viernes, 28 de abril de 2017

De la academia francesa


"Ante el cuestionable tratamiento mediático de las izquierdas latinoamericanas por los medios de comunicación franceses, un conjunto de investigadores y especialistas de esta región ha deseado rectificar en esta tribuna algunas contra-verdades. 

En nuestra calidad de investigadores y especialistas en América Latina, la presencia de esta región en la campaña electoral francesa hubiera debido ser motivo de regocijo. Sin embargo, observamos con inquietud el tratamiento mediático del que es objeto. Después de algunas referencias humorísticas a la insularidad de la Guayana, nos alertó el grado de desinformación que evidencian las recientes polémicas, que van de la simplificación a interpretaciones totalmente fantasiosas. Esto nos preocupa aun más pues constatamos que grandes periódicos nacionales movilizan a figuras políticas complejas de la historia reciente para alimentar una confusión ya presente en las izquierdas radicales y el autoritarismo, como por ejemplo el titular sensacionalista del diario “Le Figaro”: “Castro, Chavez… Melenchon, ¿el apóstol de los dictadores revolucionarios?”.
No podemos dejar de interrogarnos: ¿se trata sólo de provocar el terror de un auditorio de electores indecisos? En efecto, numerosos medios de comunicación parecen no retener del balance de las izquierdas latinoamericanas sino los elementos que pueden contribuir a presentarlos como un espantapájaros, con el objeto de restar credibilidad a los movimientos políticos que se inspiran parcialmente de ellos.
Ante temas complejos y con frecuencia desconocidos, ciertos medios de comunicación tienen tendencia a tomar libertades con la historia y las realidades sociales contemporáneas de la región. Incluso en los medios de comunicación del servicio público, en particular el canal de televisión France 2, por ejemplo, en un reportaje de 2012 sobre la reelección de Hugo Chávez, lleno de errores groseros y de juicios, o más recientemente, en mayo de 2016, con la intervención de François Lenglet en el programa “ Des paroles et des actes” (Palabras y actos), donde acusa infundadamente de corrupción al presidente Evo Morales. Más allá de las imprecisiones factuales, constatamos una falta de interés generalizada en una comprensión real de las transformaciones sociales y políticas.
Algunos periodistas conocen a fondo los asuntos latinoamericanos contemporáneos y acuden a expertos capaces de proponer análisis muy agudos, en particular en el caso de la crisis política, económica y social de Venezuela. Pero frecuentemente los comentaristas más influyentes transmiten una visión fragmentada y estereotipada de la situación. “¿ Venezuela? ¡Fácil! ¡Mucho petróleo, presidentes autoritarios que monopolizan la televisión, una alimentación racionada y manifestaciones !”
El análisis de las causas estructurales y a largo plazo resulta obviamente menos atractivo para comprender las realidades económicas, sociales y políticas contemporáneas. Pese a su carácter fundamental, no se trata el tema de la inserción de los países latinoamericanos en la división internacional del trabajo y los “intercambios desiguales”. Sin embargo, uno de los principales factores de las economías de estos países reside justamente en el hecho de que dependen en gran parte de la exportación de materias primas y que la volatilidad de los precios de éstas tienen repercusiones inmediatas en las tasas de cambio y los mercados financieros nacionales. En la esfera académica, lo que ha sido teorizado como el “síndrome holandés” o “la maldición de los recursos naturales” (a largo plazo, los resultados económicos de un país son inversamente proporcionales a la amplitud de sus recursos naturales), parece ser desconocido por análisis periodístico que se pretenden científicos y objetivos (...)
Los gobiernos que precedieron a la “ola de las izquierdas” latinoamericanas llevaron a sus respectivos países a crisis económicas, sociales y políticas inéditas. Son embargo, ante políticas autoritarias y resultados económicos catastróficos, las opciones de estos dirigentes rara vez fueron cuestionadas por los discursos mediáticos franceses, como si la sumisión a las reglas del FMI garantizara la buena conducta para los “países periféricos”.
Evidentemente, los gobiernos de las nuevas izquierdas no disfrutaron de la misma indulgencia mediática. Sin embargo, sus progresos sociales y democráticos son numerosos. Las derivas y los fracasos son suficientemente conocidos y comentados en Francia para que no sea preciso citarlos (...)
 Estos movimientos políticos se originaron en las movilizaciones sociales de las décadas de 1990 y del 2000, y se estructuraron en torno a los sindicatos, a grupos de militantes por los derechos de los pueblos indígenas, colectivos y asociaciones de barrio, de defensa del ambiente o feministas. En el escenario político, se caracterizan por la voluntad de situarse entre la social-democracia y la izquierda radical. Las prácticas de desintermediación del acceso a la política institucional deberían permitir la reapropiación de lo político y la ampliación de la participación. En este sentido, las reformas constitucionales permitieron la introducción de referendos revocatorios en Venezuela o en Bolivia y en Ecuador la constitucionalización del buen vivir (...)
 En el plan social, las extremas desigualdades del continente no son lamentablemente recientes ni imputables a los gobiernos de izquierda. A través de diferentes estrategias y sin lograr liberarse de la renta producto de la exportación de materias primas, las políticas públicas de estos países han concentrado sus esfuerzos en reducir la fractura social. A pesar de la crisis económica, los años 2000 permitieron a más de 30 millones de brasileños superar la pobreza. En Bolivia, la proporción de la población que vivía en condiciones de pobreza crítica pasó de 66,4% en el año 2000 a 38,9% en 2015, mientras en Ecuador pasó de 44,6% en 2004 a 22,5% en 2014. En Venezuela, el índice de escolarización a nivel secundario pasó de 47% en 1995 a 75% en 2007, mientras el coeficiente de Gini [1] pasó de 0,435 à 0,402 y que millares de viviendas fueron construidas. Bajo las presidencias de Kirchner (2003-2015), Argentina inició un proceso de reconstrucción de los fundamentos del Estado social a través de la instauración de un subsidio universal para los niños, de pensiones de jubilación para todos y de la garantía de gratuidad de los sectores públicos (salud, educación) (...)
Así se ha elaborado la ignorancia de las evoluciones democráticas y políticas que atraviesan las sociedades latinoamericanas. Más allá de políticas gubernamentales, observar a América Latina sólo a través de la oportuna denuncia de derivas chavistas o castristas y de un “miserabilismo” condescendiente contribuye a mantener representaciones eurocentristas que niegan toda fuerza original, creadora y liberadora a sociedades particularmente innovadoras en el plano socio-político y regularmente agitadas por movilizaciones colectivas
Estas últimas, como todos los movimientos de organización colectiva “de base”, son poco citadas en los medios de comunicación dominantes, aunque representan hoy en día uno de los fenómenos políticos más interesantes"



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