“En los países democráticos no se percibe la naturaleza violenta de la economía, mientras que en los países autoritarios lo que no se percibe es la naturaleza económica de la violencia”
Bertolt Brecht

"Hay que aprender de los errores del siglo XX y superarlos. El capitalismo no lo ha hecho. Los socialistas deben hacerlo"
Tariq Ali

"La cuestión no es mercado sí o mercado no, es qué espacio tenemos que concederle al mercado para que tenga efectos positivos y qué espacio tenemos que quitarle para que no tenga efectos negativos"
César Rendueles ("Capitalismo canalla" antídoto para "Los enemigos del comercio" de A. Escohotado)

"Los poderosos siempre han perseguido a los alfabetizadores, a los que paraban las balas con columnas de periódico, a los que hacían escudos con libros cargados de metáforas y razones. También a los que han hecho visibles a los invisibles, a los que enseñan a decir no con una sonrisa y también a los que enseñan desde el monte a recordar que no hay que vivir de rodillas"
J.C. Monedero

Qué son los PsyOps: "Los daños que causan las PsyOps [Operaciones Psicológicas] se reflejan en la aparición de cambios en el plano cognitivo y mental (...) Toda operación militar, y por tanto toda operación psicológica, tiene que contar con una cadena de mando. El análisis detallado de los mensajes a través de Twitter y Facebook ha permitido descubrir «nodos de red», o sea estados mayores implicados en la operación. Estos están entrenados en el uso de métodos de control de las multitudes para crear una situación de contagio entre individuos de diferentes medios y orígenes. De esa manera, los estados mayores logran localizar fácilmente los «repetidores de opinión», o sea los individuos que influyen sobre los demás. Los especialistas pueden entonces optar entre informarlos sobre el proyecto o mantenerlos en la ignorancia de lo que está sucediendo"
Valentin Vasilescu (experto en inteligencia militar)

"Gozamos de tres bienes de valor incalculable. La libertad de conciencia, la libertad de palabra y la prudencia de no usar nunca ninguna de las dos". Mark Twain.


miércoles, 12 de diciembre de 2018

La trampa de Tucídides II


"Uno, por ejemplo, es un estudio sobre el océano Glacial Ártico y las actividades de Rusia en dicho océano, para medir el impacto que tienen en los sistemas de defensa y la economía estadounidenses.
Otro documento trata del impacto que tendría en EEUU la pérdida de mercados que suministran productos o materias primas esenciales para mantener una guerra. Te cito una parte de este documento, pues transmite una idea clara de su propósito: “ Una pérdida repentina y catastrófica de suministros interrumpiría los programas de fabricación de misiles, satélites, lanzamientos espaciales y otros programas de defensa del DoD”. Hace referencia a que EEUU importa minerales de China y otros países imprescindibles para sus programas militares. Una guerra pondría fin a estos suministros, como también los perdería si EEUU perdiera el control de las vías marítimas de suministro.
El último, quizás el más importante, trata sobre los retos estratégicos planteados por Rusia y China. Todos estos documentos son demostrativos de que EEUU considera, cada vez con más preocupación, escenarios de guerra con Rusia y China y se prepara para esa guerra (...)
Desde hace años, las grandes potencias –Rusia, EEUU, China-, están inmersas en un tremendo rearme, que apunta a una colisión pavorosa a partir de 2025, si nada la detiene. Hay tiempo para evitarla si los pueblos se mueven. Si las fuerzas políticas responsables cumplen su tarea de poner como primera tarea crear conciencia sobre el peligro, incluso y cada día más probable, de una guerra nuclear. No lo digo yo. Lo dice EEUU, que plantea que la OTAN debe prepararse para esa guerra. Cito textualmente el documento oficial estadounidense:
En Europa, tratar con una Rusia revanchista implicará reconstruir la capacidad de la fuerza convencional de la OTAN y la capacidad de la alianza occidental en el flanco báltico, mientras se prepara [la OTAN] para disuadir y, si es necesario, derrotar el uso de armas nucleares no estratégicas.  
Esta afirmación aparece en uno de los documentos de que hablaba y tiene fecha 13 de noviembre de 2018, elaborado por la National Defense Strategy Commission, una comisión bipartidista del Congreso estadounidense, titulado “Providing for the Common Defense/ The Assessments and Recommendations of the National Defense Strategy Commission (Previendo la defensa común /Evaluaciones y recomendaciones de la Comisión de Estrategia de Defensa Nacional). Un documento oficial del Congreso de EEUU que considera escenarios de guerra nuclear en Europa debería ser objeto de grandes titulares, pero aquí es como si oyeran llover. Hay un embargo informativo adrede, dirigido, para que los ciudadanos no se enteren de lo que se está moviendo. Si los planes estadounidenses para una guerra nuclear no son noticia, no sé yo qué puede serlo"
 
  


"Pero no se trata solo de una evolución cuantitativa. La economía china también ha dado grandes pasos desde el punto de vista cualitativo. Los progresos son notables en el plano tecnológico. Hasta hace poco se consideraban el país un imita dor de tecnología, ahora es un innovador. Actualmente el 40 % de todas las patentes del mundo son chinas, es decir, más que las de estos tres países juntos: Estados Unidos, Japón y Corea del Sur. En 2015 se lanzaba el plan Made in China 2025 cuyo objetivo era aumentar la innovación y la autonomía en diez sectores importantes.
De este modo los productos chinos son cada vez más competitivos y a largo plazo suponen en una amenaza para la supremacía de las multinacionales occidentales, lo cual no es, evidentemente, lo que se quiere. Peter Navarro , un importante asesor económico de Trump, afirma: “El objetivo del gobierno chino en ‘Made in China 2025’ es explícitamente las industrias que van desde la inteligencia artificial, la robótica y la informática cuántica hasta los vehículos autónomos […]. Si China conquista estas industrias, Estados Unidos simplemente ya no tendrá ningún futuro económico”.
¡Es el ejército, estúpido!**
Pero, según Navarro, no se trata solo de la economía, la prosperidad o los beneficios. “Lo que está en peligro no es únicamente la prosperidad estadounidense. La propiedad intelectual que China trata de adquirir es el núcleo mismo de este concepto y la clave para la continuidad de la hegemonía militar de Estados Unidos”.
Las declaraciones de Navarro son muy significativas. El gobierno Trump hace mucho ruido en torno al déficit comercial, pero en realidad esa no es su preocupación principal. De lo que se trata es de mantener el liderazgo en tres ámbitos: tecnología, industrias del futuro y armamento. China es la principal amenaza para este liderazgo (...)
Capacidad de defensa, es decir, preparativos de guerra: de eso se trata. Y no de conflictos aislados a pequeña escala. Se trata en primer lugar de un esfuerzo de guerra masivo y de larga duración contra las “fuerzas revisionistas”, es decir, China y Rusia. El informe proporciona consejos para reestructurar fundamentalmente la economía estadounidense preparándola para un “escenario de conflicto entre grandes potencias”. En palabras de un alto funcionario de seguridad nacional: “Nos hemos preocupado de luchar en unos conflictos de baja tecnología contra personas que lanzan cohetes a partir de camiones. Durante todo este tiempo China ha sido inteligente y ha avanzado a grandes pasos. En eso es el que nos centramos ahora”.
En el siglo XX el objetivo principal de Estados Unidos era la Unión Soviética, en el siglo XXI es “el peligro chino” (...)
El objetivo de Trump es reiniciar completamente las relaciones económicas entre Estados Unidos y China. Según su conocido estilo: “Cuando llegué [a la Casa Blanca] íbamos en una dirección que iba a permitir a China ser más grande que nosotros en un corto periodo de tiempo. Ahora eso ya no va a ocurrir”. Por consiguiente, para impedir el ascenso de China es indispensable disociar  todo lo posible economía china de la de Estados Unidos. Hay que limitar y prohibir tanto las inversiones chinas en Estados Unidos como las inversiones estadounidenses en China. El primer objetivo son los sectores estratégicos. Hay que limitar el comercio bilateral. Estados Unidos impone ahora aranceles a casi la mitad de las importaciones chinas. Trump ha amenazado con imponer aranceles, si fuera necesario, a todas las importaciones. Las exportaciones a China están también en el punto de mira.
La economía china también es muy dependiente de componentes estratégicos como los chips electrónicos. En mayo de 2018 se tuvo que detener temporalmente la exportación de chips a ZTE , un gran fabricante chino de componentes electrónico, lo que puso en peligro esta empresa que emplea a 75.000 personas. Kathleen Gaffney , una alta ejecutiva, predice que esto no es sino el comienzo: “Somos líderes en materia de tecnología e innovación en las industrias de chips electrónicos. A largo plazo China también quiere convertirse en líder. Para 2025 se producirán en China, por lo que es verdaderamente importante que se lo pongamos difícil: contr ola r s u s exporta c ion e s . Eso es una verdadera señal que perjudicará a China sin dañar la economía global. Ese es el tipo de acciones que vamos a ver”.
La mayoría de los observadores serios están convencidos de que los aranceles comerciales impuestos a China tendrán un efecto desfavorable sobre la economía de Estados Unidos y apenas podrán solucionar el déficit comercial con China. Pero eso no es lo que preocupa verdaderamente a Trump y compañía. Lo que les preocupa es “tratar de entorpecer el ascenso tecnológico de China en vez de llegar a un acuerdo, que sería lo mejor para la economía estadounidense”, según un inversor .
El gobierno Trump trata de propagar su guerra comercial con China a otros países. En las recientes negociaciones con Canadá y México respecto a un nuevo acuerdo de libre comercio Trump hizo incluir una cláusula que prohíbe a ambos países cerrar un acuerdo comercial con “un país fuera de la economía de mercado”, esto es, China. El objetivo es llegar a acuerdos similares con Japón, la Unión Europea y Gran Bretaña. Si Estados Unidos lo logra será un duro golpe para China y el inicio de una especie de “ telón de acero económico ” que cierre el país"
 

martes, 11 de diciembre de 2018

De movimientos civilizatorios

 
"Hace 50 años se encontraron los diversos ríos de resistencia que surgieron y definieron los años 60 en Estados Unidos, época que el historiador Howard Zinn calificó de revuelta general contra formas de vivir opresoras, artificiales, antes no cuestionadas, y concluyó que nunca antes en la historia estadunidense se habían concentrado tantos movimientos por el cambio en tan pocos años.
La veterana organizadora, abogada y estratega Barbara Dudley comentó a La Jornada que el 68 fue ciudades en llamas, rebeliones de ira no muy bien organizadas, fue un año de varias rebeliones convergiendo, más o menos, pero no completamente. Había la rebelión antiguerra y el levantamiento afroestadunidense que empezó poco antes y que enfureció por el asesinato del reverendo King y, antes, Malcolm X.
Bill Ayers, activista que participó en la gran revuelta de jóvenes en la Convención Demócrata en Chicago ese año, y después fue un líder del Weather Underground, comentó a La Jornada que lo más importante es recordar que fueron el movimiento de derechos civiles aquí, y las luchas de liberación nacional en Vietnam, África y América Latina las que nos radicalizaron; el 68 en Estados Unidos no se puede ver ni entender sin esa óptica
El 68 fue un año de ilusiones, ira y sangre en Estados Unidos. Fue un año en que nuevos radicales reconocían que habían sido despertados de su somnolencia dentro del país más poderoso, por lo que se atrevieron a luchar por su liberación en diversas esquinas del planeta, desde Vietnam hasta África, América Latina y el Caribe, así como por los habitantes del tercer mundo dentro del primero: los afroestadunidenses y los latinos, los inmigrantes, incluidos los jornaleros del sindicato de César Chávez, donde se inventó la consigna del sí se puede. Se hermanaron con otros que afirmaban lo mismo en París, Praga y la ciudad de México. La solidaridad era verbo.
Las palabras del reverendo Martin Luther King Jr eran parte de la tela moral que enredaba el movimiento social en el 68, su mensaje cada vez más radical, que ya había vinculado la lucha contra el racismo con las luchas antimperialistas, antiguerra y contra la injusticia económica. Pero además de ser un discurso pragmático en el mejor sentido, era un llamado moral a una revolución ética. (ver: https://www.jornada.com.mx/2018/04
/04/politica/003n1pol
; https://www.jornada.com.mx/2018/04
/04/politica/002n1pol
).
El líder de los yippies, Abbie Hoffman, al preguntarle los fiscales durante el juicio que enfrentó a causa de las protestas en Chicago en 1968 dónde vivía, respondió: “en la nación de Woodstock… una nación de jóvenes enajenados, la llevamos como un estado de ánimo de la misma manera que la nación sioux lleva a su nación con ellos. Es una nación dedicada a la cooperación versus la competencia, a la idea de que la gente debería tener medios de intercambio mejores que la propiedad y el dinero, de que debería haber otras bases de interacción humana… es una conspiración, y actualmente esa nación está en cautiverio, en las prisiones de las instituciones de un sistema en decadencia”. Sobre cuál era su profesión, respondió: soy un revolucionario cultural.
Todo esto tenía un trasfondo musical, sin el cual es imposible entender el 68. La ruta sonora de ese año fue inocencia, rabia y dolor en la guitarra de Jimi Hendrix, en la voz de Janis Joplin, en el rock más duro de Led Zeppelin, en versos diferentes que de repente brotaron en la música soul y Motown con Aretha Franklin, James Brown y Marvin Gaye entre otros.
Fue el año del álbum Blanco de los Beatles, de Born to be Wild de Steppenwolf, de Jumping Jack Flash de los Rolling Stones y Jefferson Airplane (aquí supuestamente captado por Jean-Luc Goddard en un concierto sorpresa en un azotea en medio de Nueva York en 1968).
Para cerrar el 50 aniversario del 68 estadunidense, aquí les ofrecemos una selección desorganizada de la ruta sonora del 68 (las primeras en la lista son las más emblemáticas.
Cincuenta años después, el sonoro rugir del 68 aún se escucha"
 
 
 

domingo, 9 de diciembre de 2018

De chalecos amarillos global


Noam Chomsky:

"La socialdemocracia, sí. A veces se le llama “la edad de oro del capitalismo moderno”. Esto cambió en los setenta, cuando se estableció la era del neoliberalismo en la que vivimos desde entonces. Si te preguntas qué clase de era es, pues su principio fundamental es desactivar los mecanismos de solidaridad social y soporte mutuo, y el compromiso popular en la determinación de las políticas.
No se llama así. Se le llama “libertad”, pero “libertad” implica subordinación a las decisiones de un poder concentrado, no responsable, privado. Eso es lo que significa. Las instituciones gubernamentales –u otros tipos de asociaciones que posibilitan la participación de la gente en la toma de decisiones– son sistemáticamente debilitadas. Margaret Thatcher lo dijo muy educadamente: “la sociedad no existe, solo existen individuos”.
De hecho, estaba parafraseando, seguramente de forma inconsciente, a Marx quien, en su condena de la represión en Francia, dijo “la represión está transformando a la sociedad en un saco de patatas, solo individuos, una masa amorfa que no puede actuar conjuntamente”. Era una condena. Para Thatcher, es un ideal –y eso es el neoliberalismo. Destruimos, o como mínimo desacreditamos los mecanismos de gobierno a través de los cuales la gente, al menos en principio, puede participar en la medida en que esa sociedad sea democrática. Así que debilitadlos, desacreditad a los sindicatos, a otras formas de asociaciones, dejadlos como un saco de patatas y, mientras tanto, transferid la toma de decisiones a poderes privados y no responsables; todo con la retórica de la libertad.
¿Qué conlleva esto? La única barrera que nos protege de estas destructivas amenazas es una sociedad comprometida, una sociedad informada y comprometida que actúe conjuntamente para desarrollar los medios que permitan hacer frente a estas amenazas y responder a ellas. Esta ha sido sistemáticamente debilitada, deliberadamente. Quiero decir, en los setenta hablábamos de esto. Hubo un gran debate entre la élite sobre el peligro de que hubiera demasiada democracia y la necesidad de lo que llamaron “moderación” en la democracia, para que la gente fuera más pasiva y apática, para que no moleste demasiado; eso es lo que hacen los programas neoliberales. Lo mezclas todo y ¿qué sale? Una tormenta perfecta.
Todo el mundo ve los titulares, con el Brexit, Donald Trump y el nacionalismo hindú y el nacionalismo en todas partes y Le Pen; se ponen más o menos juntos y sugieren un fenómeno mundial real.
—Está claro y era predecible. No se puede saber en qué momento pero, cuando se imponen políticas socioeconómicas que conducen al estancamiento o al declive para la mayoría de la población, a deslegitimar la democracia, a que las decisiones políticas no estén en manos del pueblo, el resultado es gente descontenta, enfurecida y atemorizada. Y este es el fenómeno que, de forma engañosa, se conoce como “populismo”.
—No sé qué piensas de Pankaj Mishra pero a mí me gusta su libro “La edad de la ira”, que empieza con una carta anónima a un periódico de alguien que dice “Deberíamos admitir que no solo estamos aterrorizados sino que también estamos desconcertados. Desde el triunfo de los vándalos en Roma y el norte de África, nada ha sido tan incomprensible y difícil de revertir” (...)
Este hecho no tiene precedentes históricos, exceptuando situaciones tras catástrofes, guerras o cosas parecidas. Fue un periodo largo en el que los salarios reales habían decrecido, aunque se amasaron riquezas en algunos bolsillos. También fue una época en la que se crearon nuevas instituciones, instituciones financieras. Si nos fijamos en los años cincuenta y sesenta –la llamada época dorada– los bancos estaban conectados con la economía real. Esa era su función. No había caídas en la banca porque había regulaciones de los mercados financieros.
A principios de los años setenta hubo un cambio drástico. En primer lugar, las entidades financieras se inflaron a gran escala. En 2007 obtuvieron un 40% de beneficios. Por lo tanto, dejaron de estar conectadas a la economía real.
En Europa, la forma en que se desacredita a la democracia es muy directa. Las decisiones están en las manos de una troika que no ha sido elegida: la Comisión Europea, que no se vota; el FMI, por supuesto no votado; y el Banco Central Europeo. Ellos son los que toman las decisiones. Así que la gente está enfadada, está perdiendo el control de sus vidas. Ellos son los que sufren las consecuencias de las políticas económicas, y el resultado es ira, desilusión, descontento, etcétera.
Hemos visto en las pasadas elecciones francesas que los dos candidatos eran ajenos al establishment. Los partidos centrales se han hundido. Lo vimos en las elecciones americanas. Dos candidatos fueron capaces de movilizar a las masas: uno de ellos era un multimillonario odiado por el sistema, el candidato republicano que ganó las elecciones –pero fijaros en que una vez toma posesión es el antiguo sistema el que dirige el país. Puedes manifestarte en contra de Goldman Sachs durante el periodo de campaña, pero asegúrate de que se encarguen de la economía cuando seas presidente.
Así que la cuestión es, en un momento en que la gente está casi lista para actuar y casi lista para reconocer que este juego no funciona, ¿tenemos la capacidad, como especie, de actuar en consecuencia, de adentrarnos en ese estado de perplejidad y, más adelante, pasar a la acción?
—Pienso que el destino de nuestra especie depende de ello; recuerda, no es solo desigualdad, estancamiento, estamos ante un desastre terminal. Hemos creado la tormenta perfecta. Estos deberían ser los titulares de cada día. Desde la Segunda Guerra Mundial hemos creado dos medios de destrucción. Desde la era neoliberal hemos desmantelado la forma en que los manejamos. Esas son nuestras tenazas, eso es a lo que nos enfrentamos y, si no resolvemos ese problema, estamos acabados.
Quiero volver al libro de Pankaj Mishra “La edad de la ira” por un momento. No es la edad de la ira, es la edad del resentimiento contra las políticas socioeconómicas que han dañado a la mayor parte de la población durante las últimas generaciones que, conscientemente y como principio, han desvirtuado la participación democrática. ¿Por qué no debería haber ira? (...)
Esto ha sido diseñado así. Mira los años setenta: en el panorama, el panorama de la élite, había una gran preocupación con el activismo de los años sesenta, un período tumultuoso. Hizo que el país se convirtiera en civilizado, lo que para ellos puede ser peligroso. Lo que pasó es que grandes sectores de la población –que habían sido pasivos, apáticos, obedientes– intentaron entrar en la escena política de una u otra forma para presentar sus intereses y preocupaciones. Los llaman de “especial interés”. Eso significa minorías: la gente joven, los ancianos, los agricultores, los obreros, las mujeres… En otras palabras: la población. La población es un “especial interés” y su función es observar en silencio; esto está claro"

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=250023 

jueves, 6 de diciembre de 2018

País inconstitucional


Con que al menos se cumpliera la separación de poderes mínimamente, o respecto a los derechos individuales o sociales...

"Pese a sus orígenes progresistas el patriotismo constitucional ha derivado en los últimos tiempos en una suerte de neonacionalismo español constitucionalista que idealiza la Transición, destaca sobre todo sus capítulos más conservadores y convierte a la Carta Magna en un pesada arma arrojadiza contra cualquiera que proponga abrir debates incómodos como la la elección del jefe del Estado o la reforma del modelo territorial. Si en 1978 las izquierdas consideraban que la Constitución pactada con las derechas era el punto de partida para una futura profundización democrática que por ejemplo desarrollara el estado autonómico en un sentido federal, el nuevo constitucionalismo de PP, Cs y de una parte del PSOE ha servido y sirve para revestir de un respetable barniz ilustrado y liberal los viejos axiomas del nacionalismo español de toda la vida. La mayor paradoja de este movimiento es que muchos de los herederos de quienes en el 78 se opusieron desde la derecha a la Constitución, han terminado por ser los más acérrimos defensores de la sacralización de su lectura más conservadora.
La débil, o si lo prefieren, incompleta democratización de la idea de España y de sus principales símbolos, monarquía, bandera e himno, es una de las herencias que arrastramos de una Transición con luces y sombras en la que las izquierdas lograron importantes avances sociales y democráticos, a costa también de importantes renuncias. Tanto estos avances como estas renuncias están contenidos en una Constitución con respecto a la que la izquierda transformadora ha oscilado y oscila entre la impugnación total, la reforma y la posibilidad de un desarrollo progresista a partir de sus artículos más avanzados.
Más conflictivo supone el uso de la bandera nacional, que para amplios sectores de la población española sólo se ha naturalizado a día de hoy en el contexto de las competiciones deportivas, mientras que fuera de ellas sigue teniendo una clara significación política, como se puso de manifiesto durante la reciente crisis catalana. La formulación por las fuerzas del cambio de un nuevo patriotismo alternativo, social, feminista y plurinacional, se enfrenta al dilema, casi irresoluble, de con qué símbolos hacerlo. ¿Con los resultantes de una Transición agridulce que incluye una monarquía restaurada por Franco o con los de una II República que remite para amplios sectores de la población española a una experiencia política fallida y al fantasma de la Guerra Civil? ¿Podrá este nuevo patriotismo de la gente acuñar nuevos símbolos para su nuevo proyecto de país?"
  
  
"Las constituciones de las sociedades pluralistas buscan un equilibrio entre la estabilidad expresada en el acuerdo y el dinamismo expresado en la apertura a la sociedad de intérpretes constitucionales. En el caso español, existe una flagrante contradicción entre la apertura constitucional al dinamismo, el bajo nivel de utilización social de la Constitución de 1978 como un instrumento de transformación y la imposición judicial de una interpretación reduccionista y conservadora respecto a las posibilidades interpretativas del texto constitucional.
Aunque la versión ideológica oficial dice que el consenso fue el resultado de la Transición, lo cierto es que el consenso fue el método de la Transición. Un método que consistió en sancionar constitucionalmente aquello sobre lo que existía un nivel suficiente de acuerdo y trasladar a un momento político posterior la decisión sobre las cuestiones controvertidas, como la organización territorial del estado, respecto de la cual no se sancionó un modelo sino un procedimiento de construcción política, y las leyes orgánicas, que permiten al legislador tomar decisiones materialmente constitucionales por mayoría absoluta. Pero la apertura de la Constitución a diversas plasmaciones prácticas se ha venido reduciendo a lo largo de estos 40 años. 
Por una parte, la sentencia del Estatut supuso una alteración de primer orden en el funcionamiento constitucional desde el momento en que su principal consecuencia fue entender que la construcción del modelo autonómico había tocado techo y que a través del acuerdo político ya no era posible incidir de modo significativo en la configuración del sistema, sino solo completarlo con transferencias competenciales o con reformas de financiación. Creo que esta conclusión confunde dos cosas distintas: una cosa es afirmar que la inercia de constante ampliación competencial que había tomado la construcción del estado autonómico es insostenible en un momento en que la inmensa mayoría de las transferencias competenciales se ha completado; y otra cosa es concluir que, dada esta situación, la negociación política como modo de gestión de la cuestión territorial en España, queda truncada. No cabe duda de que el proceso de construcción del estado autonómico está concluyendo y se abre una nueva fase de racionalización y acomodo a las actuales circunstancias políticas y de financiación. Pero esta fase, al igual que los inicios del estado autonómico, reclama una interpretación de los límites constitucionales funcional al papel central que la propia Constitución otorga al acuerdo político. Lo contrario supone introducir rigidez allí donde la Constitución se ha querido flexible y fingir que existe una solución constitucional a cualesquiera conflictos autonómicos, cuando lo cierto es que la propia Constitución renunció a constituir un modelo terminante de organización territorial.
Por otra parte, la evolución de la interpretación de la Constitución durante estos 40 años ha ido reduciendo el ámbito de protección de los derechos al tiempo que aumentaba las posibilidades de funcionamiento autónomo del poder ejecutivo mediante un uso abusivo del decreto ley. Reducir derechos y garantías no solo afecta negativamente al ámbito concreto protegido, sino que también genera una ciudadanía temerosa y retraída, más atenta a obedecer las órdenes del poder que a tratar de influir en ellas, lo que contrasta vivamente con la ampliación del margen de acción del gobierno mediante la conversión del decreto ley en un instrumento ordinario de gobierno que responde más a la intención de hurtar el necesario debate político y ciudadano en el proceso de formación de las decisiones, que al supuesto constitucional de la extraordinaria y urgente necesidad.
Esta práctica que se ha venido consolidando no es la Constitución, sino que en buena medida es su misma negación: el secuestro de la Constitución por parte de una práctica impuesta por la derecha política y judicial que domina los altos órganos judiciales y que ha demostrado su prestancia a ejecutar las órdenes y ratificar los proyectos de sus comitentes políticos y económicos, en detrimento de su función de garantía.
La progresiva consolidación de esta lectura reduccionista y fuertemente ideologizada de la Constitución se ha producido en muchos casos sin el obstáculo de una respuesta social adecuada. Aunque en España ha existido un alto nivel de identificación ciudadana con el símbolo de la Constitución, la interiorización de sus contenidos como un instrumento de lucha por el derecho ha sido bajo"
   

lunes, 3 de diciembre de 2018

Universidades


El referéndum contra la monarquía en decenas de universidades y barrios, un éxito que llega a la prensa internacional y embarra en casa. La ultraderecha en el gobierno andaluz, ya tal. 

David Harvey: 

"Los medios de universitarios, intelectuales y otros expertos en ciencias sociales y humanidades, se encuentran hoy día, en su conjunto, mal equipados para emprender la tarea colectiva de transformación de las estructuras del saber. A decir verdad, están ellos mismos muy implicados en la construcción de nuevos sistemas de gobernabilidad neoliberal que ignoran las cuestiones de legitimidad y de democracia y alimentan el autoritarismo tecnocrático. Son escasos quienes muestran alguna disposición a un enfoque cuestionador. Las universidades continúan promoviendo los mismos programas inútiles sobre la teoría económica neoclásica o la teoría política de la decisión racional, como si nada hubiera pasado, mientras las escuelas de comercio más caras se contentan con añadir un curso o dos de ética comercial sobre la mejor manera de ganar dinero con los quiebras de los demás. Aunque, después de todo, ¡la crisis es el resultado de la avidez humana y no se puede hacer nada al respecto!
La actual estructura dominante del saber es claramente disfuncional e ilegítima. La única esperanza que nos queda es que una nueva generación de estudiantes inteligentes (en el amplio sentido de que buscan conocer el mundo) se dé cuenta y se dedique a la transformación de esta estructura del saber. Así ocurrió en los años 1960. En otros momentos decisivos de la historia, movimientos inspirados por medios estudiantiles, constatando el desfase entre la situación del mundo y lo que se les había enseñado y servido por los medios de comunicación, fueron capaces de actuar para que eso cambiase. Estos movimientos dan hoy señales de vida, de Teheran a Atenas y en muchos campus universitarios europeos. La manera como se comporte la nueva generación de estudiantes en China es probablemente una preocupación central en los antros del poder político en Pekín.
Un movimiento revolucionario joven, conducido por los estudiantes, con todas las incertidumbres y dificultades que le son propias, es una condición necesaria pero no suficiente para producir esta revolución de las concepciones mentales que tal vez nos lleve a una solución más racional de los problemas actuales del crecimiento indefinido.
Más en general, ¿qué ocurriría si un movimiento anticapitalista tomase forma a partir de una amplia alianza que reagrupase a los excluidos, los descontentos, los desprovistos y los desposeídos? La imagen de esta problación sublevándose un poco por todas partes, reivindicando y ganando el lugar que le corresponde en la vida social, política y económica, despierta entusiasmo. Es también la ocasión para plantearnos lo que podría ser la naturaleza de estas reivindicaciones y el tipo de acción a llevar a cabo.
No se pueden realizar transformaciones revolucionarias sin transformar, como mínimo, nuestras propias ideas, sin abandonar nuestros prejuicios y convicciones más queridas, sin renunciar a diversas satisfacciones y a diversos derechos cotidianos, y sin someternos a un nuevo régimen de vida cotidiana, sin cambiar nuestros papeles políticos y sociales, sin reasignar nuestros derechos, deberes y responsabilidades y sin alterar nuestros comportamientos para mejor conformarnos a las necesidades colectivas y a la voluntad común.
Debemos ver el mundo que nos rodea (nuestras geografías) de una forma radicalmente nueva, y también nuestras relaciones sociales, la relación con la naturaleza y todos los otros momentos del proceso co-revolucionario"