viernes, 21 de abril de 2017

Malos útiles


Armando B. Ginés

"Convertidos en mitos a combatir, los tres países citados en el titular conforman un inconsciente colectivo amenazado permanentemente en torno a dos variables denostadas históricamente por los mercados del llamado mundo libre, el antiguo comunismo y el cajón de sastre actual del populismo. A ello cabría añadir, como referente transversal para atizar los miedos atávicos del ciudadano tipo de corte occidental, el terrorismo en su versión yihadista y las posiciones denominadas antisistema (...)
Rusia, Venezuela y Corea del Norte son la línea que jamás se puede traspasar. Al menos, en la profunda conciencia personal. Aparecen como diques de pensamiento que operan subliminalmente para sesgar el espíritu crítico y ahormar las opiniones a una normalidad estandarizada.
Estamos ante un proceso complejo que intenta dotar de ideas infantiles al ambiente social, predisponiendo a las masas hacia actitudes de rechazo visceral contrarias a los países antes mencionados, configurando en paralelo un estado de opinión proclive a situar como amigos verdaderos a los partidos y dirigentes tradicionales, aun inmersos hasta la médula en sospechas más que fundadas de corrupción o culpables directamente de la crisis desatada en los últimos años (...)
Con significados complementarios, juntos albergan una capacidad de conmoción silenciosa que juega a favor de los intereses de clase de las multinacionales, las políticas de austeridad, del desmantelamiento de los servicios públicos y de la guerra sin cuartel contra el Tercer Mundo para seguir saqueando sus recursos y materias primas mediante gobiernos títeres sobornados por las potencias occidentales.
Putin y Rusia nos remiten al antagonismo puro, el comunismo irredento (si bien Moscú no es ni por asomo lo que su predecesora la URSS) enfrentado hasta la muerte con el capitalismo. Es decir, la guerra fría de baja intensidad. Como enemigo fatal y acérrimo, Rusia nos sitúa psicológicamente en el bando adecuado, ella es la maldad sin vuelta atrás y Occidente el chico bueno de la película. Tal demarcación nos da fuerza interna al saber en todo momento qué somos: la verdad auténtica versus la mentira de diablo rojo contumaz. El mundo funciona y gira en una pugna hasta las últimas consecuencias liderada por el universo rico, amable y democrático contra el relapso demoníaco de Putin. Estamos ante un maniqueísmo clásico, exento de matices, que nos ofrece un punto de anclaje fijo ante expectativas espurias o desnaturalizadas (...)
Maduro es el aquí y ahora, la decisión existencialista de tomar partido en directo. Para que la decisión no resulte difícil o costosa en exceso, los mass media distorsionan la realidad a fondo: lo real, expuesto en dos dicotomías inalterables, se funde en una colisión inevitable entre partidarios de los principios democráticos formales y el régimen opresor y represor del pueblo llano. Las noticias se convierten ipso facto en crónicas de violencia institucionalizada, en editoriales velados que dan credenciales de mártires a los próceres de las derechas locales y de las opciones más regresivas del espectro político (...)
Con los tres países reseñados y sus líderes singulares, Occidente alimenta su propia egolatría. Cada yo anónimo se siente fuerte sabiendo, odiando y soñando a enemigos de perfiles muy definidos. A veces la ficción supera a la realidad. De eso se trata, de crear trayectos unidireccionales que hagan lo real asumible; de inventar relatos que suplanten la cruda realidad por realidades más digeribles para la inmensa mayoría. No hay dioses buenos o aceptables sin opositores diabólicos"



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