martes, 17 de enero de 2017

A mi Andalucía




"Maimónides y Averroes 

La  cultura  judía  y  la  cultura  musulmana  habían  florecido,  juntas,  en  la España de los califas.
Dos  sabios,  Maimónides,  judío,  y  Averroes,  musulmán,  nacieron  casi  al mismo tiempo, en Córdoba, en el siglo doce, y fueron caminantes de los mismos caminos.
Los dos fueron médicos.
El sultán de Egipto fue paciente de Maimónides y Averroes cuidó la salud del califa de Córdoba, sin olvidar jamás que, según escribió, la mayoría de las muertes ocurre por causa de la medicina.
Los dos fueron, también, juristas.
Maimónides ordenó la ley hebrea, hasta entonces dispersa, y dio coherencia y unidad a los muchos escritos de los rabinos que se habían ocupado del tema.
Averroes fue la máxima autoridad judicial de toda la Andalucía musulmana y sus sentencias sentaron jurisprudencia, durante siglos, en el derecho islámico. 
Y los dos fueron filósofos.
Maimónides escribió la «Guía de perplejos», para ayudar a los judíos, que habían  descubierto  la  filosofía  griega  gracias  a  las traducciones  árabes,  a superar la contradicción entre la razón y la fe.
Esa contradicción condenó a Averroes. Los fundamentalistas lo acusaron de poner  la  razón  humana  por  encima  de  la  revelación  divina.  Para  colmo,  él  se negaba a limitar el ejercicio de la razón a la mitad masculina de la humanidad, y decía  que  en  algunas  naciones  islámicas  las  mujeres parecían  vegetales.  Pagó pena de exilio.
Ninguno de los dos murió en la ciudad donde había nacido. Maimónides en  El  Cairo,  Averroes  en  Marrakech.  

Una  mula  llevó  a  Averroes  de  vuelta  a Córdoba. La mula cargó su cuerpo y sus libros prohibidos"
 

"Piedra 

Cuando  el  triunfante  poder  católico  invadió  la  mezquita  de  Córdoba, rompió la mitad de las mil columnas que tenía y la llenó de santos sufrientes. Catedral de Córdoba es, ahora, su nombre oficial, pero nadie la llama así.
Es  la  Mezquita.  Este  bosque  de  columnas  de  piedra,  las  columnas  que sobrevivieron, sigue siendo un templo musulmán, aunque estén prohibidas las plegarias a Alá.
En  el  centro  ceremonial,  en  el  espacio  sagrado,  hay una  gran  piedra desnuda.
Los curas la dejaron estar.
Creyeron que era muda"
 


"El agua y la luz 

Allá por el mil seiscientos y algo, el escultor Luis de la Peña quiso esculpir la luz. En su taller, en una callecita de Granada,  se pasó la vida queriendo, y no pudiendo.
Nunca  se  le  ocurrió  alzar  la  mirada.  Allá  en  lo  alto  de  la  colina  de  tierra roja, otros artistas habían esculpido la luz, y el agua también. 
En las torres y en los jardines de la Alhambra, corona del reino musulmán, esos artistas habían hecho posible la hazaña imposible.
La  Alhambra  no  es  una  escultura  quieta.  Respira  y  juega  los  juegos  del agua y de la luz, que se divierten encontrándose: luz viva, agua que viaja"

 Eduardo Galeano  Espejos. Una historia casi universal


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