miércoles, 3 de mayo de 2017

Nosotros los civilizados

Para el día internacional de la libertad de información y prensa

"Podemos seguir pensando en el Tercer Mundo en los términos empleados en la primera planificación del período posterior a la segunda guerra mundial: como la región que ha de cumplir su principal función como fuente de materias primas y como mercado para las sociedades industriales occidentales".
N. Chomsky, El miedo a la democracia, 1991.

"(...) La Comisión Sur señaló que los países más poderosos del Norte se han convertido, de facto, en una junta de gobierno de la economía mundial, protegiendo sus intereses e imponiendo su voluntad en el Sur, donde los gobiernos tienen que afrontar la cólera, e incluso la violencia, de su propio pueblo, cuyos niveles de vida se ven deteriorados por tener que mantener los parámetros con los que opera la economía mundial; es decir, la actual estructura de riqueza y poder".
N. Chomsky, El nuevo orden mundial (y el viejo), 1994.

"En el gran proceso de rehabilitación física, cultural y social de los pueblos del Tercer Mundo que constituye la esencia de la democratización mundial, les han de ser repatriados sus valores y objetos culturales, expropiados por las potencias dominantes mediante el robo y la compra leonina durante el colonialismo y neocolonialismo".
N. Chomsky - H. Dieterich, La aldea global, 1996.


Todos estos escritos y declaraciones de Chomsky, uno de los filósofos, intelectuales y activistas más relevantes de nuestro tiempo, continúan siendo de total actualidad, a pesar de las más de dos décadas transcurridas desde su publicación. Y ello se debe, por un lado, principalmente, a que tales análisis y denuncias siguen presentes por la falta de resolución ante los problemas y la barbarie que asola el mundo y, por otro lado, estas cuestiones tratadas por Chomsky y otros muchos que han seguido su camino, hoy están más cerca de nosotros gracias a la labor del periodismo comprometido con los grandes males que persisten en la realidad, en un intento por desvelar las claves del funcionamiento real del mundo, sus contradicciones, sus depravaciones y el bien conducido desconocimiento de la ciudadanía sobre ello (...)
Chomsky, Naomi Klein, Ignacio Ramonet, Dieterich y tantos otros y otras que dedican su vida a desenmascarar el sistema cruel que hemos construido, o al que nos han conducido, están, después de muchos años, en nuestras casas, en horario de máxima audiencia, a través de los temas tratados, de las injusticias expuestas, de los análisis detallados, de las experiencias vividas y contadas y de las consciencias removidas de una vez por todas gracias al trabajo del auténtico periodismo comprometido con las penalidades de nuestro tiempo. 
Inmigración, refugiados, deslocalización y consecuente macroexplotación laboral, el coltán y su relación con nuestro estilo de vida occidental, las compañías eléctricas, su lucha por el poder hegemónico y su vínculo con los gobiernos, la educación, el medioambiente, la corrupción, las protestas ciudadanas, la voz de los que no solemos oír, y tantas otras cuestiones que rodean nuestra vida sin percibirlo, y todo ello inserto en el sistema que dirige el mundo"

 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=219182&titular=%E9vole-el-nuevo-chomsky-de-la-televisi%F3n-



Y del blog de la autora:


Como indica Galeano en su último libro "El cazador de historias", curiosos los civilizados, que poseen muchos relojes pero nunca tienen tiempo

"Herbert Marcuse (1898-1979), uno de los miembros más beligerantes de la primera generación de la Escuela de Frankfurt, es uno de los referentes más significativos de la filosofía crítica y del uso que se ha hecho de ella en forma de consciencia social, política y humana, en todos sus ámbitos.
En 1978, poco antes de su muerte, Marcuse concede una entrevista al profesor Bryan Magee, donde aborda las grandes cuestiones por las que ha transitado su pensamiento desde sus inicios en el pensamiento crítico (...)
Algunas de esas ideas y tesis que Marcuse expone en esta charla representan claramente las raíces de los movimientos sociales y políticos actuales erigidos contra un sistema devastador por las desigualdades e injusticias que genera, por la acumulación de capital y poder que concentra en sectores muy reducidos y por la destrucción que lleva a cabo de nuestro entorno, de nuestro ecosistema vital, y en un sentido más puramente filosófico y psicológico, de nuestro mundo interior.
Por ello, creo necesario atender a la labor que la Escuela de Frankfurt, y en este caso concreto Marcuse, desarrollaron al desvelar las claves de los mecanismos empleados por el orden imperante para perpetuarse en el dominio y el control ejercido sobre una ciudadanía que creían poder adoctrinar bajo el signo del llamado estado del bienestar, el ocio dirigido, las nuevas tecnologías al servicio del sistema para disuadir las conciencias y la crítica, y la triunfante sociedad de consumo, uno de los mayores logros del capitalismo. El propio Marcuse sintetizaba los principios y aspiraciones del sistema capitalista resumiéndolos bajo el lema “Vivir para trabajar. Trabajar para consumir”, lo que consigue de manera eficaz a través de una serie de mecanismos de control que tanto Marcuse como el resto de miembros de la Escuela de Frankfurt ponen de manifiesto, en un intento por devolver a la ciudadanía la consciencia que el sistema le ha arrebatado, sustituyéndola por toda una suerte de actitudes impasibles, imperturbables, casi como si de una ataraxia social se tratase, ante un mundo que se desmorona, para unos más que para otros, fruto de la desigualdad connatural al modelo imperante (...)
El capitalismo redefine el freudiano principio de realidad como un principio de rendimiento del que se abastece la minoría dominante bajo el señuelo del estado del bienestar. Marcuse se basa especialmente, como decíamos, en el análisis de la sociedad norteamericana, a la que define como totalitarismo dulce y sutil, donde la libertad del individuo se reduce a su libertad como consumidor, a elegir entre una variedad de productos estandarizados, lo que lleva a la integración en el sistema de las propias fuerzas revolucionarias que pretendían derrocarlo (...)
No en vano, Marcuse termina su célebre Hombre unidimensional con la cita de W. Benjamin que inspiró esta idea:

Solo gracias a aquellos sin esperanza nos es dada la esperanza“.

https://patriciaterino.com/el-legado-de-marcuse/


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