viernes, 14 de abril de 2017

Europa de dos vías


A la inmensa minoría, FELIZ DÍA DE LA REPÚBLICA. Al resto, feliz otro día neofranquista, con su pan se lo coman.

Manuel Monereo:

"La biografía de Mélenchon es conocida. Nacido en Tánger –habla un excelente español con acento del Sur– desciende de españoles por ambos progenitores. Hizo una larga carrera en el Partido Socialista francés y fue ministro con Lionel Jospin. Abandonó el Partido Socialista y creó el Partido de la Izquierda. En las elecciones presidenciales de 2012 quedó en 4º lugar (11,1%) encabezando el Front de Gauche junto al Partido Comunista y otras fuerzas. En 2015 anunció que quería ser candidato a la Presidencia de Francia sin el Front de Gauche, fuera del marco de los partidos y apostando por una Francia insumisa. Ni más ni menos.
Seguramente el dato más característico de la personalidad política de Mélenchon es su conocimiento preciso de la crisis del sistema de partidos en Francia, combinado con una alta dosis de audacia que muchas veces deja a su equipo fuera de juego. Jean-Luc cree que poco o nada se puede hacer en el marco del sistema dominante y que es necesario innovar y arriesgar. Ha aprendido mucho de América Latina, de las izquierdas europeas, de Podemos y, sobre todo, de la compleja realidad de Syriza. Se podría decir, sin temor a equivocarse, que ha ido a estas elecciones en base a una enorme confianza en sí mismo, a un proyecto claramente alternativo y al convencimiento de que había una posibilidad ligada a él. Captó con inteligencia que el candidato Hamon no tendría demasiado recorrido, que una parte significativa del Partido Socialista terminaría apoyando a Macron y que solo él podría encabezar una alternativa democrática. Entendió que la línea divisoria izquierda/derecha (los socialistas siguen gobernando Francia) nada o poco dice y que el problema real era construir una alternativa nacional-popular al proyecto de Marie Le Pen. Para decirlo de otra forma, en momentos de excepción, hay que arriesgarse y tomar también medidas excepcionales; más allá de los partidos existentes y con una firme voluntad de gobierno y de poder.
El programa de Mélenchon es diáfano: poner fin a las políticas neoliberales desde un punto de vista republicano, ecosocialista y pacifista. El candidato de la Francia insumisa promueve, es la parte más polémica de su programa, un proceso constituyente en la perspectiva de la VI República; la defensa intransigente de los derechos de las personas, del Estado social y de la reindustrialización de Francia, apostando por un proteccionismo solidario a la altura de los desafíos de nuestra época. El ecosocialismo es tomado en serio convirtiéndose en el horizonte de un nuevo modelo de sociedad, Estado y de poder. Antes se ha dicho: la Francia insumisa no acepta las reglas neoliberales de la UE y apuesta por cambiarlas; si esto no fuese posible, iniciaría un proceso de salida de UE. Esto lo ha dejado claro una y otra vez. Su política internacional estará marcada por la paz, por la seguridad y un nuevo orden económico internacional más justo e igualitario. La prioridad es la defensa de la soberanía popular y de la independencia nacional con relaciones equilibradas con Alemania y la búsqueda de acuerdos equitativos con Rusia y con Eurasia"




George Monbiot:

"Cuando los think tanks y los millonarios hacen un llamamiento por la libertad, se cuidan de no especificar a la libertad de quién se refieren (...)
Cuando las corporaciones se libran de los sindicatos, coartan la libertad de sus trabajadores. Cuando los muy ricos se libran de pagar impuestos, otros sufren las consecuencias de contar con servicios públicos en quiebra. Cuando los financieros son libres para diseñar extraños instrumentos financieros, los demás pagamos por la crisis que causan.
Por encima de todo, los millonarios y las organizaciones que piden libertad ante algo que denominan "el papeleo". Lo que quieren decir por papeleo son los instrumentos para la protección del interés público. Un artículo del Telegraph de la semana pasada llevaba el siguiente titular: "Acabad con el papeleo que ahoga a Gran Bretaña tras el brexit para liberarlo de las cadenas de Bruselas". Efectivamente, nos ahogamos, pero no por el papeleo. Nos ahogamos porque el Gobierno desprecia las normativas europeas sobre calidad del aire. La contaminación resultante sí que libera a miles de almas de sus cuerpos.
Arrancar esas medidas de protección del interés público significa que millonarios y corporaciones estarán libres de las restricciones de la democracia. De esto van el brexit y Donald Trump. La libertad que nos prometieron es la libertad de los muy ricos para explotarnos.
Hay que reconocerle al Telegraph –un periódico inmerso en una campaña para desregular la economía británica en su totalidad una vez que abandone la UE– una inusual sinceridad sobre quiénes serán los verdaderos beneficiados. Según explica "el fin último de todo este proceso debería ser... liberar a los creadores de la riqueza". (Creadores de riqueza: un eufemismo para referirse a los millonarios). Entre los supuestos premios que enumera se encuentran cambios en la clasificación de los plátanos –lo que permitiría que plátanos muy curvos sean considerados como Clase 1–, una vuelta a las bombillas incandescentes y la libertad para matar tritones crestados.
Sospecho que a los hermanos Barclay, los millonarios dueños del Telegraph, los plátanos no les importan un carajo. Pero dado que su imperio de negocios incluye hoteles, transporte de mercancías, venta de coches, ventas a domicilio y repartos varios, puede que les interesen enormemente las directivas europeas sobre horarios de trabajo y otros aspectos de las leyes laborales, impuestos, estudios de impacto ambiental, así como la directiva sobre derechos de los consumidores, leyes sobre seguridad marítima y un amplio abanico de similares medidas de protección del interés público.
Si el Gobierno acepta esta "hoguera del papeleo" ganaríamos plátanos curvados y privilegios para matar tritones. Por otro lado, podríamos perder nuestros derechos al empleo justo, a un mundo vivo duradero, al aire limpio, al agua limpia, a la seguridad pública, a la protección del consumidor, a los servicios públicos funcionales y a los demás aspectos que caracterizan a una civilización. Qué difícil elección, ¿no creen?"

 http://rebelion.org/noticia.php?id=225270





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