viernes, 30 de septiembre de 2016

Peres por la paz


Nazanin Armanian:

"Sorprende la imagen sesgada que los medios de comunicación de masas occidentales están ofreciendo sobre el expresidente israelí Shimon Peres, fallecido el 28 de septiembre, a quien muestran como un gran referente de paz.
El historial de Peres durante sus setenta años al servicio del colonialismo y el apartheid empieza en 1947-49 con su activa participación en la limpieza étnica de Nakba, en la que miles de palestinos fueron asesinados, decenas de miles fueron forzados a abandonar sus hogares, mientras sus tierras eran destruidas y ocupadas por las fuerzas sionistas. Años después, y bajo la justificación del “desarrollo natural del pueblo judío”, el político israelí siguió llevando a cabo el proyecto de la Gran Jerusalén, mientras anexionaba el 58% de los territorios de Cisjordania a Israel.
Desde el Ministerio de Defensa, entre los años 1953 y 1965, Peres, que reiteraba que Israel no sería el primer país de la región en poseer la bomba atómica, fue quien buscó esta arma de destrucción masiva con el apoyo de Francia para conseguir una superioridad militar (en un mundo parecido a la jungla, donde reina la ley del más fuerte), que le ha servido para imponerse a todos y cada uno de las naciones de la zona (...)
Las cerca de 200 bombas nucleares israelíes que hoy apuntan a Irán, le han servido a Israel para rechazar todas las propuestas de paz con los árabes, ir ocupando las tierras de los vecinos, y mantener a raya a las potencias regionales.
Respaldado por el arsenal de armas más mortíferas de la región y el apoyo del Occidente, Shimon Peres organizó el 18 de abril del 1996 la operación Uvas de la Ira al Líbano bombardeando Beirut bajo el pretexto de castigar a Hizbolá, aunque en realidad pretendía sacar el pecho en las elecciones generales del 29 Mayo. Perdió a favor de Netanyahu, aunque dejó 154 civiles muertos, cientos de heridos, y miles de desplazados. En el nombre de Yahvé, se mandaba a exterminar a los Untermensch. Sólo se le ocurrió decir que tenía “la conciencia tranquila”. Hoy, el ministro de Salud libanés, Wael Abou Faour le desea lo peor a su llegada a la otra vida al llamarle carnicero.
Tampoco tuvo remordimiento de conciencia cuando lanzó las operaciones de Plomo Fundido (2009) y Pilar de Defensa (2012) contra la Franja de Gaza que dejaron miles de muertos y heridos. No debe sorprender que la élite militarista israelí haya establecido alianzas con grupos como Al Qaeda para preservar sus intereses. La destrucción de los tres destacados estados árabes, -Iraq, Libia y Siria-, y convertirlos en estados fallidos, están al servicio de la creación del Gran Israel. De hecho, el principal motivo de la guerra contra Siria es desmantelar el Eje de Resistencia contra Israel"



lunes, 26 de septiembre de 2016

Dulces transparencias


Noam Chomsky:

"En los últimos tiempos, hemos aprendido mucho sobre la naturaleza del poder del Estado y las fuerzas que impulsan sus políticas, además de aprender sobre un asunto estrechamente vinculado: el sutil y diferenciado concepto de la transparencia.
La fuente de la instrucción, por supuesto, es el conjunto de documentos referidos al sistema de vigilancia de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) dados a conocer por el valeroso luchador por la libertad, el señor Edward J. Snowden, resumidos y analizados de gran forma por su colaborador Glenn Greenwald en su nuevo libro No Place to Hide (Sin lugar donde esconderse).
Los documentos revelan un notable proyecto destinado a exponer a la vigilancia del Estado información vital acerca de toda persona que tenga la mala suerte de caer en las garras del gigante, que viene a ser, en principio, toda persona vinculada con la moderna sociedad digital.
Nada tan ambicioso fue jamás imaginado por los profetas distópicos que describieron escalofriantes sociedades totalitarias que nos esperaban.
No es un detalle menor el hecho que el proyecto sea ejecutado en uno de los países más libres del planeta y en radical violación de la Carta de Derechos de la Constitución de Estados Unidos, que protege a los ciudadanos de persecuciones y capturas sin motivo y garantiza la privacidad de sus individuos, de sus hogares, sus documentos y pertenencias.
Por mucho que los abogados del gobierno lo intenten, no hay forma de reconciliar estos principios con el asalto a la población que revelan los documentos de Snowden.
También vale la pena recordar que la defensa de los derechos fundamentales a la privacidad contribuyó a provocar la revolución de independencia de esta nación. En el siglo XVIII el tirano era el gobierno británico, que se arrogaba el derecho de inmiscuirse en el hogar y en la vida de los colonos de estas tierras. Hoy, es el propio gobierno de los propios ciudadanos estadounidenses el que se arroga este derecho.
Todavía hoy Gran Bretaña mantiene la misma postura que provocó la rebelión de los colonos, aunque a una escala menor, pues el centro del poder se ha desplazado en los asuntos internacionales. Según The Guardian y a partir de documentos suministrados por Snowden, el gobierno británico ha solicitado a la NSA analizar y retener todos los números de faxes y teléfonos celulares, mensajes de correo electrónico y direcciones IP de ciudadanos británicos que capture su red (...)
Por otra parte y valiéndose de otros recursos, el constitucionalista de la Casa Blanca parece decidido a demoler los fundamentos de nuestras libertades civiles, haciendo que el principio básico de presunción de inocencia, que se remonta a la Carta Magna de hace 800 años, ha sido echado al olvido desde hace mucho tiempo.
Pero esa no es la única violación a los principios éticos y legales básicos. Recientemente, el The New York Times informó sobre la angustia de un juez federal que tenía que decidir si permitía o no que alimentaran por la fuerza a un prisionero español en huelga de hambre, el que protestaba de esa forma contra su encarcelamiento. No se expresó angustia alguna sobre el hecho de que ese hombre lleva doce años preso en Guantánamo sin haber sido juzgado jamás, otra de las muchas víctimas del líder del mundo libre, quien reivindica el derecho de mantener prisioneros sin cargos y someterlos a torturas.
Estas revelaciones nos inducen a indagar más a fondo en la política del Estado y en los factores que lo impulsan. La versión habitual que recibimos es que el objetivo primario de dichas políticas es la seguridad y la defensa contra nuestros enemigos.
Esa doctrina nos obliga a formularnos algunas preguntas: ¿la seguridad de quién y la defensa contra qué enemigos? Las respuestas ya han sido remarcadas, de forma dramática, por las revelaciones de Snowden.
Las actuales políticas están pensadas para proteger la autoridad estatal y los poderes nacionales concentrados en unos pocos grupos, defendiéndolos contra un enemigo muy temido: su propia población, que, claro, puede convertirse en un gran peligro si no se controla debidamente.
Desde hace tiempo se sabe que poseer información sobre un enemigo es esencial para controlarlo. Obama tiene una serie de distinguidos predecesores en esta práctica, aunque sus propias contribuciones han llegado a niveles sin precedentes, como hoy sabemos gracias al trabajo de Snowden, Greenwald y algunos otros.
Para defenderse del enemigo interno, el poder del Estado y el poder concentrado de los grandes negocios privados, esas dos entidades deben mantenerse ocultas. Por el contrario, el enemigo debe estar completamente expuesto a la vigilancia de la autoridad del Estado.
Este principio fue lúcidamente explicado años atrás por el intelectual y especialista en políticas, el profesor Samuel P. Huntington, quien nos enseñó que el poder se mantiene fuerte cuando permanece en la sombra; expuesto a la luz, comienza a evaporarse.
El mismo Huntington lo ilustró de una forma explícita. Según él, “es posible que tengamos que vender [intervención directa o alguna otra forma de acción militar] de tal forma que se cree la impresión errónea de que estamos combatiendo a la Unión Soviética. Eso es lo que Estados Unidos ha venido haciendo desde la doctrina Truman, ya desde el principio de la Guerra Fría”.
La percepción de Huntington acerca del poder y de la política de Estado era a la vez precisa y visionaria. Cuando escribió esas palabras, en 1981, el gobierno de Ronald Reagan emprendía su guerra contra el terror, que pronto se convirtió en una guerra terrorista, asesina y brutal, primero en América Central, la que se extendió luego mucho más allá del sur de África, Asia y Medio Oriente.
Desde ese día en adelante, para exportar la violencia y la subversión al extranjero, o aplicar la represión y la violación de garantías individuales dentro de su propio país, el poder del Estado ha buscado crear la impresión errónea de que lo que estamos en realidad combatiendo es el terrorismo, aunque hay otras opciones: capos de la droga, ulemas locos empeñados en tener armas nucleares y otros ogros que, se nos dice una y otra vez, quieren atacarnos y destruirnos.
A lo largo de todo el proceso, el principio básico es el mismo. El poder no se debe exponer a la luz del día. Edward Snowden se ha convertido en el criminal más buscado por no entender esta máxima inviolable.
En pocas palabras, debe haber completa transparencia para la población pero ninguna para los poderes que deben defenderse de ese terrible enemigo interno"


domingo, 25 de septiembre de 2016

Politizar el dolor


Alberto Garzón:

"Es en la vida cotidiana y, sobre todo, en el conflicto, donde se genera la subjetividad o conciencia de clase que permite sumar fuerzas para ganar elecciones y para transformar la sociedad. Y es verdad que la vida cotidiana se ve afectada también por las decisiones institucionales, de ahí que reconozcamos su papel transformador, pero sobre todo por vivencias que van más allá del sistema político en sí.
Aquí es donde podemos recuperar una de las correctas afirmaciones de Pablo Iglesias que, a mi juicio, es muy necesaria: «la clave es politizar el dolor». Como decía, es en el conflicto social (sea un desahucio, un ERE o los recortes en sanidad y pensiones) donde emergen las contradicciones más agudas entre el sistema económico y la vida misma, y es precisamente ahí donde pueden surgir nuevas subjetividades, es decir, nuevas concepciones del mundo y nuevos comportamientos electorales. El punto central aquí es entender qué significa politizar. Ya sabemos que la gente tiene dolor, como consecuencia del conflicto. Ahora bien, politizar puede entenderse como el desplazamiento de ese dolor al terreno institucional, como cuando el partido opera como simple denunciante o incluso en tanto que, permítaseme el comentario, abogado defensor. O podría interpretarse politizar como el proceso por el cual el dolor, que es primario, se convierte en compromiso político, es decir, que asciende hasta la conciencia completa del fenómeno que causa el dolor. A mi juicio, esta última interpretación sería la correcta mientras que la primera sería caer en un error de institucionalización.
En definitiva, a mí no me parece suficiente ser altavoz de las denuncias surgidas en los conflictos sino que hemos de ser intelectual orgánico para explicar las causas últimas de esos conflictos. Es decir, no se trata sólo de trasladar lo que sucede en la calle al parlamento –que es, de por sí, un avance- sino de ir más allá y, además de ser el conflicto mismo, ser capaces de explicar a los afectados y al resto de la clase trabajadora que detrás del fenómeno del conflicto hay una interrelación compleja de causas y responsables que tienen que ver con el sistema económico capitalista y con su cristalización política en los partidos del régimen.
De ahí que nosotros demos extraordinaria importancia a la formación ideológica, algo abandonado por la izquierda tradicional (entre otras cosas porque para las fuerzas institucionalizadas la formación no es necesaria), pues entendemos que necesitamos militantes y dirigentes capaces de explicar los conflictos sociales. Esto está vinculado al tipo de organización, en tanto que una fuerza institucionalizada no sólo no necesita la formación ideológica sino que además genera dudosos incentivos para disputarse los puestos de representación pública, haciendo caer a la organización en el faccionalismo e incrementando sus tendencias oligárquicas.
Obsérvese que en nuestro país ya hemos presenciado ejemplos de estas prácticas. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca, por ejemplo, no es sólo la autoorganización de las víctimas de los desahucios y las estafas hipotecarias. Más bien es un proyecto de defensa popular que ha contado con dirigentes que han sabido ser conflicto y al mismo tiempo explicar sus causas de tal forma que la rabia de la víctima se elevaba a compromiso político –aunque este compromiso no fuese estrictamente socialista.
Finalmente, el punto de fuga de todas estas reflexiones nos conduce a la cuestión verdaderamente central: el proyecto político o proyecto de país. Sin un proyecto de país, que es fundamentalmente contenido político, no hay nada que transmitir en el conflicto ni nada que transmitir tampoco en las instituciones. Sin un proyecto de este tipo todos estos debates son estériles. Incluso podríamos haber aceptado que las instituciones son altavoces y que la clave está ahí fuera, pero sin un proyecto de país que defender no hay coherencia ni estrategia posible.
Así, mientras la extrema derecha está ofreciendo una respuesta a las condiciones materiales de vida de la clase trabajadora, y desgraciadamente con notable éxito, la izquierda anda entretenida en discusiones escolásticas sobre instrumentos y estrategias que provocan que la clase trabajadora y el conjunto de la sociedad no esté entendiendo qué se les ofrece (más allá, en el mejor de los casos, de canalizar su rabia; por supuesto, efímera sensación).
En este punto, una advertencia. La mejor forma de repetir los errores de la izquierda tradicional con la que no se identificaba el 15M es deslizarse a través de la estrategia de eso que se ha convenido en llamar populismo de izquierdas, y que tanto comparte con la práctica política carrillista. Ambas estrategias son esencialmente tacticistas, aunque por diferentes razones. La primera porque es alérgica a la definición y navega en un mundo de significantes vacíos que se moldean a gusto del consumidor -aunque el empacho es ya notable- y por lo tanto es incapaz de definir un proyecto político en positivo. La segunda porque emplea un pragmatismo mal entendido que le lleva a ceder todas sus posiciones a cambio de mínimos –pero comodísimos- espacios de institucionalización. Ninguna de estas estrategias comparte los rasgos que hemos descrito aquí como necesarios"




viernes, 23 de septiembre de 2016

Ineficiencia mandataria


Fernando Luengo:

"Lo cierto es que las manos visibles de los mercados –las grandes corporaciones y las elites que las controlan y dirigen- son las que capturan los beneficios del crecimiento; y las que, en periodos de crisis, tienen capacidad para preservar o aumentar sus privilegios (...)
Con la complacencia de los afines, que comparten privilegios e ingresos y ante la ausencia o la debilidad de los mecanismos de control de la gestión corporativa, se autoasignan a discreción salarios, bonus, pensiones y stock options.
No importa que hayan asumido en su gestión riesgos excesivos, que actuaran en franca colusión de intereses con los grandes accionistas, su falta de compromiso con la inversión productiva, que promovieran un masivo trasvase de recursos desde la empresa hacia la industria financiera, su responsabilidad en la escalada del endeudamiento, su abierta disposición a participar en movimientos financieros de signo marcadamente especulativo, y su responsabilidad en la realización de operaciones de autocartera y de fusiones con otras empresas con el único propósito de aumentar el valor en bolsa de la firma resultante y con ello sus retribuciones, estrechamente vinculadas a los índices bursátiles…Nada de esto parece importante, a la luz de los privilegios que continúan disfrutando.

Estas políticas han sido, desde luego, muy lucrativas para las elites económicas, que han amasado grandes fortunas y patrimonios, pero poco tienen que ver con la productividad, en el sentido más genuino que cabe dar a este término, esto es, esfuerzo, cualificación y rendimiento.
Un mínimo sentido de justicia y la aplicación de un principio muy básico de economía –no premiar al ineficiente, como, de hecho, ha sucedido- tendría que haber conducido a la penalización de esta oligarquía que ha contribuido a la descapitalización de sus empresas, sometiéndolas a un permanente saqueo patrimonial y a una deficiente gestión. Prácticas que, en definitiva, nos han llevado a la crisis económica, con toda la secuela de destrucción de capital productivo y tejido social que hemos conocido en estos últimos años.
Pues no, ha sucedido todo lo contrario. Han conservado, cuando no han reforzado, sus privilegios. Continúan al frente de sus negocios, ganando sumas extravagantes y, por si esto no fuera suficiente, han recibido recursos públicos, pagados con recortes sociales y con impuestos regresivos, que penalizan las rentas medias y bajas. Al mismo tiempo, sin ningún pudor, en los foros empresariales y en los medios de comunicación, reclaman austeridad, moderación y esfuerzo colectivo para salir de una crisis en la que, en realidad, ellos nunca han entrado.
La situación es, si cabe, más grave que antes de que estallara el crack financiero, pues ahora las palancas de control social son más débiles y la política y las instituciones reflejan cada vez más los intereses de los ricos, del poder. Las reformas laborales suponen, en este sentido, un duro golpe a la negociación colectiva y al ejercicio de los derechos ciudadanos dentro de las empresas, desnivelando la relación entre el trabajo y el capital, en beneficio de este; y las políticas de ajuste presupuestario constituyen, en realidad, la punta del iceberg de una estrategia de gran calado encaminada al desmantelamiento y captura por parte de los grupos económicos de los estados de bienestar.
Esta problemática –la de los privilegios de las elites, la de la concentración del poder económico- está fuera de la agenda política y ocupa un lugar muy periférico en el debate económico. Sin embargo, supone un gran desafío para los partidos del cambio, que no pueden ignorar la deriva oligárquica (y autoritaria) de nuestras sociedades. Hay que actuar, con un planteamiento ambicioso, en el terreno de la fiscalidad. También, y aquí nos jugamos mucho, para debilitar el poder corporativo de las elites, verdadero lastre para la democracia y para un buen funcionamiento de la actividad económica"



martes, 20 de septiembre de 2016

El gran terrorismo


Gregorio Morán:

"El Congreso de EE.UU. ha aprobado que cualquier ciudadano afectado por el mayor acto terrorista cometido en su país, el derribo de las Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001, pueda iniciar una demanda con todas las de la ley contra Arabia Saudí, por probada responsabilidad en la masacre, dado que 15 de los 19 terroristas que participaron eran ciudadanos saudíes y fueron amparados por su Estado. (Ya nos han advertido que el presidente Obama vetará la decisión, al tratarse del aliado y sicario más eficaz para la política de EE.UU. en la zona) .
¿Usted conocía esta bestialidad, que no por intuida deja en ridículo todas las boberías que los medios de comunicación barajaron durante años para cubrir a los culpables y apelar a supuestas conspiraciones internacionales? Silencio absoluto. Ni un comentario. La confirmación de que hay terroristas business class y pringrados low cost (...)
Ocurre en mayor grado con la guerra en Siria. Aunque lleva cinco años y medio, prácticamente no le pilló a Xavier porque empezó durante la primavera del 2011 y a él le quedaba poco más de un año de vida. ¿Por qué empezó? Estados Unidos, animado por Israel, que es el país más peligroso de la zona, deseaba por enésima vez fabricarse otra derrota. Desde la Segunda Guerra Mundial, militarmente, jamás ha ganado una batalla; la de la Guerra Fría se la regalaron. Primero fue invadir Afganistán, que el presidente Bush “el tonto”, a diferencia de su padre “el listo”, probablemente no sabía ni dónde quedaba, y se metieron en un avispero del que no saben cómo salir, a menos que lo hagan a las bravas, como los rusos. ¡Ahí os quedáis! Imagínense invadir el país probablemente más difícil del planeta sólo porque buscan a un hombre, Bin Laden, que por cierto vivía y cómodamente en Pakistán, aliado de EE.UU.
Luego fue Irak. Sería imposible relatar, a menos de hacer un libro, las barbaridades tácticas y estratégicas cometidas. Decisión final: las agencias tienen la orden no escrita de ocultar Irak. A menos de atentados mayores, es decir, tres planos de las grandes cadenas televisivas, nadie sabe a ciencia cierta qué pasa en Irak, y los pobres y temerarios periodistas que se internan, conocen como nadie el desdén absoluto hacia su trabajo.
No sé quién fue el imbécil que se inventó lo de la primavera árabe. No hace falta hablar de Egipto, otro secreto de las pirámides. Pero lo que se hizo en Libia, amparado por esa casta corrupta de los intelectuales franceses con Bernard-Henry Lévy a la cabeza, supera la desvergüenza. Convendría llevarles allí ahora y que convivieran con su obra. Liquidaron a Gadafi para cubrir los fondos basura de la clase dominante francesa. Y de un sátrapa aventado como era Gadafi se pasó a un país inexistente; un territorio que volvió a las tribus, pero no a las antiguas, sino a las nuevas, formadas a partir del tráfico de droga, de armas y de esclavos.
Pero donde se llega al delirio es en el caso sirio. EE.UU. y Rusia han decidido el pasado lunes, en Suiza, parar la guerra. Es decir, su guerra. La que inició una vez más Estados Unidos y que no supo terminar. Rusia no estaba dispuesta a otra experiencia como la de Irak. Quitarle un aliado tradicional en la zona para dejarlo luego hecho un erial. Y decidieron que Asad, el dictador –¿hay alguno en la zona que no lo sea?– no debía caer. Y entonces se produce lo más sorprendente. Después de más de cuatro años de guerra entre el Gobierno de Asad, Estado Islámico –apoyado hasta ayer por EE.UU. y sus agentes Arabia Saudí y Dubái, el de las camisetas de fútbol– y las diversas filiales de Al Qaeda, empieza un fenómeno resaltado y con razón por todos los medios de comunicación del mundo: los refugiados.
Nadie que yo sepa hasta ahora –¡Batalla, ilumíname!– ha explicado por qué explota en un año la invasión de refugiados. Hacia Europa, no hacia Arabia Saudí y los países del golfo Pérsico. Buscan, con todo derecho, una vida mejor en Europa. Pero estamos en el año quinto de una guerra. ¿Antes no había refugiados? En general, y la guerra civil española es un paradigma, los refugiados los formaban los perdedores.
¿De qué bando son perdedores esta pobre gente que aguantó cinco años de guerra?
Con toda probabilidad serán sirios, un país que tenía 22 millones de habitantes, que perdió casi medio millón en la guerra y del que están emigrando más de la mitad de lo que quedaba. Aquí tiene que haber una explicación que ayude a entender, no el éxodo, que se explica por sí solo, sino por qué de pronto toda Europa se encuentra ante un hecho inesperado que desmorona las estructuras políticas y amenaza la estabilidad del continente. ¿Saben ustedes cuántos centenares de expertos, a precio de vellón de oro, tiene cada Estado europeo para analizar los acontecimientos y las probabilidades de lo que suceda? ¿Estaban sordos, mudos o conchabados?"



lunes, 12 de septiembre de 2016

Todo a un euro


Vicenç Navarro:

"Para entender lo que estoy diciendo y sus consecuencias para España, el lector me permitirá que haga una comparación del sistema financiero de España dentro de la Eurozona con el que existe en el Estado de California, dentro de EEUU. California es un Estado con más de 39 millones de habitantes, semejante al tamaño demográfico de España, que, como esta, tiene su economía basada en un potente sector financiero, un sector inmobiliario importante, y una industria de la construcción extensa, un sector turístico de gran valor y una agricultura potente, entre otras características. Tanto California como España tienen también un programa extenso de incentivos para atraer industrias y otras empresas al país.
Es importante ver qué ha pasado en California durante la Gran Recesión y compararlo con lo que ha ocurrido en España durante el mismo período (2008-2016). Y un primer paso en esta comparación es ver cómo ambos países respondieron a la crisis creada a partir del año 2008, año en el que se inició en muchos países la Gran Recesión, resultado, en ambos casos, del colapso de las burbujas inmobiliarias, que afectó de una manera muy marcada al sector inmobiliario y a la industria de la construcción, dos sectores muy importantes en las economías de los dos países. En EEUU, el Estado de California pudo conseguir fondos públicos inmediatamente del Banco Central Estadounidense, llamado Federal Reserve Board (FRB). En España, en cambio, esto no ocurrió. El Estado español no pudo recibir fondos del Banco Central Europeo (BCE). Tuvo que intentar conseguirlos de lo que se llama el mercado financiero (que quiere decir, de los bancos privados), los cuales, sabiendo de la vulnerabilidad del Estado español (que no tenía apoyo del Banco Central Europeo), exigían unos intereses de los préstamos a todas luces exagerados, lo cual llevó al Estado a tener un déficit y una deuda pública enormes, alcanzado casi la bancarrota. Ello determinó que el Estado español recortara millones y millones de euros en su gasto público, reduciendo las pensiones y otras transferencias públicas, así como el gasto en servicios públicos, como la sanidad, la educación los servicios sociales, las escuelas de infancia, los servicios asistenciales o la vivienda social, entre otros. En todos estos sectores sociales hubo recortes muy acentuados. En California, en cambio, el FRB proveyó el préstamo, garantizando así la estabilidad financiera del Estado, sin tener que ir desesperado a la banca privada para poder cubrir el gran agujero que representaba la recesión económica para las arcas del Estado (...)

A la luz de estos datos ampliamente documentados, el lector se preguntará ¿por qué entonces el BCE no hace como hace el FRB en EEUU? Y la respuesta es sumamente fácil de ver y entender. No lo hace porque el BCE está bajo la enorme influencia de los bancos (y muy en especial de los bancos alemanes), a los cuales les va súper bien que los Estados tengan que depender de ellos para conseguir prestado dinero, consiguiendo pingües beneficios en estos préstamos. En realidad, el BCE está en Frankfurt, a escasa distancia del Banco Central Alemán, el Deutsche Bundesbank, bajo su sombra. Y es importante recordar que fueron los bancos alemanes (junto con los franceses) los que proveyeron, directa e indirectamente, la mayoría del crédito que alimentó la burbuja inmobiliaria en España, bancos que financiaron predominantemente a través de sus préstamos a la banca española.
Hay que entender, pues, que la unidad monetaria que estableció el euro beneficia sobre todo a las instituciones financieras a costa de la economía productiva y del bienestar y calidad de vida de las clases populares, que constituyen la mayoría de la población en los países de la Eurozona (y que son las mayores beneficiarias de las transferencias públicas y las que utilizan los servicios públicos del Estado del Bienestar). El sistema financiero, pues, no podía estar mejor diseñado para favorecer al capital financiero a costa de perjudicar a las clases populares. Los recortes de gasto público, incluyendo el gasto público social, eran necesarios para cubrir las bajadas de impuestos que aprobaron los gobiernos neoliberales, y para pagar la deuda contraída en su gran mayoría en los bancos (...)
Una de las mayores causas es la enorme influencia antidemocrática del capital financiero sobre el establishment político-mediático (que está profundamente endeudado y no quiere antagonizar a los que los financian). Otra es su financiación de los mayores centros de estudios e investigación académica del país, y de las revistas económicas que hacen propaganda y promocionan el sistema financiero actual. Y otra causa es la complicidad que tiene con las grandes empresas industriales y de servicios, que dependen, en parte, del sistema financiero, y también porque las propuestas que el sector financiero está realizando –tales como las bajadas de salarios, o las reformas laborales que debilitan el mundo del trabajo- las benefician también. El IBEX-35 tiene todo tipo de empresas, representando el eje del establishment financiero y económico del país. No hay duda de que tal sistema financiero, basado en el euro, está perjudicando a España y a otros países de la periferia de la Eurozona. No puede dejarse tal como está, pues es imposible que con este sistema España pueda desarrollarse y converger con los otros países de la Unión Europea. La evidencia de ello es abrumadora. Los recortes, la austeridad y la precariedad laboral serán lo habitual en la economía española, siempre y cuando el sistema financiero europeo siga estructurado como hasta ahora"

 http://www.vnavarro.org/?p=13630



lunes, 5 de septiembre de 2016

In Teresa


Usó a los pobres de Calcuta para obtener inmensos fondos de dictadores como el brutal Papa Doc Duvalier de Haití, que jamás se emplearon en modernizar sus hospitales para muy pobres, sino que se desviaron a oscuras fundaciones de la Iglesia católica, las más fundamentalistas. Sus pobres se morían sin cuidados paliativos, y ella argumentaba que Dios amaba el dolor y sufrimiento de los pobres porque era hermoso. Cuando aquella industria química norteamericana mató a decenas de miles de indios en Bhopal acudió rauda a convencerles de que no exigieran justicia e indemnización porque el perdón era una virtud muy cristiana. Se codeó con los más poderosos del mundo. Cuando ella agonizó la enviaron a un hospital norteamericano donde ella sí recibió cuidados paliativos porque su dolor no era ya tan hermoso. El prestigioso periodista Christopher Hitchens la desmontó, lo mismo que serios estudios de universidades canadienses, inútilmente.
Sin duda una santa para la Iglesia católica, a la que tanto prestigio publicitario mundial otorgó. Cómo no concederle la santificación express.



sábado, 3 de septiembre de 2016

De golpes blandos tan duros


Amy Goodman (Democracy now!)

"Años después, en 2014, el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, durante una visita a Brasil en ocasión de la Copa Mundial de Fútbol, entregó personalmente 43 documentos del Gobierno de Estados Unidos que detallan el profundo conocimiento que tenían las autoridades estadounidenses de las numerosas torturas y ejecuciones contra la población brasileña llevadas a cabo por aquella dictadura. Sin embargo, el Gobierno de Estados Unidos continuó apoyando la dictadura de Brasil, al igual que lo hizo con la de Argentina y las de otros países latinoamericanos.
En 2003, el pueblo de Brasil eligió como presidente a Luiz Inacio Lula da Silva, miembro de un partido de izquierda, el Partido de los Trabajadores. Lula ocupó el cargo durante dos mandatos y fue sucedido por su favorita, la primera mujer que ha ocupado la presidencia de Brasil, Dilma Rousseff. El Partido de los Trabajadores, durante los mandatos de ambos presidentes, implementó significativos y eficaces programas sociales para contribuir a aliviar la pobreza y la desigualdad sistémicas que se viven en Brasil. Es esta confluencia de gasto en programas sociales y desaceleración de la economía lo que ha llevado a Dilma a lo que se describe como un "golpe parlamentario".
El periodista ganador del Premio Pulitzer Glenn Greenwald es un agudo observador de la política brasileña. Greenwald vive en Río de Janeiro y afirmó durante el programa de “Democracy Now!”:
“La acusación formal contra ella que están utilizando para justificar su destitución se llama en portugués ‘pedaladas’, que significa pedalear. Refiere a una maniobra política por la que el gobierno pide dinero prestado a un banco estatal y luego demora en devolverlo para que parezca que el gobierno tiene más dinero en su haber. Por lo que, básicamente, la acusan de recurrir a trucos presupuestarios para hacer que la situación presupuestal del gobierno parezca mejor a fin de ganar la reelección. Algo que, al hablarlo con europeos o estadounidenses, genera perplejidad porque no se entiende que algo así pueda justificar la remoción del cargo de una presidenta democráticamente electa, dado que es extremadamente común que los líderes políticos del mundo lo hagan, y, de hecho, otros presidentes de Brasil han usado ese método en el pasado”.
La Cámara Baja del Congreso aprobó iniciar el juicio político contra Dilma el pasado mes de abril y a partir de ese momento el Senado dio inicio al procedimiento formal. Dilma Rousseff fue suspendida durante las deliberaciones y sustituida por Michel Temer en calidad de presidente interino. Glenn Greenwald resaltó: “Durante los Juegos Olímpicos, el Sr. Temer rompió con el protocolo al exigir que su nombre no se pronunciara durante la ceremonia de apertura, dado que temía ser abucheado por la multitud. Es impopular y odiado a ese punto. De todos modos, cuando la gente lo vio en las pantallas, aún sin haber sido anunciado, lo abuchearon con bastante saña”.
El miércoles 31 de agosto, el Senado de Brasil aprobó formalmente, por 61 votos a favor y 20 en contra, destituir a Dilma Rousseff. Sorprendentemente, la mayoría de los senadores que votaron a favor de su destitución están siendo investigados por corrupción. Como lo confirma una conversación grabada en secreto, probablemente la razón por la que el Senado quería destituir a Dilma era terminar con las investigaciones por corrupción que se desarrollan contra actuales senadores e integrantes del Congreso.
Dilma Rousseff salió con decisión y, rodeada por sus seguidores, denunció el proceso: “Es el segundo golpe de Estado que enfrento en la vida. El primero, el golpe militar apoyado en la truculencia de las armas, de la represión y de la tortura, me encontró cuando era una joven militante. El segundo, el golpe parlamentario, concluido hoy por medio de una farsa jurídica, me saca del cargo para el cual fui elegida por el pueblo”.
Brasil es un país extraordinario, con una población de más de 200 millones de habitantes, una cultura vibrante y una gigantesca economía. Con la mayor parte de la amenazada selva amazónica dentro de sus fronteras cumple un papel de vital importancia a la hora de luchar contra el cambio climático provocado por la actividad humana. Con todos los desafíos que enfrenta, el pueblo brasileño merece el inmediato repudio de este golpe por parte de todos los gobiernos y más aún, por parte del presidente Barack Obama y de los candidatos presidenciales que aspiran a sucederlo"