domingo, 31 de julio de 2016

Cosas del BCE


"La conclusión es clara el BCE financia a las grandes empresas mientras prohíbe financiación directa a los Estados y a las administraciones públicas alegando que los políticos despilfarrarían a manos llenas porque podrían endeudar todavía más a sus ciudadanos y avanzarían sin freno hacia una suspensión de pagos con efectos multiplicados frente a los que podrían tener ahora mismo. Curioso, no se fían de los políticos, en algunos casos lo podría entender, pero sí confían en los directivos de las grandes empresas que según una encuesta realizada por la consultora EY (antigua Ernest & Young) el 70% de los directivos considera “habitual” el soborno y la corrupción, estimándola una práctica usual para generar beneficios. Además dicha encuesta desvela que el 56% de los directivos consultados reconoce la existencia de “maquillaje” en la información financiera de las grandes empresas. Por ello no es de extrañar titulares como el publicado en 2013 “Corrupción IBEX. Dos directivos de Acciona trincan 50 millones de euros en una obra de Zaragoza”
Esta “filosofía” empresarial no debe resultar desconocida para el Presidente del BCE, Mario Draghi. Siendo Vicepresidente para Europa de Goldman Sachs, una de las empresas implicadas en la crisis financiera por su relación con la hipotecas basura y la venta de productos ligadas a ellas, se le relaciona con las falsificaciones de la contabilidad de Grecia ocultando datos sobre el déficit y la deuda lo que permitió a Grecia entrar en el euro y al banco estadounidense llevarse un botín de 600 millones de euros. Dado el historial del Presidente del BCE no sorprende que afirmara que la retirada de los billetes de 500 euros es por ser instrumentos para actividades delictivas y quizás éste no sea el verdadero motivo. Inspectores de Hacienda creen que esta medida no frenará el fraude ni el blanqueo de capitales. Podría tener relación, como apuntan algunos periodistas económicos, con los tipos de interés negativos que están comenzando a verse y que pudieran persuadir a muchos ciudadanos a sacar su dinero del banco y guardarlo en efectivo con el propósito de proteger sus ahorros. Esto añadiría presión a las entidades financieras y la eliminación de los billetes de 500 dificultaría esta opción por razones de espacio. Como ya dijimos, favorecer a las élites financieras perjudicando a la clase trabajadora. Lo público al servicio de lo privado"

viernes, 29 de julio de 2016

Desmemoria institucionalizada


Lidia Falcón:
 
"Desde hace 40 años los franquistas, cuyos nombres constan en el callejero de todas las ciudades españolas, y que ellos y sus hijos han seguido estando en nómina de ministerios, diputaciones, alcaldías y empresas públicas y privadas, ya en plena democracia, repiten que exigir una Comisión de la Verdad para restablecer la justicia y la reparación a las víctimas, como se ha hecho en todos los países que he mencionado anteriormente, constituye una “venganza” o una “revancha” y que “reabre heridas” cuando hay que “reconciliarse”. No necesitábamos que vinieran Francisca Sauquillo y José Álvarez Junco a repetírnosla.
El inefable artículo tiene la desvergüenza de decir que “no se trata de enmendar la historia”, sin que nos aclare a qué historia se refiere: ¿A la que nos contó Franco y sus secuaces durante cuatro décadas? Porque en ese caso es evidente que hay que enmendarla. Hay que enmendarla en la memoria de los ciudadanos a los que se ha engañado miserablemente durante todo ese periodo; en la escuela en la que no se enseña a los alumnos la “verdadera” y triste historia de nuestro país; en la Universidad que cuenta con profesores como Andrés Trapiello y otros colegas que encubren con torcidos argumentos la masacre que perpetró el franquismo; en la mendaz propaganda distribuida por los medios de comunicación y los propagandistas de la “conciliación” y el “olvido. Sí, es imprescindible, señores Álvarez Junco, Andrés Trapiello, Francisca Sauquillo, Amelia Valcárcel, Teresa Arenillas, Santos Uría y Octavio Ruiz Manjón, enmendar esa falsificada y culpable versión de la historia de nuestro país en honor a la verdad y a la justicia, suponiendo que a esos ilustres personajes les importe la verdad y la justicia. Y hay que enmendar la versión falsa de la historia que se sigue difundiendo, para que los señores y las señoras de esa Comisión de la Memoria no se atreva nunca más a decir que han desaparecido “aquellas pasiones políticas que llevaron a la gente a la barbarie del exterminio mutuo”, que es como resumen la Guerra Civil.
Es inaceptable que los firmantes del artículo, escritores, filósofas, políticas, se atrevan a afirmar que fueron “las pasiones políticas las que llevaron a la gente a la barbarie del exterminio mutuo”. Como todo historiador sabe, la guerra civil, como todas las guerras civiles, son la expresión última de la lucha de clases. Fue el propósito de las oligarquías de aniquilar el proyecto republicano, de derrotar al movimiento obrero y campesino y de entregar inerme y exhausto al pueblo español a la fauces insaciables de la codicia de la aristocracia latifundista del sur y del oeste, de los consorcios industriales del norte, de la banca española, de la Iglesia católica. Todos los grupos de las oligarquías a los que la República comenzaba a arrebatar el poder omnímodo que habían detentado durante siglos. Esas clases dominantes pagaron a un sector del Ejército español para que se levantara en armas contra el gobierno legítimo de la II República, elegido por mayoría absoluta en unas elecciones absolutamente limpias pocos meses atrás. Esa parte del ejército golpista recibió la ayuda económica, militar y armamentística de los gobiernos de Alemania y de Italia y el apoyo explícito del Reino Unido, de Francia y de Estados Unidos, además de la infame propaganda que se desató en varios otros países a favor de los fascistas. Al terminar la contienda con la derrota de las tropas republicanas la dictadura franquista desató la represión más feroz contra todas las organizaciones y personas que no pertenecían al bando nacional. Esa persecución duró más de cuarenta años, como se demostró con los asesinatos de Atocha en enero de 1977. De modo que el exterminio no fue mutuo ni estuvo inducido por las pasiones políticas. Sería bueno que los articulistas leyeran El genocidio español de Paul Preston, poco sospechoso de actuar por pasiones políticas que le induzcan a ninguna barbarie (...)
De igual modo al afirmar que “no se trata de establecer una versión canónica del pasado que fije los méritos y responsabilidades de cada uno en conflictos internos muy complejos y las deudas derivadas de tales actuaciones. Tampoco en adentrarnos en pantanosos debates sobre la personalidad colectiva ni de hacer proyecciones de culpas y méritos pretéritos sobre grupos sociales del presente”, quieren decir que no vayamos a exigirle responsabilidades a Martin Villa y a Willy el Niño, criminales reclamados por la justicia argentina por la comisión de delitos de lesa humanidad,  que disfrutan de libertad y buenos ingresos en diversos puestos lucrativos. Como tampoco vayamos a recordarles a los sucesores y herederos de los ministros y empresarios franquistas, que los capitales de que hoy disfrutan tranquilamente fueron adquiridos mediante el expolio de sus legítimos propietarios al amparo de la dictadura.
Estos imparciales, objetivos y conciliadores articulistas repiten en otro párrafo lo que ya se ha convertido en mantra: “no queremos dar una lección de historia, ni mucho menos imponer una determinada versión del pasado”. No, claro, porque hemos de quedarnos para siempre con la impuesta por los ideólogos del franquismo, no vaya a ser que los supervivientes y los hijos y los nietos de los que se beneficiaron de aquel infame periodo se enfaden"





lunes, 25 de julio de 2016

Más contrarrevolución


Santiago Alba Rico:

"En definitiva, el modelo del AKP y de Erdogan se presentaba como la única alternativa democrática autóctona a -simultáneamente- las dictaduras teocráticas y a las “laicas” en una región en la que la izquierda había sido largamente derrotada y en la que, frente a las tiranías locales, las intervenciones imperialistas y las respuestas yihadistas, parecía cerrada cualquier vía, por muy modesta que fuera, hacia el desarrollo económico, la ciudadanía y el Estado de Derecho. Cuando en 2011 estallaron las llamadas “revoluciones árabes” -que fueron también kurdas, amazigh, feministas y de clase- ese modelo se irguió del modo más natural como respuesta política a las demandas populares, completamente ajenas al islamismo y tan radicalmente económicas como institucionales. Es ese modelo el que se entierra hoy definitivamente mediante el golpe de Erdogan contra el golpe del 15 de julio.
Conviene recordar, en efecto, que en 2011 comenzó en esta zona del mundo, consecuencia retrasada del “deshielo de la guerra fría”, una revolución democrática global que prolongaba los procesos iniciados en América Latina diez años antes y prolongada a su vez por el 15M en España, por Ocupy Wall-Street en EEUU, por Gezi en Turquía, por las protestas contra la austeridad en Grecia. En el “mundo árabe” esa revolución, que no era ni islamista ni de izquierdas, afrontó enseguida dos reacciones contra-revolucionarias que trataron de frenar, gestionar o neutralizar el impulso popular. Dos modelos se enfrentaron, en efecto, en Libia, Túnez y Egipto. De un lado el ya citado de Erdogan, quien abandonó su política de “intervención cero” y “buena vecindad” en favor de un intervencionismo neo-otomano, muy oportunista, orientado a apoyar a y apoyarse en los Hermanos Musulmanes y sus ramas locales a fin de extender su influencia en el marco geográfico de su viejo imperio. Frente a este modelo, uno mucho más reaccionario, el de Arabia Saudí, enemigo de la Hermandad y de Qatar, aliados de Turquía, se impuso finalmente a través, sobre todo, del golpe de Estado del general Al-Sisi en Egipto en julio de 2013. La única opción realista en el norte de Africa en 2012 era la de escoger entre Turquía y Arabia Saudí; y enseguida entre Erdogan y Al-Sisi: es decir, entre un islamismo democratizador y una dictadura “laica” apoyada, en realidad, por un islamismo retrógrado, teocrático y criminal. Aclaremos dos cosas. La primera es que estos dos modelos enfrentados entre sí estaban encabezados por países igualmente aliados de EEUU y de la UE; la segunda es que los EEUU y la UE, erráticos y en retirada, preferían sin duda el modelo turco -y negociaron sin problemas con los HHMM- y tuvieron que tragarse el golpe de Al-Sisi, y la victoria saudí, por puro pragmatismo geopolítico en una situación -como insiste Wallerstein– de hegemonía debilitada (...)
Pero la dictadura siria, aliada de Turquía hasta mayo de 2011 y amiga imprescindible en la represión de los kurdos, se convirtió en la tumba de Erdogan y de su modelo “democrático”. Enfrentado a su propia “primavera árabe” en Gezi, viendo contestado en 2014 su poder electoral, la intervención de Erdogan en Siria, que él imaginaba como la fundación de un nuevo y triunfal liderazgo democrático neo-otomano, acabó metiéndolo en un callejón sin salida: la “amenaza” kurda desde Rujova lo llevó a interrumpir todas las negociaciones con el PKK y a financiar o tolerar distintos grupos yihadistas, incluido el ISIS, lo que a su vez abrió un doble frente de “lucha anti-terrorista” en Turquía, fuente y pretexto, como es habitual, de una deriva autoritaria que, en este caso, desembocó en el golpe del 15 de julio y en el contragolpe del 16, todavía en curso.
En todo caso, sería un grave error interpretar que, tras el 15 de julio, se ha impuesto en Turquía el islamismo sobre el laicismo, como si fuera ésta la alternativa en juego en la región y en el mundo. En Turquía se ha impuesto una vez más el estatalismo nacionalista del siglo XX y ello en el marco de una contra-revolución global (o revolución negativa) que está desmantelando muy deprisa las esperanzas nacidas en 2011. En un sector de la izquierda muy islamofóbico y, en general, religiosamente laico y mal informado, existe la tendencia a echar la culpa de todo a las “revoluciones árabes”, preñadas de yihadismo, porque no eran “socialistas” y porque fueron derrotadas. Pero tampoco el 15M era socialista y también fue parcialmente derrotado. Y lo mismo pasó en Gezi. Y en Ocupy Wall Street. Y también han sido derrotados el chavismo y el kirchnerismo y el lulismo; y hasta Sanders en EEUU en favor del radicalismo derechista de Clinton y Trump. En cinco años el retroceso ha sido brutal; tanto más brutal cuanto más parecía en 2011 que íbamos a emprender un gran salto adelante contra el neoliberalismo capitalista y en favor de la democracia global. La contrarrevolución política, como el ser de Aristóteles, se dice de muchas maneras. Se dice PP en España, Le Pen en Francia, Erdogan en Turquía, Al-Sisi en Egipto, Al-Asad en Siria, PVV en Holanda, UKIP en Inglaterra, FPÖ en Austria, Macri en Argentina, Temer en Brasil etc. Sería un grave error considerar que la batalla es entre laicismo y religión. Es entre dictadura y democracia. Esa batalla la vamos perdiendo, igual que la lucha de clases y por las mismas razones, pero sustituir un esquema campista ideológico, ya periclitado sobre el terreno, por uno cultural igualmente inválido sólo servirá, como quiere la contra-revolución en marcha, para que aceptemos ceder derechos y libertades en nombre de alineamientos identitarios, culturales y tribales. El radicalismo derechista europeo puede adoptar una forma “laica” y “anti-terrorista”; el radicalismo derechista turco una forma “islámica” y “antikurda”. En ambos casos, es el conservadurismo social mayoritario el que legitima estas peligrosas derivas. Derechización institucional y populismo conservador van ganando terreno en todas partes y los enfrentamientos geoestratégicos, cada vez más volátiles y cruzados, no deberían engañarnos sobre lo que realmente está en juego. La tarea sigue siendo la misma que hace seis años, hoy quizás un poco más difícil: hay que democratizar el conservadurismo “laico” europeo, hay que democratizar el conservadurismo social musulmán. El contragolpe de Erdogan, que cierra el ciclo abierto en 2011, es una pésima noticia para todos los que, ateos, musulmanes o cristianos, luchamos en esa dirección"



jueves, 21 de julio de 2016

Capital del alma


"Japón fue el primer país en iniciar las políticas expansivas en 2001, de nuevo las desarrolló en 2008, y las retomó en 2013. Si bien fue el país donde más aumentó el crédito interno (un 21,4% entre 2008 y 2013), fue también el país con menor crecimiento de la economía desde 2008. En cuanto al BCE, destaca Nakatani, “espera obtener resultados diferentes utilizando los mismos instrumentos, las inyecciones de capital y las reducciones de las tasas de interés”.
¿Cuáles son los efectos reales de la “expansión cuantitativa” en la vigente crisis? A escala mundial, el valor de las acciones de las empresas era de 53,4 billones de dólares en 2006, cayó a 34,9 billones de dólares en 2009 y volvió a aumentar en 2012 (53,1 billones de dólares). “El capital accionarial es una forma de capital ficticio”, recuerda el economista de la Universidad de Espírito Santo. ¿Qué realidad subyace a la estadística? “Lo importante es que estos procesos afectan diariamente a la gente; aumenta la tasa de explotación laboral, las jornadas de trabajo, los recortes en la seguridad social, la asistencia médica y la educación; una parte importante de la remuneración de los capitales, en el casino global, es fruto del trabajo humano”. Subraya Paulo Nakatani que en el Libro III de “El Capital” Marx ya avanzó muchas de estas ideas, “se trata de desarrollarlas”. Hoy se sabe que en Estados Unidos el valor total de las acciones se redujo de 19,4 billones de dólares en 2006 a 11,7 billones en 2008; en 2012 se recuperó hasta los 18,7 billones de dólares, una cifra superior a la de 2005. “El resultado de la recuperación en la bolsa de Gran Bretaña fue muy parecido”, señala Nakatani. Diferente fue el caso de la Unión Europea, donde las políticas de expansión monetaria no se produjeron hasta 2015. Tal vez ello influyera en que el valor de las acciones en los países de la eurozona disminuyera un 27,6% entre 2006 y 2012.
“La mayor parte del capital bancario es puramente ficticio”, afirmaba Marx (...) 
Por otro lado, ¿qué importancia tiene la deuda pública en general y en la presente crisis? El economista del Observatorio Internacional de la Crisis explica que se trata, dentro de las diferentes formas de capital “ficticio”, de uno de los mecanismos fundamentales para el rescate de los capitales privados, tanto en la esfera productiva como en la financiera. De hecho, se ha producido un crecimiento acelerado de la deuda pública (respecto al PIB) en países como Estados Unidos, Japón o la eurozona.
En los mercados internacionales de moneda se ha generado un gigantesco volumen de negocio. Se compran y venden dólares, libras o euros para ganar una pequeña diferencia en los precios por la variación en el tipo de cambio. Este mercado no sólo no se vio afectado por la crisis, entre 2008 y 2009, sino que continuó creciendo hasta alcanzar un volumen medio diario de negocios de 5,4 billones de dólares (abril de 2013) (...) Además, Paulo Nakatani subraya que el mercado global de derivados tampoco sufrió ninguna pérdida significativa"


jueves, 14 de julio de 2016

Ejecución nuestra de cada día


Para un informe realista de cómo fueron traídos los negros africanos a las plantaciones americanas, recomiendo vivamente "La otra historia de EEUU" del historiador radical Howard Zinn, mentor de Chomsky y tantos otros pensadores radicales norteamericanos
 

"En Estados Unidos en el año 2015, la policía mató a 990 personas según el conteo Fatal Force del Washington Post. Y hasta el 13 de julio de 2016, la policía ha matado a 518 personas. Una cantidad desproporcionada de las víctimas de la violencia policial son jóvenes afroamericanos (...)
El clamor por "Las vidas de los negros importan" ha sido el estandarte del movimiento social Black Lives Matter, surgido hace tres años. Alicia Garza, cofundadora de Black Lives Matter, señaló que si bien el movimiento ha crecido y adquirido fuerza a nivel nacional, es necesario expandir el trabajo realizado en estos años, ir más allá del despertar cultural y plasmarlo en una transformación real, para que la visibilidad dé paso al poder y que se haga realidad la consigna de que las vidas de los negros importan (...)
La escritora afroamericana Toni Morrison, Premio Nobel de Literatura, ha hecho hincapié en que el racismo es una construcción social para hacer dinero, pues las razas no existen desde un punto de vista científico o antropológico. Dice: “A veces olvidamos que el colonialismo fue y es una guerra, una guerra para controlar los recursos de otro país, es decir, para hacer dinero. Podemos engañarnos pensando que nuestro esfuerzo para 'civilizar' o ''pacificar' otros países no está relacionado con el dinero. La finalidad de la esclavitud fue hacer dinero: mano de obra gratis para los propietarios de esclavos y para la industria. Los 'trabajadores pobres' de la actualidad son como las riquezas inexploradas de la 'oscura África colonial' -accesibles a precios irrisorios de compra y de salario, y bajo el poder de corporaciones que se multiplican y que apagan las voces de disidencia..."(...)
Dentro de la narrativa dominante, el debate se plantea en términos de "policías racistas" o afroamericanos que "no respetan a la policía". Pero la realidad es que el racismo y el abuso policial cumplen una función vital para el sistema neoliberal: se usa a la policía para reprimir a las comunidades afroamericanas pobres, con el fin de evitar cualquier forma de rebelión mientras se implementa el saqueo de los recursos y la concentración de la riqueza en manos de las elites.
Chris Hedges, reconocido periodista investigativo estadounidense, plantea que la policía comete "asesinatos legalizados" contra personas de color no necesariamente por racismo, sino porque las comunidades empobrecidas se han convertido en pequeños "estados policiales". En ellos, la policía puede detener a las personas, interrogarlas, arrestarlas sin causa y por largos periodos, y hasta puede asesinarlas con total impunidad. Dice Hedges: "El objetivo del estado corporativo es conseguir la maquinaria, la justificación legal y la capacidad de despojar a los ciudadanos de derechos, riqueza y recursos. A los descartados por el Estado corporativo, especialmente a los afroamericanos pobres, se les niega la dignidad del trabajo, educación, atención médica adecuada... Se los convierte en delincuentes. Están atrapados desde que nacen hasta que mueren en estados policiales. Y se les echa la culpa por su propia miseria". Hedges hace un llamado para detener el salvajismo del asesinato legalizado, y advierte: “Debemos liberarnos de la ideología venenosa del neoliberalismo. Si seguimos cautivos, sufriremos la pesadilla que aflige a nuestro vecino."

 http://rebelion.org/noticia.php?id=214477

sábado, 9 de julio de 2016

Acumulación por exterminio

A los maestros de Méjico tan "radicales", según El País, que están poniendo ellos los muertos en su lucha por la democracia contra ese Estado mexicano al que nuestros medios llaman chistosamente democrático.
 
 Raúl Zibechi (La Jornada):

"Con la Segunda Guerra Mundial las cosas cambian de manera radical. Desde los bombardeos de Hamburgo y Dresde hasta las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, pasando por el bombardeo japonés a Chongqing hasta los campos de concentración alemanes, el objetivo pasó a ser la población. Hay un antes y un después de esa guerra y de los campos de concentración, como señala Giorgio Agamben, ya que tanto el campo como el bombardeo estratégico se convirtieron en paradigmas de la política y de la guerra modernas.
No se trata de la aparición de la aviación como forma central del combate. Al revés: la aviación se convierte en decisiva porque el objetivo pasa a ser la población. Vietnam es otro punto de inflexión. Es la primera vez que los muertos estadunidenses se cuentan por miles, con un impacto mucho mayor que en las guerras anteriores. A partir de ahí, la guerra aérea redobla su importancia para evitar entrar en el cuerpo a cuerpo con el inevitable saldo de bajas propias.
La acumulación por despojo (minería a cielo abierto, monocultivos como la soya y las megaobras) tiene una lógica similar a la guerra actual, no sólo por el uso de herbicidas ensayados en la guerra contra el pueblo vietnamita, sino por la propia lógica militar: despejar el campo de población para hacerse con los bienes comunes. Para despojar/robar, es necesario quitar del medio a esa gente tan molesta; es el razonamiento del capital, una lógica que vale tanto para la guerra como para la agricultura y la minería (http://goo.gl/OBH7an).
Por eso, es importante referirse al modelo actual como cuarta guerra mundial, como hacen los zapatistas, ya que el sistema se comporta de ese modo, incluyendo por supuesto la medicina alopática que se inspira en los principios de la guerra. Los argumentos del EZLN cuadran con los de Agamben, cuando señala que el dominio de la vida por la violencia es el modo de gobierno dominante en la política actual, en particular en las regiones pobres del sur global.
La brutal represión a los maestros en Oaxaca muestra la existencia de un totalitarismo disfrazado de democracia, que según Agamben se caracteriza por “la instauración, mediante el estado de excepción, de una guerra civil legal, que permite la eliminación física no sólo de los adversarios políticos, sino de categorías enteras de ciudadanos que por cualquier razón resultan no integrables en el sistema político (El Estado de excepción, p. 25). El mismo autor nos recuerda que desde los campos de concentración no hay retorno posible a la política clásica, aquella que estaba focalizada en la demanda al Estado y la interacción con las instituciones.
¿Cómo denominar una forma de acumulación anclada en la destrucción y muerte de una parte de la humanidad? En la lógica del capital, la acumulación no es un fenómeno meramente económico, de ahí la importancia del análisis zapatista que pone el acento en el concepto de guerra. Quiero decir que el tipo de acumulación que necesita el capital en el periodo actual, no puede sino ir precedido y acompañado estructuralmente de la guerra contra los pueblos. Guerra y acumulación son sinónimos, a tal punto que subordinan al Estado-nación a esa lógica (...)
México es el espejo en el que podemos mirarnos los pueblos de América Latina y del mundo. Los más de 100 mil muertos y las decenas de miles de desaparecidos no son una desviación del sistema, sino el núcleo del sistema (...)
En suma, crear y cuidar nuestros espacios y protegernos del arriba sin dejarnos seducir por sus escenarios, se torna en la cuestión vital de nuestros movimientos. Recordemos que, para Agamben, los recluidos en el campo son personas a las que cualquiera puede matar sin cometer homicidio. Esta forma de ver el mundo actual explica mejor los hechos de Ayotzinapa y Nochixtlán que los discursos sobre democracia y ciudadanía, que apelan a la justicia del sistema"




viernes, 8 de julio de 2016

En resumen

 
Andrés Piqueras:

"No hay ningún punto fuerte de ruptura con las coordenadas de juego impuestas por la oligarquía nacional, transnacional y global. Ni ruptura con la dirección extranjera de la política española (la UE y el euro, por ejemplo), ni siquiera denuncia del Plan de Estabilidad europeo que nos obliga a la austeridad presupuestaria y al pago de una deuda tan odiosa como impagable (la cual no se rechaza sino sobre la que tan sólo se intenta negociar para suavizar las condiciones y alargar los plazos de pago). Ni alusión a la forma de Estado, ni plan contra la sobreexplotación laboral, ni política fuerte feminista, ni nacionalización de la Gran Banca y entidades financieras y de crédito, ni de los recursos energéticos ni las industrias de carácter estratégico, ni ley contundente contra los desahucios y por el derecho irrenunciable a la vivienda…
Y es evidente porqué. Cuando empiezas a reformar la casa por el tejado, no puedes cambiar nada de la estructura porque te caes tú mismo.
La falta de fuerzas sociales para revertir el proceso de desguace de lo público tiene su traducción en la timidez de propuestas institucionales al respecto (...)
El programa de mínimos al que me refería antes, por su parte, viene dado por el cambio de fase del capitalismo. En estos momentos no se pueden aplicar programas socialdemócratas clásicos. La tasa de ganancia capitalista está seriamente obstruida en las formaciones centrales, con tendencia a decaer también en las periféricas emergentes en un plazo relativamente breve. Cuando eso ocurra el sistema entrará en modo colapso, el cual puede ser más o menos duradero, pero letal para el conjunto de la humanidad (más cuanto más dure la agonía del sistema).
Por ahora lo que estamos viendo es que si decae seriamente la masa de ganancia no hay ni inversión productiva ni por tanto productividad, ni en consecuencia aumento de la “riqueza social” cuantitativa. Y sin ello el sistema no redistribuye, no hay posibilidad de mantener el “compromiso de clases”.
El resultado de estas tendencias es irónico. Cuanto más nuestras izquierdas integradas pugnan por ser más y más respetables dentro del sistema y por reformarlo desde las instituciones prometiéndonos que es posible volver atrás, al keynesianismo, el sistema nos aboca cada vez más a una dinámica de todo o nada. Tanto de guerra social como de guerra militar. Lo estamos viendo doquiera posemos la mirada (...)
Somos una sociedad disciplinada y derrotada a fuerza de cuartelazos, golpes militares, restauraciones bipartidistas y brutales dictaduras, la última de las cuales ha perpetrado el mayor genocidio político del siglo XX (durante casi 40 años en los cuales todo el que tenía cualquier pensamiento que fuera colectivo o social, fue asesinado, encarcelado, desterrado o domesticado con el miedo). Después de eso, el largo juancarlismo con su pseudo Estado “de Bienestar” y más recientemente la venalidad social a través del crédito fácil, el ladrillo y el pelotazo, han dejado poco margen para la reconstitución de la sociedad.
Por eso aquí la corrupción se da por entendida. Cuánto más cuando hoy ya es inherente al capitalismo degenerativo actual, que por su propia degeneración se hace corrupto, lo que quiere decir que no es una cuestión de individuos sino del sistema. A la sociedad española eso le parece normal, porque viene de un capitalismo mafioso que nunca dejó de ser corrupto.
El problema es que las mafias necesitan repartir algo de su fortuna para ser admitidas o incluso veneradas por las poblaciones. Hoy no están en condiciones de repartir y por tanto su legitimidad se va agotando. Pronto tendrán que recurrir a la coalición de las principales fuerzas, a hacer lo que siempre hizo el "bipartido", pero ahora de forma más contundente, y lo harán juntos en vez de jugar papeles distintos. Desgraciadamente, también en breve estarán dispuestos a emplear medidas mucho más drásticas que las empleadas hasta ahora"



lunes, 4 de julio de 2016

La distopía del eurodogal


"Para Bill Mitchell, autor de La distopía del euro (Lola Books, 2016), las razones de la renuncia a la soberanía monetaria deben buscarse en la compleja interacción del pensamiento gregario, la ideología conservadora y el miedo a Alemania. En su interpretación de la historia económica europea, los estados miembros más débiles optaron por avanzar hacia el euro, incluso sin disponer de una política fiscal común, con el fin de asegurar la adhesión de Alemania al proyecto de integración monetaria europea. Para ello, aceptaron que se generalizaran obsesiones germanas como las de la competitividad y el control de la inflación, que recaía en un banco central independiente (el BCE) y en una política fiscal cuyos objetivos primordiales serían la reducción del déficit y la deuda frente al estímulo al crecimiento económico y al empleo.
El abandono de las políticas económicas keynesianas zarpaba al favor de los nuevos aires monetaristas, que conquistaron por igual a académicos y funcionarios europeos. Y para cuando las contradicciones de este corsé estallaron en los mercados de deuda soberana, el euro ya era, para algunos, parte integral del fin de la historia. Tanto es así que incluso la transformación de Syriza de opositora a gestora de las políticas de austeridad no ha impedido que la izquierda europea siga afirmando, con muy raras excepciones, la compatibilidad de sus propuestas transformadoras con la moneda única.
Mitchell pasa revista a los posibles programas de reforma de la zona euro para fallar en favor de su ruptura. Resulta difícil no estar de acuerdo. La relajación de las normas de déficit u objetivos de inflación chocan frontalmente contra el edificio de una gobernanza económica cada vez más exigente. Una autoridad fiscal única es políticamente inviable en ausencia de un demos europeo. El aumento de la progresividad del presupuesto europeo es un parche ridículo, dada su escasa magnitud. La mutualización de la deuda sigue dejándola a merced de los inversores financieros o, en último término, de un BCE virulentamente neoliberal.
Al menos la salida del euro está en manos de cada Estado: redenominación de la deuda y contratos financieros en moneda nacional, introducción progresiva de nuevos medios de pago, controles de capitales y recuperación de las competencias bancarias y monetarias por parte de un nuevo banco central constituyen una hoja de ruta concreta que no tiene que esperar a que otra Unión Europea sea posible"