay nunca ningún golpe de estado en los EEUU?”. Respuesta: “Porque es el único país donde no hay embajada de los Estados Unidos!“.
Y cuando la NSA espía el mundo entero, ¿piensan vds. que es sólo contra el terrorismo o para ayudar en secreto a las empresas estadounidenses a debilitar a sus rivales extranjeros? La teoría de la ingenuidad, francamente, ¡no es mejor que la teoría de la conspiración!
Por último, ¿cómo conseguir una visión objetiva de la historia y de los conflictos actuales? En mi opinión, hay que decir que ha habido conspiraciones en la historia, incluso muchas (pensemos en los muchos golpes para sustituir a un dirigente por otro), pero ellas no hacen la historia, no constituyen la esencia. Son sólo un medio entre otros de defender intereses (...)
Pero estos últimos años se ha reavivado en los medios y en Internet una campaña sistemática contra algunos analistas etiquetados arbitrariamente “de conspiracionistas”. ¿A partir de cuando? Desde la masacre de Gaza, en enero de 2009, cuando Israel se encuentra cada vez más aislado y criticado en la opinión pública internacional.
Esta campaña no cae del cielo. En fin, si más no: digamos, de la cima del estado. En los EE.UU., el sitio oficial del Departamento de Estado no borda mal sobre el tema “conspiracionismo y antisemitismo”. Del mismo modo, en Francia, después de Sarkozy, el presidente Hollande ha explotado la vena ante el lobby pro-israelí del CRIF:
“El antisemitismo ha cambiado de cara. (…) hoy en día, se alimenta también del odio hacia Israel. Importa aquí los conflictos de Oriente Medio. Establece de forma oscura la culpabilidad de los judíos en la desgracia de los pueblos. Mantiene las teorías de la conspiración que se propagan sin límite. Incluso aquellas que condujeron a lo peor. Hay que tomar conciencia de que las tesis conspiracionistas se difunden a través de Internet y las redes sociales. Mas hay que recordar que es principalmente por el verbo que se preparó el exterminio. Tenemos que actuar a nivel europeo e incluso internacional para que un marco legal pueda ser definido y que las plataformas de Internet que gestionan las redes sociales sean puestas frente a sus responsabilidades, y que se impongan sanciones en caso de incumplimiento”.
Confundiendo con mala fe el antisemitismo (racismo antijudío) y el antisionismo (rechazo del colonialismo israelí, es decir, de un Estado teocrático basado en una discriminación étnica, resumiendo, un estado completamente antidemocrático), el Presidente Hollande criminaliza a los solidarios con los palestinos. Les asimila resueltamente a los nazis y en realidad pretende prohibirnos hablar contra la política de Israel. La tesis de la “teoría de la conspiración” está preparando pues un ataque muy grave contra la libertad de expresión.
Siempre cercano al Palacio del Elíseo, Bernard-Henri Levy, obviamente sigue el juego acusando de “esa moderna enfermedad llamada la conspiracionismo” organizando un “debate” en 2012 contra el “conspiracionismo”. Como le remarcó un espectador, ningún oponente fue invitado. Este hombre que tiene una enorme riqueza acumulada sobre las espaldas de los trabajadores de la madera africanos, mal pagados, maltratados y decididamente robados por su empresa familiar, se permite dar al mundo lecciones de dignidad humana y de rigor de pensamiento"



viernes, 26 de agosto de 2016

Policías de las costumbres


Sobre la espeluznante similitud en su lenguaje y formas entre la judeofobia euroamericana de los años 20 y 30, y la actual islamofobia, recomiendo "El lenguaje del imperio" de Domenico Losurdo.

Santiago Alba Rico (filósofo co-fundador de Podemos, ex-guionista de la irrepetible La bola de cristal, experto en cultura árabe y residente en Túnez):

"Cuando el laicismo se convierte en el instrumento de persecución, represión y criminalización de una minoría nacional, y ello hasta el punto de justificar la suspensión de derechos ciudadanos elementales, el laicismo deviene una religión más, en este caso la religión del poder, como lo es el islam wahabita en Arabia Saudí, y por lo tanto, como sostiene Constant, se transforma en la matriz de una nueva tiranía. Las víctimas de esa tiranía son hoy los musulmanes y sobre todo las mujeres. A esa derecha que sólo se vuelve feminista frente al “islam” o a esa izquierda islamofóbica y oligosémica incapaz de imaginarse al otro semejante a uno mismo, hay que recordarles que, según el European Network Against Racism, el 90% de las agresiones islamofóbicas en Holanda, el 81% en Francia y el 54% en Inglaterra tienen como víctimas a mujeres musulmanas. En España, según el informe del European Islamophobia Report, en 2015 se multiplicaron por cuatro las agresiones islamofóbicas (de 49 a 278) y el 21% fueron acciones contra el uso del velo (...)
El “libertinaje” mercantil y la democracia republicana tienen, al parecer, un límite: el burkini, un invento australiano que, según Aheda Zanetti, propietaria de la marca, es una pingüe fuente de beneficios comerciales. Ojalá nuestros Estados fueran realmente laicos y republicanos y reprimieran otros lobbies y otros negocios: el TTIP, por ejemplo, o la venta de armas a Arabia Saudí o las puertas giratorias. La prohibición del burkini no es sólo un atentado contra el libre mercado en sus expresiones más inocentes: es un atentado ideológico contra las instituciones laicas republicanas que garantizan el derecho común de las sociedades democráticas. Sin duda la izquierda y el feminismo tendrán que discutir mucho sobre la relación entre voluntad, libertad y sociedad, así como sobre la transversalidad del patriarcado, parásito o esqueleto de todas las relaciones de poder, en un imaginario global cortado por relaciones neocoloniales (tanto externas e imperialistas como internas y de clase). Pero entre tanto quedémonos con la fotografía de Niza y sus amenazas. Cuatro hombretones con pistolas obligan a desnudarse en público a una mujer sentada y desarmada. No es una violación. Sí es una violación. No se trata de la república en armas de la Marsellesa sino de  la inquisición religiosa, en versión oficial y uniformada, en el país de la Revolución francesa; y del patriarcado armado, aceptado o aplaudido, en el país de Simone de Beauvoir. Francia, como Arabia Saudí, como el Estado Islámico, impone normas indumentarias a sus mujeres. Los gobiernos europeos se están radicalizando muy deprisa, y ello al precio de perseguir, criminalizar y “judaízar” a sus minorías nacionales, de alimentar al mismo tiempo el terrorismo y la islamofobia dentro y fuera de Europa, de erosionar sus instituciones laicas y republicanas y de renunciar a sus sedicentes valores fundacionales. La prohibición del burkini es apenas un síntoma del derrumbe de Europa. El burkini no amenaza a la democracia; su prohibición sí. Es por eso que todos deberíamos tomarnos muy en serio la fotografía de la playa de Niza. “La mer, la mer toujours recommencée”, escribía el poeta Paul Valery. El laicismo está muriendo y el fascismo, como el mar, recomenzando. No bastará con quitarse o ponerse el velo. Si no defendemos la democracia, nadie estará a salvo"


lunes, 22 de agosto de 2016

El milagroso desastre español


"Año 2008. La economía de la cuarta potencia europea comenzaba a notar los efectos de la crisis financiera mundial y registraba 49.385 millones de déficit público. España iba a registrar el primer batacazo presupuestario de una serie de ocho años consecutivos de números rojos en las cuentas del sector público. Pero a día de hoy, vaticinios de organismos internacionales como el FMI auguran que la situación se extenderá hasta por lo menos el año 2021. ¿Cuándo había terminado la crisis?.
En el último ejercicio económico completo, 2015, el déficit público de España se cuantificó en 54.965 millones de euros, de manera que desde el comienzo de la crisis el importe de déficit acumulado ya ha rebasado los 650.000 millones de euros -concretamente 666.760 millones-, un dato desastroso que explica el exorbitado aumento de deuda pública experimentado entre 2008 y 2015 -632.412 millones de euros- como diferencia entre los 1,07 billones de euros adeudados por el conjunto de las administraciones españoles al cierre del año pasado y los 439.771 millones de euros de deuda pública que se consignaban en 2008.
El actual ejecutivo en funciones de España insiste en realzar su gestión en materia económica, pero lo cierto es que ni los datos de empleo -España se sitúa aún hoy todavía en los peores lugares del ranking de paro por países europeos-, ni los de las finanzas presupuestarias –en 2015 se registró el peor déficit de la Seguridad Social desde el comienzo de la crisis– corroboran las proclamas del actual ejecutivo respecto a sus supuestos logros.
Resulta difícil comprender cómo ante un deterioro de estas características, no solo macroeconómico, también social –véase también la evolución de la cuantía de parados de larga duración– exista quien pretenda continuar proyectando reformas que ahondan en el desastre actual al tiempo que rechaza propuestas económicas alternativas tan legítimas como necesarias
Año 2021. Datos de la economía de España previstos por el Fondo Monetario Internacional. Nuevo déficit público que eleva la suma agregada de números rojos en la administración española hasta los 808.145 millones de euros. Datos de deuda pública; 1,21 billones de euros. Éxito económico monumental"



miércoles, 17 de agosto de 2016

El burgués asustado, ese fascista


Altamente recomendable para este tema "Patas arriba. La escuela del mundo al revés" de Eduardo Galeano.

"La violencia se trata, sin duda, de un problema muy serio, el abordaje del cual requiere hacer a un lado las frivolidades y reduccionismos. Es cierto que la violencia, lo que los que tienen los medios materiales asegurados llaman inseguridad, es y ha sido una constante en Argentina y en Latinoamérica en general desde que nuestros antepasados y los de nuestros vecinos lusos arribaron a sus costas. Sin embargo, a lo largo de la historia, desde entonces, la violencia no la ha ejercido de forma predominante el pueblo, sino los militares y el Estado. La Guerra del Paraguay y Campaña del desierto a mediados del siglo XIX y la dictadura de Videla hace apenas tres décadas fueron sendos genocidios. En Argentina ha habido seis golpes de estado encabezados por militares en el último siglo. Por supuesto, como en el resto de países latinoamericanos, lastrados por la pobreza y las desigualdades, herencia de su pasado colonial, en Argentina los pobres agreden con frecuencia a los ricos o a los no tan pobres, y no sólo para comer, como esperaría el europeo bienpensante que hicieran, una especie de leitmotiv pseudocristiano mal destilado que nos lleva a comentar al resto de comensales, cuando se aleja el mendigo, que no le hemos dado una moneda porque seguro que se la gasta en vino. ¿En qué esperamos que se la gaste con la vida-que-no-es-vida que lo determina, en montar una start-up? A su vez, el Estado y la sociedad civil agreden sin cesar a las capas desfavorecidas: en el hospital, en la comisaría, en los barrios, con las coimas (sobornos), mediante la marginación, con el lenguaje y la mirada. Se han vertido ríos de tinta para explicar este fenómeno, que según algunos sería el motor de la historia, así que no abundaremos aquí en ello. Sí interesa recalcar que lo que los medios de comunicación de la derecha en Argentina (una abrumadora mayoría) han repetido machaconamente durante los últimos años, con programas que muestran intervenciones policiales en villas miseria o explican escabrosidades aisladas hasta la náusea, ha surtido efecto: la clase media argentina vive atemorizada (las clases altas viven protegidas en barrios privados con su propia seguridad, lejos del mundanal ruido de los pobres o “negros”, como les llaman todos los que no lo son). Esto ocurre en un país en el que las estadísticas no muestran que la “peligrosidad” en las calles se haya incrementado de forma significativa en los últimos años, con la excepción de la ciudad de Rosario, en la que se ha establecido una red de narcotráfico importante que ha dado lugar a batallas territoriales y asaltos para conseguir dinero con el que comprar droga. Y ya sabemos que la droga prolifera donde al poder político y policial le interesa o no le importa demasiado, como es el caso actual de Rosario y como lo fue en los ochenta con la heroína en España, así como la violencia de los de abajo se extiende en los márgenes a los que el Estado ha soltado de la mano. 
Pues bien, aunque la situación socioeconómica de las denominadas clases medias en Argentina no es idéntica a la española o la del resto de países de la Unión Europea, algo sí comparten: su situación intermedia en la estratificación social, que en el plano ideológico la hace desear parecerse a las clases altas y a la vez le provoca un temor patológico a caer de nuevo en la poco glamurosa clase trabajadora o proletariado, que en realidad no han abandonado nunca. Otro paralelismo entre la realidad argentina y la europea: lo susceptibles que son las capas medias a la instrumentalización del “Otro” para generar miedo. Sin embargo, matiz: el auge de la extrema derecha en Europa, que criminaliza a los inmigrantes, atribuyéndoles la culpa de una supuesta inseguridad (si no, ahí están los atentados islámicos, las banlieues parisinas en 2005 y las revueltas en Londres en 2011, nos dirá el burgués asustado, que como decía Brecht es lo más parecido a un fascista), cuyas causas, dicho sea de paso, han sido muy superficialmente analizadas, así como se les atribuye en bloque la pérdida de su empleo y de las oportunidades de prosperar (de mantener o alcanzar el tan abstractamente reivindicado estatuto de “emprendedor”, casi una entelequia en la realidad actual del sur de Europa), se los execra por la “contaminación cultural con costumbres bárbaras”, etc, este J’accuse! xenófobo, decíamos, no tiene como sujeto único ni principal a la clase media (que, aunque comulga ampliamente con tales acusaciones, todavía tiene reparos a la hora de expresarlo abiertamente, al menos por vía verbal, no así electoral), sino especialmente a la clase trabajadora. La explicación es sencilla. Sin vínculos laborales, sindicales e imaginarios que los unan, los que peor lo están pasando tras la irrupción del nuevo modelo europeo que llegó para quedarse con la crisis del 2008, han aceptado la hipótesis machaconamente repetida por todos los cauces sonoros, escritos o visuales y han decidido unirse en contra de los que ahora están abajo. No es precisamente el encuentro con el otro que hubiera esperado Kapuściński.
En España, por el momento, pese a los CIEs que el Ministerio del Interior se niega a cerrar, los cacareos estentóreos de siempre de la Falange y acólitos, y algunos otros casos más o menos aislados (como erigir una valla que incumple los requisitos mínimos en el uso de materiales no lesivos exigidos por las instituciones internacionales de derechos humanos o repeler a tiros a algunos “ilegales” que trataban de ganar nuestra costa), el populismo de derecha con vetas racistas no ha cobrado un poder relevante en la calle. Entre otras cosas, porque tal ideología se encuentra entre las filas del PP, que tendría demasiado que perder si diese abiertamente la cara. Es decir, en los últimos tiempos, del racismo y la discriminación del extranjero pobre se ha encargado el Estado, sin ayuda de nadie. La detención de manteros en Barcelona ha desatado la indignación de buena parte de la ciudadanía, pero muchos otros se han posicionado a favor de los comerciantes, que al parecer estaban viendo cómo sus beneficios se veían mermados de forma preocupante (¿por la competencia –seguro que Adam Smith no imaginaba que su mano invisible fuera negra- o por la mala imagen, que ahuyentaría a los potenciales compradores?). Es una lástima que sean manteros y no alfombreros, porque así se matarían dos pájaros de un tiro metiéndolos debajo de su mercancía basura, como la alfombra gigante extendida en Turquía, bajo la cual los civilizados europeos han metido a decenas de miles de seres humanos, favor que estamos devolviendo, entre otras cosas, con un silencio vergonzoso frente a un autogolpe reaccionario. En fin, somos clase media y tenemos nuestros derechos, entre ellos el de asustarnos y obrar en consecuencia, aunque sea con violencia, como se nos repite ininterrumpidamente, ocultándonos así que los que nos están arrebatando nuestros derechos no son precisamente los de abajo, ¿verdad?"



martes, 16 de agosto de 2016

Remembranzas


Yanis Varoufakis:

"La política en las economías avanzadas de Occidente está en la tesitura de una reestructuración política como no se ha visto desde los años 30. La Gran Deflación que tiene acogotados a ambos lados del Atlántico está haciendo que revivan fuerzas políticas que habían estado dormidas desde el final de la II Guerra Mundial. Está volviendo la pasión a la política, pero no de la forma que muchos habíamos esperado.
La derecha se ha visto animada por un fervor contrario al “establishment” que era, hasta hace poco, patrimonio de la izquierda. En los Estados Unidos, Donald Trump, candidato republicano a la presidencia, mete en vereda – bastante creíblemente – a Hillary Clinton, su oponente demócrata, por sus estrechos lazos con Wall Street, sus ganas de invadir tierras foráneas, su disposición a adherirse a acuerdos de libre comercio que han socavado el nivel de vida de millones de trabajadores. En el Reino Unido, el Brexit ha asignado a ardientes thatcherianos el papel de entusiastas defensores del National Health Service [el sistema sanitario británico].
Esta transformación no carece de precedentes. La derecha populista ha adoptado tradicionalmente una retórica cuasi izquierdista en tiempos de deflación. Cualquiera que tenga estómago para revisar los discursos de los más destacados fascistas y nazis de los años 20 y 30, encontrará apelaciones – los panegíricos de Benito Mussolini a la seguridad social o las punzantes críticas del sector financiero por parte de Joseph Goebbels – que parecen, a primera vista, indistinguibles de metas progresistas.
Lo que hoy estamos experimentando es la implosión natural de la política centrista, debido a una crisis del capitalismo global en la que un derrumbe financiero condujo a una Gran Recesión y luego a la Gran Deflación de hoy. La derecha está repitiendo sencillamente su viejo truco de sacar partido de la ira justificada y las aspiraciones frustradas de las víctimas para hacer que avance su repugnante orden del día.
Todo empezó con la muerte del sistema monetario internacional establecido en Bretton Woods en 1944, que había forjado un consenso político de postguerra basado en una economía “mixta”, límites a la desigualdad y una sólida regulación financiera. Esa “era dorada” terminó con el llamado “shock” de Nixon en 1971, cuando Norteamérica perdió los superávits que, reciclados internacionalmente, mantenían estable el capitalismo global.
De manera notable, la hegemonía de los Estados Unidos creció en esta segunda fase de postguerra, en paralelo a su déficit comercial y presupuestario. Pero para seguir financiando estos déficits, los banqueros tenían que desengancharse de sus restricciones del New Deal y de Bretton Woods. Sólo ellos alentarían y gestionarían los flujos de entrada de capital necesarios para financiar los déficis parejos de Norteamérica en fiscalidad y por cuenta corriente.
La meta era la financiarización de la economía, el neoliberalismo su manto ideológico, su gatillo fue la subida de los tipos de interés de la época Paul Volcker en la Reserva Federal, y el presidente Clinton fue en última instancia el que cerró este pacto fáustico. Y el momento no podría haber sido más amigable: el desmoronamiento del imperio soviético y la apertura de China generaron una oferta de trabajo para el capitalismo global – mil millones de trabajadores adicionales – que hicieron que se disparasen los precios y ahogaron el crecimiento de los salarios en todo Occidente.
El resultado de la extrema financiarización fue una enorme desigualdad y una profunda vulnerabilidad. Pero por lo menos la clase trabajadora de Occidente tenía acceso a préstamos baratos y precios de vivienda desorbitados para compensar el impacto de salarios estancados y transferencia de rentas fiscales en declive.
Luego llegó el derrumbe de 2008, que produjo en los EE.UU. y en Europa un masivo exceso de oferta, tanto de dinero como de gente. Aunque muchos perdieron empleos, hogares y esperanzas, billones de dólares en ahorros han ido derramándose por los centros financieros del mundo desde entonces, sumándose a otros billones bombeados por desesperados bancos centrales dispuestos a substituir el dinero tóxico de los financieros. Con empresas e inversores demasiado temerosos como para invertir en la economía real, los precios de las acciones se han puesto por las nubes y el 0,1% más alto no da crédito a su suerte, y el resto mira impotente cómo las uvas de la ira van“…llenándose y haciéndose copiosas, haciéndose copiosas para la cosecha”.
Y así fue como ingentes partes de la humanidad en Norteamérica y en Europa quedaron demasiado endeudadas y se volvieron demasiado caras como para ser otra cosa que desecho, y quedaron listas para verse tentadas por Trump atizando el miedo, por la xenofobia de la dirigente del Front National, Marine Le Pen, o la refulgente visión de los adalides del Brexit de una Britania que rige de nuevo las olas (...)
Clinton versus Trump constituye una auténtica batalla, por ejemplo, como lo es la Unión Europea contra los partidarios del Brexit; pero los contendientes son cómplices, no enemigos, que perpetúan un bucle inacabable en el que se refuerzan mutuamente y en el que cada lado se define – y moviliza a sus apoyos sobre esa base – por aquello a lo que se opone.
La única manera de salir de esta trampa política es el internacionalismo progresista, basado en la solidaridad entre las grandes mayorías en todo el mundo que están preparadas para reavivar la política democrática a escala planetaria. Si esto suena utópico, vale la pena poner de relieve que ya se encuentran disponibles las materias primas.
La “revolución política” de Bernie Sanders en los EE.UU., el liderazgo de Jeremy Corbyn en el Partido Laborista del Reino Unido, el MDeE25 (Movimiento por la Democracia en Europa, DiEM25) en el continente: estos son los heraldos de un movimiento internacional progresista que puede definir el terreno intelectual sobre el que debe erigirse la política democrática. Pero nos encontramos en un estadio muy temprano y nos enfrentamos a un notable contragolpe de la troika global: véase el tratamiento dispensado a Sanders por el Comité Nacional de los demócratas norteamericanos, la competencia contra Corbyn de un antiguo cabildero farmacéutico y el intento de encausarme por osar oponerme al plan de la UE para Grecia.
La Gran Deflación plantea una gran pregunta: ¿puede la humanidad concebir y llevar a la práctica un nuevo Bretton Woods “verde” y tecnológicamente avanzado – un sistema que haga nuestro planeta ecológica y económicamente sostenible – sin el inmenso sufrimiento y destrucción que precedieron al primitivo Bretton Woods?
Si nosotros – los internacionalistas progresistas – no conseguimos responder la cuestión, ¿quién la contestará? Ninguno de los dos bloques que hoy rivalizan por el poder en Occidente quiere siquiera que se plantee.
Traducción: Lucas Antón
Yanis Varoufakis  es exministro de finanzas del Gobierno griego de Syriza, es Profesor de política económica en la Universidad de Atenas. Su libro El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6 décadas, fue publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada. Una extensa y profunda reseña del Minotauro, en SinPermiso Nº 11, verano-otoño 2012.
Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/para-construir-una-internacional-progresista

lunes, 8 de agosto de 2016

Externalización del mal



Vicenç Navarro:
 
"Ni que decir tiene que la pertenencia de España al Eurogrupo establece unas limitaciones graves en cuanto a lo que el Estado español puede hacer o dejar de hacer. Pero encuentro su posición extrema (aunque comprensible por su experiencia en el caso de Grecia), pues los Estados-nación continúan jugando un papel clave. El Estado alemán, por ejemplo, juega un papel determinante y dominante entre los Estados-nación de la Eurozona. Y la relación inter-Estados juega también una labor esencial. La supeditación y docilidad del gobierno Rajoy hacia el gobierno alemán se expresa en su interdependencia con las políticas realizadas por tales Estados. 
Lo que parece olvidarse con excesiva frecuencia es que los Estados continúan reproduciendo las relaciones de poder existentes en un país, incluyendo las relaciones de poder de clase social. Es importante recuperar las categorías analíticas que han desaparecido en gran parte de los estudios de lo que está ocurriendo en la Eurozona. Las clases sociales y el conflicto entre ellas, dentro de cada Estado, son esenciales para entender el comportamiento de tales Estados. Las ausencias de estas variables en los análisis de Varoufakis limitan su comprensión de la supuesta pérdida de soberanía de los Estados (...) 
Hay que concienciarse de que la burguesía española, por ejemplo, tiene más cosas en común, en cuanto a sus intereses, con la burguesía alemana, que con las clases populares españolas. De ahí que el Estado español, hoy instrumentalizado por la burguesía española, esté aplicando políticas auténticamente reaccionarias bajo el argumento de que no tiene libertad para llevar a cabo otras (como Varoufakis parece creer), cuando es obvio que sí que hay políticas alternativas. En España, por ejemplo, el presidente socialista Zapatero congeló las pensiones para conseguir 1.200 millones de euros, a fin de corregir el déficit del Estado, cuando podría haber conseguido muchos más revirtiendo la bajada de impuestos de sucesiones (2.552 millones) o manteniendo el de patrimonio (2.100 millones). Y el presidente conservador Rajoy podría haberse evitado recortar 6.000 millones de euros de la sanidad pública revirtiendo la bajada del impuesto de sociedades de las empresas que facturan más de 150 millones de euros al año, y que representan solo el 0,12% de todas las empresas. El Estado siempre aplica políticas de clase, y el tema fundamental es de qué clase social. No es cierto, pues, que el Estado-nación no pueda hacer nada. Decir que los Estados-nación no pueden hacer nada es darle la razón a Zapatero o a Rajoy cuando dicen que no hay otras políticas públicas posibles. ¡Sí que las hay! ¡Hay alternativas a las políticas de austeridad! El gran problema de Grecia es, como subrayé en el artículo citado anteriormente, que era un Estado pequeño y fallido, que lo hizo enormemente vulnerable a las presiones del Estado alemán. Y además de ser un Estado muy débil, estaba muy solo. Pero hoy ya hay un número creciente de Estados, con mayor peso, que pueden variar estas políticas. Y parte de la solución serían las alianzas entre Estados en contra de estas políticas, que no ocurrirán a no ser que cambien las relaciones de poder dentro de cada Estado.  
Pero existe otro punto de desacuerdo con Varoufakis, relacionado con el desacuerdo anterior. El ningunear al Estado-nación lleva a abandonar una lucha a nivel de dicho Estado-nación, creando un vacío que lo están aprovechando movimientos nacionalistas de ultraderecha, algunos de claro carácter fascista y/o nazi. Hoy, como el mismo Varoufakis ha acentuado, uno de los mayores peligros existentes en la Unión Europea es la eclosión de movimientos nacionalistas de ultraderecha en cada uno de sus países. Y una de las causas de que ello esté ocurriendo es precisamente la desatención que las izquierdas han dado a algunos de los temas más movilizadores entre las clases populares, que solían ser la base de su apoyo electoral. No solo los partidos conservadores y liberales, sino también los partidos socialdemócratas, por ejemplo, justifican las políticas de austeridad y las reformas reaccionarias de los mercados de trabajo bajo el argumento de que son las únicas posibles, pues otras son de imposible aplicación debido a la globalización, o a la integración europea, o a cualquier factor externo. La externalización de responsabilidades es la medida más común hoy utilizada por los gobiernos de sensibilidad liberal o socioliberal (que son la mayoría). Admiten que sus políticas son impopulares pero subrayan que son las que exigen Bruselas o Frankfurt"



viernes, 5 de agosto de 2016

Blues del con trabajo


"Se crea empleo temporal, la tasa de temporalidad aumenta hasta el 25,72%, pero el ritmo de creación se frena respecto al bienio 2013-2015, tanto en datos brutos, como desestacionalizados, lo mismo que la reducción del paro. A pesar de crecer a un ritmo de casi el 3%, la tasa de paro oficial sigue en el 20%. Los servicios y la agricultura salvan los muebles, en un país donde la industria sigue perdiendo empleo, y la construcción se asoma tímidamente a la superficie, tras varios años en coma. El empleo se crea sobre todo en las costas, especialmente Baleares, pero también Murcia o Cataluña, y País Vasco, y avanza más lentamente en Galicia, Madrid o Andalucía. El empleo creado es básicamente temporal, aunque en el stock predomine el empleo indefinido, cada vez peor pagado, con menos derechos y con un alto riesgo de ir reduciéndose a medida que el paro tecnológico se instale definitivamente en lo poco que queda en España (...)
La situación de los hogares sigue siendo dramática en muchos casos, con más de 2,1 mill de parados de larga duración y 1,4 mill hogares que tienen a todos sus miembros en paro, dando la verdadera dimensión del problema: hay un desempleo crónico que es probable que nunca más volverá a trabajar. Así mismo, es un mercado con una elevadísima rotación, prueba de ello es que en este trimestre 1,6 mill de personas han saldo del desempleo, y han entrado en él 1,4 mill de personas.
Pero las variables menos tratadas, pero más relevantes sigue siendo la tasa de actividad y la tasa de empleo. La primera sigue por debajo del 60%, un 59%, y la de empleo en el 47%, por lo que existe un grave problema de empleabilidad y crecimiento potencial, fruto del agotamiento del modelo de producción elegido y la expulsión de una parte no desdeñable de nuestro mejor capital humano. Es decir, España corre el riesgo de ser una economía donde solo puedan trabajar un colectivo cada vez más reducido en un entorno demográfico envejecido y con amplios colectivos que tendrán que ser subsidiados si no queremos asistir a una verdadera revolución social"




lunes, 1 de agosto de 2016

Alternativas


Entrevista a David Harvey:

"En primer lugar, hay una pregunta en cuanto a lo que constituye la democracia. Tenemos democracias parlamentarias en que la mayoría de las decisiones se toman en otros lugares, hay un déficit democrático en los EEUU y Europa. No entiendo por qué el primer ministro británico David Cameron convocó a un referéndum que era una locura. Creo que nunca creyó que perdería. El resultado debe ser interpretado como un gran voto de protesta. Es el equivalente a decir “no”, y la gente habría dicho “no” a casi todo.
Hay un enorme descontento que fue canalizado en esta votación. Una parte no tiene nada que ver con la UE, sino contra la forma en que las élites toman las decisiones, les dijeron que estas decisiones beneficiarían a todos, y la mayoría no ve ningún beneficio en su nivel de vida o su ingreso. De hecho, muchos han perdido en los últimos siete u ocho años.
Hay algunas buenas razones para que la gente se pregunte sobre para qué quieren esta UE cuando hace lo que hicieron Grecia y ahora está amenazando con hacer a Portugal. Se supone que es una unión de ayuda mutua y parece ser cada vez más una unión de los grandes sin ningún sentido para los pequeños. Por eso hubo algunas buenas razones para el voto, más allá de lo que comúnmente se conoce como xenofobia. Hay un lado de la xenofobia, pero sería erróneo interpretar el voto únicamente como resultado de eso.
Se argumenta que el descontento de la población tiene más que ver con las condiciones de vida en las ciudades que con problemas de desempleo. ¿Por qué? Siempre he sostenido que el descontento que se plantea en el espacio en que vivimos es tan importante como lo que tiene que ver con el desempleo.
La izquierda tiende a enfatizar el tema del empleo y devaluar las protestas sobre la calidad de vida. Pero muchas de las grandes protestas globales que han surgido en los últimos 15 años tienen que ver con la calidad de vida en las ciudades.
La política de la vida cotidiana es un área a la que se debe estar muy atento. Mucha explotación ocurre allí. Pregunten a la gente si están satisfechos con cómo funcionan las tarjetas de crédito y las empresas de comunicación que cobran cargos adicionales, una gran cantidad de riqueza se extrae de la vida cotidiana.
-Por lo tanto, ¿el desempleo no es la preocupación dominante?
-Sin duda es una preocupación, pero si le preguntas a la gente que tiene empleo, sienten que están haciendo un trabajo de relleno, con poco sentido. No sólo hay una gran cantidad de personas que no tienen ingresos por el trabajo, también una gran parte que vive una existencia sin mucho sentido en relación al trabajo que hace.
Se han realizado estudios recientes en los EEUU, preguntando a la gente si estaban satisfechos con su trabajo y el 70% dijeron que lo odiaban o le era indiferente. Hay un problema más grande que el desempleo, y los políticos ponen demasiado énfasis en la idea de empleo, empleo, empleo, en lugar de preguntar ¿qué tipo de trabajo? Se requieren trabajos en los que las personas sientan que están contribuyendo a la sociedad, y del que estén orgullosos (...)
-La teoría de la destrucción creativa -en parte, por cierto, el pensamiento de Marx- dice que cada avance tecnológico importante se destruye muchos puestos de trabajo y tipos de trabajo, y emergen otros nuevos. ¿No ocurrirá ahora lo mismo?
-Rápidamente un trabajo de ser una tarea que requiere una cierta calificación pasa a ser algo que cualquiera puede hacer. Hace 20 años, los programadores de computadoras eran muy hábiles, ahora todo el mundo sabe cómo crear un sitio web. Surge la necesidad de trabajo especializada que se descalifica casi al instante.
Al capital no le gusta que el trabajo tenga algún poder de monopolio en el mercado, por eso se asegura que una gran masa desarrolle estas habilidades rápidamente. Los programadores informáticos ya no reciben salarios como los de hace veinte años. Y esto sucede en todas las áreas.
-Y se da además otro paso importante con la evolución de la inteligencia artificial.
-La inteligencia artificial conducirá a una transformación radical del sector de servicios. Del mismo modo que vemos la desindustrialización por los cambios tecnológicos en los años 70 y 80, veremos el equivalente a en el sector de los servicios en los próximos años.
-Estás hablando de altos niveles de desempleo.
-Sí. Y esto nos lleva a un tema que plantean algunos en Silicon Valley: si sucede eso, ¿cómo se va a alimentar el consumo en el mercado? De ahí que este sector, y también en la izquierda, se haya comenzado a discutir la cuestión de la renta básica. Porque si no hay tal estrategia …
-… No podemos ser consumidores
Exactamente. Hay que darle a la gente medios para que puedan seguir consumiendo y que el sistema se mantenga.
-¿Crees en un escenario en el que no necesitemos trabajar, y sólo tengamos que consumir?
Es posible, ya tenemos una cierta experiencia en este sentido, como el “Bolsa Familia” en Brasil, que da a la gente un ingreso mínimo. Es una redistribución del ingreso que permite que el mercado siga funcionando y que está condicionado a cosas como mandar a sus hijos a la escuela.
-Enviar a sus hijos a la escuela para que puedan tener un trabajo cuando no haya trabajo …
-Exactamente. Pero tenemos que pensar que la educación deberá centrarse más en que las personas adquieran conocimientos para desarrollar diferentes actividades que las satisfagan. Hay un crecimiento considerable en el mundo de la cultura, con la gente haciendo actividades culturales en las que no ganan mucho dinero, sino diversión. Y hay trabajo voluntario para hacer, porque esas necesidades existen, incluso siendo tareas no remuneradas.
En la industria del cuidado, por ejemplo. Las familias abandonan el cuidado de la gente de tercera edad a menos que haya una retribución para los que lo hacen. Hay mecanismos de este tipo, algunos que funcionan bien, pero no resuelven el problema macro, que es la dinámica del cambio tecnológico basada en convertir la en mano de obra en cada vez más redundante, en un momento en que hay cada vez más fuerza de trabajo.
Antes de los años 80, China no era parte de la fuerza de trabajo, así como todo el antiguo bloque soviético. Además, está el crecimiento la población, hay muchas más personas disponibles para trabajar, y al mismo tiempo la dinámica de la transformación capitalista tiene por finalidad ahorrar trabajo.
-¿Cómo podemos pagar ese ingreso mínimo para toda la población?
-Veamos lo que sucedió a la crisis financiera de 2007/2008. Las autoridades dijeron básicamente esto: tenemos que salvar al sistema bancario y financiero. Los bancos centrales les adelantaron gran cantidad de dinero – la flexibilización cuantitativa – y este dinero se dirigió al mercado de valores, lo levantó, dio buenos rendimientos a las clases más altas.
Ahora, podría haber hecho lo mismo pero que se beneficiase a las clases más bajas, apoyando el derecho del pueblo a tener un hogar. Y todas estas propiedades que estaban en manos de los bancos podrían estar en las de las personas que las necesitan. Con la crisis, las clases altas en los EEUU aumentaron sus ingresos en un 12%. Estos 12% debería haber ido a las clases más bajas.
Hubo una clara opción, se podría salvar a los bancos y hacer que las personas perdiesen sus hogares, o darles el dinero y evitar que se diese la crisis bancaria, porque las personas pagarían los préstamos. Pero si en el momento en que dijésemos esto, ellos dirían “esto es ridículo”, y no lo verían como una opción (...)
-Cuando se trata de salvar a los bancos, el argumento es que son esenciales para el funcionamiento de la economía.
-No estoy diciendo que dejar caer los bancos, pero si hubiéramos estado tratando con la crisis en el mercado inmobiliario de otro modo, los bancos tampoco irían a la quiebra. Se guardaron a sí mismos, sin salvar a nadie. Sólo digo que hay otras opciones (...)
Hoy en día hay experimentos en marcha en torno a una economía solidaria, o formas colectivas de propiedad, o formas alternativas de gobierno y los sistemas monetarios. No sabemos qué va a resultar de ellas al pasar a una escala mayor, debido a que muchas de estas experiencias son apenas locales.Sin embargo, hay una forma sencilla de empezar a pensar en estas cosas. En mi tiempo, la educación superior era gratuita. Desde entonces se ha convertido cada vez más en un commodities.
Bernie Sanders vino a defender un sistema de educación superior gratuita. No hay ninguna razón para no hacerlo. Se acabaría con las enormes deudas que tienen los estudiantes. Y muchos piensan ahora, “Eso no es una mala idea.” No parece molestarles que eso sea socialismo, si tiene sentido para ellos. Debe haber un sistema de salud para todos y terminar con esta tontería de las compañías de seguros, que pierden su tiempo y el nuestro en un trabajo inútil como es el de buscar como negarnos nuestros derechos"