lunes, 10 de abril de 2017

EEUU Today


El hipermediático Trump entendió perfectamente que necesitaba un gesto de fuerza para disipar el cerco mediático en casa promovido por los Demócratas de Obama-Clinton y agencias estatales a su servicio que le vincula a Rusia, y que tanto daño le está haciendo. Estratégicamente impecable. Y cuando se tiene delante el gusto por las armas químicas resulta más fácil. La desregulación financiera mortal que está llevando a cabo, en cambio, ha gozado de la complicidad de todos los medios para eclipsarla. Bueno, y que a él y a su hija les preocupan mucho los niños gaseados, como nos han contado los medios, típica sensibilidad de presidente de los EEUU, que ha bombardeado tantas veces a la Israel del fósforo blanco, por ejemplo.

Tom Enhelhardt :

"En esos años, buena parte de los estadounidenses ha sido convencida de que el secretismo es un aspecto fundamental de la seguridad nacional; que lo que sepamos acabará haciéndonos daño; y que la ignorancia del funcionamiento de nuestro propio Estado –sumido hoy en la penumbra del secretismo– nos protege del “terror”. En otras palabras: el conocimiento es peligroso y la ignorancia, seguridad. Sin embargo, tan orwelliano como puede sonar, esto se ha convertido en lo normal en el Estados Unidos del siglo XXI.
Que el gobierno deba tener el poder de vigilarnos en estos momentos es apenas un dato de la realidad; que nosotros debamos tener el poder de vigilar (o simplemente controlar) a nuestro propio gobierno es un lujo de otros tiempos. Esto ha demostrado ser una fórmula eficaz para arribar a la desmovilización que define a esta época, aunque encaje bastante mal con cualquier descripción normal del funcionamiento de una democracia o con la hoy excesivamente anticuada creencia de que una sociedad informada (en contraposición a una sociedad no informada, o incluso desinformada) es decisiva para el funcionamiento de tal gobierno.
Por otra parte, mientras los más altos funcionarios de la administración Bush lanzaban su Guerra Global Contra el Terror después del 11-S, seguían obsesionados por los recuerdos de la movilización por Vietnam. Ansiaban unas guerras en las que no hubiera periodistas curiosos, ni horribles recuentos de bajas, ni bolsas con cadáveres volviendo a casa que provocarían manifestaciones ciudadanas. En su mente, para el público estadounidense solo habría dos papeles disponibles. El primero respondía a la memorable exhortación del presidente George W. Bush: “Ir a Disney World, en Florida, con vuestra familia y disfrutar de la vida del modo que nosotros queremos que se disfrute” –en otras palabras, ir a comprar al centro comercial–. El segundo, era agradecer eternamente y elogiar a los “guerreros” estadounidenses por sus hazañas y sacrificio. Para mejor o para peor (invariablemente, acabaría siendo para peor), sus guerras debían ser sin pueblo y libradas en tierras remotas, de modo que no alteraran la vida de Estados Unidos, otra fantasía de nuestra época.
La cobertura mediática de estas guerras debía ser cuidadosamente controlada: periodistas “incrustados” en las unidades militares; las bajas (estadounidenses) mantenidas en el menor número posible; y las propias acciones militares realizadas en secreto, “inteligentes” y cada vez más robóticas (de ahí, los drones) con la muerte centrada exclusivamente en el enemigo. En resumen, la guerra “a la americana” debía transformarse en algo inimaginablemente aséptico y distante (es decir, si uno vive a miles de kilómetros de ella y puede comprar a lo loco). Además, el recuerdo de los ataques del 11-S ayudó a hacer potable cualquier cosa que Estados Unidos hiciera a partir de entonces.
En esos años, la consecuencia en casa sería una época de desmovilización. La única excepción –tal vez sea la que algún día intrigue a los historiadores– serían los pocos meses anteriores a la invasión de Iraq por parte de la administración Bush, cuando cientos de miles de estadounidenses (millones, en el mundo) de repente salieron a la calle para manifestarse una y otra vez (...)
Aún está por verse si acaso en el Estados Unidos de Trump, con esa sensación de pérdida de vigor de la desmovilización, la política guerrera estadounidense y la de privilegiar a las fuerzas armadas volvieran a convertirse en el blanco de la movilización popular. ¿O acaso Donald Trump y sus generales de teflón tendrán las manos libres para hacer lo que se les antoje en el extranjero, pase lo que pase en casa?
En muchos sentidos, desde su fundación Estados Unidos ha sido una nación hecha por las guerras. En este siglo, la pregunta es: ¿podrían su ciudadanía y su forma de gobierno ser deshechas por ellas?"



"Junto a este poderoso cohete y muchas otras innovaciones de carácter propiamente militar, el sistema televisivo de Russia Today se incluye entre los más eficaces ingenios del arsenal ruso.
La red de RT, dice Kusturica, contrarresta efectividad del estereotipo de Hollywood en materia de información que es la CNN (Cable News Network o Cadena de Noticias por Cable), “un canal de televisión estadounidense en el que las personas son buenos o malas, pero los negros, los hispanos, los rusos y los serbios son siempre los villanos y los norteamericanos blancos, dondequiera que los veas, son OK!"
En la práctica, los observadores más avezados en temas de propaganda en el plano internacional valoran a CNN como difusor de los puntos de vista oficiales de la política exterior del gobierno de los Estados Unidos en los medios, aunque ello no se exprese formalmente en su programación ni se confirme o acepte por sus representantes oficiales.
El ex Secretario de Estado John Kerry y varios congresistas republicanos se molestaban porque RT difundiera en todo el mundo argumentos contra la idea de la inevitabilidad del capitalismo liberal; que Estados Unidos es el líder mundial del caos; que Monsanto no está produciendo alimentos sanos; que la Coca-Cola es ideal para la limpieza de automóviles y aleaciones pero no para el estómago de los humanos; que en Serbia el promedio de personas que mueren de cáncer ha aumentando drásticamente debido a los bombardeos de la OTAN en 1999; que las huellas de la CIA están en la crisis ucraniana y que fueron mercenarios de Blackwater quienes dispararon contra el policía ucraniano y no activistas de Maidan como mentirosamente difundió occidente.
RT es una amenaza real para la propaganda de estado de Estados Unidos porque les llega a los estadounidenses "en sus propias casas y en un perfecto inglés, mejor que el que se usa en CNN."
Y es por ello, recuerda Kusturica, que Washington busca silenciar a RT por la fuerza, como hiciera la OTAN con la televisión estatal Serbia en abril de 1999.
Por su parte, según suposición de Emir Kusturica, Moscú también desearía destruir a la CNN, abanderada principal de la propaganda exterior estadounidense y su vocero primordial en la difusión radio televisiva. "CNN asegura en sus transmisiones que desde la década de 1990 Estados Unidos de América ha sido líder en las acciones humanitarias y no en las guerras, como si de sus aviones militares descendieran ángeles en vez de lluvias de bombas asesinas, lo que lanzan sin piedad" dice el cineasta.
Es verosímil la idea de que el Pentágono recurra a la fuerza para acallar a RT porque se conoce que ésta ha comenzado a llegar cada vez más a los corazones de los estadounidenses, en horario estelar, con un mensaje que desmitifica el sueño americano y revela muchas verdades que han estado ocultas durante décadas de los ojos de los norteamericanos.
Nacido en la actual Bosnia y Herzegovina, Emir Kusturica es un cineasta serbio de 60 años, actor y músico. Ha ganado numerosos premios internacionales por sus películas y, en 2007, fue nombrado Embajador de Serbia en la UNICEF.
CNN, es un canal de televisión estadounidense fundado en 1980 por el empresario Ted Turner. Actualmente se identifica como parte de la corporación Time Warner, y se dice operado por Turner Broadcasting System, una subsidiaria de Time Warner. CNN fue la primera cadena de televisión en cubrir noticias las 24 horas del día. Inicialmente, por la orientación política que se atribuía a Turner, se le reputaba a CNN una proyección más progresista, pero pronto, a raíz de su adquisición por otros intereses, perdió su orientación de apariencia independiente hasta convertirse en lo que es hoy: el más fiel vocero de la política exterior de Estados Unidos.
Su filial CNN en Español tiene por sede la ciudad de Atlanta, donde mismo la tiene la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA)"


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