viernes, 4 de noviembre de 2016

Al menos



Una campaña norteamericana que oscila entre un fascista, racista y misógino abusador de mujeres, y una mujer cuyos correos desvelan que ella y su marido Bill Clinton desviaron millones de sus organizaciones filantrópicas hacia su fortuna familiar, nada extraño para quien conozca la trayectoria de ambos.
Hubo una posibilidad, se llamaba Sanders, aupado por las contribuciones modestas de muchísima gente. Pero otros correos desvelaron, sin consecuencia ninguna, que Hillary jugó sucio contra él en las primarias en connivencia con todo el peso del aparato. Pese a ello, Sanders aportó toda su fuerza de la militancia para apoyarla en contra de Trump. He aquí el mejor retrato del cariz moral y democrático de los contendientes.
Pero como bien sabemos últimamente en España, el peso de los aparatos, y no la honestidad ni el voto de la gente, deciden nuestros destinos a favor de lo políticamente peor.
En una EEUU técnicamente en recesión económica.
¿Y Europa? No hay buenas señales por delante. Jugando a la porra sobre si la nueva fractura emergerá por el Espirito Santo portugués, el Monte dei Paschi italiano, por el referéndum de Diciembre de Renzi que algunos analistas califican aún peor que el Brexit si se perdiera, o por el propio Deutsche Bank alemán de la especulación desatada, como bien sabemos los españoles que ahora debemos devolverle los platos rotos de sus actividades de riesgo con las que se forró en la burbuja española.
Mariano Rajoy: tenemos un futuro glorioso por delante.
A fin de cuentas creamos un montón de empleo precario -por detrás de unos cuantos países por cierto, pero en su euforia de investido nos aseguró que éramos los primeros en Europa-. Mientras no haya recesión mundial y el turismo aguante: lo del precio del petróleo podría torcerse a partir de la reunión en noviembre de la OPEP, y este era otro factor de cara para la importadora energética España. A la que este gobierno y la propia Alemania impidieron seguir creciendo en producción solar y energías limpias; el primer paso insoslayable para un cambio de modelo productivo, cosa que a nuestras elites del cemento en el rostro no parece interesar.
Tengo entendido que si miramos el número en bruto de horas trabajadas, no hay tal resultado espectacular. Solo que estas horas ahora se pagan por bastante menos. De acuerdo, quizás mejora con el gran número de horas extras sin pagar. Pero, vaya, les obligaría a decírnoslo claramente. Vaya, que el PIB crece –por ahora- pero claramente se lo quedan unos pocos. A lo mejor eso explica que seamos el país en todo el mundo donde más ha crecido la desigualdad durante la crisis, junto con la espléndida EEUU.
La hucha de las pensiones camino de los números rojos, la recaudación fiscal de tanto trabajo basura que ya no llega para sostener el sistema, la deuda superando el PIB. Es obvio: nos volverán a decir que el sistema público no es sostenible tras habérselo cargado, y que hay que privatizarlo. El mantra neoliberal de una lógica aplastante (y nunca mejor dicho). Pese a las evidencias en tantos sitios, vg. la Gran Bretaña que revierte por desastrosas unas cuantas privatizaciones.
Pero qué coño, al menos ya tenemos gobierno (aplausos de ejércitos de cuñados en bares y lugares de trabajo).



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