“En los países democráticos no se percibe la naturaleza violenta de la economía, mientras que en los países autoritarios lo que no se percibe es la naturaleza económica de la violencia”
Bertolt Brecht

"Hay que aprender de los errores del siglo XX y superarlos. El capitalismo no lo ha hecho. Los socialistas deben hacerlo"
Tariq Ali

"La cuestión no es mercado sí o mercado no, es qué espacio tenemos que concederle al mercado para que tenga efectos positivos y qué espacio tenemos que quitarle para que no tenga efectos negativos"
César Rendueles ("Capitalismo canalla" antídoto para "Los enemigos del comercio" de A. Escohotado)

"Los poderosos siempre han perseguido a los alfabetizadores, a los que paraban las balas con columnas de periódico, a los que hacían escudos con libros cargados de metáforas y razones. También a los que han hecho visibles a los invisibles, a los que enseñan a decir no con una sonrisa y también a los que enseñan desde el monte a recordar que no hay que vivir de rodillas"
J.C. Monedero

Qué son los PsyOps: "Los daños que causan las PsyOps [Operaciones Psicológicas] se reflejan en la aparición de cambios en el plano cognitivo y mental (...) Toda operación militar, y por tanto toda operación psicológica, tiene que contar con una cadena de mando. El análisis detallado de los mensajes a través de Twitter y Facebook ha permitido descubrir «nodos de red», o sea estados mayores implicados en la operación. Estos están entrenados en el uso de métodos de control de las multitudes para crear una situación de contagio entre individuos de diferentes medios y orígenes. De esa manera, los estados mayores logran localizar fácilmente los «repetidores de opinión», o sea los individuos que influyen sobre los demás. Los especialistas pueden entonces optar entre informarlos sobre el proyecto o mantenerlos en la ignorancia de lo que está sucediendo"
Valentin Vasilescu (experto en inteligencia militar)

"Gozamos de tres bienes de valor incalculable. La libertad de conciencia, la libertad de palabra y la prudencia de no usar nunca ninguna de las dos". Mark Twain.


sábado, 18 de agosto de 2018

Vigencia de Amin

 
                    
Nick Dearden, director de la organización del Reino Unido Global Justice Now.
 
"Amin pensaba que el capitalismo mundial —el dominio de oligopolios con base en el mundo rico— sostiene su dominio por medio de cinco monopolios: el control de la tecnología, el acceso a los recursos naturales, las finanzas, los medios de comunicación globales y los medios de destrucción masiva. Sólo derribando estos monopolios se puede hacer un progreso real.
Esto implica desafíos particulares para aquellos de nosotros que somos activistas en el Norte, porque cualquier cambio que promovamos debe desafiar los privilegios del Norte frente al Sur. Nuestro internacionalismo no puede ser expresado por medio de algún tipo de acercamiento humanitario al Sur global — como la idea de que los países del Sur necesitan nuestra “ayuda para el desarrollo”—.
Para Amin, cualquier forma de trabajo internacional debe estar basada en una perspectiva explícitamente anti-imperialista. Cualquier otra cosa fracasará a la hora de desafiar la estructura de poder: aquellos monopolios que realmente mantienen poderosos a los poderosos.
Junto a colegas como André Gunder Frank, Amin veía el mundo dividido en el “centro” y las “periferias”. El rol de las periferias, aquellos países que llamamos el Sur global, es proveer a los centros —específicamente la “Tríada” de América del Norte, Europa Occidental y Japón— de los medios de desarrollo sin ser capaces de desarrollarse ellas mismas. Evidentemente, la explotación de los minerales de África como comercio claramente favorable para el centro nunca permitirá la liberación africana; sólo una explotación constante.
Esto va en contra de tanta “mentalidad de desarrollo”, que llevaría a pensar que los problemas de África vienen de no estar integrada adecuadamente en la economía global que ha crecido en los últimos cuarenta años. Amin piensa de hecho que el problema de África surge al estar demasiado integrada pero “de la forma equivocada”.
De hecho, en tanto que los monopolios del control están intactos, los países del centro han tenido pocos problemas globalizando la producción desde los años setenta. La explotación obrera en la industria ahora tiene lugar a lo largo de la periferia, pero ello no ha cambiado el poder de los del Norte por su control de las finanzas, de los recursos naturales, de los ejércitos, etc. Lo cierto es que ha fortalecido su poder reduciendo los salarios y destruyendo un sector manufacturero que se había convertido en la base del poder de los trabajadores sindicados.
Así que no tiene ningún sentido pedirle a los países del centro que les concedan mejores relaciones comerciales a las periferias.
Amin también estaba preocupado por el activismo medioambiental, que se convierte demasiado a menudo en un debate sobre cómo los países del centro administran su control de los recursos mundiales, en lugar de cuestionar su control (…) 
Por supuesto, este no es simplemente un proyecto para los activistas del Norte. Está muy lejos de serlo. La teoría por la que Amin es más conocido es la de la “desconexión”.
La desconexión supone que los países de la periferia se retiren de su integración explotadora en la economía global. En cierto sentido se trata de des-globalización, pero no es una forma de aislamiento económico —algo en lo que los líderes socialistas africanos cayeron de tan buena gana—. Más bien supone no implicarse en las relaciones económicas desde la vulnerabilidad.
Amin afirma que los países del Sur deben desarrollar su economía por medio de varias formas de intervención estatal, el control del flujo de dinero entrante y saliente de sus sectores financieros y la promoción del comercio con otros países del Sur. Deben nacionalizar sectores financieros, regular fuertemente los recursos naturales, “desconectar” los precios internos del mercado mundial, y liberarse a sí mismos del control de instituciones internacionales como la Organización Mundial del Comercio. Sean cuales sean los problemas que acompañen a la nacionalización de las industrias, es la única base posible para que una economía controlada de forma genuinamente social salga adelante.
Amin afirma que la desposesión del campesinado a lo largo de los países periféricos se convertirá en el problema central del siglo XXI
Después de haber escuchado durante treinta años que solucionarían sus problemas exportando más, privatizando sus recursos naturales y liberalizando los sectores financieros, algunos países en desarrollo harían hoy bien en prestar atención al consejo de Amin.  Los poderes imperialistas se han dado cuenta de que la competición entre ellos no es útil, y han creado una suerte de imperialismo colectivo, que se expresa a través de instituciones como la Organización Mundial del Comercio y el Fondo Monetario Internacional (…)
El capitalismo está experimentando una profunda y prolongada crisis, que Amin cree que no tiene solución fuera de la barbarie política. Describe esta forma de capitalismo como “senil”.
Esta crisis se caracteriza por una creciente dependencia de las finanzas, lo que implica que se hace cada vez menos dinero de actividades productivas, y más de la simple “renta”. Es un medio mucho más directo de robar la riqueza de la mayoría del mundo. La forma adjunta de la política significa que la democracia ha sido reducida a una farsa en la que la gente es espectadora de un teatro de la élite —eso cuando no están satisfaciendo su rol asignado de consumir—.
El capitalismo necesita obligatoriamente de un proceso constante de desposesión para poder acumular y continuar expandiéndose. El capitalismo no podría haberse desarrollado sin la conquista europea del mundo; la disponibilidad de tantos recursos “sobrantes” fue vital. La válvula de escape de muchos de esos desposeídos de la tierra europea era el “nuevo mundo”, que permitía la emigración masiva; aunque, por supuesto, otros morían en masa, como atestigua la hambruna irlandesa de la patata.
Así que, por mucho que tantos de los desposeídos pudieran aspirar a las vidas de quienes viven en países de capitalismo avanzado, simplemente no es posible. Tampoco pueden estar en lo correcto los marxistas tradicionales cuando dicen que el capitalismo es un estadio necesario en el camino al socialismo —una perspectiva que Amin describe como “eurocéntrica”.
La industria no puede incorporar más que una pequeña fracción de la humanidad, pero necesita los recursos de los que depende esta humanidad. Entonces, el único modo en que el capitalismo puede seguir adelante es por medio de la creación de un “planeta suburbio” —una especie de “apartheid a escala mundial”—. Amin afirma que la desposesión del campesinado a lo largo de los países periféricos se convertirá en el problema central del siglo XXI.
Amin cree que el camino hacia el socialismo depende de revertir esta tendencia a la desposesión implicando, a escala nacional y regional, la protección de la producción de la agricultura local, la garantía de la soberanía alimenticia de los países y la desconexión de los precios internos del mercado mundial de las mercancías. Esto detendría la desposesión de los campesinos y su éxodo a las ciudades.
Sólo esta revolución en el modo en que la tierra es entendida, tratada y accedida puede sentar las bases para una nueva sociedad. Esto también implica abandonar la idea del “crecimiento” tal y como se comprende hoy, y por el cual son juzgadas todas las economías del mundo, que sólo beneficia de verdad a una minoría de la población mundial. El resto de la humanidad es “abandonada al estancamiento, si no a la pauperización”.
Quizá esto haga parecer a Amin más bien idealista en su enfoque, pero nada más lejos de la realidad. Amin rechaza explícitamente la idea de una “revolución de 24 horas” ─ un solo acto insurreccional que abriría la puerta a un período de socialismo. De hecho, acepta que bien pueda ser necesario usar capital privado, e incluso internacional, para diversificar las economías del Sur. Lo importante es el control. Por ello, Amin también se niega a usar el concepto de “socialismo del siglo XXI”, centrándose en la necesidad de “el largo camino de transición hacia el socialismo”.
Samir Amin se describe a sí mismo como un “marxista creativo” (”comenzar a partir de Marx, pero no terminar con él o con Lenin o Mao”) que incorpora toda clase de modos críticos de pensar; incluso los “que fueron equivocadamente considerados como ‘ajenos’ por los dogmas del marxismo histórico del pasado”(...)
Estas perspectivas son sin duda más relevantes hoy que cuando Amin comenzó a escribir. Un marxismo creativo da cuenta adecuadamente de la perspectiva y las aspiraciones de los realmente desposeídos del mundo, rompe con los dogmas históricos y se niega a tratar de mantener pegado un modelo roto, pero entiende igualmente la imposibilidad de derribar este modelo mañana"
 
 

viernes, 17 de agosto de 2018

17A

 
Las CUP tienen razón. Las autoridades que vienen a pavonearse en el homenaje a las víctimas empiezan por una casa real y partidos políticos enmierdados desde hace décadas, hasta la más reciente venta de armas a Arabia Saudí por parte de Felipe VI, en grandes negocios con el gran patrocinador y financiador del salafismo wahabita, en concreto del Daesh. Grandes negocios monárquicos hermanados y empresariales a costa de los muertos en Las Ramblas, o de la masacre de decenas de niños en un autobús escolar en Yemen recientemente. Si nos representan, es que efectivamente somos unos impresentables.
Esas autoridades de unos servicios secretos que escamotearon información crucial a las fuerzas policiales catalanas a modo de castigo y aislamiento político. Lo que explica que un operativo preparase el mayor atentado con explosivos desde el 11M y se permitiese apuntar nada menos que contra la Sagrada Familia, algo impensable actualmente en el resto del territorio español.
Unas autoridades que mantienen presos ante el escándalo internacional a unos políticos que se limitaron a dar respuesta política, cívica y pacífica, a las demandas del 80% de los catalanes respecto a un referéndum, y que ha concitado protestas y manifiestos por su liberación en muchas partes, el más reciente alentado por intelectuales de la talla de Chomsky. Que multiplican los disidentes huidos a Europa por sus ideas, al abrigo del estado de derecho ajeno.
Las víctimas del 17A han colaborado estrechamente con las víctimas del 11M de Manjón, en su momento ninguneadas e incluso amenazadas por una ultraderecha madrileña en torno a las víctimas ultraderechistas de ETA, catalanófobas de fiera tradición, que persistieron años en mentir y manipular con mucho dinero público respecto a la autoría de la matanza de Atocha, y que lleva décadas despreciando a las víctimas del franquismo en las cunetas. Normal que Ada Colau no las haya invitado a la conmemoración puesto que esta se pretende de verdad y concordia. Allí andaban ayer estas víctimas junto a VOX y PP jugando su propia charada conmemorativa mientras que acusaban a Colau de amiga de terroristas. Por poco no le echaron de nuevo la culpa a los bolardos.
En estos momentos se despliegan las pancartas contra un rey de fortuna familiar ligada a los saudíes, que amenazante contra el pueblo catalán dio espaldarazo a la brutal represión contra gente desarmada el 1-O en Barcelona.
Y los malabares por parte de la alcaldesa Colau para diluir esta presencia vergonzosa de tales autoridades en segundo plano, y evitar que protagonicen negativamente un acto que debe dar voz a la gente.
Cuando lo humanamente elemental resulta tan institucionalmente complicado es que unas cuantas cosas no andan bien en este país. El esperpento institucional, su horror impune habla por sí solo.
Y un nuevo ejemplo de la enorme inteligencia política de una Colau que va a administrar semejante marrón sin perder la perspectiva. Como de la proverbial deformidad moral de país tan narcotizado que asumirá como propio semejante espectáculo de vergüenza como si no ocurriera.
  
 
 
 

lunes, 13 de agosto de 2018

De la auténtica avalancha africana

 
Samir Amin, el gran teórico de la desconexión y la teoría de la dependencia acaba de morir: in memoriam
 
"Está en marcha una avalancha hacia África, bajo la forma de una irrupción neocolonial sobre los recursos minerales, energéticos, territoriales, marinos, solares, eólicos y humanos del África del Norte y subsahariana.
Un nuevo imponente saqueo, pero con importantes diferencias en relación a lo que ocurría en tiempos de la Conferencia de Berlín de 1884-1885:
Esta vez el asalto es global, porque África es el continente más prometedor para el capital global. Lo que está en juego aquí es algo de primera importancia. En primer lugar, se trata de realizar un excedente de acumulación del capital que parece cada vez más difícil obtener en otras partes. Por otra parte, ¿no es África la única parte del mundo en la que tanto la población como el potencial de mano de obra continúan creciendo a un ritmo rápido? Los depredadores no son únicamente los tradicionales bandidos europeos, sino también las multinacionales estadounidenses (las más importantes inversiones en términos de stock de capital, provienen de los Estados Unidos, los bancos y empresas chinas, sauditas, emiratíes, indias y turcas. Las inversiones directas en el extranjero (IDE) hacia África han crecido de 10.000 millones de dólares en 2000 a más de 55.000 millones en 2015, haciendo de este continente el segundo destino mundial de IDE inmediatamente después de la región Asia-Pacífico (…) 
Los instrumentos del asalto neocolonial contra África se han vuelto más sofisticados y más diversificados. Mediante la multiplicación de la presencia militar estatal y privada, de bases militares, de consejeros y de servicios secretos, en el continente y sus márgenes. Mediante las guerras desencadenadas por Occidente y las guerras civiles o de secesión en las que los imperialismos, incluyendo el italiano, están implicados en gran medida. Pero también y sobre todo mediante otras formas de implicación:
- el estrangulamiento debido a la deuda externa, de 13.000 millones de dólares en 1973 a 450.000 millones hoy, para los estados subsaharianos;
- el land grabbing [acaparamiento de tierras] en África -que equivale a cerca del 50% de las tierras acaparadas en todo el mundo- para una superficie superior a 21 millones de hectáreas (de 41 millones de total mundial) 
- la transformación de la agricultura africana, bajo la dominación del agrobusiness, en una agricultura de exportación, que no responde a las necesidades alimentarias de las poblaciones locales: monocultivos intensivos impuestos a varios países para la producción de biocarburantes, de madera, etc;
- la venta a pérdida, en los mercados africanos, de productos agrícolas estadounidenses o europeos subvencionados, poniendo fuera de juego a los productos de la agricultura local;
- la rapiña de las riquezas piscícolas costeras;
- la trata de mujeres, cuyas cadenas de mando y “consumidores finales” están en Europa y en los demás países más ricos;
- el bran drain [literalmente pillaje de cerebros, de calificaciones] de la gente africana más cualificada, profesionales de la medicina ante todo, denunciado hace ya veinte años por Coutrot y Husson;
Sin hablar aquí del tradicional saqueo de materias primas, habiendo sido sustituidos el caucho y el oro por el petróleo, el gas, el coltán, los metales raros de los que África rebosa literalmente, en ciertos casos de forma casi monopolística. A lo que hay que añadir los efectos indirectos, sobre todo el continente, del hiperdesarrollo capitalista mundializado, la desertificación, la sequía y las hambrunas, productos del cambio climático, que África ha sufrido más que cualquier otra parte del globo.
Este conjunto de procesos interactúan y acaban por conducir a un movimiento migratorio interno en África, en rápido crecimiento. La deserción progresiva de los campos está en curso, paralelamente a la ruina de la agricultura de subsistencia, que alimenta sin embargo aún a un tercio de las y los habitantes del continente, y al nacimiento de megapolis incluso de ciudades-región (Lagos cuenta con 23 millones de habitantes) y de un gran número de centros urbanos. Apenas hace 10 años, la gran mayoría de los movimientos migratorios de África se desarrollaban en el interior del continente. Los que iban hacia Europa estaban en crecimiento pero seguían siendo modestos, comparados a los movimientos intracontinentales. La emigración africana hacia Europa provenía aún en su mayoría de África del Norte, la salida de los países subsaharianos estaba aún limitada y era cosa de personas que tenían un nivel de formación medio o elevado (…)
Desde hace una quincena de años, las cosas han cambiado verdaderamente. Los procesos de urbanización, ligados al desarrollo y a la modernización capitalistas de las economías y de las sociedades subsaharianas se han acelerado. Al mismo tiempo las fronteras entre Estados africanos, anteriormente bastante porosas, se han vuelto menos permeables. Y tendencias nacionalistas, cuando no racistas, se han afirmado contra las migraciones provenientes de otros países del continente (los pogromos sanguinarios que han estallado estos últimos años en África del Sur constituyen un caso extremo) (…)
El progresivo ascenso del discurso público antiinmigrantes, de su puesta en marcha promovida por la antigua derecha así como por gobiernos de centro-izquierda, así como de las fuerzas que han lanzado/promovido el nuevo curso político europeo cada vez más explícitamente racista, ha permitido proclamar alto y fuerte un mensaje recurrente que unifica hoy a los Estados y los gobiernos europeos: ¡Alto a la inmigración!.
Ascensión acompañada por el cierre de las fronteras europeas contra la tan temida invasión de África, devolución de las embarcaciones en el Mediterráneo, refuerzo de la policía de fronteras Frontex, edificación de una cadena de campos en África del Norte, además de los macabros centros actualmente en pie, y de muros para cerrar el camino a las hordas de inmigrantes, tras haber cerrado el acceso por Turquía de acuerdo con Recep Tayyip Erdogan (…)
La lucha contra las políticas migratorias restrictivas y represivas de los Estados y contra toda forma de discriminación hacia las poblaciones inmigradas debe ser una prioridad de los y las revolucionarias internacionalistas, que deben denunciar sin ambigüedad las migraciones forzadas, que constituyen una gran parte de las migraciones contemporáneas. Es un proceso complejo, vista la profundidad histórica y el carácter estructural de estas causas. Avanzar en esta dirección necesitaría grandes confrontaciones y transformaciones sociales.

Habría que obtener ante todo: 1º, la anulación de la deuda externa de los países africanos; 2º la retirada inmediata de las tropas -privadas y públicas, italianas y europeas-, de los consejeros militares, de los grupos de entrenamiento militar y policial; 3º la restitución de las tierras arrebatadas a través del land grabbing; 4º la detención del envío a África de los productos agrícolas europeos subvencionados que destruyen la agricultura local; 5º el abandono de la pesca en los mares de los países africanos; 6º la rediscusión de las relaciones comerciales, sobre bases paritarias y de reciprocidad; 7º la elaboración de formas concretas de un proceso de restitución del saqueo multisecular; etc.
Y, en muy primer lugar, la ruptura del silencio sobre las luchas obreras y populares, sobre las resistencias al neocolonialismo, en curso en África, y su apoyo por todos los medios. ¡Para dejar así de cubrir África de campos, muros, montañas de cadáveres de migrantes, de deudas, de depredadores, de contingentes militares, de guerras abiertas o secretas!"
 
 
 

 

sábado, 11 de agosto de 2018

Del vacuo y falaz sentido común que nos dijeron progresista

 
¿La UE debe vetar el oportunismo de quienes promueven soluciones fracasadas, señor Sánchez? Empezaría entonces por vetarse a sí misma, y acto seguido al propio PSOE que tan alegremente la ha secundado durante décadas. Curiosa confesión inconsciente de culpabilidad que aún se sigue pretendiendo declaración de nobles principios, cada vez con menor credibilidad. De hecho, esos movimientos de desintegración protofascista que usted y Merkel denuncian  hoy acogotados resultan la consecuencia política y social previsible de la Europa neoliberal comandada por la oligarquía financiera centroeuropea, y que gente como ustedes llevan promoviendo mínimo desde el Tratado de Maastricht. Solo si no se ha escapado del marco ideológico falsario difundido durante décadas por El País y medios similares del establishment europeo, puede uno creerse que los actuales ultranacionalismos y populismos fascistas ocurren pese a la integración europea. A no ser que se admita que la propia estructura de la UE y la del euro, radicada geopolíticamente en un molde neocolonialista centro-periferias, también ha transcurrido siempre contra la integración europea... aunque desgraciada como previsiblemente esté resultando al final una fuerza desintegradora muy superior a la misma. Para empezar puesto que destruye la democracia, como el caso griego certificó a voces, pero también la reforma del 135 de nuestra demediada Constitución. Servidor ya interpretaba en el 15M que, entre otras cosas muy importantes, constituía la mejor vacuna posible aquí en España a una tendencia europea que ya despuntaba, y cómo el chivo expiatorio de la inmigración volvería a ser coartada central de la misma.
 
 
Fernando Luengo:
 
“Este es un Gobierno europeísta y Europa necesita del liderazgo de Alemania”. Extracto de unas declaraciones del presidente de gobierno, Pedro Sánchez, ante el encuentro con Angela Merkel. No creo que sea un desliz, sino una verdadera toma de posición ante lo que podríamos denominar “la cuestión europea”. No me sorprende, pero sí me preocupa.
El gobierno socialista busca encontrar anclajes sólidos en Europa que compensen su debilidad interna. Quiere ser importante más allá de nuestras fronteras, proclamando su disposición a trabajar por un eje “europeista” que estaría integrado por Alemania, Francia, Portugal y España. Un eje desde el que reivindicar “más Europa”, frente a las fuerzas y tendencias que amenazan con su desintegración; que ahora simboliza, sobre todo, el ascenso de los partidos populistas y xenófobos en Italia.
Ante la ausencia de un debate en profundidad sobre los problemas de fondo de la construcción europea -debate que el Partido Popular escamoteó a la ciudadanía y que el Partido Socialista Obrero Español también quiere eludir-, la propaganda y los tópicos construidos a partir de frases hechas y vacías, como la referida al liderazgo de Alemania en el denominado “proyecto Europeo”, tienen su recorrido. Ahí quedan, como formando parte de un sentido común progresista.
Desde el estallido del crack financiero, las elites políticas y económicas, con la abierta complicidad de los grandes medios de comunicación, han derramado toneladas de tinta para lanzar el discurso de que la culpa de la crisis y el principal lastre para salir de ella residía en el despilfarro de las periferias y de las administraciones públicas.
Contamina que algo queda. Aunque lo cierto es que la política económica llevada a cabo por Alemania -que, por cierto, ha perjudicado a muchos alemanes-, ha sido y es una de las principales amenazas de la referida construcción europea. La política hipermercantilista seguida por el gobierno de Angela Merkel -y, ¡ojo!, también por su predecesor, el socialista Gerhard Schöeder-, apoyada en la represión salarial y la contención del gasto público, la imposición de políticas de austeridad salarial y presupuestaria a las periferias, el rechazo a aplicar fórmulas cooperativas a escala europea de gestión de la crisis, la imposición de un marco institucional que beneficia, principalmente, a las grandes corporaciones de los países del norte. Esto es lo que representa Alemania, no el europeismo al que apela el presidente de gobierno.
No, señor Sánchez. Alemania, sus políticas y los políticos que las aplican, son el gran problema de Europa. Inquieta que un gobierno que se reclama socialista lance un mensaje tan vacío, erróneo y sesgado como el que se resume en reivindicar el liderazgo europeista de Alemania"
 
 
 

jueves, 9 de agosto de 2018

Poco tratados, poco libres, poco de comercio

 
O huyen de guerras, o del libre comercio que las provoca. Una conexión tan entrañable como inextricable, y tantas veces en nombre de la democracia y el progreso. A los engranajes de la pauperización y las consiguientes bolsas de pobreza y emigración forzada, ya analizadas por Marx, los termina coronando una guinda estilo Trump: quien pese a nuestro escándalo no deja de suceder con dignidad la época de Obama, el gran deportador de cientos de miles. Sean nuestras guerras de destrozo externo de un país o intestinas como las del narco en Méjico, fruto del TLC: ya la Inglaterra victoriana practicaba su libre comercio del opio en China con el estímulo bien a la vista de sus fragatas de guerra a sus espaldas. Es tan libre ese comercio que siempre convino imponerlo un tanto. Tratados como el actual TTIP que se cierne sobre nosotros: apenas la quinta parte de sus articulados regulan el comercio, el resto se trata de blindar privilegios e impunidad de las grandes corporaciones transnacionales, que hoy acumulan un poder y riqueza imperiales desorbitadas, inéditas en la Historia. Muy poco tratados, muy poco libres, muy poco de comercio.