“En los países democráticos no se percibe la naturaleza violenta de la economía, mientras que en los países autoritarios lo que no se percibe es la naturaleza económica de la violencia”
Bertolt Brecht

"Hay que aprender de los errores del siglo XX y superarlos. El capitalismo no lo ha hecho. Los socialistas deben hacerlo"
Tariq Ali

"La cuestión no es mercado sí o mercado no, es qué espacio tenemos que concederle al mercado para que tenga efectos positivos y qué espacio tenemos que quitarle para que no tenga efectos negativos"
César Rendueles ("Capitalismo canalla" antídoto para "Los enemigos del comercio" de A. Escohotado)

"Los poderosos siempre han perseguido a los alfabetizadores, a los que paraban las balas con columnas de periódico, a los que hacían escudos con libros cargados de metáforas y razones. También a los que han hecho visibles a los invisibles, a los que enseñan a decir no con una sonrisa y también a los que enseñan desde el monte a recordar que no hay que vivir de rodillas"
J.C. Monedero

Qué son los PsyOps: "Los daños que causan las PsyOps [Operaciones Psicológicas] se reflejan en la aparición de cambios en el plano cognitivo y mental (...) Toda operación militar, y por tanto toda operación psicológica, tiene que contar con una cadena de mando. El análisis detallado de los mensajes a través de Twitter y Facebook ha permitido descubrir «nodos de red», o sea estados mayores implicados en la operación. Estos están entrenados en el uso de métodos de control de las multitudes para crear una situación de contagio entre individuos de diferentes medios y orígenes. De esa manera, los estados mayores logran localizar fácilmente los «repetidores de opinión», o sea los individuos que influyen sobre los demás. Los especialistas pueden entonces optar entre informarlos sobre el proyecto o mantenerlos en la ignorancia de lo que está sucediendo"
Valentin Vasilescu (experto en inteligencia militar)

"Gozamos de tres bienes de valor incalculable. La libertad de conciencia, la libertad de palabra y la prudencia de no usar nunca ninguna de las dos". Mark Twain.


viernes, 12 de octubre de 2018

Este desfile es una ruina

 
Y coronado por una casa real en máximos de descrédito en las encuestas, descartado el CIS que prefiere no preguntar, según nos cuentan. En Cataluña lo dicen bien clarito, y eso aún escandaliza a una clase política cortesana y sobreactuada en Madrid. ¿Qué mejor manera de representar la Hispanidad, en efecto? 
 
"Pere Ortega, presidente del Centro Delàs de Estudios por la Paz, denuncia “categóricamente” cómo muchos de los vehículos militares que se exhibirán en la Castellana solo sirven para este desfile y el de las fuerzas armadas, que tiene lugar en torno al 30 de mayo. Aviones y blindados que, indica Ortega, “nunca han sido utilizados ni nunca serán utilizados: lo máximo que hemos sacado son dos o tres aviones en las repúblicas bálticas, hemos sacado media docena de blindados que han ido a Polonia a no se sabe bien qué y nada más”.
Armas con un único efecto “disuasorio” que se lucen dos días al año y que después son conservadas en costosos hangares para evitar la oxidación. A pesar de ello, las compras continúan. “¿Cómo se puede justificar delante de la población gastarse cada año cuatro o cinco mil millones en armamento para solo sacarlo el día del desfile?”, se pregunta Ortega (...)
 Los aliados de la OTAN se han comprometido a aumentar la inversión de Defensa hasta el 2% de sus respectivos productos interiores brutos. En el caso de España, esto supondría un aumento desde el actual 0,9% del PIB hasta más del doble. Pero hay matices. Desde hace años, una serie de partidas militares se ocultan en las partidas de otros Ministerios.
Los cálculos oscilan entre los diez mil y los 15.000 millones de euros que estima el colectivo antimilitarista Tortuga. Ortega explica que en ese gasto no computado se encuentran partidas como la Seguridad Social de los militares, las ayudas de I+D a la industria militar, las pensiones de guerra de damnificados de la Guerra Civil o transferencias extraordinarias a Defensa que suponen mil millones de euros anuales.“Si sumamos todos, el presupuesto real estaría en torno a los 20.000 millones de euros, pero, como ellos no lo suman —indica Pere Ortega—, hay que añadir 15.000 millones para cumplir el objetivo del 2% del PIB”. En todo caso, el plazo para llegar a ese procentaje llega hasta 2024, con lo que el Ejecutivo actual no tiene que hacer un esprint para adecuar sus objetivos, sino continuar con la carrera de fondo, en marcha desde el inicio de la llamada recuperación económica.
Ortega espera un anuncio por parte del Gobierno en línea continuista, es decir, un incremento de mil millones en adelante para el presupuesto de 2019. Un aumento en el que también influye la “herencia recibida” en forma de Programas Especiales de Armamento, que cada año suponen una cancelación de créditos recibidos por la industria de aproximadamente 1.500 millones de euros por parte del Estado.
“Lo primero que nos tenemos que preguntar es para qué queremos unas fuerzas armadas sobredimensionadas, con tanto armamento”, indica Pere Ortega. “Una vez resuelta esa gran pregunta tendría sentido tener unas fuerzas armadas de acuerdo con las amenazas reales del Estado español, pero esa pregunta no se la hacen porque consideran, por inercia del pasado, que tenemos que tener unos ejércitos enormes para prevenir posibles ataques del exterior cuando eso ya no tiene ningún sentido en el siglo XXI”.
En 1961, Dwight Eisenhower, en sus últimas horas como presidente, hizo un raro alegato instando a que los consejos de Gobierno evitaran “la compra de influencias injustificadas, ya sea buscadas o no, por el complejo industrial-militar”. Ese discurso sirvió para acuñar la fórmula complejo industrial-militar, única beneficiaria, según Ortega de las políticas de Defensa destinadas al aumento del arsenal en España.
Quienes hacen caja con desfiles como el del 12 de octubre, apunta Ortega, “son los accionistas de esas industrias, que viven de una política de Defensa que ellos coartan con su presión como lobby para que se siga haciendo armamento”. El último ejemplo de esa labor “de lobby” ha sido la movilización de trabajadores de Navantia, que cerró, a favor de la industria armamentística, el conflicto sobre las corbetas vendidas a Arabia Saudí.
Una presión que impide el estudio serio de la reconversión del sector industrial armamentístico en otras actividades acordes con los problemas derivados del cambio climático y la crisis larga del modelo productivo. “Sigue habiendo una dependencia de este tipo de industria y el Estado español la sigue beneficiando, ¿para qué? para adquirir unos armamentos que no sabemos para qué sirven, concluye Ortega"


 
 

jueves, 11 de octubre de 2018

De esperanzas a largo y corto plazo

 
Un new New Deal, la solución en abstracto mientras no exista potencia social que le ponga el cascabel al gato de las instituciones internacionales: en su lugar la impotencia social engorda al león del autoritarismo fascista:
 
Yanis Varoufakis:
 
"¿Puede el futuro ser más brillante? Sí, claro que sí. Recientemente, junto con Bernie Sanders, hicimos un llamado a un Internacional Progresista para que haga una campaña por un New Deal internacional, un nuevo Bretton Woods. ¿Qué significaría eso en la práctica? Aquí hay tres ejemplos de lo que eso significaría:
Un programa de inversión verde a gran escala mediante el cual poner el exceso global de ahorros al servicio de algo útil: Sería equivalente a un New Deal internacional, tomando prestado del plan de Franklin D. Roosevelt la idea básica de movilizar dinero privado inactivo para fines públicos. Pero en lugar de programas de impuestos y gastos a nivel de las economías nacionales, esto debe ser administrado por una asociación multilateral de bancos centrales (como la Reserva Federal, el Banco Central Europeo y otros) y bancos de inversión pública (como el Banco Mundial, El Banco de Desarrollo de Alemania, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, etc.). Bajo los auspicios y la dirección de, digamos, el FMI, incluso la OCDE (!), los bancos de inversión podrían emitir bonos de manera coordinada, que estos bancos centrales estarían listos para comprar, si fuera necesario. De esta manera, el conjunto disponible de ahorros globales proporcionaría los fondos para inversiones importantes en los empleos, las regiones, los proyectos de salud y educación y las tecnologías verdes que la humanidad necesita.
Tratados de comercio justo, basados en el salario mínimo vital para los países pobres y un plan de garantía de empleo para las regiones desfavorecidas de los países más ricos: Para ilustrar que los aranceles no son la mejor manera de proteger a nuestros trabajadores, ya que en su mayoría enriquecen a las oligarquías locales. Debemos hacer campaña para que los acuerdos comerciales que comprometen a los gobiernos de los países más pobres a legislar los salarios mínimos de vida para sus trabajadores y los gobiernos de los países más ricos para legislar un salario mínimo vital para las regiones desfavorecidas, para que las comunidades puedan ser revividas en países más ricos y más pobres a la vez.
Un nuevo sistema monetario internacional: una unión mundial de compensación de capital y comercio. La tarea aquí es reequilibrar el comercio y crear un fondo de riqueza internacional para financiar programas para aliviar la pobreza, desarrollar el capital humano, apoyar a las comunidades marginadas e invertir en la transición verde en todo el mundo, y no solo en el mundo en desarrollo sino también en los cinturones industriales de Estados Unidos y Europa.
Mientras mantienen sus propias monedas y sus bancos centrales, los miembros del nuevo Bretton Woods acordarían denominar todos los pagos en una unidad contable común, llamémoslo Kosmos (K), una moneda digital común que debe emitir y regular el FMI, la base de un libro contable digital distribuido de forma transparente y un algoritmo que ajustaría el suministro total de Ks de una manera previamente acordada al volumen del comercio mundial, todo lo cual se denominará en K unidades (...)
El suministro de K se ejecutará sobre la base de reglas simples y automatizadas que impulsan el suministro global de K en momentos de desaceleración global, minimizan el poder discrecional de los políticos y los burócratas, regulan en gran medida las transacciones del sector financiero en Ks y mantienen los desequilibrios comerciales y de capital bajo control usando dos instrumentos:
El gravamen: un gravamen por desequilibrio comercial que se cargará anualmente a la cuenta K de cada banco central en proporción a su déficit o superávit de cuenta corriente y se pagará en un Fondo de riqueza común.
El cargo: las instituciones financieras privadas pagarán una tarifa de "aumento" en el mismo Fondo en proporción al aumento repentino de flujos de capital fuera de un país, que recuerda la subida de precios por congestión que las empresas como Uber cobran a sus clientes en momentos de pico de tráfico (...)
 De repente, a través del Fondo Común, el mundo habrá adquirido, sin la necesidad de ningún capital suscrito, un Fondo Global Soberano mediante el cual financiar programas para aliviar la pobreza, desarrollar capital humano, apoyar a comunidades marginadas e invertir en la Transición Verde en todo el mundo, y no solo en el mundo en desarrollo sino también en las zonas desfavorecidas de Estados Unidos y Europa.
Conclusión
2008 fue una llamada de emergencia que cayó en oídos sordos. El mundo en 2018 es más precario que en 2007. Las finanzas continúan succionando el oxígeno de los trabajadores creativos, las corporaciones infra-invierten en las cosas que la humanidad necesita, la mayoría de la gente afronta perspectivas de vida menguantes en un mercado laboral uberizado, y la política democrática está siendo envenenada por la fijación del establishment por el inane business as usual y la creciente y triunfante Internacional nacionalista y xenófoba. Sólo una Internacional progresista, que haga campaña por un New Deal internacional como el que aquí describimos, puede inspirar la esperanza del futuro"
 
 
 
 
Hoy por hoy el único movimiento social capaz de frenar a Trump. Aunque hasta ahora no bastó el feminismo clasista y reductivo de clase media, el que se negó a cooperar con Black Lives Matter en aquellas marchas:
 
David Brooks
 
"El cineasta y activista Michael Moore alerta que todo está en juego en esta próxima elección intermedia, y que si la oposición a Trump no logra el triunfo esta podría ser la última elección libre en este país.
Después de la histórica Marcha de Mujeres que enfrentó a Trump el primer día de su presidencia, el estallamiento de movimiento #MeToo que está tumbando a hombres poderosos en todos los ámbitos, en esta elección hay un número sin precedente de mujeres candidatas al Congreso y otros puestos de elección.
Tal vez las mujeres podrán rescatar al país de este precipicio el 6 de noviembre en las elecciones intermedias donde toda la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y varias gubernaturas están en juego"

 http://rebelion.org/noticia.php?id=247582
 
 

martes, 9 de octubre de 2018

Irrelevantemente algoritmizados


«Tal vez el inconsciente colectivo de Jung o las ideas sintéticas a priori que, según Platón, flotan en las esferas como arquetipos no eran otra cosa que el Internet. Esos pensamientos y sueños comunes forman nubes compactas en suspensión que pueden ser descargadas de nuevo como una lluvia sobre otros cerebros apretando otra tecla. Quien sepa manipularla tendrá todo el poder de este mundo (…). Al final de la historia quedará una sola verdad con una sola tecla bajo el impulso de un solo dedo. Esa verdad nos hará libres. Enter».
(Manuel Vicent: «Enter», publicado en El País el 6 de marzo de 2011)
«No hay ningún obstáculo para hacer un registro eficiente de todo el conocimiento humano, de las ideas y de los éxitos, para crear una memoria mundial completa para toda la humanidad».
(H. G. Wells: El cerebro mundial)
 
Lo celebran con uno de sus simpáticos doodle; ya saben, esa imagen animada mediante la que el archifamoso motor de búsqueda de internet señala algún acontecimiento digno de ser remarcado. Esta vez les ha tocado a ellos, o a él, a Google, la en la práctica monopolística puerta de entrada al ilimitado universo de la world wide web, al cumplir su vigésimo cumpleaños.
Carl Sagan, en uno de los capítulos de su ya clásica serie de divulgación científica Cosmos, el titulado «La persistencia de la memoria», enunció una frase que a mí siempre me ha parecido un prodigio a partes iguales de síntesis y verdad. Venía a decir que el viaje evolutivo de la especie humana empezaba en los genes, continuaba en el cerebro y terminaba en los libros. En el encéfalo, más precisamente en la corteza cerebral o neocórtex, la información innata en la que estaban escritos los programas de respuesta de nuestro organismo para sobrevivir en el medio mutaba en información que ya no podía ser transmitida ni conservada mediante la bioquímica del ADN. Para lo primero, el homo sapiens contaba con el instinto del lenguaje (léase a Steven Pinker) y para lo segundo la evolución nos dotó de una nada despreciable memoria. Pero esta facultad cognitiva, conforme el ser humano fue produciendo más y más cantidad de información que convenía fuese compartida y almacenada para que la especie prosperara, se reveló insuficiente. Homo sapiens inventó la escritura, incrementando con ella su potencial de almacenamiento y de acceso a nuevos depósitos de información, mejorando en variedad y cantidad su repertorio de repuestas a los desafíos medioambientales y poniendo las bases para la creación de un medio social que mejoraba ostensiblemente sus posibilidades de supervivencia. La aparición del libro fue un hito de una relevancia inconmensurable que se multiplicó exponencialmente con la imprenta.
Desde entonces, la cantidad de información que producimos no ha hecho sino crecer y crecer, y cada vez a un ritmo mayor. Uno de los críticos de internet con mayor predicamento en la actualidad, Nicholas G. Carr, señala la aparición del invento de Gutenberg como el origen de lo que él denomina «mentalidad literaria», todo un modelo de pensamiento asociado al hábito de la lectura de libros. En su ensayo titulado Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? alude a dos testimonios de hace siglos que ya destacaban la abrumadora avalancha de información generada por la imprenta. La primera referencia corresponde a Richard Burton quien, en su obra maestra de 1628 titulada Anatomía de la melancolía, describe «el vasto caos y la confusión de los libros» a que se enfrentaba el lector del siglo XVII: «Su peso nos oprime, nos duele la vista de leerlos, y los dedos de pasar sus páginas». Años antes, en 1600, Barnaby Rich, otro escritor inglés, se había quejado: «Una de las grandes enfermedades de nuestro tiempo es la proliferación de libros que abruma a un mundo incapaz de digerir la abundancia de materias ociosas que todos los días se dan a la imprenta».
Con el paso del tiempo y el consiguiente aumento exponencial de la producción de información, el problema de dar con un método eficaz para su almacenamiento y diligente recuperación para su uso pertinente se convirtió en un asunto de principal importancia. Durante el siglo XX se desarrollaron soluciones cada vez más elaboradas, sistemáticas y tendentes a la automatización. Las mismas máquinas que habían agravado la sobrecarga de información se contemplaban a partir de la segunda mitad del siglo pasado como el mejor recurso para aliviar el problema. Ya entonces hubo quien temía que el avance científico se pudiese ver frenado por la incapacidad humana para estar al tanto de toda la información relevante que se producía en relación con un determinado ámbito de investigación. El ingeniero electrónico, Vannevar Bush, asesor científico de F.D. Roosevelt, plasmó esa preocupación en un visionario artículo, no exento de polémica, publicado en 1945 en la revista Atlantic Monthly y titulado «As we may think» (Como pudiera pensarse). ¿Su solución? Un nuevo tipo de máquina de catalogación personal a la que puso de nombre «Memex», útil para cualquiera que se rigiese por «los procesos lógicos del pensamiento». Nos asegura Carr que la máquina de Bush es un antecedente del ordenador personal y su sistema lógico de procesamiento de la información predice el sistema hipermedia de la World Wide Web. «Estamos rodeados de la descendencia del Memex», afirma el autor norteamericano, pero niega que estemos siquiera aproximándonos a resolver el problema de la sobrecarga de información.
En su libro de hace cuatro años titulado La señal y el ruido, el exitoso estadístico Nate Silver repara por su cuenta en dicho problema, cuya esencia radica en que la cantidad de información aumenta diariamente en 2,5 trillones de bytes, mientras que la cantidad de información útil no lo hace: «La mayor parte de esa información es sólo ruido y el ruido aumenta mucho más rápido que la señal. Hay una cantidad creciente de hipótesis que analizar y de información que desbrozar, pero la cantidad de verdad objetiva se mantiene relativamente constante». Nuestro cerebro no está filogenéticamente configurado para manejarse en un medio en el que el silencio está literalmente proscrito, y tiende a simplificar y filtrar aquella información que viene a confirmar nuestros prejuicios. Igual que la ingente producción bibliográfica que hizo posible la imprenta no impidió un largo período de enseñoramiento de los sectarismos religiosos que se tradujo en sucesivas guerras de religión en Europa culminadas con la devastadora Guerra de los Treinta Años, hoy sabemos que internet solo por sí mismo no nos salvará de los fanatismos y las pseudociencias (léase mi artículo El secuestro de la mente y la paradoja de internet). Diríase que a sus veloces lomos se propaga con notable éxito la mentalidad de la posverdad. Esto ya lo predijo Alvin Toffler en su libro El shock del futuro (1970).
Según cree Nicholas Carr, la solución no se encontrará nunca en un dispositivo de computación automático, sino en el tiempo que nos demos para pensar. Se requiere paciencia para decantar el tesoro de conocimiento que resulta de la criba del tiempo. Ahora bien, el autor es muy consciente de que corren malos tiempos para pararse a pensar: «Inundados en todo momento por información de interés inmediato, sin más remedio que recurrir a los filtros automáticos, otorgamos instantáneamente privilegios de validez a lo más nuevo y popular. En la Red, los vientos de la opinión se han convertido en un torbellino».
En el enjambre es el elocuente título de un ensayo de hace cinco años del filósofo Byung-Chul Han, en el que aborda, de un modo más propiamente filosófico, la sobrecarga de información. Aquí alude a la enfermedad psíquica que genera en el sujeto sometido a ella, el information fatigue syndrom o IFS, reconocido en 1996 por el psicólogo crítico David Lewis. Quien lo padece «se queja de creciente parálisis de la capacidad analítica, perturbación de la atención, inquietud general o incapacidad de asumir responsabilidades». Difícil pensar si la capacidad analítica se paraliza, pues ¿cómo distinguir lo esencial de lo no esencial? O, en terminología de Nate Silver, la señal del ruido. Para Byung-Chul Han, «el pensamiento es siempre exclusivo», en el sentido de que excluye toda información que no aporte conocimiento. Porque para conocer es menester reflexionar sobre la información recibida, jerarquizar su importancia significativa y buscar principios generales para ordenarla. Concluye este filósofo: «Más información no conduce necesariamente a mejores decisiones. Hoy se atrofia precisamente la facultad superior de juicio por la creciente cantidad de información. Con frecuencia un menos de información produce un más . La negatividad de la omisión y del olvido es productiva. Más información y comunicación no esclarecen el mundo por sí solas. Y la transparencia tampoco lo hace clarividente. El conjunto de información por sí solo no engendra ninguna verdad. No lleva ninguna luz a la oscuridad. Cuanta más información se pone a disposición, más impenetrable se hace el mundo, más aspecto de fantasma adquiere. En un determinado punto, la información ya no es informativa, sino deformativa; la comunicación ya no es comunicativa, sino acumulativa».
Google –según señala Nicholas Carr– trabaja para que sus usuarios tengan veloz acceso a la mayor cantidad de piezas de información de modo que puedan extraer diligentemente su esencia y seamos, así, más productivos como pensadores. Todo se sacrifica al dios de la eficiencia a cuyo servicio se ponen los más potentes algoritmos, para los cuales no existe lo que no es cuantificable. Confiamos en su criterio, que nos es opaco porque ignoramos esos algoritmos, los cuales en todo caso premian a los sitios más visitados del universo de internet, que –claro está– como son los más buscados serán los que aparecerán en los primeros puestos de los resultados de búsqueda, lo que hará que sean más visitados por los internautas alimentándose el bucle de retroalimentación y la polarización entre la información que es visible y la que no. La cuestión es si todo criterio verdaderamente relevante es cuantificable.
Lo que hizo Frederick Winslow Taylor mediante su sistematización del trabajo manual (taylorismo), lo hace actualmente Google para el trabajo mental. Y según declaraciones de sus potentados creadores, de lo que se trata al final es de la construcción de una inteligencia artificial a gran escala. Según refiere Carr, en una entrevista de 2004, Sergey Brin ya tenía claro que «ciertamente, si tuvieses toda la información del mundo incorporada en tu cerebro, o en un cerebro artificial que fuese más listo que tu cerebro, te iría mejor».
¿Cómo sería ese mundo mental en el que se habría proscrito definitivamente el silencio? ¿No se vería dramáticamente afectada la conciencia de un yo inundado permanentemente de información, flotando sin elección en la superficie de un flujo incesante de bits tan denso que le impedirían sumergirse en las profundidades de un pensamiento contemplativo y potencialmente creativo?"