“En los países democráticos no se percibe la naturaleza violenta de la economía, mientras que en los países autoritarios lo que no se percibe es la naturaleza económica de la violencia”
Bertolt Brecht

"Hay que aprender de los errores del siglo XX y superarlos. El capitalismo no lo ha hecho. Los socialistas deben hacerlo"
Tariq Ali

"La cuestión no es mercado sí o mercado no, es qué espacio tenemos que concederle al mercado para que tenga efectos positivos y qué espacio tenemos que quitarle para que no tenga efectos negativos"
César Rendueles ("Capitalismo canalla" antídoto para "Los enemigos del comercio" de A. Escohotado)

"Los poderosos siempre han perseguido a los alfabetizadores, a los que paraban las balas con columnas de periódico, a los que hacían escudos con libros cargados de metáforas y razones. También a los que han hecho visibles a los invisibles, a los que enseñan a decir no con una sonrisa y también a los que enseñan desde el monte a recordar que no hay que vivir de rodillas"
J.C. Monedero

Qué son los PsyOps: "Los daños que causan las PsyOps [Operaciones Psicológicas] se reflejan en la aparición de cambios en el plano cognitivo y mental (...) Toda operación militar, y por tanto toda operación psicológica, tiene que contar con una cadena de mando. El análisis detallado de los mensajes a través de Twitter y Facebook ha permitido descubrir «nodos de red», o sea estados mayores implicados en la operación. Estos están entrenados en el uso de métodos de control de las multitudes para crear una situación de contagio entre individuos de diferentes medios y orígenes. De esa manera, los estados mayores logran localizar fácilmente los «repetidores de opinión», o sea los individuos que influyen sobre los demás. Los especialistas pueden entonces optar entre informarlos sobre el proyecto o mantenerlos en la ignorancia de lo que está sucediendo"
Valentin Vasilescu (experto en inteligencia militar)

"Gozamos de tres bienes de valor incalculable. La libertad de conciencia, la libertad de palabra y la prudencia de no usar nunca ninguna de las dos". Mark Twain.


miércoles, 7 de noviembre de 2018

Carta Magna contra la distopía en curso


 De hecho, como comenta Chomsky tantas veces, La carta del bosque es el origen de la mitología de Robin Hood, lo mismo que sigue inspirando trabajos como el de la nobel Elinor Ostrom sobre la mayor eficiencia de la gestión colectiva de los recursos comunes frente a su explotación privada.
 
Pablo Elorduy:

"La Carta Magna y la Carta del Bosque son documentos del siglo XIII, nacidos de la rebelión de los campesinos ingleses frente al despotismo del rey Juan sin Tierra. La Carta del Bosque protegió el derecho al usufructo de los bienes comunes del bosque —leña, setas, pastos o agua—, mientras que la Carta Magna blindaba los derechos civiles. Son documentos que aportaron principios de organización política y económica y han contrarrestado durante siglos el poder de la oligarquía en el sistema político británico.
En el comienzo del siglo XXI, “Internet se ha convertido directamente en un medio económico absorbiendo el social”, explicaba recientemente a este periódico Tiziana Terranova, teórica de las tecnologías de la información. 
Como reconocimiento de esa realidad, Tim Berners-Lee, creador del protocolo HTTP (en 1989) y, por tanto, considerado uno de los fundadores de internet, ha impulsado una campaña para la creación de una “Carta Magna para la web”. Berners-Lee propone en The Guardian un nuevo contrato social que sirva para corregir un rumbo que dirige a la humanidad “en un sentido distópico”, según sus palabras.
Los abusos, prejuicios, las fake news y otras técnicas de manipulación han tomado el relevo de los principios que inspiraron el nacimiento de internet, dice Berners-Lee. Por eso, este científico de la computación, insta a que en mayo de 2019 se ponga en pie esa Carta Magna, que exige de los Estados que se garantice el libre acceso a la red en todo el mundo, con la salvaguarda de la privacidad de los usuarios como objetivo primordial.
Las multinacionales, por su parte, estarían obligadas a garantizar la accesibilidad a precios asumibles, la protección de los datos y el principio de que internet es, antes que nada, un bien común. Las personas que usan internet —en primavera de 2019 será la mitad de la población mundial— tienen en su mano crear comunidades que respeten los derechos civiles y la dignidad humana.

El internet de las multinacionales

La campaña For the Web ha sido vista por las grandes compañías de la comunicación como un escaparate para contrarrestar el efecto negativo de su actividad sospechosa. Tanto Google como Facebook se han sumado a la iniciativa de Berners-Lee, pese a que éste es crítico con la forma en la que operan las grandes plataformas.
Sacudido por el impacto de Cambridge Analytica y sus campañas de anuncios y fake news con sesgo racista, Facebook ha modificado sus parámetros para reducir su carga de “desinformación” en la campaña de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos. Sin embargo, las últimas elecciones de Brasil, que han dado la victoria a Jair Bolsonaro, han estado asimismo marcadas por la huella de las fake news, en esta ocasión a través de WhatsApp —empresa que pertenece a Facebook—. 
Frente al callejón sin salida que plantea la actual dependencia de las GAFAM (acrónimo de Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) y la proliferación a través de estas plataformas de desinformación o campañas tóxicas, movimientos por la neutralidad de la red como la francesa La Quadrature du Net proponen un recuestionamiento general de la “economía de la atención”. Si los gobiernos quieren regular la web, afirman desde este colectivo, “no deben limitarse a la hora de imponer más obligaciones a los gigantes de la Web. Para proporcionar una reforma profunda, (...) deben ser constructivos y alentar el desarrollo de la regulación descentralizada”.

EL INTERNET DEL COMÚN

“Se podría que detrás de un internet fuertemente corporativizado e impulsado por el mercado hay un internet virtual para el común”, explica Terranova. “En cada lugar donde hay una corporación situada hay una forma potencial de que las cosas funcionen de otra manera, que no esté regida por el doble principio de mercado y empresa”.
Para esta teórica, “la cuestión consiste en encontrar el común en estos espacios y también pensar en que la lógica se pueda invertir”. Algo que en este momento, según señala, sería “una tarea imposible porque el poder de estas corporaciones parece muy grande pero es importante ver, por un lado, el recorrido de nuestros deseos de autonomía, de actividades económicas libres, de cómo invertir las lógicas de las corporaciones y qué tipo de políticas transformadoras a nivel global se pueden requerir para que ese modelo del común y estas nuevas clases de subjetividades no competitivas sustituyan al mercado y al sistema actual”."


lunes, 5 de noviembre de 2018

La ¿evitable? ascensión de Arturo Ui


El lumpencapitalismo de Donald Trump, magníficamente relatado por Samuel Farber, más allá de la superficialidad de los análisis psicológicos del personaje, delinean el aire de los tiempos. Cuando los jerarcas de los grandes negocios, como en los años 20 y 30, se acogen políticamente al lumpen para mantener sus beneficios en los propios términos del lumpen, algo que tan bien relató Bertolt Brecht en su El evitable ascenso de Arturo Ui. Tanto al lumpen proletario comandado por Orbanes, Salvinis y Bolsonaros, como al capitalista simbolizado por alguien como Trump y sus círculos de grandes timadores y coleccionistas de grandes pufos. En España precisamente aflora hoy todo ese lumpencapitalismo cañí imbricado en las esferas del Estado que nunca dejó de ser el trasfondo de país, desde la cúspide heredada hacia abajo. En tiempos de aislamiento político y criminalización de quienes demandan democracia, aunque solo sea porque dudan de que exista ya otro lado hacia el que mirar. Una labor quijotesca que se enfrenta contra gigantes que en su bajeza insondable lo son por soplar aspas de una gran maquinaria de prensar pensamiento y humanidad.

"El casino
Existe una ofensiva reaccionaria motivada por la crisis estructural que se origina en la financiarización. Este modelo de acumulación logra extorsionar al mundo productivo mediante la exigencia de rentabilidades solo alcanzables mediante la brutal precarización, la flexibilidad y la caída del poder adquisitivo de los salarios. La trampa radica en que el capital productivo se fuga hacia paraísos fiscales exigiendo que el mundo del trabajo maximice la explotación para poder competir con la rentabilidad ofrecida por su lógica rentística.
Su expresión más violenta son los fondos buitre defendidos por equipos de abogados expertos en guerras jurídicas dispuestos a saquear las arcas estatales de los países que se endeudan con apoyo del FMI y las élites locales. Por su parte, los Macri, Temer, Piñera y otros se ven beneficiados con cuantiosas comisiones (provenientes de la emisión de títulos de deuda) y sobre todo con la expectativa de convertirse en futuros CEOs de las empresas transnacionales que adquirirán las destrozadas redes productivas locales, mediante inversiones ínfimas
Camisas pardas.
Los movimientos reaccionarios siempre han sido el resultado del intento de democratización de las sociedades y del desafío a los sectores privilegiados. Frente a Espartaco en Roma, a la irrupción de los trabajadores en 1870 o en 1917, y/o a la conformación del peronismo de la década del ’40, los poderes fácticos se aliaron con el objetivo de ahogar cualquier posibilidad de darle cabida o continuidad a la extensión de la equidad y la libertad. Todos los procesos de reacción responden al miedo que sienten los sectores del privilegio a perder el control del tablero: Bolsonaro y el resto de las derechas en el mundo irrumpen como expresión desesperada ante los posibles avances de los sectores democráticos.
Quienes los votan han sido cooptados por el terror ante la invasión de los extraños, a quienes se presenta como los responsables de amenazar aquello que se ha conquistado: el ultraliberalismo produce las condiciones de la marginalidad y la violencia y se ofrece para solucionar el problema con mano dura, homofobia, misoginia y etiquetamientos variados. El temor sistémico es inoculado a través de murmuraciones repetidas por los medios hegemónicos que instigan a la aceptación inmediata de respuestas rápidas y crueles. En forma paralela, el delito, el narcotráfico y la imbricación de los organismos de seguridad en los entramados oscuros del poder mafioso, aumentan con los efectos del ultraliberalismo y la falta de proyectos sociales colectivos esperanzadores.
Meteorología.
Las convocatorias a la violencia de Estado son exitosas cuando existe una ciudadanía carente de conciencia crítica, y al mismo tiempo ajena a los procesos de participación democrática cotidiana. Los climas reaccionarios necesitan fabricar enemigos internos y externos y de ser posible combinarlos. Pueden ser elegidos entre los más débiles y vulnerables con la condición de despertar desconfianzas generalizadas: migrantes, nacionalidades foráneas o portadores de características étnicas o fenotípicas suelen ser las víctimas prioritarias. Estos etiquetamientos son útiles para ocultar el proceso de deterioro que generan las políticas de acrecentamiento de la riqueza. Al instigar al odio hacia un enemigo se busca cambiar el eje del debate real sobre la producción material cultural y simbólica de las crisis que sus políticas producen.
Bienes.
La inclusión social expresada en el consumo aparece como una paradoja: el neoliberalismo excluye al tiempo que sus opositores, los sectores progresistas, intentan expandir el mercado interno. Cuando esto último sucede, los incluidos se desesperan por conservar lo que han adquirido y se identifican con facilidad con los discursos privatistas y discriminatorios. Desprecian a quienes están subsidiados por el Estado, porque los consideran competidores ilegítimos de su ascenso social (...)
Cualquier oposición del tipo productivista, que pretenda limitar la especulación y valorizar el trabajo, será acusada de populista y descalificada en los altares bienpensantes del poder mundial. El modelo de democracia al que se puede acceder, aquel que autorizan, sólo es el que se ofrece como funcional a la financierización extorsiva.
Aniquilamiento
La lógica del mercado busca exterminar a la política porque ese es el único territorio donde las grandes mayorías pueden lograr la democratización de algo. Solo la remanida voluntad general o su versión remasterizada, el poder popular, pueden hacerle frente"

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=248594



viernes, 2 de noviembre de 2018

Dialécticas de la Ilustración


Económicamente, la tasa de rendimiento decreciente del beneficio, enunciada por Marx, que empujó al capital a la financiarización irrestricta, destructiva a medio plazo, crepuscular y de enloquecida acumulación, y a colonizar los nichos de lo público en busca de nuevos mercados a costa de las mayorías.
Geopolíticamente, el colapso del bloque soviético en su incapacidad para transicionar hacia la economía intensiva, tecnológica, eliminando el contrapeso que daba fuerza al mundo del trabajo occidental.
Y fue el totalitarismo triunfante sobre las conciencias, exponenciado por la reciente explosión tecnológica del consumo y el control de masas: los prisioneros platónicos de la caverna encadenados a las sombras en pantalla ni se olieron el crack financiero y apenas intuyen hoy sin conceptos, instintivamente, el colapso civilizacional y ecológico. 
La política, las sombras que arrojan los grandes negocios sobre la sociedad, nos remarcaba el filósofo Dewey la caverna platónica. Negocios que claman guerra y declive general para el resto, que anuncian de nuevo fascismo a tumba abierta para su prosecución.
Parte esencial de estas cadenas platónicas, escamotear el pensamiento causal respecto a los fenómenos sociales en el conjunto de la población. Tiempo mítico de reptilianos, ovnis, tierraplanistas, Illuminati ¿qué pensamiento político podemos demandarle tanto a bipartidistas irredentos, hoy desnortados, como a los grupos sociales desterrados progresivamente, crisis tras crisis?
   

"Desde principios de los ochenta, cuando en la mayoría de Europa se habían conseguido niveles de bienestar considerables, comenzó un periodo de aburguesamiento acrítico creciente - el aumento del nivel de vida no fue acompañado por un crecimiento similar del nivel de cultura- que coincidió con la derechización progresiva de los partidos que hasta entonces habían representado a las clases trabajadoras. Como dice Naomi Klein, fue durante esa década que se impuso en toda Europa, y en todo el mundo, la idea de que la única política económica factible era la ultraliberal que habían diseñado y experimentado en Chile Milton Friedman y sus discípulos con la previa intervención armada de Estados Unidos. La izquierda admitió que no había alternativa, que el monetarismo y las políticas de austeridad, que la eliminación de la progresividad fiscal, que las privatizaciones de los servicios públicos, que el achicamiento del Estado hasta reducirlo a un mero policía al servicio de los intereses de las clases pudientes, formaban también parte de su programa de gobierno, de su manera de manejar la cosas del común. Esa política terrible, comenzó a tener resultados funestos a partir de la crisis de los noventa, pero catastróficos después de la crisis de 2008 (...)
La aceptación por parte de los partidos de izquierda con posibilidad de gobernar de políticas y hábitos que no le eran propios por mor del pragmatismo, de la política de lo posible, la consideración del ejercicio de la política como un triunfo, un premio personal, y no como una dedicación al interés general, fue creando una desafección creciente en una ciudadanía que había conseguido ya muchos derechos y que empezó a ver que nadie los defendía con la contundencia necesaria, que lo que llamaban reformas no eran tales sino contrarreformas encaminadas a disolver esos derechos en favor de los más pudientes. Las sucesivas crisis económicas contribuyeron a dejar a capas de la población cada vez mayores fuera del sistema, viviendo de sus migajas, sobreviviendo de mala manera, y, por primera vez en mucho tiempo, temiendo al futuro, al propio y al de sus descendientes. Si las políticas desarrolladas por un partido democristiano incidían muy negativamente sobre la mayoría de la población, las implementadas por los partidos socialdemócratas no servían para paliar los daños hechos por aquellas, antes al contrario, en muchos casos, las profundizaban aunque para disimular ampliasen tímidamente las coberturas sociales. Claro, si las alternativas de gobierno, de políticas económicas se reducen a lo epidérmico, si partidos en teoría antagónicos son capaces de formar gobiernos de coalición, si nadie se preocupa por lo que pasa a los más desfavorecidos, éstos, cada vez más embrutecidos por las políticas educativas y los medios audiovisuales, optan por tirarse al monte, y es entonces cuando surge masivamente lo que Marx denominó lumpen-proletariado, una clase que no tiene conciencia de tal y que se siente cómoda al lado de los poderosos, esperando un retal de su magnanimidad, una clase que está compuesta por excluidos, marginados y empobrecidos, pero también por burgueses que temen y recelan de los poderes que han cercenado sus aspiraciones de ascenso y las de sus hijos. En El 18 Brumario de Luis Bonaparte, escribía Marx: “Bajo el pretexto de crear una sociedad de beneficencia, se organizó al lumpenproletariado de París en secciones secretas, cada una de ellas dirigida por agentes bonapartistas y un general bonapartista a la cabeza de todas" (...)
Siguiendo a Marx, escribía Gramsci que además de esos factores, para que triunfase el fascismo era imprescindible que se hubiese llegado a una “crisis de hegemonía”, es decir a la pérdida de confianza de los gobernados en la burguesía que detenta el poder, hecho que llevaría a muchos gobernados a creer en las soluciones personales, en el hombre providencial, en el bruto, en el macho alfa que, paradójicamente, terminará siendo su verdugo. Si a eso añadimos el temor cateto y patético de muchas pueblos a perder sus señas de identidad, de ser agredidos en sus esencias inmaculadas, de estar en vísperas de una invasión como aquellas que protagonizaron los bárbaros, más la corrupción creciente en muchos países, tenemos el campo sembrado para el fascismo, que es la máxima expresión del capitalismo"



jueves, 1 de noviembre de 2018

Filosofía para qué II


"El trumpismo refleja una “respuesta ultraderechista a la crisis mundial que abarca un neoliberalismo autoritario al lado de una movilización neofascista de los sectores descontentos, y a menudo nativistas, de la clase obrera. Sin embargo, este neoliberalismo represivo termina con restringir aún más el mercado y por lo tanto agrava la crisis subyacente de la sobreacumulación.”
Como variantes concretas para deshacer el entuerto se ensaya la acumulación militarizada. “Las guerras contra las drogas y el terrorismo, la construcción de los muros fronterizos, la expansión de los complejos prisión-industrial, los regímenes de deportación, los aparatos policiacos, militares y de seguridad, se convierten en mayores fuentes de generación de ganancias promovidas por el Estado. El presupuesto del Pentágono se incrementó 91 por ciento en términos reales entre 1998 y 2011, mientras las ganancias de la industria militar casi se cuadruplicaron.” W. I. Robinson


Hay que tomar medidas para contrarrestar la concentración de poder de los medios de comunicación de derecha en Latinoamerica  Noam Chomsky en su visita al encarcelado Lula


"Pensar, sacar conclusiones, recapacitar con profundidad, según se dice, nos define. De ahí que somos "seres racionales". Pero inmediatamente se reconoce que es más fácil no pensar sino seguir la corriente, repetir, creer lo que otros han pensado.
Sin dudas el ser humano tiene ese don maravilloso, especialísimo, que es la inteligencia. Gracias a ella desde hace ya unos cuantos años (unos tres millones) venimos distanciándonos cada vez más de nuestros antepasados animales y mejoramos nuestras condiciones de vida. Ningún animal trabaja, modifica su medio ambiente natural, piensa. Esa es la sublime diferencia del anthropos. ¿Qué compañero de la escala zoológica hace eso? Ninguno. Los humanos somos los únicos seres pensantes del planeta.
Todo ser humano, aún el más tonto, tiene un cociente intelectual que ni el más inteligente de los monos está cerca de alcanzar. Pero… en realidad es cuestionable que todos pensamos. Si entendemos "pensar" por hacer uso de funciones intelectuales simbólicas que no tienen ni las plantas ni los animales, entonces sí, pensamos. Pero si lo entendemos como "crear nuevos conocimientos", "sacar conclusiones", "hacer transpirar las neuronas", entonces no estaríamos tan seguros que todos pensamos. En todo caso, es ahí donde se hace evidente la máxima de los teólogos medievales: pensamos un poco, pero en general la experiencia humana nos confronta con un pensamiento que producen algunos pocos (los factores de poder) y que las grandes mayorías repiten, pues no piensan, limitándose a creer lo pensado por otros, ¡aunque sea absurdo!
Las religiones sirven para eso. No sólo ellas: el discurso común, reproductor de la ideología dominante, también. Desde el poder, de lo que se trata es de no permitir pensar, de hacer repetir perpetuamente e inducir creer "lo que se debe creer, aunque sea absurdo". Sin dudas, nuestra humana condición da para eso: somos manipulables, conservadores, miedosos (...) Es más fácil seguir la corriente que nadar contra ella.
¿Por qué gana en Brasil Jair Bolsonaro, un representante de las más recalcitrante derecha conservadora, atrasada, homofóbica, autoritaria, patriarcal y machista, visceralmente anticomunista? Porque la lucha ideológica llevada adelante por el capital supo manipular adecuadamente a las grandes masas, confundiéndolas, atontándolas. El caballito de batalla de la lucha contra la corrupción supo hacer lo suyo. Como dijera Scalabrini Ortiz: “Nuestra ignorancia está planificada por una gran sabiduría”.
Pero no todo está perdido. Si bien la civilización se construye sobre la base de esta mansedumbre generalizada, también existe la posibilidad de cambiar. Aunque así funcionamos, también el cambio es posible. Si no lo fuera, aún seguiríamos aterrorizados por el látigo del amo esclavista, o por el relámpago de las tormentas. Y eso ya no es así.
Pensar no es fácil, puesto que implica cuestionar lo que uno mismo es. Pensar con sentido crítico, creativo, yendo contra la corriente, no es lo que el poder alienta. Pero, sin embargo, aunque el prototipo de ciudadano universal es un manso repetidor (el "hombre-masa" para decirlo rápidamente, Homero Simpson como caricatura contemporánea), también es posible romper ataduras. Las tendencias progresistas, cualquiera sea (la ciencia moderna en sus albores –por lo que fue condenada–, cualquier movimiento de vanguardia, el pensamiento socialista, el arte innovador, etc...) piensan, y marcan nuevos rumbos.
Aunque sea difícil, asuste, meta en problemas, también es posible pensar. De eso se trata en definitiva si nos tomamos en serio aquello de "otro mundo posible". Aunque esté algo "pasado de moda", es oportuno retomar y poner en práctica aquellas enseñanzas de ese furioso volcán de pensamiento crítico que fue el mayo francés de 1968: "la imaginación al poder" (...) 
Es posible –¡y necesario!– romper esas ataduras. Reconociendo que pensar no es fácil y que toda la matriz social está preparada para que no lo hagamos, de todos modos ¡sigamos pensando críticamente!"



sábado, 27 de octubre de 2018

De lo que vuelve como si no se hubiera ido


Guillermo Almeyra:

"Desde hace casi un siglo –desde mediados de los 30 hasta hoy- el mundo está hundido en la barbarie, se acostumbra a ella, la naturaliza. En las mentes de todos pesan diariamente todos los horrores, los millones de muertos de la colectivización forzada en la Unión Soviética, los goulags, los campos de concentración nazis y el Holocausto que exterminó millones de discapacitados, gitanos, comunistas y judíos o los 30 millones de muertos en la última guerra mundial o la monstruosa matanza de civiles en Hiroshima y Nagasaki.
Aplastado el nazifascismo, siguieron las matanzas de los imperialistas franceses en Argelia, Túnez, Madagascar e Indochina, la guerra salvaje de Estados Unidos contra los vietnamitas, las destrucciones resultantes de la guerra de Corea y la guerra en Argelia que eliminó un décimo de la población nativa, la ocupación de Palestina con su brutalidad y racismo cotidianos, los 500 mil muertos en Ruanda y Burundi en conflictos sociales atizados por el imperialismo. La TV presenta entre una y otra noticia frívola o de crónica los migrantes ahogados y náufragos y recuerda Tlatelolco, Ayotzinapa o muestra las continuas amenazas nucleares de Trump y la espantosa situación humanitaria en Yemen por las bombas de Arabia Saudita.
El capitalismo, que se afirmó con el genocidio en la India y en América, ha extremado su carácter criminal en estos dos últimos siglos. Hoy marcha abiertamente hacia una catástrofe ambiental provocada por la avaricia y el desprecio a la Naturaleza y a los seres humanos o hacia una guerra nuclear intercontinental que pondría en riesgo la existencia misma de miles de especies, entre ellas, la humana. 
Culturalmente, las sangrientas series televisivas y las películas de terror así como buena parte de la literatura popular y el auge de las religiones apocalípticas, son sólo un exorcismo contra el horror y la muerte violenta que nos rodean.
Socialmente, las nuevas clases medias reúnen una miríada de trabajadores en los servicios y de asalariados precarios de todo tipo y pequeños propietarios rurales (que en Brasil se identifican con los latifundistas improductivos cuyas tierras ocupa el Movimiento de los Sin Tierra). Los artesanos y pequeños empresarios y comerciantes minoristas generalmente tienen distinto color que sus clientes pobres y temen la delincuencia violenta protagonizada por muchos más negros y mulatos que caucásicos pues éstos monopolizan en cambio la gran delincuencia de guante blanco que evade al fisco, exporta capitales o explota miles de personas y los medios de información marcan el primer tipo de delincuentes y ocultan el otro.
Esa polvareda humana, al igual que los pequeños propietarios rurales, no forma comunidades ni tiene solidaridad. Todos se sienten solos, compiten entre sí y, sobre todo, ven como peligro principal la pobreza y temen caer a las filas proletarias pues los profesionales sin clientes, los comerciantes al borde de la quiebra, los estudiantes sin futuro o los empleados precarios viven en la incertidumbre. Por eso vuelcan su odio contra los más pobres mientras envidian a los obreros que se defienden colectivamente con sus sindicatos y sus luchas.
El fascismo y el nazismo eran hijos del liberalismo, imponían el orden de los cementerios pero criticaban al capital financiero y ofrecían demagógicamente ventajas sociales para competir con la esperanza en el orden anticapitalista, socialista, porque millones de trabajadores daban entonces su vida por una esperanza en una sociedad justa y libre y creían posible esa alternativa. Por su parte, los liberales democráticos aún tenían margen para mantener la democracia formal.
Hoy, en cambio, en una crisis que no terminó y que va a rebotar fuerte a corto plazo, todos los Estados utilizan cada vez más métodos fascistas y, en los menos estables, se desarrollan movimientos racistas y nacionalistas fascistoides que han abandonado la retórica anticapitalista y que son ultraliberales en lo económico y ultrarreaccionarios en lo social.
Los trabajadores resisten heroicamente y sus formas de lucha presagian grandes estallidos sociales en algunos países. Pero los combates aún no están coordinados, la solidaridad internacional es incipiente y las luchas por sí mismas no ofrecen un proyecto de sociedad alternativa, una esperanza creíble, una utopía posible.
En escala mundial sin embargo existen miles de ejemplos positivos de comunitarismo, solidaridad, anticapitalismo, desde las autonomías indígenas, las autodefensas, las policías comunitarias, las fábricas en autogestión, las huelgas de enteras pequeñas ciudades en defensa de obreros despedidos, las ocupaciones de tierras, la solidaridad popular con los emigrados en Italia, Francia, Alemania, Argentina, México.
Pero los sindicatos combativos no crean ni una televisión propia que informe, analice, dé ejemplos, eduque en forma alternativa ni utilizan la red social para organizar. Por eso en un país como Brasil un racista declarado como Jaír Bolsonaro puede ser presidente"



jueves, 25 de octubre de 2018

De oligarquías disfuncionales estos lodos


Lo cierto es que la solución ofrecida aquí, la compra de bonos, no deja de ser una huida financiera hacia adelante, porque es el trasfondo estructural defectuoso, superoligárquico, lo que nos aboca al precipicio, pese a las soluciones coyunturales. Que precisamente prorrogando el auténtico problema exponencian su explosividad y profundidad, para que nos detone en todo su esplendor. 

Entrevista a AdamTooze, historiador:
 
"Esto se va a ver en próximas fechas: los Demócratas Socialistas de América (DSA) han multiplicado por diez su militancia en solo 18 meses; mucha gente de la generación de mi hija, de dieciocho años, declara abiertamente formar parte de esta corriente.
En un Estado como Nueva York, como saben que los demócratas tienen la victoria asegurada, han ejercido una enorme presión para que el gobernador rinda cuentas sobre su política de género. Se han percatado de que, tal y como están las cosas, las luchas locales son importantísimas; y cuando digo local, se me debe entender bien, ya que Nueva York es un estado mucho mayor que muchos de la Unión Europea, una economía importantísima y una de las mayores ciudades del mundo.
El cómo se afrontan las políticas relativas a las leyes laborales, los salarios, el bienestar o los derechos de las mujeres tiene una enorme importancia para la izquierda; así es como las políticas progresistas emergieron a finales del siglo XIX. No van a ser nunca hegemónicos en todo el país, porque el sur es un mundo en sí mismo, pero los Estados, que tienen muchas competencias, van a constituir el próximo campo de batalla.
¿Sigue amenazada la eurozona? ¿Es de los que auguran pocos años a la zona euro?
Bueno, no quiero formar parte de esa corriente euroescéptica, pero quienes afirman que en la eurozona se camina hacia la integración bancaria se engañan. Y el problema, no lo olvidemos, es Italia, que es como diez veces Grecia en términos de deuda. Hasta que no tengamos la seguridad de que el Banco Central Europeo va a actuar en épocas de crisis como un banco central normal, no podremos dejar de pensar que vienen momentos terribles.
La Eurozona vuelve a estar en aguas turbulentas y, además, de manera innecesaria, porque todo lo que haría falta sería que el BCE se comprometiera explícitamente a comprar bonos en situaciones de emergencia. Inglaterra, que estaba mucho peor que la Eurozona en el momento álgido de la crisis, con un déficit que ridiculizaba al griego, consiguió estabilizarse comprando bonos…
Los obstáculos son de carácter político: Ben Bernanke, en la Reserva Federal, demostró que esos cambios se pueden hacer de manera muy rápida en tiempos de crisis. ¿Pero cuál es el principal obstáculo? ¡Es Alemania! Alemania dice que el BCE no puede perseguir inflación moderada y pleno empleo. Para hacer el euro vetaron ampliar el mandato del banco, y va a ser dificilísimo convencerles.
En el año 2011, todo el mundo: el FMI, EEUU, los chinos, todos los banqueros, etc., creían que el BCE tenía que comprar los bonos de los países en mayores dificultades. ¿Y los mercados no querían precisamente eso también? ¡Si estaban gritando que querían que el BCE los comprara! Porque es muy difícil ganar dinero de manera sostenible sin un banco central estabilizando la economía. Y Angela Merkel se limitaba a afirmar que el Bundesbank no se lo iba a permitir… Y lo curioso es quién escribió la constitución de la República Federal Alemana: los Estados Unidos en 1947, creando el banco central independiente y este tipo de reglas.
Esta trayectoria por parte del Banco Central Europeo ha permitido que nazca la ultraderechista AfD, que por supuesto engorda con la crisis de los refugiados. Y es que hay un ala de la derecha alemana que se va a desvivir literalmente por que siga habiendo políticas monetarias únicamente anti inflacionistas, y representan un riesgo para todo moderado que quiera hacer concesiones. Si el euro sobrevive, lo hará como lo ha hecho hasta ahora con Mario Draghi, con operaciones a escondidas y al margen de los mandatos oficiales.
¿Puede ser Italia nuestro Lehman Brothers?
Es muchísimo más. Si entras en contacto con altos cargos del ministerio de Finanzas alemán te das cuenta de que tienen en su agenda un espacio reservado a la inminente crisis italiana. Hay una crisis prevista, y si no se produce ahora, se arrastrará durante años.
Italia necesita unos tipos de interés ínfimos para ser fiscalmente sostenible; a largo plazo es muy difícil que lo consiga, porque en cuanto estos superen el 3% se produce el pánico: al volverse insostenibles, los tipos se disparan, por ejemplo, desde el 2,7% al 6%, afectando al resto de los países, por supuesto. Por este camino, no se va a llegar de ningún modo a una situación de estabilidad.
¿De todo lo sucedido estos años no se deduce que vivamos bajo oligarquías?
Una oligarquía con rasgos democráticos podría ser una descripción razonable, efectivamente. Tienes que ser enormemente rico para tener alguna opción en política en Estados Unidos, esto es precisamente lo que la corriente socialista democrática está denunciando. Los candidatos con dinero los superan abrumadoramente y, además, las televisiones y los medios añaden mensajes muy negativos sobre los que se encuentran en los márgenes, lo que produce muchas dudas entre la gente.
Sería totalmente justo describir a la sociedad norteamericana de esta manera, y muchos politólogos críticos ya lo han hecho. La zona euro, para colmo, es una oligarquía mal organizada, disfuncional; al menos, con la de los EE.UU. los ciudadanos consiguen mayores niveles de empleo"
 
 
 

martes, 23 de octubre de 2018

Filosofía para qué


"El espejismo del camino hacia la libertad se convierte en un nuevo camino -más sutil- hacia otra forma de esclavitud. Un camino al que, nos tememos, la Filosofía puede ayudar si es entendida acríticamente como “pensamiento crítico”. Nuestra segunda razón para pensar que la afirmación de la UNESCO ha de ser matizada es más pedestre. El currículo sobrecargado y, en el caso de 2º de Bachillerato, los exámenes de acceso a la universidad, impiden dar a la materia cualquier enfoque crítico. Respecto a lo primero, es cierto que el Ministerio de Educación ha declarado “que el currículo español está sobrecargado y es excesivo”, pero la situación actual hace imposible -si se quiere cumplir la ley a pies juntillas- dejar espacio al alumnado para el análisis crítico de los temas que se tratan en el aula. Si se quiere “cumplir con el temario”, las clases acaban siendo todo menos un debate crítico y reflexivo y se convierten en una retahíla de teorías descontextualizadas y faltas de sentido para el alumnado. La costumbre de evaluar los conocimientos a través de exámenes memorísticos tampoco ayuda, desde luego. Un problema que se agrava en relación a la Historia de la Filosofía, respecto a la cual hay que sumar el hecho de que si no tratas tal historia según el modelo dominante reflejado en los libros de texto, el alumnado no tiene garantías de que sus respuestas serán bien valoradas en las pruebas de acceso a la universidad.
Una perspectiva crítica respecto a lo que es y ha sido la Filosofía y un cambio profundo en lo que consideramos “aprendizaje” y en los métodos de evaluación utilizados -si consideramos necesario “evaluar” al alumnado- se nos antojan como únicos caminos posibles para superar estos límites pedagógicos. 
¿De qué “pensamiento crítico” estamos hablando?
Pero, ¿qué papel juega en nuestras sociedades lo que habitualmente se entiende por “pensamiento crítico” como para que partidos políticos de claras raíces autoritarias -junto a otros más o menos progresistas- aboguen ahora unánimemente por su presencia en la escuela a través de la Filosofía?
En una sociedad -y una escuela- individualista como la nuestra el pensamiento crítico refleja en muchas ocasiones más un acto de afirmación de la propia individualidad frente a lo colectivo que un elemento que nos una en la lucha contra el pensamiento dominante. No se busca, por tanto, la construcción de una subjetividad teórica -y mucho menos práctica- desde la que, colectivamente, construir alternativas a las ofrecidas por el poder. Se busca, más bien, la glorificación de la individualidad como elemento diferenciador respecto al resto de la masa, impidiendo el desarrollo real de alternativas colectivas cuya potencialidad sea creíble por la ciudadanía.
A este respecto, Zygmunt Bauman nos advertía en Modernidad líquida (1999) que en la actualidad “estamos quizá mucho más ‘predispuestos críticamente’, más atrevidos e intransigentes en nuestra crítica de lo que nuestros ancestros pudieron estarlo en su vida diaria, pero nuestra crítica, por así decirlo, ‘no tiene dientes’, es incapaz de producir efectos en el programa establecido para nuestras opciones de ‘políticas de vida’”. De tal manera que la “individualización” nacida del pensamiento moderno desemboca en “la corrosión y la lenta desintegración del concepto de ciudadanía”.
El espíritu crítico es, por tanto, seña de identidad de nuestras sociedades, pero entendido de tal manera que sirve más para la desafección respecto de la posibilidad de construir colectivamente un futuro diferente que para la construcción real del mismo.
La vuelta de la Filosofía a las condiciones previas a la aprobación de la LOMCE es, sin duda, una buena noticia. Pero, lejos de suponer un cambio profundo en las estructuras de poder que operan en la escuela, puede ayudar a afianzarlas si consideramos que el “pensamiento crítico” es su terreno “natural” y exclusivo. Este debería ser la seña de identidad de todo proceso educativo si la escuela quiere dejar de adoctrinar en las verdades eternas (de cualquier tipo) en las que se sustenta el poder. Hasta qué punto el Estado tiene verdadero interés en que eso suceda es desde luego muy cuestionable.
Mientras tanto, y a pesar de los peligros y dificultades, seguiremos tratando a la Filosofía no como no una disciplina académica ni mucho menos como una asignatura concreta, sino como un modo colectivo de enfrentarse al poder, de ser, como decía Nietzsche, “la mala conciencia de su época”."

https://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/sobre-la-filosofia-en-las-aulas-una-perspectiva-critica

sábado, 20 de octubre de 2018

Disculpas ininteligibles

 
La qunsulia para descuartizar periodistas, claro que sí. Claman las televisiones árabes junto con las occidentales.
Murió por error en una discusión, dice el poder saudí que envió a la guardia real armada de sierras eléctricas, claro que sí. Reformismo a tope el del príncipe heredero, según escribían los colegas del despedazado en el Washington Post. Como se trataba además de un periodista de la elite, afín a otras facciones de la familia real, repercute mucho más que los yemeníes que el descuartizador descuartiza desde hace tiempo.
El rey español lo abraza, las empresas españolas lo arman y veneran a alta velocidad cortesana a la Meca. Y de pronto la hipocresía política española se horroriza. Pero qué horror Cuba y Venezuela, se enrocan aún algunos, siempre afines a las cloacas monárquico-empresariales del poder español.
Junto al escuadronista de la muerte Bolsonaro y al descuartizador israelí de niños desarmados: triple alianza de monstruos la de Trump, señala el sociólogo Petras. El heredero saudí lo fiaba todo al parecer a la irrestricta capacidad de posverdad de Trump, pero no pudo ser. Esto lo hubiera sabido antes un niño andaluz de diez años que cualquier exministra del PP, qué duda cabe, o que cualquier vendedor de armas y corbetas del PSOE tras ganarse un dinerito sobre Abengoa usando información privilegiada, hoy solucionando la mala imagen exterior por el tema catalán. 
Entretanto, como señala Armanian, Madeleine Albright, la gran criminal de guerra de estas décadas, satisfecha de pagar el precio de dos millones de niños a viva voz con Clinton, de destruir Yugoslavia o alimentar el genocidio de millones a machetazos en Ruanda mientras nos decía que apenas existía, se pone en el lado de los buenos y llama fascista a Trump.
Esos raros momentos en que no hay como ponerse del lado de la razón para evitar marearse en el baile de los equívocos y los farfullos de disculpa ininteligibles.
 
 
 

jueves, 18 de octubre de 2018

No es no a la guerra


Nazanín Armanian:
 
"Mientras las fuerzas de derecha lanzaban el “Diálogo de civilizaciones/religiones” para paliar las consecuencias de las guerras, la izquierda casi desaparece del mapa, y aquí algunos motivos:
  1. La frustración generada por “no poder hacer nada” ante el poderío del militarismo.
  2. Los promotores de las guerras, aprendiendo de la experiencia de Irak, las empezaran a vender como “humanitarias” (Libia), “contra el terrorismo”, utilizando el 11-S (Afganistán, Mali), e incluso simplemente las ocultaran como la de Yemen.
  3. Utilizar a mercenarios alias “contratados” de distintos países en vez de enviar a los soldados propios de la “Mili”. Así, no habrá una “avalancha de féretros” y por ende, protestas de familiares. España suele contratar a los latinoamericanos: Entre el 2007 y el 2016, doce de ellos han muerto vistiendo el uniforme del Ejército Español en las misiones internacionales. Según el periodista Miguel González, en 2012 había 3.591 latinoamericanos en los cuarteles de España. Unos mil euros y los “papeles” previamente retenidos, son toda una tentación para los jóvenes que huyen de la pobreza, también organizada previamente.
  4. La privatización de los ejércitos y el auge de empresas reclutadoras de lumpen proletariado dispuesto a matar y morir por dinero, como la Contra nicaragüense, Al Qaeda (y sus filiales “Estado Islámico”, “Muyahedines” “Rebeldes” etc.), Blackwater (ahora Xe Services), etc. En Siria, los grupos yihadistas sunnitas y sus facciones defienden los intereses de Turquía, EEUU, Israel, Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Qatar; el grupo chiita Fatemiyun es contratado por Irán, y Wagner por Rusia.
  5. Los grandes medios de comunicación ya censuran las imágenes del sufrimiento de los civiles en las guerras bajo el pretexto de “no herir la sensibilidad de la audiencia”, y en su lugar transmiten vídeos de militares repartiendo caramelos entre los niños, que no abusando de ellos. Han “deshumanizado” a las víctimas, llamándoles “daños colaterales”. Bajo lemas de “apoyar a las tropas”, han amordazado hasta a algunos líderes de izquierda, que llegan a mandar saludos navideños con videoconferencia a unos compatriotas armados hasta los dientes que han se han apoderado de la tierra de otras naciones.
  6. Presentar la “resistencia” en los países agredidos, como Talibán, “Yihadismo”, etc. impidiendo suscitar simpatía con la nación atacada y la verdadera resistencia.
  7. El que Rusia y China -considerados por un sector de la izquierda “países enemigos de EEUU” no vetaran la agresión de la OTAN a Libia, o que Rusia participara en la guerra de Siria.
  8. La confusión existente en los escenarios de guerra, al no saber quién es “el bueno” y quién “el malo”: EEUU arma a los kurdos para que luchen contra Daesh, mientras arma a Daesh para que desmantele al Estado sirio y, de paso, viole a las mujeres kurdas, árabes, turcomanas, etc. ¡Eso sí, después se premiará con un Nobel de la paz a una de ellas por sobrevivir a la violación y esclavitud!
  9. Existe un sector del progresismo convencido de poder convertir una guerra en una revolución social, poniendo el ejemplo de la Revolución de Octubre del 1917 de Rusia. Algo imposible hoy, teniendo en cuenta el poderío militar devastador de los países imperialistas. Intervenir en una guerra en nombre del progreso es hoy no es una estupidez, sino es una estafa.
  10. Centrarse en manifestaciones y denuncias, descuidando un trabajo continuo de concienciación de los ciudadanos y mostrar los motivos y las consecuencias de las guerras contra otros seres humanos. Se puede preguntar qué hace España en Mali, por ejemplo, o en Afganistán y en el Líbano. ¿Cuál es su grado de implicación en la muerte de decenas de miles de sirios y yemeníes?, entre otras preguntas (...)
Lo que podemos hacer
Ya que el chollo de la interminable “guerra contra el terror” y luchar contra los “Estados canalla” promete alcanzar nuevas naciones y otra década, es primordial crear un amplio movimiento antimilitarista:
  1. Convertir el “No a la guerra, bajo ninguna bandera, ni denominación y concepto” en un principio inamovible, al igual que el “no a la tortura”.
  2. Relacionar lo local con lo global: recordar a la población que es imposible construir una sociedad justa participando en la matanza de otros pueblos, y cerrar los ojos a los crímenes que se hace a nuestro nombre.
  3. Señalar que el objetivo de las actuales guerras no es un “cambio de régimen” (podrían hacerlo como antaño con golpes de estado o magnicidios), eliminando a Bin Laden, Asad, Sadam o Gadafi, sino colonizar países estratégicos.
  4. Dejar de llamar “democrático” al Estado que participa en la matanza de millones de personas “extranjeras”. Martin Luther King acusó al gobierno de los EEUU de ser el “el mayor proveedor de violencia en el mundo“.
  5. Revelar que con el millón de euros que cuesta un misil Tomahawk se podría evitar la muerte de algunos de los 100.000 niños que hoy se morirán de hambre. Donald Trump, que ha creado un gabinete para nuevas guerras, intenta que sus socios de la OTAN paguen más y pongan más carne de cañón. El gasto militar de EEUU, unos 603.000 millones de dólares en 2018, es equivalente a la suma de las siguientes 14 potencias; ha tenido un aumento de 25.000 millones con respecto al año 2017, tendrá otro de 16.000 millones para el 2019, recortando los fondos para vivienda pública, atención médica y educación, medio ambiente, etc.
España ha destinado 32.000 millones de euros al gasto militar y al control social en 2018, según el Grupo Antimilitarista Tortuga, lo que supone un incremento del 10,7% respecto al año anterior (unos 80 millones al día), mientras 10,2 millones de personas (el 22,3% de la población) viven por debajo del umbral de la pobreza.
  1. La educación para la paz en el colegio, para que en el futuro nadie sea capaz de manipularles, enviándoles a poner bombas o lanzar misiles para eliminar a otros seres humanos.
  2. Invitar al movimiento ecologista como parte de esta lucha: cantidad de bombas descargadas sobre Irak desde 1991, y sobre Afganistán desde 1980 hasta ahora, no sólo ha sepultado a cientos de miles de personas, sino ha contaminado la tierra, el agua y el aire, y ha producido daños medioambientales de graves consecuencias para el planeta. Dichos países han sido cementerios de uranio empobrecido y terrenos para probar nuevos artefactos bélicos.
  3. Trabajar con los inmigrantes, ya que un importante sector ha huido de las guerras y conflictos armados.
  4. Integrar al poderoso movimiento feminista: las mujeres aquí y allá son de las principales perjudicadas por el militarismo.
  5. Implicar a organismos mundiales existentes para un cambio positivo basado en la cooperación y la responsabilidad entre los estados.
  6. Insistir en el consumismo ético: no al petróleo de otras naciones, ni a su coltán, a cualquier precio"
https://www.rebelion.org/noticia.php?id=247885

martes, 16 de octubre de 2018

De monstruos en nuestro jardín


El filósofo Santiago Alba:

"Hay algo así como una fuga organizada, colectiva, del silencio, en cuyos abismos tratamos de no caer por todos los medios. ¿De qué está lleno el silencio?

 El silencio está lleno de… palabras. De toda la chatarrería común, de todos los tópicos y toda la hojarasca que nos ha metido el mundo. Pero está lleno también de todas las palabras que no queremos escuchar; de esas palabras socráticas contra las que se levanta, por ejemplo, la así llamada “industria del entretenimiento”, pensada para evitar el silencio y el aburrimiento, para “proletarizar el ocio” e impedir todos los procesos de individuación que tienen que ver con la memoria personal, pero también con la diferencia creativa. La música comienza en el silencio; la polis en el aburrimiento. Una sociedad en la que está prohibido el aburrimiento, matriz de todos los inventos, madre de todos los “vicios”, es una sociedad en peligro de muerte. Más aún si se repara en el hecho de que esos procedimientos materiales de fuga organizada –del turismo a las nuevas tecnologías– erosionan al mismo tiempo la conciencia y el planeta.

Estoy totalmente de acuerdo cuando afirmas: “Lo que me parece mal –está mal– es que nuestras leyes no nos defiendan, nuestras instituciones no nos protejan, y nuestros parlamentarios no nos representen, y que, por este motivo, hayamos desconfiado no de nuestros secuestradores, sino de la política misma”.

En efecto, el problema no son las leyes, a condición de que las hayamos decidido nosotros y sean justas; ni las instituciones, a condición de que sirvan para proteger a los ciudadanos; ni los parlamentos, a condición de que realmente nos representen. El problema, en definitiva, no es la democracia sino su ausencia o deficiencia. Tenemos que tener mucho cuidado a la hora de distinguir las palabras y las cosas; y no confundir a las élites que minan nuestras democracias con la democracia misma. Ese es el camino por el que ha transitado siempre el fascismo, el caudillismo, el autoritarismo. Tenemos que defender la democracia tanto de los “demócratas” como de los antidemócratas.

¿Y la juventud? El pensamiento hegemónico refiere que “ninguna generación ha vivido mejor”. Creo que con toda la razón, contraargumentas que “tampoco ninguna ha tenido menos perspectivas de futuro. Pero no solo eso: quieren ser tratados como mayores de edad, y solo pueden serlo chocando objetivamente contra el mercado. Hay revueltas del pan y revueltas contra las golosinas, y las dos revelan el límite del capitalismo”. 

La idea misma de ciudadanía se asocia, desde la Ilustración, al acceso por parte de la humanidad, según la expresión de Kant, a la “mayoría de edad”. Las dictaduras siempre han tratado políticamente a los ciudadanos –y por eso no son ciudadanos– como a “niños”. Pero también los trata como a niños, desde un punto de vista antropológico, el capitalismo consumista. Nos soborna con mercancías baratas, con gadgets tecnológicos y televisión basura. Los jóvenes de las “revoluciones árabes” se rebelaron contra las dictaduras que los infantilizaban; los del 15M contra la minoría de edad de los mercados: “no somos mercancías”. El año 2011 fue un momento de reivindicación global de ciudadanía por parte de juventudes de diferentes países que vivían situaciones políticas distintas, pero bajo un imaginario común; un momento de reivindicación democrática de ciudadanía revertido trágica y rápidamente. La advertencia, en todo caso, es clara: o se deja a los jóvenes acceder a “la mayoría de edad”, dándoles medios económicos y políticos de participación en la vida pública, o sus revueltas adquirirán formas cada vez más identitarias y violentas.

“ Si no fuese colonialismo, el turismo sería en todo caso mala educación”. No puedo dejar de pensar en que el “Forum de las Culturas de Barcelona” se hizo de espaldas a la Mina, para que los clientes de los hoteles no vieran la miseria y el abandono histórico de este barrio.

En otro de mis libros hablaba del turismo como de una “mirada caníbal”, la expresión más banal, más placentera, más inocente de esa prolongación del aparato digestivo en que hemos convertido la reproducción de la vida en Occidente. Hay motivos ecológicos para comer menos carne; y hay motivos ecológicos, culturales y políticos para viajar menos. Desde un punto de vista material, el planeta no puede permitirse 90 millones de vuelos al año; y no hay que olvidar que, mientras son unos pocos millones de personas las que se desplazan del sur al norte para buscar trabajo o huir de la guerra –y tropiezan con todo tipo de obstáculos– son 1000 millones las que lo hacen del norte al sur, sin que nadie las detenga, para hacerse una fotografía. Este segundo tipo de desplazamiento, destructivo ecológicamente hablando, es difícilmente justificable en términos culturales: la industria del turismo convierte el desplazamiento en lo contrario de un “viaje”; lo contrario –es decir– de una experiencia individual transformadora. Los inmigrantes y refugiados son individuos y viajan; los turistas forman colectivos abstractos protegidos por pasaportes privilegiados y se limitan a consumir experiencias manufacturadas. Estas experiencias manufacturadas, por lo demás, exigen la adaptación de países enteros –con sus economías y gobiernos– a las necesidades de esos colectivos abstractos, con lo que eso implica de recolonización permanente de los recursos y de marginación de las poblaciones. Digamos que la relación con el otro se ha turistizado de tal manera que los occidentales tratamos siempre a los extranjeros más pobres como si fueran inmigrantes o refugiados, y ello tanto en nuestras metrópolis, donde aumentan el racismo y la islamofobia, como en sus países de origen, en los que contemplamos su pobreza como exótica o merecida y su disposición a servirnos como jerárquicamente natural. Nos lo comemos todo: también las imágenes del mundo y los seres humanos que lo pueblan. Vivir antes era un viaje; y lo sigue siendo para los más desgraciados. Para nosotros es una visita guiada; y entre nuestros derechos se encuentra el de ver a alguien muriendo desde la ventanilla.

“El capitalismo ha hecho realidad todas las utopías de la izquierda, pero volteándolas en pesadillas…” Me recuerda las reflexiones de Bifo, devorar lo antagónico para devolverlo en forma de mercancía…

Esa es la primera utopía que el capitalismo hace realidad como distopía: el viejo mito de la cornucopia, el cuerno de la abundancia de los cuentos de hadas, soñado desde hace miles de años por todos los pueblos de la tierra, verificado por fin pero trasladado a una forma –la mercancía– en que esa riqueza que inunda el planeta resulta al mismo tiempo inasible y mal repartida. El capitalismo –insitía Marx– ha producido más y mejor que ningún otro orden económico anterior. El resultado es una pesadilla muy parecida a la de Tántalo en el Hades griego: muerto de sed y sumergido en el agua hasta el cuello sin poder beber. Las mercancías no son “cosas” –pues ni se usan ni mueren– y además están desigualmente distribuidas. Nunca hubo tanta desigualdad entre un señor feudal y su vasallo, ni económica ni cultural, como la que existe hoy entre Bill Gates y un vecino de Móstoles (...) 
 
Se ha producido una subversión de la vieja y clasista memoria estereotípica de la humanidad: “No solo los gitanos, los extranjeros, los pobres, son peligrosos. Cualquiera –tú mismo– puede ser un monstruo. La normalidad misma es monstruosa...”
Antes, en efecto, “los otros” estaban lejos: bárbaros, extraterrestres, extranjeros. Hoy somos nosotros mismos; o viven en nuestro propio edificio. La cultura de la desconfianza cultivada por la soltería mercantil obliga a estar alerta en las cercanías: puedo estar casado con un monstruo que entierra a sus víctimas en mi jardín. La normalidad se ha vuelto sospechosa mientras la lejanía –la de las élites que firman acuerdos secretos en despachos cerrados– nos resulta tranquilizadora. Cualquiera puede ser un monstruo, salvo los que nos gobiernan o nos roban nuestros ahorros (...)

¿Cómo podemos explicar la barbarie en el Mediterráneo? ¿Cómo detener la acumulación de cadáveres en la fosa común? ¿Hay esperanza en un espacio potencial a un lado y otro de “miserias y resistencias compartidas”?

Ocurre que los europeos, sujetos morales normales, están al mismo tiempo interesados en cerrar los ojos. En cada uno de ellos se libra una batalla ininterrumpida entre la moral y el interés. Y entonces llegan los gobiernos y los partidos políticos e inclinan la balanza. ¿Qué hacen? Nos autorizan a anteponer el interés a la moral: es justo, es legítimo, es más “francés” o más “húngaro”. Este proceso de “autorización de la indiferencia” lo hemos vivido en otros periodos de nuestra historia. Por eso yo hablo de un Weimar global en el que la pérdida de credibilidad de la democracia, unida a una severa crisis económica, convierte a los europeos en “refugiados”. Porque son ellos –nosotros– los verdaderos refugiados. Si refugiarse quiere decir –según su etimología– “huir hacia atrás”, no son los sirios o los afganos los que buscan “refugio” sino los gobiernos y los ciudadanos europeos, de vuelta a los años 30 del siglo pasado para construir un enemigo que, mitad dentro mitad al otro lado del mar, fija los límites de los derechos humanos “universales”: “los españoles primero”. En 2011, como decía antes, hubo una posibilidad de democratización común del mediterráneo. Su derrota ha llenado el mediterráneo de cadáveres y Europa de protofascistas.

Para terminar, es elocuente y paradigmático el paralelismo que planteas entre los actuales refugiados y migrantes con la llegada de los “bárbaros”, como paradoja de la decadencia de la civilización occidental.

Sólo un pacto entre los “refugiados” del interior y los “bárbaros” que presionan en nuestras fronteras; sólo un pacto basado en los Derechos Humanos podrá evitar que –como ya está ocurriendo– unos y otros se radicalicen: neofascistas y yihadistas, mezclados ya en los territorios, un poco indiscernibles entre sí, acelerando el proceso de desdemocratización global. Si el capitalismo es, además de un orden económico, una civilización y está en decadencia, el postcapitalismo puede ser aún peor: una generalización de la barbarie –tribal, identitaria, religiosa– en un mundo de “armas nucleares sin fronteras”. Nunca ha sido más necesaria la política como defensa común de la fragilidad compartida (...)
Mi convicción es que, en efecto, el particularismo tribal europeo no sólo ha robado vidas y riquezas sino que nos ha robado un legado universal: la razón con sus límites, la sensibilidad con sus grilletes de flores, el Estado de Derecho, el republicanismo, los Derechos Humanos, el laicismo, el feminismo plural, todos esos milimétricos progresos que, contra el colonialismo, el patriarcado y el capitalismo, ha hecho la Humanidad en su conjunto. Puede que la humanidad la hayan definido hombres blancos ricos y heterosexuales, pero hay que preguntarse si la han definido de tal manera que valga la pena ampliar sus límites a las mujeres, los “negros”, los homosexuales, etc. (como se extendió el derecho al voto a las mujeres y a los más pobres)"

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=247340

viernes, 12 de octubre de 2018

Este desfile es una ruina

 
Y coronado por una casa real en máximos de descrédito en las encuestas, descartado el CIS que prefiere no preguntar, según nos cuentan. En Cataluña lo dicen bien clarito, y eso aún escandaliza a una clase política cortesana y sobreactuada en Madrid. ¿Qué mejor manera de representar la Hispanidad, en efecto? 
 
"Pere Ortega, presidente del Centro Delàs de Estudios por la Paz, denuncia “categóricamente” cómo muchos de los vehículos militares que se exhibirán en la Castellana solo sirven para este desfile y el de las fuerzas armadas, que tiene lugar en torno al 30 de mayo. Aviones y blindados que, indica Ortega, “nunca han sido utilizados ni nunca serán utilizados: lo máximo que hemos sacado son dos o tres aviones en las repúblicas bálticas, hemos sacado media docena de blindados que han ido a Polonia a no se sabe bien qué y nada más”.
Armas con un único efecto “disuasorio” que se lucen dos días al año y que después son conservadas en costosos hangares para evitar la oxidación. A pesar de ello, las compras continúan. “¿Cómo se puede justificar delante de la población gastarse cada año cuatro o cinco mil millones en armamento para solo sacarlo el día del desfile?”, se pregunta Ortega (...)
 Los aliados de la OTAN se han comprometido a aumentar la inversión de Defensa hasta el 2% de sus respectivos productos interiores brutos. En el caso de España, esto supondría un aumento desde el actual 0,9% del PIB hasta más del doble. Pero hay matices. Desde hace años, una serie de partidas militares se ocultan en las partidas de otros Ministerios.
Los cálculos oscilan entre los diez mil y los 15.000 millones de euros que estima el colectivo antimilitarista Tortuga. Ortega explica que en ese gasto no computado se encuentran partidas como la Seguridad Social de los militares, las ayudas de I+D a la industria militar, las pensiones de guerra de damnificados de la Guerra Civil o transferencias extraordinarias a Defensa que suponen mil millones de euros anuales.“Si sumamos todos, el presupuesto real estaría en torno a los 20.000 millones de euros, pero, como ellos no lo suman —indica Pere Ortega—, hay que añadir 15.000 millones para cumplir el objetivo del 2% del PIB”. En todo caso, el plazo para llegar a ese procentaje llega hasta 2024, con lo que el Ejecutivo actual no tiene que hacer un esprint para adecuar sus objetivos, sino continuar con la carrera de fondo, en marcha desde el inicio de la llamada recuperación económica.
Ortega espera un anuncio por parte del Gobierno en línea continuista, es decir, un incremento de mil millones en adelante para el presupuesto de 2019. Un aumento en el que también influye la “herencia recibida” en forma de Programas Especiales de Armamento, que cada año suponen una cancelación de créditos recibidos por la industria de aproximadamente 1.500 millones de euros por parte del Estado.
“Lo primero que nos tenemos que preguntar es para qué queremos unas fuerzas armadas sobredimensionadas, con tanto armamento”, indica Pere Ortega. “Una vez resuelta esa gran pregunta tendría sentido tener unas fuerzas armadas de acuerdo con las amenazas reales del Estado español, pero esa pregunta no se la hacen porque consideran, por inercia del pasado, que tenemos que tener unos ejércitos enormes para prevenir posibles ataques del exterior cuando eso ya no tiene ningún sentido en el siglo XXI”.
En 1961, Dwight Eisenhower, en sus últimas horas como presidente, hizo un raro alegato instando a que los consejos de Gobierno evitaran “la compra de influencias injustificadas, ya sea buscadas o no, por el complejo industrial-militar”. Ese discurso sirvió para acuñar la fórmula complejo industrial-militar, única beneficiaria, según Ortega de las políticas de Defensa destinadas al aumento del arsenal en España.
Quienes hacen caja con desfiles como el del 12 de octubre, apunta Ortega, “son los accionistas de esas industrias, que viven de una política de Defensa que ellos coartan con su presión como lobby para que se siga haciendo armamento”. El último ejemplo de esa labor “de lobby” ha sido la movilización de trabajadores de Navantia, que cerró, a favor de la industria armamentística, el conflicto sobre las corbetas vendidas a Arabia Saudí.
Una presión que impide el estudio serio de la reconversión del sector industrial armamentístico en otras actividades acordes con los problemas derivados del cambio climático y la crisis larga del modelo productivo. “Sigue habiendo una dependencia de este tipo de industria y el Estado español la sigue beneficiando, ¿para qué? para adquirir unos armamentos que no sabemos para qué sirven”, concluye Ortega"


 
 

jueves, 11 de octubre de 2018

De esperanzas a largo y corto plazo

 
Un new New Deal, la solución en abstracto mientras no exista potencia social que le ponga el cascabel al gato de las instituciones internacionales: en su lugar la impotencia social engorda al león del autoritarismo fascista:
 
Yanis Varoufakis:
 
"¿Puede el futuro ser más brillante? Sí, claro que sí. Recientemente, junto con Bernie Sanders, hicimos un llamado a un Internacional Progresista para que haga una campaña por un New Deal internacional, un nuevo Bretton Woods. ¿Qué significaría eso en la práctica? Aquí hay tres ejemplos de lo que eso significaría:
Un programa de inversión verde a gran escala mediante el cual poner el exceso global de ahorros al servicio de algo útil: Sería equivalente a un New Deal internacional, tomando prestado del plan de Franklin D. Roosevelt la idea básica de movilizar dinero privado inactivo para fines públicos. Pero en lugar de programas de impuestos y gastos a nivel de las economías nacionales, esto debe ser administrado por una asociación multilateral de bancos centrales (como la Reserva Federal, el Banco Central Europeo y otros) y bancos de inversión pública (como el Banco Mundial, El Banco de Desarrollo de Alemania, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, etc.). Bajo los auspicios y la dirección de, digamos, el FMI, incluso la OCDE (!), los bancos de inversión podrían emitir bonos de manera coordinada, que estos bancos centrales estarían listos para comprar, si fuera necesario. De esta manera, el conjunto disponible de ahorros globales proporcionaría los fondos para inversiones importantes en los empleos, las regiones, los proyectos de salud y educación y las tecnologías verdes que la humanidad necesita.
Tratados de comercio justo, basados en el salario mínimo vital para los países pobres y un plan de garantía de empleo para las regiones desfavorecidas de los países más ricos: Para ilustrar que los aranceles no son la mejor manera de proteger a nuestros trabajadores, ya que en su mayoría enriquecen a las oligarquías locales. Debemos hacer campaña para que los acuerdos comerciales que comprometen a los gobiernos de los países más pobres a legislar los salarios mínimos de vida para sus trabajadores y los gobiernos de los países más ricos para legislar un salario mínimo vital para las regiones desfavorecidas, para que las comunidades puedan ser revividas en países más ricos y más pobres a la vez.
Un nuevo sistema monetario internacional: una unión mundial de compensación de capital y comercio. La tarea aquí es reequilibrar el comercio y crear un fondo de riqueza internacional para financiar programas para aliviar la pobreza, desarrollar el capital humano, apoyar a las comunidades marginadas e invertir en la transición verde en todo el mundo, y no solo en el mundo en desarrollo sino también en los cinturones industriales de Estados Unidos y Europa.
Mientras mantienen sus propias monedas y sus bancos centrales, los miembros del nuevo Bretton Woods acordarían denominar todos los pagos en una unidad contable común, llamémoslo Kosmos (K), una moneda digital común que debe emitir y regular el FMI, la base de un libro contable digital distribuido de forma transparente y un algoritmo que ajustaría el suministro total de Ks de una manera previamente acordada al volumen del comercio mundial, todo lo cual se denominará en K unidades (...)
El suministro de K se ejecutará sobre la base de reglas simples y automatizadas que impulsan el suministro global de K en momentos de desaceleración global, minimizan el poder discrecional de los políticos y los burócratas, regulan en gran medida las transacciones del sector financiero en Ks y mantienen los desequilibrios comerciales y de capital bajo control usando dos instrumentos:
El gravamen: un gravamen por desequilibrio comercial que se cargará anualmente a la cuenta K de cada banco central en proporción a su déficit o superávit de cuenta corriente y se pagará en un Fondo de riqueza común.
El cargo: las instituciones financieras privadas pagarán una tarifa de "aumento" en el mismo Fondo en proporción al aumento repentino de flujos de capital fuera de un país, que recuerda la subida de precios por congestión que las empresas como Uber cobran a sus clientes en momentos de pico de tráfico (...)
 De repente, a través del Fondo Común, el mundo habrá adquirido, sin la necesidad de ningún capital suscrito, un Fondo Global Soberano mediante el cual financiar programas para aliviar la pobreza, desarrollar capital humano, apoyar a comunidades marginadas e invertir en la Transición Verde en todo el mundo, y no solo en el mundo en desarrollo sino también en las zonas desfavorecidas de Estados Unidos y Europa.
Conclusión
2008 fue una llamada de emergencia que cayó en oídos sordos. El mundo en 2018 es más precario que en 2007. Las finanzas continúan succionando el oxígeno de los trabajadores creativos, las corporaciones infra-invierten en las cosas que la humanidad necesita, la mayoría de la gente afronta perspectivas de vida menguantes en un mercado laboral uberizado, y la política democrática está siendo envenenada por la fijación del establishment por el inane business as usual y la creciente y triunfante Internacional nacionalista y xenófoba. Sólo una Internacional progresista, que haga campaña por un New Deal internacional como el que aquí describimos, puede inspirar la esperanza del futuro"
 
 
 
 
Hoy por hoy el único movimiento social capaz de frenar a Trump. Aunque hasta ahora no bastó el feminismo clasista y reductivo de clase media, el que se negó a cooperar con Black Lives Matter en aquellas marchas:
 
David Brooks
 
"El cineasta y activista Michael Moore alerta que todo está en juego en esta próxima elección intermedia, y que si la oposición a Trump no logra el triunfo esta podría ser la última elección libre en este país.
Después de la histórica Marcha de Mujeres que enfrentó a Trump el primer día de su presidencia, el estallamiento de movimiento #MeToo que está tumbando a hombres poderosos en todos los ámbitos, en esta elección hay un número sin precedente de mujeres candidatas al Congreso y otros puestos de elección.
Tal vez las mujeres podrán rescatar al país de este precipicio el 6 de noviembre en las elecciones intermedias donde toda la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y varias gubernaturas están en juego"

 http://rebelion.org/noticia.php?id=247582
 
 

martes, 9 de octubre de 2018

Irrelevantemente algoritmizados


«Tal vez el inconsciente colectivo de Jung o las ideas sintéticas a priori que, según Platón, flotan en las esferas como arquetipos no eran otra cosa que el Internet. Esos pensamientos y sueños comunes forman nubes compactas en suspensión que pueden ser descargadas de nuevo como una lluvia sobre otros cerebros apretando otra tecla. Quien sepa manipularla tendrá todo el poder de este mundo (…). Al final de la historia quedará una sola verdad con una sola tecla bajo el impulso de un solo dedo. Esa verdad nos hará libres. Enter».
(Manuel Vicent: «Enter», publicado en El País el 6 de marzo de 2011)
«No hay ningún obstáculo para hacer un registro eficiente de todo el conocimiento humano, de las ideas y de los éxitos, para crear una memoria mundial completa para toda la humanidad».
(H. G. Wells: El cerebro mundial)
 
Lo celebran con uno de sus simpáticos doodle; ya saben, esa imagen animada mediante la que el archifamoso motor de búsqueda de internet señala algún acontecimiento digno de ser remarcado. Esta vez les ha tocado a ellos, o a él, a Google, la en la práctica monopolística puerta de entrada al ilimitado universo de la world wide web, al cumplir su vigésimo cumpleaños.
Carl Sagan, en uno de los capítulos de su ya clásica serie de divulgación científica Cosmos, el titulado «La persistencia de la memoria», enunció una frase que a mí siempre me ha parecido un prodigio a partes iguales de síntesis y verdad. Venía a decir que el viaje evolutivo de la especie humana empezaba en los genes, continuaba en el cerebro y terminaba en los libros. En el encéfalo, más precisamente en la corteza cerebral o neocórtex, la información innata en la que estaban escritos los programas de respuesta de nuestro organismo para sobrevivir en el medio mutaba en información que ya no podía ser transmitida ni conservada mediante la bioquímica del ADN. Para lo primero, el homo sapiens contaba con el instinto del lenguaje (léase a Steven Pinker) y para lo segundo la evolución nos dotó de una nada despreciable memoria. Pero esta facultad cognitiva, conforme el ser humano fue produciendo más y más cantidad de información que convenía fuese compartida y almacenada para que la especie prosperara, se reveló insuficiente. Homo sapiens inventó la escritura, incrementando con ella su potencial de almacenamiento y de acceso a nuevos depósitos de información, mejorando en variedad y cantidad su repertorio de repuestas a los desafíos medioambientales y poniendo las bases para la creación de un medio social que mejoraba ostensiblemente sus posibilidades de supervivencia. La aparición del libro fue un hito de una relevancia inconmensurable que se multiplicó exponencialmente con la imprenta.
Desde entonces, la cantidad de información que producimos no ha hecho sino crecer y crecer, y cada vez a un ritmo mayor. Uno de los críticos de internet con mayor predicamento en la actualidad, Nicholas G. Carr, señala la aparición del invento de Gutenberg como el origen de lo que él denomina «mentalidad literaria», todo un modelo de pensamiento asociado al hábito de la lectura de libros. En su ensayo titulado Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? alude a dos testimonios de hace siglos que ya destacaban la abrumadora avalancha de información generada por la imprenta. La primera referencia corresponde a Richard Burton quien, en su obra maestra de 1628 titulada Anatomía de la melancolía, describe «el vasto caos y la confusión de los libros» a que se enfrentaba el lector del siglo XVII: «Su peso nos oprime, nos duele la vista de leerlos, y los dedos de pasar sus páginas». Años antes, en 1600, Barnaby Rich, otro escritor inglés, se había quejado: «Una de las grandes enfermedades de nuestro tiempo es la proliferación de libros que abruma a un mundo incapaz de digerir la abundancia de materias ociosas que todos los días se dan a la imprenta».
Con el paso del tiempo y el consiguiente aumento exponencial de la producción de información, el problema de dar con un método eficaz para su almacenamiento y diligente recuperación para su uso pertinente se convirtió en un asunto de principal importancia. Durante el siglo XX se desarrollaron soluciones cada vez más elaboradas, sistemáticas y tendentes a la automatización. Las mismas máquinas que habían agravado la sobrecarga de información se contemplaban a partir de la segunda mitad del siglo pasado como el mejor recurso para aliviar el problema. Ya entonces hubo quien temía que el avance científico se pudiese ver frenado por la incapacidad humana para estar al tanto de toda la información relevante que se producía en relación con un determinado ámbito de investigación. El ingeniero electrónico, Vannevar Bush, asesor científico de F.D. Roosevelt, plasmó esa preocupación en un visionario artículo, no exento de polémica, publicado en 1945 en la revista Atlantic Monthly y titulado «As we may think» (Como pudiera pensarse). ¿Su solución? Un nuevo tipo de máquina de catalogación personal a la que puso de nombre «Memex», útil para cualquiera que se rigiese por «los procesos lógicos del pensamiento». Nos asegura Carr que la máquina de Bush es un antecedente del ordenador personal y su sistema lógico de procesamiento de la información predice el sistema hipermedia de la World Wide Web. «Estamos rodeados de la descendencia del Memex», afirma el autor norteamericano, pero niega que estemos siquiera aproximándonos a resolver el problema de la sobrecarga de información.
En su libro de hace cuatro años titulado La señal y el ruido, el exitoso estadístico Nate Silver repara por su cuenta en dicho problema, cuya esencia radica en que la cantidad de información aumenta diariamente en 2,5 trillones de bytes, mientras que la cantidad de información útil no lo hace: «La mayor parte de esa información es sólo ruido y el ruido aumenta mucho más rápido que la señal. Hay una cantidad creciente de hipótesis que analizar y de información que desbrozar, pero la cantidad de verdad objetiva se mantiene relativamente constante». Nuestro cerebro no está filogenéticamente configurado para manejarse en un medio en el que el silencio está literalmente proscrito, y tiende a simplificar y filtrar aquella información que viene a confirmar nuestros prejuicios. Igual que la ingente producción bibliográfica que hizo posible la imprenta no impidió un largo período de enseñoramiento de los sectarismos religiosos que se tradujo en sucesivas guerras de religión en Europa culminadas con la devastadora Guerra de los Treinta Años, hoy sabemos que internet solo por sí mismo no nos salvará de los fanatismos y las pseudociencias (léase mi artículo El secuestro de la mente y la paradoja de internet). Diríase que a sus veloces lomos se propaga con notable éxito la mentalidad de la posverdad. Esto ya lo predijo Alvin Toffler en su libro El shock del futuro (1970).
Según cree Nicholas Carr, la solución no se encontrará nunca en un dispositivo de computación automático, sino en el tiempo que nos demos para pensar. Se requiere paciencia para decantar el tesoro de conocimiento que resulta de la criba del tiempo. Ahora bien, el autor es muy consciente de que corren malos tiempos para pararse a pensar: «Inundados en todo momento por información de interés inmediato, sin más remedio que recurrir a los filtros automáticos, otorgamos instantáneamente privilegios de validez a lo más nuevo y popular. En la Red, los vientos de la opinión se han convertido en un torbellino».
En el enjambre es el elocuente título de un ensayo de hace cinco años del filósofo Byung-Chul Han, en el que aborda, de un modo más propiamente filosófico, la sobrecarga de información. Aquí alude a la enfermedad psíquica que genera en el sujeto sometido a ella, el information fatigue syndrom o IFS, reconocido en 1996 por el psicólogo crítico David Lewis. Quien lo padece «se queja de creciente parálisis de la capacidad analítica, perturbación de la atención, inquietud general o incapacidad de asumir responsabilidades». Difícil pensar si la capacidad analítica se paraliza, pues ¿cómo distinguir lo esencial de lo no esencial? O, en terminología de Nate Silver, la señal del ruido. Para Byung-Chul Han, «el pensamiento es siempre exclusivo», en el sentido de que excluye toda información que no aporte conocimiento. Porque para conocer es menester reflexionar sobre la información recibida, jerarquizar su importancia significativa y buscar principios generales para ordenarla. Concluye este filósofo: «Más información no conduce necesariamente a mejores decisiones. Hoy se atrofia precisamente la facultad superior de juicio por la creciente cantidad de información. Con frecuencia un menos de información produce un más . La negatividad de la omisión y del olvido es productiva. Más información y comunicación no esclarecen el mundo por sí solas. Y la transparencia tampoco lo hace clarividente. El conjunto de información por sí solo no engendra ninguna verdad. No lleva ninguna luz a la oscuridad. Cuanta más información se pone a disposición, más impenetrable se hace el mundo, más aspecto de fantasma adquiere. En un determinado punto, la información ya no es informativa, sino deformativa; la comunicación ya no es comunicativa, sino acumulativa».
Google –según señala Nicholas Carr– trabaja para que sus usuarios tengan veloz acceso a la mayor cantidad de piezas de información de modo que puedan extraer diligentemente su esencia y seamos, así, más productivos como pensadores. Todo se sacrifica al dios de la eficiencia a cuyo servicio se ponen los más potentes algoritmos, para los cuales no existe lo que no es cuantificable. Confiamos en su criterio, que nos es opaco porque ignoramos esos algoritmos, los cuales en todo caso premian a los sitios más visitados del universo de internet, que –claro está– como son los más buscados serán los que aparecerán en los primeros puestos de los resultados de búsqueda, lo que hará que sean más visitados por los internautas alimentándose el bucle de retroalimentación y la polarización entre la información que es visible y la que no. La cuestión es si todo criterio verdaderamente relevante es cuantificable.
Lo que hizo Frederick Winslow Taylor mediante su sistematización del trabajo manual (taylorismo), lo hace actualmente Google para el trabajo mental. Y según declaraciones de sus potentados creadores, de lo que se trata al final es de la construcción de una inteligencia artificial a gran escala. Según refiere Carr, en una entrevista de 2004, Sergey Brin ya tenía claro que «ciertamente, si tuvieses toda la información del mundo incorporada en tu cerebro, o en un cerebro artificial que fuese más listo que tu cerebro, te iría mejor».
¿Cómo sería ese mundo mental en el que se habría proscrito definitivamente el silencio? ¿No se vería dramáticamente afectada la conciencia de un yo inundado permanentemente de información, flotando sin elección en la superficie de un flujo incesante de bits tan denso que le impedirían sumergirse en las profundidades de un pensamiento contemplativo y potencialmente creativo?"