lunes, 4 de julio de 2016

La distopía del eurodogal


"Para Bill Mitchell, autor de La distopía del euro (Lola Books, 2016), las razones de la renuncia a la soberanía monetaria deben buscarse en la compleja interacción del pensamiento gregario, la ideología conservadora y el miedo a Alemania. En su interpretación de la historia económica europea, los estados miembros más débiles optaron por avanzar hacia el euro, incluso sin disponer de una política fiscal común, con el fin de asegurar la adhesión de Alemania al proyecto de integración monetaria europea. Para ello, aceptaron que se generalizaran obsesiones germanas como las de la competitividad y el control de la inflación, que recaía en un banco central independiente (el BCE) y en una política fiscal cuyos objetivos primordiales serían la reducción del déficit y la deuda frente al estímulo al crecimiento económico y al empleo.
El abandono de las políticas económicas keynesianas zarpaba al favor de los nuevos aires monetaristas, que conquistaron por igual a académicos y funcionarios europeos. Y para cuando las contradicciones de este corsé estallaron en los mercados de deuda soberana, el euro ya era, para algunos, parte integral del fin de la historia. Tanto es así que incluso la transformación de Syriza de opositora a gestora de las políticas de austeridad no ha impedido que la izquierda europea siga afirmando, con muy raras excepciones, la compatibilidad de sus propuestas transformadoras con la moneda única.
Mitchell pasa revista a los posibles programas de reforma de la zona euro para fallar en favor de su ruptura. Resulta difícil no estar de acuerdo. La relajación de las normas de déficit u objetivos de inflación chocan frontalmente contra el edificio de una gobernanza económica cada vez más exigente. Una autoridad fiscal única es políticamente inviable en ausencia de un demos europeo. El aumento de la progresividad del presupuesto europeo es un parche ridículo, dada su escasa magnitud. La mutualización de la deuda sigue dejándola a merced de los inversores financieros o, en último término, de un BCE virulentamente neoliberal.
Al menos la salida del euro está en manos de cada Estado: redenominación de la deuda y contratos financieros en moneda nacional, introducción progresiva de nuevos medios de pago, controles de capitales y recuperación de las competencias bancarias y monetarias por parte de un nuevo banco central constituyen una hoja de ruta concreta que no tiene que esperar a que otra Unión Europea sea posible"




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