martes, 10 de enero de 2017

Los grandes males y sus grandes remedios


 Belén Fernández es autora de The Imperial Messenger: Thomas Friedman at Work, publicado por Verso. Es colaboradora de la revista Jacobin.

"Empezando el año nuevo con un buen chupinazo, el Financial Times acaba de publicar un artículo de Erik Prince, el tristemente célebre fundador y ex director ejecutivo de la firma Blackwater , empresa militar privada y grupo responsable de actuaciones como la masacre de la Plaza Nisur de 2007 contra niños y civiles iraquíes.
La compañía ha emprendido una serie de esfuerzos a lo largo de estos años a fin de renovar su imagen e intentar distanciarse de connotaciones abiertamente tóxicas.
La biografía sobre Prince que presenta el Financial Times le identifica discretamente como “ex SEAL de la Marina de EEUU [y] presidente ejecutivo del Frontier Services Group (FSG)”, una entidad con sede en Hong Kong.
Según su página web , FSG ofrece “servicios logísticos y de seguridad en mercados frontera ”.
En una investigación de The Intercept, se informaba que las actividades de Prince en el FSG incluían afanes diversos para vender en África aviones fumigadores con armamento incorporado como parte “de lo que un colega llamó su ‘obsesión’ por construir su propia fuerza aérea privada”. Al igual que muchas de las operaciones de Prince, la fachada de legalidad suele ser muy imprecisa.
Baste decir que el Financial Times no está acumulando muchos puntos en el frente ético al promocionar a un hombre cuyo modus operandi ha consistido esencialmente en convertir muerte en exterminio (...)
En su debut en el Financial Times, Prince hace sonar la alarma de que Europa está desbordada de refugiados y que “la existencia misma de la UE está en peligro”. No obstante, por fortuna para la humanidad, Prince tiene “una solución que devolverá la estabilidad a Libia y mitigará la crisis”, una solución que, según él, se “basa en sus muchos años de experiencia en negocios militares y civiles”.
No importa que el mismo Prince haya estado implicado en gran parte de la destrucción y el caos sembrados en Iraq, Afganistán y otros lugares que ahora sirven de fuentes primarias de –sí, lo adivinaron- migración hacia Europa.
La “solución” para los refugiados propuesta por Prince implica una “asociación público-privada”, un eufemismo de lo que parece ser, en definitiva, una guerra privatizada contra los refugiados. Imagina una serie de “campamentos base” para el personal de seguridad “a lo largo de una nueva valla fronteriza” en Libia, con policía de fronteras “consistente en un grupo de mentores en un contexto de cuerpos de seguridad europeos, con el apoyo de personal local entrenado en una serie de habilidades básicas clave”.
Prince escribe: “Todo el personal estaría armado y se habrían acordado reglas de intervención y políticas de detención y repatriación de los migrantes. Cada base dispondría de vigilancia aérea y de búsqueda y rescate, así como vehículos armados para las fuerzas de reacción rápida. Las operaciones aéreas, así como los servicios médicos de evacuación, las llevarían a cabo operadores profesionales externos (...)
En la realidad de Prince, la carencia actual de seguridad en las fronteras libias significa que cualquier migrante puede “viajar sin control” hasta la costa y subirse a una barca para el “breve aunque peligroso” viaje hacia Europa.
Llámenme aguafiestas, pero no me gustaría presentar el encarcelamiento, tortura y violación habitual de migrantes en Libia bajo la categoría de “viajar sin control”.
Mientras tanto, el ferviente compromiso de Prince con la paralización del flujo de determinados seres humanos no se traduce, naturalmente, en una oposición generalizada al movimiento humano.
Por ejemplo, a los mercenarios de la seguridad privada se les deberá permitir, por supuesto, que crucen las fronteras a voluntad; así como a las personas de apellido Prince que se trasladan a Abu Dhabi para montar ejércitos secretos"



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