“En los países democráticos no se percibe la naturaleza violenta de la economía, mientras que en los países autoritarios lo que no se percibe es la naturaleza económica de la violencia”
Bertolt Brecht

"Hay que aprender de los errores del siglo XX y superarlos. El capitalismo no lo ha hecho. Los socialistas deben hacerlo"
Tariq Ali

"La cuestión no es mercado sí o mercado no, es qué espacio tenemos que concederle al mercado para que tenga efectos positivos y qué espacio tenemos que quitarle para que no tenga efectos negativos"
César Rendueles ("Capitalismo canalla" antídoto para "Los enemigos del comercio" de A. Escohotado)

"Los poderosos siempre han perseguido a los alfabetizadores, a los que paraban las balas con columnas de periódico, a los que hacían escudos con libros cargados de metáforas y razones. También a los que han hecho visibles a los invisibles, a los que enseñan a decir no con una sonrisa y también a los que enseñan desde el monte a recordar que no hay que vivir de rodillas"
J.C. Monedero

Qué son los PsyOps: "Los daños que causan las PsyOps [Operaciones Psicológicas] se reflejan en la aparición de cambios en el plano cognitivo y mental (...) Toda operación militar, y por tanto toda operación psicológica, tiene que contar con una cadena de mando. El análisis detallado de los mensajes a través de Twitter y Facebook ha permitido descubrir «nodos de red», o sea estados mayores implicados en la operación. Estos están entrenados en el uso de métodos de control de las multitudes para crear una situación de contagio entre individuos de diferentes medios y orígenes. De esa manera, los estados mayores logran localizar fácilmente los «repetidores de opinión», o sea los individuos que influyen sobre los demás. Los especialistas pueden entonces optar entre informarlos sobre el proyecto o mantenerlos en la ignorancia de lo que está sucediendo"
Valentin Vasilescu (experto en inteligencia militar)

"Gozamos de tres bienes de valor incalculable. La libertad de conciencia, la libertad de palabra y la prudencia de no usar nunca ninguna de las dos". Mark Twain.


jueves, 6 de diciembre de 2018

País inconstitucional


Con que al menos se cumpliera la separación de poderes mínimamente, o respecto a los derechos individuales o sociales...

"Pese a sus orígenes progresistas el patriotismo constitucional ha derivado en los últimos tiempos en una suerte de neonacionalismo español constitucionalista que idealiza la Transición, destaca sobre todo sus capítulos más conservadores y convierte a la Carta Magna en un pesada arma arrojadiza contra cualquiera que proponga abrir debates incómodos como la la elección del jefe del Estado o la reforma del modelo territorial. Si en 1978 las izquierdas consideraban que la Constitución pactada con las derechas era el punto de partida para una futura profundización democrática que por ejemplo desarrollara el estado autonómico en un sentido federal, el nuevo constitucionalismo de PP, Cs y de una parte del PSOE ha servido y sirve para revestir de un respetable barniz ilustrado y liberal los viejos axiomas del nacionalismo español de toda la vida. La mayor paradoja de este movimiento es que muchos de los herederos de quienes en el 78 se opusieron desde la derecha a la Constitución, han terminado por ser los más acérrimos defensores de la sacralización de su lectura más conservadora.
La débil, o si lo prefieren, incompleta democratización de la idea de España y de sus principales símbolos, monarquía, bandera e himno, es una de las herencias que arrastramos de una Transición con luces y sombras en la que las izquierdas lograron importantes avances sociales y democráticos, a costa también de importantes renuncias. Tanto estos avances como estas renuncias están contenidos en una Constitución con respecto a la que la izquierda transformadora ha oscilado y oscila entre la impugnación total, la reforma y la posibilidad de un desarrollo progresista a partir de sus artículos más avanzados.
Más conflictivo supone el uso de la bandera nacional, que para amplios sectores de la población española sólo se ha naturalizado a día de hoy en el contexto de las competiciones deportivas, mientras que fuera de ellas sigue teniendo una clara significación política, como se puso de manifiesto durante la reciente crisis catalana. La formulación por las fuerzas del cambio de un nuevo patriotismo alternativo, social, feminista y plurinacional, se enfrenta al dilema, casi irresoluble, de con qué símbolos hacerlo. ¿Con los resultantes de una Transición agridulce que incluye una monarquía restaurada por Franco o con los de una II República que remite para amplios sectores de la población española a una experiencia política fallida y al fantasma de la Guerra Civil? ¿Podrá este nuevo patriotismo de la gente acuñar nuevos símbolos para su nuevo proyecto de país?"
  
  
"Las constituciones de las sociedades pluralistas buscan un equilibrio entre la estabilidad expresada en el acuerdo y el dinamismo expresado en la apertura a la sociedad de intérpretes constitucionales. En el caso español, existe una flagrante contradicción entre la apertura constitucional al dinamismo, el bajo nivel de utilización social de la Constitución de 1978 como un instrumento de transformación y la imposición judicial de una interpretación reduccionista y conservadora respecto a las posibilidades interpretativas del texto constitucional.
Aunque la versión ideológica oficial dice que el consenso fue el resultado de la Transición, lo cierto es que el consenso fue el método de la Transición. Un método que consistió en sancionar constitucionalmente aquello sobre lo que existía un nivel suficiente de acuerdo y trasladar a un momento político posterior la decisión sobre las cuestiones controvertidas, como la organización territorial del estado, respecto de la cual no se sancionó un modelo sino un procedimiento de construcción política, y las leyes orgánicas, que permiten al legislador tomar decisiones materialmente constitucionales por mayoría absoluta. Pero la apertura de la Constitución a diversas plasmaciones prácticas se ha venido reduciendo a lo largo de estos 40 años. 
Por una parte, la sentencia del Estatut supuso una alteración de primer orden en el funcionamiento constitucional desde el momento en que su principal consecuencia fue entender que la construcción del modelo autonómico había tocado techo y que a través del acuerdo político ya no era posible incidir de modo significativo en la configuración del sistema, sino solo completarlo con transferencias competenciales o con reformas de financiación. Creo que esta conclusión confunde dos cosas distintas: una cosa es afirmar que la inercia de constante ampliación competencial que había tomado la construcción del estado autonómico es insostenible en un momento en que la inmensa mayoría de las transferencias competenciales se ha completado; y otra cosa es concluir que, dada esta situación, la negociación política como modo de gestión de la cuestión territorial en España, queda truncada. No cabe duda de que el proceso de construcción del estado autonómico está concluyendo y se abre una nueva fase de racionalización y acomodo a las actuales circunstancias políticas y de financiación. Pero esta fase, al igual que los inicios del estado autonómico, reclama una interpretación de los límites constitucionales funcional al papel central que la propia Constitución otorga al acuerdo político. Lo contrario supone introducir rigidez allí donde la Constitución se ha querido flexible y fingir que existe una solución constitucional a cualesquiera conflictos autonómicos, cuando lo cierto es que la propia Constitución renunció a constituir un modelo terminante de organización territorial.
Por otra parte, la evolución de la interpretación de la Constitución durante estos 40 años ha ido reduciendo el ámbito de protección de los derechos al tiempo que aumentaba las posibilidades de funcionamiento autónomo del poder ejecutivo mediante un uso abusivo del decreto ley. Reducir derechos y garantías no solo afecta negativamente al ámbito concreto protegido, sino que también genera una ciudadanía temerosa y retraída, más atenta a obedecer las órdenes del poder que a tratar de influir en ellas, lo que contrasta vivamente con la ampliación del margen de acción del gobierno mediante la conversión del decreto ley en un instrumento ordinario de gobierno que responde más a la intención de hurtar el necesario debate político y ciudadano en el proceso de formación de las decisiones, que al supuesto constitucional de la extraordinaria y urgente necesidad.
Esta práctica que se ha venido consolidando no es la Constitución, sino que en buena medida es su misma negación: el secuestro de la Constitución por parte de una práctica impuesta por la derecha política y judicial que domina los altos órganos judiciales y que ha demostrado su prestancia a ejecutar las órdenes y ratificar los proyectos de sus comitentes políticos y económicos, en detrimento de su función de garantía.
La progresiva consolidación de esta lectura reduccionista y fuertemente ideologizada de la Constitución se ha producido en muchos casos sin el obstáculo de una respuesta social adecuada. Aunque en España ha existido un alto nivel de identificación ciudadana con el símbolo de la Constitución, la interiorización de sus contenidos como un instrumento de lucha por el derecho ha sido bajo"
   

No hay comentarios:

Publicar un comentario