martes, 24 de enero de 2017

La matanza de Atocha revisitada


Gregorio Morán:

"El próximo martes, día 24, se conmemora –si tal expresión tiene sentido en este caso– la que fue famosa matanza de abogados de la calle Atocha. Una panda de colegas franquistas –llamarlos fascistas sería un exceso de precisión porque la mayoría no tenía ni idea ni de fascismo ni de nada, eran carne de chulo al servicio del Caudillo– se presentan en un bufete dependiente de Comisiones Obreras y del Partido Comunista, y nada más abrir empiezan a disparar con la conciencia de no dejar a ninguno vivo. Se lo había dicho el presidente del Sindicato del Transporte franquista, Francisco Albadalejo. ¡Todos rojos!, darles un buen escarmiento porque me están jodiendo con una huelga. ¡Qué mejor escarmiento que matarles!
Y así fue. Entraron, descargaron las pistolas ante unos laboralistas perplejos ante aquellos asesinos a los que no habían visto en su vida. Quedó un inmenso charco de sangre. Luego se fueron y tres de ellos, Fernández Cerrá, García Juliá y Lerdo de Tejada, que habían encontrado plaza para aparcar a escasos metros, se fueron a coger el coche. Nunca ninguno de los tres negó que se tomaran una caña de cerveza mientras llegaba la madera con su ruido de sirenas.
Así fue la transición, entre otras cosas, ese popurrí de lo viejo muy viejo y lo viejo disfrazado de nuevo. Hasta ahí la primera parte. Nadie salió corriendo, siguieron viviendo en sus casas, mientras los comunistas trataban de salvarse de lo que amenazaba una razzia, que a más de a uno se le ocurrió y era posible. Figuraba de ministro del Interior, como no podía ser menos, Rodolfo Martín Villa, el ciego, sordo y mudo manipulador de la transición. La maquinaria de la represión no se puso en marcha hasta pasadas muchas horas de la matanza. Aquellos arrogantes del patriotismo franquista no tenían nada que temer hasta que les advirtieron que la sangre corrida era mucha y que las cosas amenazaban cambio. La mayoría ni se inmutaron. La policía política del franquismo y ellos eran uña y carne, en este sentido nada había cambiado y no iba a ser Martín Villa quien les diera un curso de adaptación.
Pero matar abogados no es lo mismo que asesinar albañiles. No está bien decirlo, pero es una verdad incontrovertible. Y los abogados se movieron en la que fue la segunda parte de la matanza de Atocha. La primera se situó en el Ministerio del Interior y el audaz demócrata Martín Villa, en pleno tránsito, con Rosón de gobernador civil de Madrid, entendió aunque muy despacio que había que cortar con aquello. Que no se limitaba a meter a Carrillo en los despachos de la dirección general de Seguridad y preguntarle si le gustaba más España o el plomizo cielo de París. Ahora se iniciaba la segunda parte y luego otra tercera, hasta que se ocupó la semana entera de enero.
Había que encontrar una puerta de escape a los asesinos. Entre ellos había hijos y parientes de personajes notables. El Bernard de las supuestas Manos Limpias andaba por ahí, entre el Sindicato del Transporte, Fuerza Nueva y la familia Tejada. Como toda nuestra historia de los últimos años, es un pozo sin fondo, eso que algunos llaman, en culto, sentina o pozo ciego, y el común alcantarilla. No apareció que yo recuerde la singularidad de que “las manos limpias” fueran colegas de las manos sangrientas; no es que la gente haya olvidado, es que sencillamente nadie quiso contarlo"




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