martes, 25 de abril de 2017

Tranquilidad francesa



"Pero vista con una perspectiva más amplia hay que reconocer que esta tranquilizadora victoria es al mismo tiempo engañosa. El más que probable futuro Presidente Macron representa y defiende un programa que intensifica todo eso que ha mostrado serias averías y disfunciones en los últimos treinta años a lo largo de los cuales se fraguó e incubó el malheur de Francia y desembocó en la crisis financiera global de 2008, desencadenante a su vez del grave proceso desintegrador que se vive en la Unión Europea desde entonces. ¿Qué supone esta victoria en ese contexto?
Macron será el presidente que continuará la devaluación interna, el ajuste salarial vía subempleo y precarización en la carrera hacia la competitividad. A juzgar por su programa y manifestaciones todo apunta a que él es el candidato más conforme con la actual línea germano-europea.
“Francia solo podrá influir sobre Alemania si tiene credibilidad en el plan económico y financiero”, “seremos fuertes en Europa y en el mundo, porque habremos hecho reformas”. Y el signo de esas reformas es inequívoco: forzar, un poco más, -desde luego no tanto como pretendía el programa del candidato conservador, François Fillon- lo realizado e intentado hasta ahora.
Macron quiere llevar mucho más allá la reforma laboral, a la que se opusieron el 67% de los franceses sin que la mayoría de ellos se decidieran a salir a la calle la pasada primavera. Si el hollandismo tuvo que aplicar aquella reforma eludiendo al parlamento, vía el artículo 49/3 de la Constitución, Macron adelanta que transformará el código de trabajo por decreto. Una temeridad (...)
La candidatura y la victoria electoral de Macron han sido un éxito, pero ese éxito ha precisado la demolición del sistema de partidos francés. Durante treinta años esos partidos han escenificado la ilusión de una alternancia, ilusión porque en las grandes cuestiones que ahora están en crisis -el proyecto europeo y las líneas maestras de la política socio-económica- no era real. Macrón ha roto aquella apariencia: no es “ni de izquierdas, ni de derechas”, siendo las dos cosas a la vez. En esta operación, el sistema ha tirado por la borda el recurso a aquella alternancia. ¿Un último cartucho?
Vista con distancia, la situación es crítica: todo lo que en Europa está produciendo radicalización y contestación va a continuar. Eso significa que lo que ha ocurrido con el Brexit y con la victoria de Trump va a seguir avanzando en Francia. En 2002 el Frente Nacional fue derrotado por Jacques Chirac por una diferencia de 60 puntos en la segunda vuelta. Ahora Marine Le Pen será derrotada por 20 puntos de diferencia. En estas elecciones Le Pen ha ganado un millón de votos más respecto a 2012. ¿Cómo evolucionará esa distancia en los próximos años si el sistema no cambia –y no hay el menor signo de ello? Mientras se felicita por ese margen, ¿ignora Francia que baila sobre un volcán?
Y mientras tanto, el panorama no se acaba con Le Pen. Surgen otras plataformas de ruptura altermundistas como la de Jean-Luc Mélenchon (que ayer obtuvo alrededor del 19,2% de los votos, es decir más de ocho puntos más que en 2012, un incremento muy significativo). La alternativa de Mélenchon no es destructiva sino transformadora, pese al absurdo signo de igualdad que se le pone con Le Pen en los medios de comunicación globales (“populismos” de uno u otro signo), pero preocupa, seguramente, aún más que Le Pen. Anoche había cierta decepción pero no ambiente de derrota en medios del movimiento altermundista la Francia Insumisa de Mélenchon. A partir de ahora “la izquierda” son ellos, dicen, y su perspectiva de futuro no es mala. La izquierda francesa se ha reinventado en esta campaña. Mélenchon se negó a dar una recomendación de voto para la segunda vuelta y anunció una “consulta pública” a su movimiento (...)
“En un año hemos cambiado el rostro de la vida política francesa”, dijo. Beneficiado por el escándalo de Fillon, Macron ha mantenido una campaña políticamente hueca en la que él ha sido el principal producto y mensaje. Pero ha funcionado. La República se ha tragado el producto. Una gran cuestión. Anoche Macron negó que su movimiento sea un lobby ni una burbuja"

sábado, 22 de abril de 2017

Espejo de té (Isaac Rosa)


"ESPEJO DE TÉ" 

Por el escritor Isaac Rosa (volver a leer el título al finalizar el artículo)
El artículo que cualquier madrileño de bien esperaba desde hace décadas:

 "No recuerdo otra dirigente política en la España reciente que haya reunido tantos odiadores a su alrededor como la expresidenta madrileña. Si no fuera porque es un fenómeno más regional que nacional, superaría al mismísimo Aznar de los días de guerra, chapapote y 11M. De hecho, ese parece ser su último servicio al PP, lo único que justifica ya su permanencia en la política: servir como diana, distraer nuestro desprecio, hacer buena a Cifuentes por contraste.
No es raro que tantos celebren su caída: en menos de una década de gobierno Aguirre dejó miles, cientos de miles, millones de damnificados. De su desgracia se alegran, en primer lugar, los votantes socialistas a los que birló la presidencia con el Tamayazo. A su alegría se suman profesores de la Marea Verde, médicos de la Marea Blanca, trabajadores de Telemadrid, colectivos vecinales que sufrieron sus atropellos urbanísticos, plataformas de todo tipo creadas para resistir sus políticas, usuarios de servicios públicos deteriorados y/o privatizados, pacientes de hospitales y ambulatorios sometidos a su experimento sanitario, madres y padres de la escuela pública, estudiantes seudobilingües, y en general cualquier dañado por el neoliberalismo versión Aguirre (mix castizo de libre mercado, mamandurria y saqueo de lo público).
Añadan a la celebración a muchos otros madrileños que, sin pertenecer a ninguno de los colectivos anteriores o no molestándoles tanto esos destrozos, sí se sienten asqueados por el pillaje que las ranas aguirristas han hecho sobre el dinero público con Gürtel, Púnica, Fundescam, Canal y demás tramas y tramitas. Y por último, sumen a no pocos compañeros de partido que también festejan hoy.
Junto a quienes celebran, habrá quien se solidarice con su desgracia, claro. Algunos afectos quedarán entre sus votantes, pues no hay que olvidar que Aguirre ha sido tan odiada como querida, ganando mayorías históricas para el PP y conectando ideológica y emocionalmente con un sector de la población que la adoraba. Algunos quedarán, como también la acompañarán en el sentimiento todos aquellos jetas que vivieron su gobierno como una barra libre sin fin.
Hace diez años, cuando el aguirrismo estaba en su máximo apogeo, Telemadrid lanzó una campaña promocional que se convirtió en uno de los mayores autotroleos de la historia, inolvidable. El lema era "Espejo de lo que somos", presentando la televisión madrileña como un espejo de los ciudadanos, pero muchos leímos "Espe jode lo que somos", referido a Esperanza (Espe) Aguirre. Maravilloso.
Yo hoy le he puesto un título poético a mi artículo, porque tengo el día inspirado, pero habrá quien quiera leer otra cosa. Es el odio que os nubla la vista, cuidado"



viernes, 21 de abril de 2017

Al fin presidente


Nazanín Armanian:

"El 4 de abril, EEUU lanzaba con pompa y flauta 59 misiles a la pista de aterrizaje de la base Al Shayrat sin dañar los aviones rusos allí estacionados. Moscú tampoco utilizó sus misiles S300 y S400 para impedírselo. Seis militares sirios perdieron la vida por esta agresión ilegal realizada para “castigar a Bashar Al Assad” acusado, sin prueba alguna de matar a civiles en un ataque con armas químicas tres días antes. La última versión del confuso incidente es del periodista que destapó el escándalo de “Irán-Contra”, Robert Parry, quien señala a la base de las operaciones especiales de Arabia Saudí e Israel en Jordania como el lugar del lanzamiento de aquellas armas. La agresión de EEUU había sido planeada antes del incidente químico, para que coincidiera con la visita de Xi Jinping a la Casa Blanca, asestando un duro golpe al presidente chino estando en el territorio hostil.
¿Por qué EEUU no castigó a los grupos terroristas que el día 16 de abril asesinaron en Alepo a 126 civiles chiitas, 68 de ellos niños?

Entre los objetivos del ataque a Siria estaban:

-Realizar una pequeña exhibición de fuerza antes del viaje del 11 de abril de Rex Tillerson a Rusia, quien pide a los rusos elegir entre Assad y EEUU, mientras el general McMaster cuestiona la autoridad del Secretario de Estado (que insiste en que la prioridad de EEUU es eliminar a ISIS que no al presidente sirio), y sin dejar opciones a Moscú sentencia: “derrocar a Assad ya es inevitable”. Si no es con un acuerdo con Kremlin, será a través de un ataque militar. Las dos facciones del gobierno de EEUU coinciden en no alterar la actual dinámica de la guerra de desgaste siria, alargándola durante años, con o sin Assad. 
-Crear una fractura entre Rusia y China. Al parecer, EEUU había informado al presidente Xi del ataque, pero no a Putin. 
-Enviar “un mensaje a Irán” decía el jefe de lCIA Director Mike Pompeo. Pretenden provocar a Teherán para que rompa el  acuerdo nuclear, y así obtener pretexto poder atacar las instalaciones militares iraníes (...)  
Sólo necesitaba este dantesco clima de guerra y el espectáculo de muerte y destrucción para ser aceptado como presidente de la superpotencia. Trump, al mostrar ser capaz de bombardear a naciones débiles como sus antecesores ha conseguido pasar de ser un personaje ridículo y odiado en EEUU a ser aplaudido incluso por el Partido Demócrata. ¡Recibió el apoyo del Congreso tras atacar la base siria, sin haberlo solicitado!
-Donald Trump abandona su idea de “deconstrucción” del sistema, para continuar con la línea que representó Hilary Clinton, convirtiéndose en el portavoz de quienes le criticaban. Así exporta la crisis interna de la Casa Blanca, entregando el poder a los militares con la frase de “La OTAN ya no está obsoleta“, y desdibuja el “Rusia-Gate” que ha afectado incluso a su yerno Jared Kushner por tener contacto con los rusos. 
Tras el fin del orden “antiguo” en 1991 por la desaparición de la Union Soviética, el capitalismo triunfante no ha conseguido crear un orden nuevo. Siria, Irán o Corea del Norte son lugares donde se sigue librando esta batalla para diseñar un nuevo equilibrio entre las potencias mundiales" 

http://blogs.publico.es/puntoyseguido/3866/los-10-objetivos-de-eeuu-en-tres-escenarios-belicos/ 


Malos útiles


Armando B. Ginés

"Convertidos en mitos a combatir, los tres países citados en el titular conforman un inconsciente colectivo amenazado permanentemente en torno a dos variables denostadas históricamente por los mercados del llamado mundo libre, el antiguo comunismo y el cajón de sastre actual del populismo. A ello cabría añadir, como referente transversal para atizar los miedos atávicos del ciudadano tipo de corte occidental, el terrorismo en su versión yihadista y las posiciones denominadas antisistema (...)
Rusia, Venezuela y Corea del Norte son la línea que jamás se puede traspasar. Al menos, en la profunda conciencia personal. Aparecen como diques de pensamiento que operan subliminalmente para sesgar el espíritu crítico y ahormar las opiniones a una normalidad estandarizada.
Estamos ante un proceso complejo que intenta dotar de ideas infantiles al ambiente social, predisponiendo a las masas hacia actitudes de rechazo visceral contrarias a los países antes mencionados, configurando en paralelo un estado de opinión proclive a situar como amigos verdaderos a los partidos y dirigentes tradicionales, aun inmersos hasta la médula en sospechas más que fundadas de corrupción o culpables directamente de la crisis desatada en los últimos años (...)
Con significados complementarios, juntos albergan una capacidad de conmoción silenciosa que juega a favor de los intereses de clase de las multinacionales, las políticas de austeridad, del desmantelamiento de los servicios públicos y de la guerra sin cuartel contra el Tercer Mundo para seguir saqueando sus recursos y materias primas mediante gobiernos títeres sobornados por las potencias occidentales.
Putin y Rusia nos remiten al antagonismo puro, el comunismo irredento (si bien Moscú no es ni por asomo lo que su predecesora la URSS) enfrentado hasta la muerte con el capitalismo. Es decir, la guerra fría de baja intensidad. Como enemigo fatal y acérrimo, Rusia nos sitúa psicológicamente en el bando adecuado, ella es la maldad sin vuelta atrás y Occidente el chico bueno de la película. Tal demarcación nos da fuerza interna al saber en todo momento qué somos: la verdad auténtica versus la mentira de diablo rojo contumaz. El mundo funciona y gira en una pugna hasta las últimas consecuencias liderada por el universo rico, amable y democrático contra el relapso demoníaco de Putin. Estamos ante un maniqueísmo clásico, exento de matices, que nos ofrece un punto de anclaje fijo ante expectativas espurias o desnaturalizadas (...)
Maduro es el aquí y ahora, la decisión existencialista de tomar partido en directo. Para que la decisión no resulte difícil o costosa en exceso, los mass media distorsionan la realidad a fondo: lo real, expuesto en dos dicotomías inalterables, se funde en una colisión inevitable entre partidarios de los principios democráticos formales y el régimen opresor y represor del pueblo llano. Las noticias se convierten ipso facto en crónicas de violencia institucionalizada, en editoriales velados que dan credenciales de mártires a los próceres de las derechas locales y de las opciones más regresivas del espectro político (...)
Con los tres países reseñados y sus líderes singulares, Occidente alimenta su propia egolatría. Cada yo anónimo se siente fuerte sabiendo, odiando y soñando a enemigos de perfiles muy definidos. A veces la ficción supera a la realidad. De eso se trata, de crear trayectos unidireccionales que hagan lo real asumible; de inventar relatos que suplanten la cruda realidad por realidades más digeribles para la inmensa mayoría. No hay dioses buenos o aceptables sin opositores diabólicos"



sábado, 15 de abril de 2017

Imperativos que no liberan, libertad que no impera


Armando B. Ginés:

"El imperativo estructura nuestras sociedades posmodernas, aunque ahora el emisor de la orden sea un conjunto de normas sin rostro conocido. La orden se ha deshumanizado, diluyéndose la responsabilidad ejecutiva en un conjunto ideológico anónimo. Se sabe que hay que obedecer para mantenerse en una normalidad nebulosa. Somos conscientes de que obedecemos de manera instintiva: si nadie nos mira o rehuye o denuncia nuestra actitud con gestos de sorpresa o reproche, todo va bien y el emisor gran hermano se siente satisfecho en su poltrona fuera de la realidad tangible.
Hoy, las órdenes se han estandarizado y despersonalizado, interiorizando cada cual ese imperativo desleído y en apariencia neutral que nos indica qué debemos hacer en cada momento. Nada conocemos del emisor, de su presunta autoridad, de sus intereses, de sus capacidades, de su historia. De algún modo, el binomio emisor-receptor se ha roto. La ausencia de responsabilidad nos ha evaporado. La crisis es latente, provocando un malestar donde la jerarquía no tiene nombre y el receptor obedece sin rechistar ni posibilidad de expresar su oposición crítica ante ninguna instancia carnal. El Otro se ha esfumado, a nadie se puede culpabilizar de las situaciones creadas. El receptor es una isla desconectada de la realidad: su entorno vital es un Yo a la deriva, un sí mismo sumido en la neurosis de la duda permanente y el presente sin expectativas.
La crisis del lenguaje también se detecta en las vivencias cotidianas. Al salir al mundo diario, todo es una prescripción de mensajes que nos obligan a sumergirnos en un espacio preconcebido de emociones impuestas por la publicidad y la normalidad ideológica. El control de la realidad resulta evidente: a cada paso un mensaje, órdenes sutiles que mediante la sugestión y la repetición ahorman un mundo manufacturado donde solo hay que seguir las flechas y las prohibiciones para convertirse en un buen ciudadano. En apariencia, los trasiegos de las urbes modernas dan la sensación de caos o libertad absoluta; estamos ante un mar de voluntades guiadas por el impulso privado y el libre albedrío tan caro al neoliberalismo en boga.
Sin embargo, ese movimiento a millones de bandas muere en la obediencia ciega y subliminal del cumplimento de los objetivos sugeridos por los mensajes anónimos que vienen del gran hermano en la sombra. La meta de la supuesta libertad de acción es hacer coincidir la voluntad dirigida sibilinamente con la normalidad exigida por el emisor anónimo escondido en la maraña de órdenes encubiertas dentro de la ideología hegemónica y las normas subyacentes. Tal paradoja es invisible, formando una metáfora social adherida al ser del hombre y la mujer contemporáneos.
Narrar la experiencia propia se hace imposible en este escenario mediatizado por la anodina normalidad. Todos somos iguales en la precariedad. El lenguaje se ha pervertido de tal manera que ya no es efectivo ni útil para entendernos a nosotros mismos ni las relaciones complejas que nos enlazan con el Otro. Las diferencias sustanciales que marcaban las contradicciones en pugna (capital-trabajo, ciencia-mito y similares) han dado paso a una diversidad en la normalidad, donde cada cual exhibe su fatua idiosincrasia frente a otros colonizados por el mismo espíritu gregario. Exaltando los gestos diminutos y las diferencias accidentales creemos habitar sociedades plurales y libres. No atisbamos en este teatro de gritos inconexos que vivimos en comunidades donde las prohibiciones son santa y seña de nuestra vida cotidiana.
Está prohibido salirse del río de la normalidad. Prohibido bañarse en el pensamiento crítico. Prohibido inventar otros mundos. Prohibido oponerse a la cultura dominante. Prohibido desvelar que detrás de tantas prohibiciones hay un Otro que marca la vida hasta en sus más pequeños significados. Se ha fracturado el diálogo real entre los emisores y receptores de órdenes.
Ni con nuestra conciencia podemos entablar un diálogo sincero y sin tapujos. En ese sentido, las sociedades posmodernas han infantilizado el lenguaje en la dirección de lo que se enseña en las escuelas bancarias : unos detentan el capital-saber para que el resto, el elemento pasivo y discente, salga de su crasa ignorancia. Un monólogo siniestro y sospechoso. Y eso que todo en la vida, desde la cuna, es diálogo. El monólogo es una quimera, una especie de locura mística para no socializar la realidad tal como es.
Solo nos queda, al parecer, una solución radical: convertirnos en bebés e iniciar una nueva andadura para restablecer el Otro ausente, el emisor que se esconde detrás de nuestra impotencia actual. Dicen que antes de dormir, los bebés entablan diálogos significativos consigo mismo, buscando al Otro como referencia para establecer un Yo saludable y veraz.
Ese presente que ahora se nos niega ha estado desde que venimos al mundo plagado de preguntas maternales. La figura de la madre, sostienen algunos estudios psicológicos, nos hace preguntas frecuentemente para sondear nuestros deseos y estados de ánimo. En definitiva, nos estimula para que objetivemos nuestra experiencia individual y la comuniquemos con autonomía a través de gestos y balbuceos propios, ensayos de acierto y error para crear nuestra singular independencia posterior como adultos.
Hoy y ahora, el mundo ya no nos hace preguntas. Nos dice lo que debemos hacer desde que amanecemos hasta que nos refugiamos en la oscuridad de la privacidad hogareña. Haz esto se ha convertido en el paradigma de nuestra época frente al qué te pasa, qué piensas, qué te duele, qué quieres de nuestra madre biológica o putativa.
En suma, nos han cambiado a la madre conocida por un padre dudoso, espectral, anónimo, imperativo. Quebrar ese círculo es tanto como quitar la careta del Otro que nos oprime. El sentido de los significados sería muy distinto"

 http://rebelion.org/noticia.php?id=225402