“En los países democráticos no se percibe la naturaleza violenta de la economía, mientras que en los países autoritarios lo que no se percibe es la naturaleza económica de la violencia”
Bertolt Brecht

"Hay que aprender de los errores del siglo XX y superarlos. El capitalismo no lo ha hecho. Los socialistas deben hacerlo"
Tariq Ali

"La cuestión no es mercado sí o mercado no, es qué espacio tenemos que concederle al mercado para que tenga efectos positivos y qué espacio tenemos que quitarle para que no tenga efectos negativos"
César Rendueles ("Capitalismo canalla" antídoto para "Los enemigos del comercio" de A. Escohotado)

"Los poderosos siempre han perseguido a los alfabetizadores, a los que paraban las balas con columnas de periódico, a los que hacían escudos con libros cargados de metáforas y razones. También a los que han hecho visibles a los invisibles, a los que enseñan a decir no con una sonrisa y también a los que enseñan desde el monte a recordar que no hay que vivir de rodillas"
J.C. Monedero

Qué son los PsyOps: "Los daños que causan las PsyOps [Operaciones Psicológicas] se reflejan en la aparición de cambios en el plano cognitivo y mental (...) Toda operación militar, y por tanto toda operación psicológica, tiene que contar con una cadena de mando. El análisis detallado de los mensajes a través de Twitter y Facebook ha permitido descubrir «nodos de red», o sea estados mayores implicados en la operación. Estos están entrenados en el uso de métodos de control de las multitudes para crear una situación de contagio entre individuos de diferentes medios y orígenes. De esa manera, los estados mayores logran localizar fácilmente los «repetidores de opinión», o sea los individuos que influyen sobre los demás. Los especialistas pueden entonces optar entre informarlos sobre el proyecto o mantenerlos en la ignorancia de lo que está sucediendo"
Valentin Vasilescu (experto en inteligencia militar)

"Gozamos de tres bienes de valor incalculable. La libertad de conciencia, la libertad de palabra y la prudencia de no usar nunca ninguna de las dos". Mark Twain.


viernes, 6 de diciembre de 2019

Cumbres en la calle

 
La sociedad civil encaramada por su juventud se manifiesta contra la vigésimoquinta cumbre fallida para salvarnos del clima, encabritado por nuestra actividad industrial depredadora. Tres cuartas partes de ese impacto lo producen cien grandes corporaciones. Los empresarios se ufanan de concienciación apelando a los hábitos de consumo individuales. Llevan razón: sin ellos esas cien empresas no gobernarían el mundo. Y entonces apelar a los gobiernos a secas sería más útil. La clave está  en recusar el propio sistema económico que lo fía todo al beneficio privado de una oligarquía de muy pocos.
Por ejemplo deteriora la educación pública en beneficio de la empresa privada mientras los informes internacionales certifican la degradación de la nueva ley que acatamos ciegamente: cada vez menos alumnos saben ciencias. Pero es que los niveles de lectura y comprensión lectora de las autoridades competentes tampoco remontan por aquí.
El trasfondo es la desigualdad inducida, la acumulación por desposesión de Harvey. Tras la crisis las empresas internacionales se arrojaron como buitres sobre los restos de lo público y común, y derechos como vivienda y sanidad, o el ocio ciudadano, y eso lo agrava todo. La propia huella ecológica de las grandes tecnológicas es inasumible.
Pero tranquilos, el fascismo viene a poner orden en el berenjenal de las protestas.
 

Cumbre del valle de lágrimas


"A medida que la crisis ecológica se profundiza y nos lleva al célebre “punto de inflexión” –que nos aproxima a una catástrofe planetaria– intentan convencernos de que el “reverdecimiento” de la economía mundial nos apartará de un futuro muy negro. De alguna manera, contra toda lógica, hemos adoptado una fe colectiva en la disposición de los gobiernos y las grandes empresas por hacer lo correcto. La huella de carbono se verá drásticamente reducida gracias a una combinación de estratagemas de mercado y tecnologías mágicas. Y, según avance sin complicaciones la mitigación del efecto invernadero, las fuerzas dominantes podrán volver a hacer lo que mejor se les da hacer: entregarse a su religión de acumulación y crecimiento sin límites.
Este escenario tan bellamente adornado resulta ser la más deprimente y paralizante de todas las grandes ilusiones. Y en ningún otro lugar su influencia es más fuerte que allí donde viven los mayores villanos medioambientales: Estados Unidos.
El pomposo Acuerdo del París de 2015 se vendió como la gran esperanza, pero sería más preciso definirlo como un ejercicio bienintencionado de futilidad, algo que el prestigioso climatólogo James Hansen, definió desdeñosamente como “un engaño sin propuestas de acción, solo promesas”. En París, los 200 miembros participantes propusieron la fórmula 20/20/20: reducción de emisiones de carbono del 20 por ciento, incremento de las fuentes de energía renovables del 20 por ciento y aumento de la eficiencia energética general del 20 por ciento. Teóricamente, eso mantendría la temperatura global media a menos de 2 grados (idealmente de 1,5º) por encima del nivel preindustrial.
El problema es que todos los objetivos son voluntarios y no hay mecanismo que obligue a su cumplimiento. Según el Acuerdo de París, cada nación (actualmente las 187 signatarias) determina sus propios planes, establece sus propios resultados e informa de sus iniciativas para la mitigación de carbono. La realidad es que todavía ninguno de esos países ha avanzado en la implementación de metas consistentes con la prescripción 20/20/20, y la mayor parte de ellos se encuentra muy lejos de dicho objetivo. Aunque el presidente Trump ha retirado a EE.UU. del Acuerdo, su huella de carbono resulta no ser peor que la de otros grandes emisores (China, India, Rusia, Japón, Alemania, Canadá o México).
A pesar de que muchas naciones han incrementado su utilización de energías limpias, el aumento del crecimiento económico global ha supuesto un aumento paralelo de las emisiones de carbono: un 1,6 por ciento en 2017, un 2,7 por ciento en 2018, y se anticipan aun mayores incrementos para 2019. La economía fósil se mueve a toda velocidad: las extracciones de petróleo y gas han alcanzado registros históricos y no se espera que vayan a disminuir. Incluso con un aumento significativo de las renovables, como el que se ha producido en China, India, EE.UU. y Europa, se prevé un aumento constante de la huella de carbono por el incremento total del crecimiento económico y el consumo de energía. Los 10 países más contaminantes representan en la actualidad el 67 por ciento del total de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y hay pocos cambios a la vista.
Recientemente, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), un organismo que difícilmente se podría tildar de radical, proyectaba que en 2030 la producción global de combustibles fósiles duplicaría con creces a la cantidad que deberíamos consumir si queremos revertir el calentamiento global. En otras palabras, los acuerdos de París estaban vacíos de contenido. El informe del PNUMA concluía, extrapolando los datos de emisiones de los ocho países más contaminantes, que la “humanidad” avanza por una senda suicida hacia el desastre ecológico marcado por aumentos de temperatura de cuatro grados o quizás más.
En cualquier caso, aunque las principales naciones cumplieran los objetivos 20/20/20, poco cambiaría. En realidad, la suma de todos los compromisos adquiridos en París no mantendría la temperatura por debajo del aumento de dos grados (o más) en las próximas décadas. El consumo global de combustibles fósiles ligado al aumento del crecimiento anularía tales esfuerzos, de manera que las estrategias de mitigación de carbono existentes serían ilusorias. De hecho, muchos observadores aplicados creen que ya es demasiado tarde y que, cargados con el lastre de una herencia de fracaso político, vamos directos hacia un desastre planetario. Oleadas de protestas climáticas por todo el mundo intentan incrementar la indignación pública, pero estas protestas (y otras anteriores) todavía no han generado el tipo de oposición política cohesionada capaz de revertir la crisis. Estamos atrapados en un ciclo de futilidad, una inmovilidad psicológica a la que David Wallace-Wells llama “nihilismo climático” en su libro “El planeta inhóspito” (1). Las protestas masivas que se producen un entorno así no se traducen automáticamente en un cambio de sistema, ni siquiera en reformas de gran calado como las asociadas a los diferentes Green New Deals.
En opinión de escritores como Wallace-Wells, estamos atrapados en un mundo que avanza inexorablemente hacia un aumento de cuatro o cinco grados hacia el final del siglo, si no antes. Este autor concluye afirmando que “si los próximos 30 años de actividad industrial trazan un arco ascendente similar al de los últimos 30 años, regiones enteras serán inhabitables para los estándares actuales”. El cataclismo ecológico asolará grandes regiones de Europa, América del Norte y del Sur. En este escenario, la economía mundial sufrirá tal destrucción que la famosa teoría de la crisis de Karl Marx parecerá tibia. Wallace-Wells añade: “Un calentamiento de tres grados desencadenará un sufrimiento superior al que han experimentado los seres humanos a lo largo de milenios de tensiones, conflictos y guerra total”.
Además de la “actividad industrial”, Wallace-Wells podría haber mencionado el ámbito aún más problemático de la agricultura y la alimentación: ese será el eslabón más débil de un sistema en crisis. En la actualidad, el 80 por ciento del agua dulce se dedica a la agricultura y la ganadería, y la mitad se emplea para la producción de carne. Vivimos en un mundo en el que se necesitan unos de 20.000 litros de agua para producir un kilo de carne de ternera y 685 litros para un litro de leche. La mitad de toda la superficie cultivable se dedica a pastos, y no parece que esta cantidad vaya a disminuir con la industrialización de nuevos países. La huella de carbono de la agricultura destinada a la alimentación animal podría alcanzar el 30 por ciento del total, o incluso más, si consideramos su uso de combustibles fósiles. Dado que más de 2.000 millones de personas se ven actualmente privadas de agua y alimentación adecuadas, sería preciso considerar seriamente la grave insostenibilidad de la agroindustria capitalista.
A pesar de los llamamientos para “salvar el planeta” y el reciente auge del “activismo por el clima”, pocos países han puesto en marcha un programa destinado a reducir radicalmente las emisiones de carbono. Para los gobiernos y las élites empresariales todo sigue igual. En su libro “Leviatán climático” (2), los escritores británicos marxistas Geoff Man y Jonathan Wainwright se lamentan: “La posibilidad de conseguir una rápida reducción del carbono global que mitigue el cambio climático ya ha pasado. Las élites mundiales, al menos, parecen haberla abandonado, si es que alguna vez se la tomaron en serio”. En vez de eso, parece que han optado por una política de adaptación a un planeta en continuo calentamiento.
Los mismos gigantes corporativos que dominan la economía mundial son los que toman las decisiones que afectan al futuro ecológico. En la actualidad, y según afirma Peter Phillips en “Gigants” (3), las 385 transnacionales que dominan el sistema mundial están valoradas en 255 billones de dólares y gran parte de ese dinero está invertido en el sector de los combustibles fósiles. Estados Unidos y Europa poseen casi dos tercios de esa cantidad. No más de 100 compañías son responsables de al menos el 70 por ciento de todas las emisiones de GEI. En la cumbre de esta pirámide, 17 gigantes financieros dirigen la economía del mundo capitalista. Hasta la fecha, no hay señales de que los caciques del capitalismo fósil estén dispuestos a desviarse de su curso históricamente destructivo"
 
 

sábado, 30 de noviembre de 2019

Amazon de la selva


Pablo Elorduy


“Cinco compañías como cinco anillos dominan hoy internet. Compiten en determinadas áreas pero cada una cubre un territorio en el que funciona casi en régimen de monopolio. El primer anillo cubre el conocimiento, el motor de búsqueda de Google es su símbolo. En el segundo está el software y su discurso se ceba en una supuesta explosión de creatividad derivada del uso de los productos Apple. Las relaciones sociales y sus posibilidades comerciales y políticas son el material con el que se construyó el tercero, Facebook. La logística y la distribución en la era del consumismo exprés dieron lugar a Amazon. El sistema operativo Windows es el emblema de Microsoft, la M de GAFAM, el acróstico con el que se designa a los ganadores de la batalla por el control de internet. Los vencedores, al menos, en Occidente.
Dicen que entre todos los propietarios de esos anillos, Jeff Bezos es el menos dado al discurso evangélico. Que su empresa no tiene lemas ni fanfarria new age. Sin el elitismo que destilan los ejecutivos de Apple ni la matizada mediocridad de un personaje como Bill Gates, Bezos ha construido un imperio con un axioma que tiene premio: todo en el planeta está en venta, solo hay que activar los circuitos neuronales para que a cada estímulo, a cada impulso, le corresponda un objeto que puede ser adquirido en el gran bazar digital que ha levantado Amazon. "Año tras año, Black Friday tras Black Friday, Amazon consolida su poder”, resume
Ekaitz Cancela, autor de El despertar del sueño tecnológico y colaborador de El Salto. La tesis de Cancela es que, tras la caída de Lehman Brothers en 2008, la economía mundial encontró en la economía de las grandes plataformas un modo de mantener a flote el sistema capitalista, en crisis de rentabilidad desde los años 70. Cancela denomina a la economía de Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft “tecnologías de supervivencia”, en tanto están diseñadas para “ampliar los espacios de nuestra vida sometidos a la mercantilización”.
En el caso de Amazon, el control de las plataformas tecnológicas —la nube— y su capacidad para contratar “ejércitos” de mano de obra precaria, lo sitúa en una posición de ventaja para llevar a cabo el propósito de mantener el ciclo de consumo sin alteraciones (...)
En una década Amazon se ha convertido en la marca empresarial más valiosa del planeta. Solo 58 países tienen un PIB superior a los más de 300.000 millones de euros que hoy vale la compañía que ha transformado los sistemas logísticos de medio mundo. Pero, como señala Bröckers, su entramado fiscal sitúa a la compañía de Jeff Bezos fuera del control impositivo de Estados y ciudades: Seattle, donde se sitúa la sede de Amazon, quiso introducir un impuesto a empresas que, al final del año, iba a costar a la compañía menos de 30 millones de dólares por ejercicio. La respuesta fue “ni de broma”. La empresa amenazó con paralizar sus proyectos en la ciudad y el Ayuntamiento de Seattle se vio obligado a recular.
En España, la última estimación de un portal especializado situaba a la compañía en un beneficio de 4.700 millones de euros. La realidad que conocen el fisco y la autoridad laboral rebaja esa cifra a los 496 millones que las cuatro empresas “españolas” de Amazon han declarado en 2018. El esquema fiscal de Amazon en todo el mundo da la respuesta de cuánto aporta realmente a la Hacienda española: una cantidad irrisoria. Más concretamente: 864.000 en impuesto de sociedades para un total de 4,4 millones en total. Más concretamente: de cada cien euros que Amazon gana en España, paga 0,1 céntimos en impuestos.
Bröckers recuerda que Luxemburgo es la principal base para el desembarco de Amazon en el continente: “El socio ideal para convertir los más de 110.000 millones de euros facturados entre 2007 y 2016 en unas ganancias de apenas 475 millones de euros”. La fórmula Bezos trajo premio cuando Luxemburgo devolvió 15 millones en impuestos a la compañía, algo que acarreó una multa de la Unión Europea al país del Gran Ducado por su manga ancha fiscal a la compañía de Bezos y porque una cosa es una cosa y seis, media docena.
“Como contribuyente de a pie, uno se pregunta por qué resulta tan complicado gravar de forma razonable a los gigantes de internet como Amazon y compañía. Hacerles pagar los impuestos justo cuando y donde sus clientes generan las ventas y no después de que las ganancias se hayan calculado a la baja y se hayan trasladado a paraísos fiscales”, resume Bröckers. La clave de ese esquema es la facilidad con la que, hasta ahora, Amazon ha transformado un volumen de negocios nunca visto en unas ganancias muy inferiores o incluso en un resultado de pérdidas. En el último ejercicio, Amazon EU Sarl, el vehículo financiero de la compañía en Luxemburgo, declaró números rojos por valor de 876,2 millones de euros" 

https://www.elsaltodiario.com/capitalismo/black-friday-amazon-jeff-bezos-vende-planeta-tierra

viernes, 29 de noviembre de 2019

Del consumirnos


Jorge Arbesto:
 
"En un capítulo de la serie Merlí, el profesor de filosofía plantea a su clase el siguiente dilema: “Vais por la orilla de un lago y veis a un niño que se ahoga, pero lleváis unos zapatos nuevos de 80 euros que se destrozarán si entráis en el agua a salvarlo. ¿Qué haríais?”. La clase responde al unísono que sin duda salvarían al niño y Merlí objeta: “¿Entonces por qué no dedicáis esos 80 euros a mejorar las condiciones de vida de personas en necesidad extrema en lugar de gastarlos en unos zapatos?”.
Este dilema, que los guionistas de la serie plagiaron palabra por palabra de Peter Singer, equipara la escena del niño que se ahoga ante nuestros ojos con nuestra posición ante la realidad conocida de los 27.000 niños que mueren cada día por causas evitables sin que nosotros sacrifiquemos para evitarlo las cantidades excedentarias que dedicamos a nuestro ocio. Singer sugiere que cada euro que malgastamos en objetos innecesarios es responsable silente de la muerte de aquellos que podríamos haber salvado.
Sin ser tan categórico, en todo caso sí podríamos afirmar que una posición ética decente nos obligaría a auscultar cada uno de nuestros gastos con un talante de crítica gravedad. A sentir el peso y la trascendencia de cada uno de nuestros hábitos de consumo y juzgarlos, todos y cada uno de ellos, en una balanza oponiéndolos al mal que causan. Por ejemplo, no haría falta resolver la Conjetura de Poincaré para, con simples operaciones matemáticas, calcular cuántas muertes infantiles se necesitan para extraer un gramo del coltán con que se construye un móvil.
Y lo justo sería que en sus especificaciones figurasen los decimales de niños muertos utilizados, así como las otras consecuencias gravosas de su fabricación. Esto convertiría el acto de su compra en algo comprometido, perturbador y que necesitaría de embarazosas justificaciones. Y si aun así se adquiriese, quizá habría que pensar —siguiendo a Singer—, cómo tratar de compensar de algún modo el daño causado.
En su lugar, nuestro consumo acostumbra a ser de una inconsciente y autocomplaciente ligereza. Y no es ya que en el acto de consumir nos acometa una conveniente amnesia sobre las consecuencias negativas que tan bien conocemos, sino que caemos con irreflexiva alegría en contradicciones palmarias. Así, los mismos que nos manifestamos hondamente conmovidos a favor de la declaración de emergencia climática tomamos vuelos para unirnos a las muchedumbres de turistas que enjambran ciudades y espacios naturales de todo el mundo. Los mismos que padecemos y nos escandalizamos por la subida de los alquileres utilizamos en esos lugares que visitamos en muchedumbre las mismas plataformas tecnológicas responsables de la gentrificación de nuestros barrios. Pedimos que se ponga coto en nuestras ciudades, pero lo aprovechamos en las otras"
 

lunes, 18 de noviembre de 2019

La ingobernable

 
Lidia Falcón:
 
"Durante ese periodo interminable entre convocatorias electorales este Presidente oportunista que tenemos, que está haciendo siempre cálculos sobre los rendimientos de sus estrategias, creyó que las nuevas elecciones le darían una ventaja apreciable de escaños respecto a los que ya tenía. Con este horizonte se las prometió muy felices: subiría hasta 150 escaños –lo que le vaticinó su amigo José Félix Tezanos del CIS- , hundiría a Unidas Podemos y le restaría poder de presión, acabaría con Ciudadanos (única predicción que se ha cumplido) y mantendría en la irrelevancia a VOX.
Pero las voluntades de los ciudadanos a veces no se cumplen como desean sus dirigentes y  ante el evidente fracaso de los resultados electorales, con la pérdida de 750.000 votos, y la debilidad de UP, que tampoco le sirve para formar gobierno, avalan la hipótesis de que Sánchez no quiere verse abocado a rendir cuentas ante su partido y ante la ciudadanía  de la estrategia que ha seguido durante el verano y que ha logrado resultados negativos y preocupantes.
Sin embargo, los efectos colaterales de esta estúpida estrategia son que la nueva consulta ha permitido que la extrema derecha sume un millón de votos más y se sitúe en el Parlamento con 52 diputados, resultado impensable hace unos meses cuando habían obtenido 24; que Ciudadanos, que podía haber sido un apoyo decisivo a un gobierno liderado por el PSOE, con sus 56 escaños, se haya convertido en una fuerza marginal con sus 10 modestos diputados; que Esquerra Republicana de Cataluña, dicen que la formación política más moderada del independentismo, haya perdido 2 diputados y que los fanáticos de JxC los hayan ganado a su vez.
Evidentemente el negocio que pensaba realizar Sánchez no se ha cumplido. Y en cambio Unidas Podemos, y a pesar de la pérdida de 600.000 votos y 7 escaños parece la ganadora (...)
Leyendo el acuerdo, dos páginas con 10 puntos tan escuetos como el Decálogo judío, es poco seguro que se cumpla el programa de Iglesias y sus exigencias de un giro radical a la izquierda que ha manifestado durante años en las campañas electorales. Las expresiones de los propósitos que se plantean cumplir son genéricas y tan abstractas que algunas pueden ser perfectamente compartidas por la derecha, como la 1ª que dice: “Consolidar el crecimiento y la creación de empleo. Combatir la precariedad del mercado laboral y garantizar trabajo digno, estable y de calidad.” ¿Y qué formación política no promete lo mismo? Lo que resulta un misterio es cómo se proponen llevar a cabo tan ambiciosos propósitos.
La 2ª: “Trabajar por la regeneración y luchar contra la corrupción” que está en el programa de todos los partidos políticos.  Y todas las demás: “Proteger los servicios públicos, especialmente la educación -incluyendo el impulso a las escuelas infantiles de cero a tres años-, la sanidad pública y la atención a la dependencia. Blindaje de las pensiones de nuestros mayores: asegurar la sostenibilidad del sistema público de pensiones y su revalorización conforme al coste de la vida. La vivienda como derecho y no como mera mercancía. Apostar por la ciencia como motor de innovación económica y dignificar las condiciones de trabajo del sector. Recuperar talento emigrado. Controlar la extensión de las casas de apuestas.” hasta la extrema derecha lo promete (...)
Y, pregunto, ¿este es el programa por el que se ha batido el líder de Podemos durante más de un año? Más aún, ¿este el programa por el que ha luchado la izquierda durante décadas, con tantos sufrimientos?
Resulta enormemente indignante que Pablo Iglesias envíe ahora un mensaje a su militancia advirtiéndoles que no podrá llevar a cabo las transformaciones que pretenden porque las condiciones en las que se encuentra su formación no lo van a permitir. Es decir, que la debilidad de sus 35 escaños le impide exigir al PSOE giros a la izquierda decisivos. Pero estas condiciones ya eran evidentes antes de elecciones, incluso un poco mejores, y sin embargo se empecinó en exigir su participación en el gobierno, que Sánchez detestaba, hasta que se rompió la cuerda. Y para arrastrar a su partido a nuevas elecciones no tenía ni siquiera la esperanza que abrigó Sánchez de aumentar su influencia, porque nadie era tan iluso que lo supusiera.
En definitiva, UP se encuentra nuevamente en el dilema de escoger entre apoyar la investidura del PSOE sin entrar en el gobierno, como tantas le pedimos, en lo que ya se ha denominado un “pacto a la portuguesa”, en la que su postura de oposición le permitiría seguir defendiendo un programa de izquierda y criticar aquello que Sánchez no aceptara, o, como parece que va a hacer, entrar en el Consejo de Ministros con dos o tres ministerios. Para hacer la política del PSOE.
Porque o se es muy ingenuo o se  puede entender claramente que en un gobierno con 18 o 20 carteras, la presencia de las tres provenientes de UP únicamente tendrán posibilidad de protestar en las reuniones cuando las decisiones que allí se tomen no correspondan ni a su ideario ni a sus esperanzas. Y después salir a denunciar públicamente los incumplimientos de Sánchez. ¿Y eso es lo que queremos desde Unidas Podemos? ¿Participar en un gobierno donde no tengamos influencia, se nos ningunee o desprecie y se provoquen continuos conflictos?
Porque afirme lo que quiera Iglesias, como en tiempos pasados en España, o en Francia y en Alemania donde la izquierda se ha plegado a gobernar con la derecha, el resultado de esas alianzas ha sido que el partido dominante se ha atribuido los éxitos en materias sociales y ha acabado por hundir a la izquierda"
 
 
 

lunes, 4 de noviembre de 2019

Mercados marcados

 

Eric Toussaint:

 

"La religión de los mercados

Casi todos los dirigentes políticos, ya sean de la izquierda tradicional o de la derecha, ya sean del Sur o del Norte, cultivan un verdadero culto a los mercados y, en particular, al mercado financiero. Habría que decir, más bien, que fabrican una religión de los mercados. Todos los días y en todos los hogares que tengan televisión o una conexión internet se escucha una misa para honorar al dios Mercado: es el momento en que se informa de la evolución de la cotización en la Bolsa  y las expectativas de los mercados financieros. El dios Mercado envía sus señales mediante la voz de un o una periodista de economía, o de un o una cronista sobre finanzas. Y no solamente es cierto para todos los países más industrializados sino también para la mayor parte del planeta. Ya sea que estemos en Shanghái o en Dakar, en Río de Janeiro o en Johannesburgo, en Bruselas o en Atenas, recibiremos las «señales enviadas por los mercados». Para amplificar, en el espíritu de los creyentes, la potencia de los dioses de los Mercados, los y las comentaristas anuncian periódicamente que «ellos» han enviado señales a los gobiernos indicando su satisfacción o su descontento.
Los lugares en los que los dioses son susceptibles de manifestar sus humores con mayor potencia son Wall Street en Nueva York, la City de Londres, las Bolsas de París, Fráncfort o Tokio. Para medir su descontento se han inventado instrumentos que llamamos índice Dow Jones en Nueva York, Nikkei en Tokio, CAC40 en Francia, Ibex35 en Madrid… Para asegurarse del beneplácito de los dioses, los gobiernos sacrifican los sistemas de seguridad en el altar de la Bolsa. También privatizan. Y también vigilan que el reparto del valor añadido se haga siempre a favor del capital en detrimento del trabajo.
¿Por qué se les ha otorgado atributos religiosos a simples operadores? Ni son desconocidos ni puros espíritus. Tienen un nombre y una dirección: son los principales directivos de doscientas grandes transnacionales que dominan la economía mundial con la ayuda del
G7 , que ha vuelto, gracias a la crisis, al primer plano. Los inversores institucionales (grandes bancos, fondos de pensiones, aseguradoras, hedgefunds, etc.) que dominan los mercados recibieron de los gobiernos billones de dólares bajo forma de donaciones o préstamos que sirvieron para ponerlos nuevamente en marcha después de la debacle de 2007-2008.
Es necesario luchar contra el fundamentalismo y el radicalismo de los mercados financieros. Hay que desarmarlos. Se debe romper con el sistema capitalista sobre el que se erigió la religión de los mercados.
En realidad, creo que la situación es más compleja: la Fed sabe perfectamente que la salud de los bancos es mala y es en parte falso que ignore las señales que envían. Por el contrario, le debemos reprochar que se rindiera ante las exigencias de los mercados y exigirle cambios radicales concernientes a la política, las misiones y la estructura misma de los bancos centrales.
La Fed sabe muy bien que la riqueza de los directivos y de los accionistas de los grandes bancos privados va en aumento mientras que prosiguen y amplifican, día tras día, sus prácticas inaceptables. Y esas prácticas conducirán a una próxima y feroz crisis. La Fed sabe también que la economía estadounidense va mal a pesar de las fanfarronadas de Trump, y a pesar de un porcentaje de desocupación históricamente bajo. Esa tasa de desempleo es falsamente tranquilizadora y, de hecho, es engañosa ya que los patrones apoyados por los sucesivos gobiernos han obligado a los trabajadores y trabajadoras a aceptar contratos cada vez más precarios y mal pagados. Además, millones de desempleados han renunciado a hacer las gestiones oficiales para ser indemnizados (cobrar subsidio de desempleo) y así desaparecen de las listas de desempleados. La Fed sabe muy bien que la supuesta buena salud de la economía estadounidense reposa sobre una montaña de deudas privadas y públicas que sirve esencialmente a la especulación, y que llevará tarde o temprano a una nueva crisis mayor. A ello agreguemos que el crecimiento de la producción del sector industrial en Estados Unidos es muy bajo en 2019, pudiendo llegar a la estagnación, o francamente a la recesión en 2020. Además las inversiones en el sector industrial han bajado en los dos últimos trimestres.Las exportaciones de productos manufacturados descienden.
La Fed sabe que si aumentara los tipos de interés y si no se inyectara constantemente liquidez, algunas grandes empresas (incluidos los bancos) quebrarían. La Fed sabe que, si se preocupara realmente de la prevención de los riesgos bancarios y por ello pidiera a los bancos aumentar sus fondos propios  y la liquidez que deberían guardar en tesorería, se produciría una «sublevación», entrarían en pánico y llamarían a Trump. Por consiguiente, la Fed se pliega a las exigencias de los mercados sin entusiasmo pero dócilmente. En este caso, las exigencias de los mercados son claramente lo que exigen una quincena de grandes bancos privados de Estados Unidos (de los que cuatro poseen 377.000 millones de dólares en reservas líquidas y son: JPMorgan Chase, Bank of America, Citigroup y Wells Fargo) y los grandes fondos de inversión como BlackRock, por ejemplo.
Lo que es seguro es que la situación del sector financiero privado en Estados Unidos (y en todo el mundo) es muy inquietante, pues de lo contrario ¿por qué la Fed inyectaría liquidez en forma permanente desde el 17 de septiembre?"
 
 
 
 

viernes, 1 de noviembre de 2019

Radiografía con autocracia al fondo


Los jóvenes de las acampadas catalanas lo dicen claro: el estado español genera cada vez más descontento entre los jóvenes con sentencias como la del 1-O, la de Altsasu, la Reforma Laboral o la Ley Mordaza.
El PSOE de Iván Redondo contaba con poder aplicar otro 155 antes de las elecciones y se ha encontrado con una respuesta popular estilo chalecos amarillos que ha desbordado a instituciones y asociaciones procesistas catalanas. De hecho, jugada genial, los bloques tienden ahora a equipararse demoscópicamente camino al 10-N. Tal y como avancé este verano, la jugada del PSOE hacia nuevas elecciones pretendía restaurar el bipartidismo, y helo aquí. Iglesias tiene razón cuando insiste en que tratarán de reeditar el pacto abstencionista entre PSOE y PP, en vista de que C´s apenas lucha ya para sobrevivir, tras su estruendosa desobediencia al IBEX35, como Frankenstein desatado contra el creador y luego enterrado por PRISA y el resto de prensa conservadora.
Y Cataluña suele ir por delante del resto del territorio. Sufrió primero los recortes del Govern de Mas, quien tuvo que salir en helicóptero del Parlament entonces, y la represión policial y pelotas de goma al ojo que se extenderían en los años de plomo españoles poscrisis. 
Ahora toma las calles de nuevo en un 15M menos comeflores, protagonizado por los nuevos y descreídos jóvenes, anticipo de lo que le queda al resto de la maltratada juventud española por hacer una vez la recesión y los recortes, mochilas austriacas del PSOE y otras lindezas se instalen por aquí.
Avisé de esto hace muchos meses. Avisé a mis tutorandos en Septiembre de lo que iba a ocurrir en Cataluña tras la sentencia. Y se van cumpliendo mis vaticinios sobre las nuevas generaciones precarias que acceden, o ni siquiera lo logran, al esclavista mercado laboral español. 
Y el PSOE se declara unionista y federalista sin solución de continuidad de un día para otro, según en qué territorios hable, a la vista de todos. Y se vuelve a acordar en su programa por enésima vez de los pactos franquistas con el Vaticano. 
Y los múltiplemente chuleados españoles siguen corriendo a votar bipartidismo neoliberal.
Iglesias, para mi gusto en exceso servil hacia el PSOE hasta hoy, deberá subrayar en el debate a cinco que es el único partido que propone "recortes por arriba" frente a la política de recortes que preparan los otros cuatro, en las combinaciones que sea. Persisten en no exhumar a Franco de grandes empresas y bancos, Iglesia, Judicatura y cuerpos de represión del Estado. 
Ya se encargó culpablemente el gobierno en emitir un comunicado en inglés sobre la alta calidad en derechos y libertades de la democracia española. Muy creíble mientras la policía atropellaba y sacaba ojos el primer día de manifestaciones que empezaron siendo tensas, pero pacíficas. Pero se trata siempre de que esto último se tuerza en nuestra democracia a raudales, cómo no. Esta vez no se encontraron abuelas como durante el pacífico 1-O de la performance de referéndum, sino a los nietos cabreados -han dictado estos días las redes sociales catalanas. 
Es lo que tiene la represión, lo que se buscaba para equipararlos al terrorismo, el tic preferido de la jurisprudencia fascista del enemigo.
Lo que ocurre en España, en fin, es que crece el apoyo popular a la autocracia, qué le vamos a hacer. Los votantes son sabios.

jueves, 31 de octubre de 2019

Autogestión vs instituciones

Carlos Taibo:

"Por lo que al PSOE se refiere –sólo prestaré atención a las fuerzas políticas de ámbito estatal–, la visión más común identifica en él un partido social liberal, tributario de la trama de grandes empresas y bancos, inmerso en el deleznable juego de las puertas giratorias, adalid, al cabo, de una lamentable reforma laboral y de una no menos lamentable ley mordaza, incapaz de romper amarras con el nacionalismo de Estado y supeditado, en suma, a la miseria de la UE y a las imposiciones del imperio norteamericano. Hace media docena de años hubiera resultado difícil imaginar que alguien que creyese en eso que se llamaba izquierda transformadora aceptase de buen grado que el proyecto mayor de esta última fuese un pacto con el mentado Partido Socialista. Hoy, y al calor de Unidas Podemos, lo anterior ha acabado por parecer natural. La jugada se ha llevado –parece– lo poco que olía a proyecto emancipador en el partido morado, convertido en una sórdida fuerza socialdemócrata, aberrantemente jerarquizado, ciego, en los hechos, ante lo que se nos echa encima en el terreno ecológico y entregado a la hermosa tarea de blandir las virtudes de la Constitución en vigor. No hay motivos para concluir que promete algo diferente, antes al contrario, Más País, una iniciativa que se levanta sobre el supuesto prestigio de un dirigente que, promocionado con descaro por los medios, fue responsable mayor, en Podemos, del asentamiento de un sinfín de flujos jerárquicos y autoritarios. Y que se dispone a repetir la jugada. Vaya retoños que ha generado –pensarán tantas compañeras– la nueva política (...)
Tiene sentido, de cualquier modo, que, más allá de esa percepción sobre los partidos y sus dobleces –que, repito, alcanza hoy por igual a  abstencionistas recalcitrantes y a votantes de nariz tapada–, escarbe en una segunda querencia que se revela en el mundo anarquista/libertario. A su amparo se aprecia una contestación abierta de la democracia liberal y, con ella, y por cierto, de las miserias de los Estados del bienestar. De resultas, se subraya que la primera se levanta en un escenario lastrado por lacerantes desigualdades, bebe de mayorías artificiales que son el producto de una premeditada distorsión de las adhesiones populares, en su trastienda operan formidables corporaciones que son las que al cabo imponen las reglas del juego y, en suma, y cuando las cosas vienen mal dadas, no duda en hacer uso de la fuerza a través de la represión que conocemos en nuestras calles o a través de golpes de Estado o invasiones asestados en países del Sur que disponen de materias primas golosas. De semejante consideración no puede sino derivarse un rechazo palmario de lo que suponen los liderazgos, la desmovilización, un agotado sindicalismo de pacto y la violencia cotidiana que ejercen el capital y sus tentáculos. 
Pero despunta también, en un tercer escalón, una crítica frontal del papel desempeñado por los medios de incomunicación. Hace unos días, e invoco una circunstancia personal, pasé por el mal trago de engullir, en un canal de televisión, una tertulia que partía de la certeza de que la abstención es un pecado que hay que castigar y enmendar. Esa genuina plaga contemporánea que son los tertulianos alimenta un pluralismo de circuito cerrado que permite discutir airadamente, sí, sobre las vergüenzas del régimen –el bipartidismo, la corrupción, la maltrecha división de poderes o, incluso, la república y la monarquía– mientras proscribe, en cambio, todas las disputas que afectan al sistema. ¿Se imaginan que en un plató de televisión se debatiese sobre el trabajo asalariado, la plusvalía –¡ay la plusvalía!–, la mercancía, la alienación, la explotación, el patriarcado, las guerras imperiales o el colapso que viene? ¿Y se imaginan, más aún, que en los medios se explicase que la jornada de ocho horas fue ganada, cien años atrás, por un sindicato llamado CNT, se recuperase la memoria de las colectivizaciones desarrolladas durante la guerra civil, se pusiese el dedo en la llaga de lo que supuso el caso Scala en el marco de la impoluta transición democrática que nos venden o se sacasen a la luz tantas manipulaciones policiales?
No falta, en fin, y en un cuarto salto, el recordatorio de algo importante: la incapacidad manifiesta que el sistema que nos imponen, aberrantemente cortoplacista, muestra en materia de encaramiento y resolución de aquellos problemas que lo son de fondo y de largo recorrido. La consideración de esos problemas, con un gobierno de izquierdas o sin él, tiene, en el mejor de los casos, un carácter testimonial y retórico, como nos lo recuerdan muchas de las demandas que llegan del feminismo que no es de Estado y la certificación de que para dar réplica al cambio climático hay que contestar su cimiento mayor, que no es otro que el capitalismo. En este orden de cosas no queda sino concluir que esta maravillosa democracia de la que nos han dotado da la espalda una y otra vez a las generaciones venideras, a muchos de los habitantes de los países del Sur y a los integrantes de las demás especies con las que, sobre el papel, compartimos el planeta. Y, claro, y gestos efectistas aparte, a la mayoría de las mujeres y a las muchas desheredadas que habitan entre nosotras.
En el mundo que hoy me interesa menudean las voces que recuerdan, con todo, que la debilidad de nuestras instancias autogestionarias sigue siendo un problema mayor, y ello por mucho que éstas hayan ganado peso en los últimos años. Tan es así, que hay que concluir que con frecuencia se equivoca el mensaje: debiera ser la defensa cabal de la autogestión desde abajo lo que explique el rechazo que provocan elecciones e instituciones, no vaya a ocurrir que nos quedemos en el vacío de una crítica de unas y otras que no nazca de la fortaleza –a buen seguro que trabada, de nuevo, por la represión– de nuestros espacios autónomos. Debe partirse, en cualquier caso, de la firme creencia de que todo terreno ganado por la autogestión es un terreno perdido por las instituciones. Y de la certificación de que no hay  ningún ejemplo sólido que ilustre cómo desde estas últimas se han defendido, de manera consistente, prolongada y no interesada, los espacios autogestionados, desmercantilizados y, ojalá, despatriarcalizados que se han ido perfilando. No es sencillo explicar, en suma, qué tienen en la cabeza quienes creen que el sindicalismo de pacto, con las migajas que obtiene, es una alternativa honrosa frente a la ignominia del capital"


domingo, 27 de octubre de 2019

Chomsky sobre Chile

 
"Chile enfrenta una explosión social debido al aumento en el precio del transporte público, el país sudamericano tiene un per cápita similar a Portugal pero una distribución de ingresos de las peores del mundo, los medios y partidos políticos Parecen sorprendidos, ¿Es sorprendente en su opinión?
Para nada sorprendente lo que ocurre en Chile. Estas son las consecuencias que eran perfectamente previsibles tras el asalto neoliberal a la población en los últimos 40 años, verificadas constantemente en todo el mundo. En los Estados Unidos, por ejemplo, el 0.1 por ciento de la población ahora posee más del 20 por ciento de la riqueza, la mitad de la población tiene un patrimonio neto negativo, los salarios reales son casi los mismos que hace 40 años, por primera vez en un siglo la mortalidad está aumentando, principalmente entre los blancos en edad laboral y un largo etcétera.
El país era generalmente descrito como el lugar de América Latina que demostraba que el neoliberalismo era un sistema digno de imitación, era presentado como ejemplo por Bolsonaro antes de ganar las elecciones, era ilusorio?
La dictadura de Pinochet proporcionó condiciones experimentales perfectas para la aplicación de los principios neoliberales guiados por las principales figuras de la doctrina. Fue un fracaso total. Para 1982, la economía colapsó. El estado tuvo que intervenir radicalmente. Los economistas internacionales bromearon diciendo que era "el camino de Chicago hacia el socialismo". Sin embargo, los efectos perniciosos permanecieron y continuaron.
Pero en el caso chileno se ha argumentado que a pesar de seguir las recetas de Friedmann, la dictadura de pinochet no privatizó su principal empresa, la minería del cobre ¿Por qué cree que se alejó del dogma?
Los expertos de Chicago fueron lo suficientemente inteligentes como para apartarse del dogma en el caso de CODELCO, una productora de cobre estatal altamente eficiente y una fuente importante, si no la principal, de ingresos para el Estado.
Al comienzo de esta crisis, las autoridades parecían no entender por qué los estudiantes protestaron, dado que “a ustedes no le subimos el pasaje”, el concepto de solidaridad les parecía desconocido.
Margaret Thatcher expresó bien el dogma neoliberal: no hay sociedad, solo individuos, solos para enfrentar las devastadoras fuerzas del mercado. La solidaridad es un crimen. Es por eso que desde la década de 1920, las principales figuras del neoliberalismo, von Mises, Hayek y otros, han acogido con satisfacción la violencia estatal a gran escala para destruir los sindicatos y otras interferencias similares a la "buena economía". Pinochet por ejemplo.
Parte de la ira de los manifestantes se dirige hacia los medios de comunicación, porque algunos  en un primer momento parecían poner más énfasis en la destrucción material que en las víctimas del estallido, el neoliberalismo supone que el derecho a la propiedad es superior al derecho a la vida, ¿de dónde viene esa idea, del capitalismo?
Como le he comentado el neoliberalismo fue fundado por von Mises y otros en Viena en la década de 1920. Es una versión particularmente salvaje del capitalismo. Ganó poder con Reagan y Thatcher, con efectos devastadores en gran parte del mundo. Esa es la razón básica de la ira, el resentimiento y el desprecio por las instituciones políticas que están barriendo gran parte del mundo, creando oportunidades para los demagogos de ultraderecha como Trump, Bolsonaro, Orban, Salvini y otros que buscan desviar la ira justificada hacia chivos expiatorios como inmigrantes , negros, musulmanes, etcétera. Una táctica milenaria, con graves consecuencias"
 
 

miércoles, 23 de octubre de 2019

Violencias


Andrés Piqueras:

"Desde que cobra cuerpo la fase neoliberal del capitalismo, se multiplican e intensifican las manifestaciones brutales de violencia de la clase capitalista y de su instrumento de poder: el Estado. Porque violencia es saltarse a la torera los artículos constitucionales de carácter social. Porque violencia es convertir el mercado laboral en un estercolero, en donde cada contrato es una humillación de la población trabajadora. Violencia es que haya millones de personas desempleadas y hogares donde no entra un solo sueldo. Violencia es tener a casi el 30% de la población en riesgo de pobreza, y a casi la mitad con problemas para llegar a fin de mes. Violencia es haber llegado a desahuciar más de 500 familias al día, y que de nuevo millones de hogares no puedan cubrir los gastos energéticos imprescindibles.
Pero violencia es también que las oligarquías no paguen impuestos para mantener los servicios públicos y evadan y defrauden a mansalva. Violencia es que mientras se tiene casi la mayor tasa de pobreza infantil de Europa, los 20 españoles más ricos ganen más de 1.700.000$ por hora. A escala mundial estamos ante la mayor desigualdad jamás alcanzada por la humanidad: el 1% de la población mundial cuenta con más activos que el 50%.
Nunca he visto a nuestros representantes políticos “constitucionalistas” condenar estas violencias. Antes bien, y como con recochineo, nos quieren hacer creer que las mismas, y las desigualdades que acarrean, son compatibles con la Democracia.
La ilusión democrática en el capitalismo consistió en la igualdad y libertad de decisión formales, mientras que se mantenían profundas desigualdades estructurales. A partir de confundir lo formal con lo real es que la clase capitalista o sus delegados políticos, nos pueden hablar hoy de “igualdad” con una siniestra sonrisa.
La “ilusión democrática” ha sido más o menos aceptada o creíble mientras fue de la mano de un crecimiento económico que permitió servicios básicos, la mejora de las condiciones de vida y el movimiento en la escala social mediante el poder adquisitivo. La “ilusión democrática” se instaló como cultura: ésta era la única forma posible de entender la democracia. El Estado se encargaba de proporcionar la dimensión socio-emocional e ideológica, para producir vínculos afectivos o de complicidad entre él mismo, los individuos y el capital.
Pero hoy que el sistema capitalista da muestras evidentes de vejez y genera más crisis que crecimiento, los Estados cada vez pueden ofrecer menos a sus poblaciones. Más bien las deparan desempleo y empleo basura, deterioro galopante de los servicios, nuevas generaciones sin futuro, destrucción ambiental, empobrecimiento de las grandes mayorías, militarización y guerras. Mientras, las familias, léase las mujeres, se tienen que reventar trabajando para atender todo lo que el mercado laboral expulsa o no cubre con sus ridículos salarios, todo lo que el Estado va dejando de proporcionar. Eso también es violencia.
Como advierten los académicos franceses, Dardot y Laval, la democracia de esta fase del capitalismo, post-neoliberal, tiende progresivamente a vaciarse para pasar a no ser más que la envoltura ideológica de un gobierno de guerra social. La ley se ha convertido en el instrumento privilegiado de la lucha contra la democracia, con lo que la democracia se vacía de su sustancia sin que se suprima formalmente. Lo que quiere decir, a la postre, que se utiliza a la democracia para erradicar todo atisbo de democracia.
Una vez que la democracia deviene antidemocrática, entonces sí, los fascistas también se hacen demócratas. Ahí está Vox para demostrarlo. En España, a todos los que jamás condenaron el franquismo, como el PP, y se sienten a gusto cogobernando con falangistas, como Ciudadanos, se les empezó a llenar la boca de democracia.
También nos hablan de “igualdad” ante de la ley, cuando defienden un rey irresponsable ante ella, con una hermana absuelta de cargos por gracia divina. Nos proclaman la “independencia” del poder judicial mientras los principales partidos políticos se pegan por poner a “sus” jueces, a dedo. Mismos jueces que absuelven luego a los partidos de sus corrupciones, como bien saben en la calle Génova.
Una vez que la democracia se ha hecho antidemocrática, entonces ya se puede empezar a acusar de “violentos” a quienes se oponen a todo ello y sancionar penalmente cualquier manifestación popular, artística o laboral en virtud de alguna nueva tipificación jurídica incorporada como Mordaza Social. Y los poderosos o sus representantes comienzan a repetir toda la retahíla: “dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”; “siempre dentro del marco de la ley” o “el imperio de la ley”. Y el delito de odio, que se hizo para proteger minorías sociales, de repente se aplica a quien se mete con la policía. Y por supuesto, jamás te dejarán ejercer un voto que pueda transformar este estado de cosas. ¿Referéndum para ejercer el derecho de autodeterminación?: ilegal. ¿Protección contra desahucios?: ilegal. ¿Denunciar, como hizo Assange, espionajes, oscuras manipulaciones políticas, intervenciones en países ajenos y masacres?: ilegal. ¿Revelar la identidad de los evasores fiscales?: ilegal ¿Nacionalizar la Banca y las empresas?: sólo para rescatarlas con el dinero de todos y luego a privatizarlas otra vez.

Repitamos, en suma: todos los avances sociales se han conseguido primero contra las leyes del capital, y una vez realizadas ciertas conquistas, yendo más allá de ellas. Y eso no se ha hecho, no se hace, sin dolor ni enfrentamiento. Sin fuerza social"


https://blogs.publico.es/dominiopublico/29843/democracia-y-violencia/

domingo, 20 de octubre de 2019

Memoria histórica

 
Joan Garcés:

 
 
"Hay que distinguir entre efectos y causas. El país está viviendo circunstancias muy problemáticas en lo económico, en lo social y en lo político. El debate está alrededor de los hechos que, en mi opinión, son solo las consecuencias o efectos. Creo que tenemos que fijarnos más en las causas. Y estas causas hay que mirarlas en la continuidad de la impunidad de los crímenes cometidos por la dictadura y el hecho de que esa impunidad se perpetua hasta hoy.
Uno de los efectos de esa impunidad es la continuidad de los restos de Franco en el Valle de los Caídos. ¿Por qué no lo retiró el gobierno de Suárez? ¿Por qué no lo retiró Felipe González? Me parece, además, muy sintomático que la retirada se produzca a la vez que se da la revuelta en Catalunya, que invoca al antifranquismo de una manera muy militante.
"La situación es mucho más compleja que un referédum entre independencia sí o independencia no"
Por otro lado, la marcha de los pensionistas también hay que vincularla con la altísima tasa de desempleo que hay en los jóvenes. Sin embargo, hablamos de los pensionistas, pero no hablamos apenas de las causas económicas profundas que están en la base de esos desajustes económicos que provocan que los pensionistas marchen sobre Madrid o que los jóvenes en Catalunya se rebelen contra el Estado. Muchos de los jóvenes que están en Catalunya pidiendo independencia están en situación de desempleo o con empleos precarios.
Es importante que tengamos en cuenta que la agudización de la crisis política en España y Catalunya comenzó a la vez que la crisis económica. Se puede observar cómo el número de independentistas en estos años se ha multiplicado por tres o por cuatro. Una de las derivaciones de la crisis económica de 2008 y de las pocas herramientas que tiene el Estado español para hacerle frente debido a su integración en el Euro es la multiplicación del paro en los jóvenes y de la acción independentista.

¿Qué tiene que ver la impunidad del franquismo con la situación que vive Catalunya?

Hay un vínculo muy profundo. Por una parte, en la manera en la que el Estado español responde a la acción independentista. Por otra parte, en la medida en la que la revuelta en Catalunya tiene un componente abiertamente antifranquista y contrario a la perpetuación de las estructuras políticas españolas que tienen sus raíces en el franquismo. Este antifranquismo que hay en Catalunya se ve ahora, pero no solo. Cuando Franco murió la única parte del Estado que reivindica la legalidad republicana, de la institucionalidad republicana, es Catalunya y exige en las calles de manera masiva el reconocimiento del presidente de la Generalitat que estaba en el exilio. Adolfo Suárez y el rey Juan Carlos acceden a restaurar la Generalitat. No hay ninguna otra parte de España donde esto se produce. Por tanto, la revuelta republicana en Catalunya no puede verse solo como un fenómeno de hoy. 
"La revuelta en Catalunya tiene un componente abiertamente antifranquista"
Lo grave de la situación que hoy atraviesa España y Catalunya es la ausencia de un pacto como el que en 1930 firmaron las fuerzas republicanas, socialistas y nacionalistas de diversa índole en San Sebastián, el conocido como Pacto de San Sebastián, que fue el germen de la II República. Ahora, la revuelta republicana catalana se ha aislado del resto del país. Fuera de Catalunya no encuentra con quien articularse. No tiene aliados potentes en Madrid, Galicia, Euskadi, Valencia, Canarias... Esas alianzas sí estaban en el Pacto de 1930 y esa circunstancia ha llevado a los republicanos catalanes a una vía de aislamiento en su confrontación con el Estado español. Una situación que, estratégicamente, es muy negativa para los catalanes hoy salvo que una intervención extranjera en un futuro a medio plazo cambie la situación. 

¿Usted contempla el escenario de una intervención extranjera decisiva?

Lo mismo ocurrió en la Constitución de la I República Española. El artículo 1 decía: "Componen la Nación Española los Estados de Andalucía Alta, Andalucía Baja, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Cataluña, Cuba, Extremadura, Filipinas, Galicia, Murcia, Navarra, Puerto Rico, Valencia, Regiones Vascongadas". En aquel momento había un movimiento autonomista muy fuerte en Cuba y hay dos posiciones en la península. Por una parte, una posición que apostaba por la República federal y que apostaba por dialogar con los secesionistas cubanos y llegar a acuerdos que sean aplicables allí y aquí. Y después estaba la respuesta de la vía más absolutista y conservadora, que se vio en la Restauración borbónica de 1874 y su líder, Cánovas del Castillo. Este hombre dijo que lo que pasaba en Cuba era una cuestión de "filibusteros, bandoleros y bandidos", es decir, lo que hoy llamaríamos terroristas, y que con esta gente no se podía hablar. Esa crisis del Estado español también se resolvió con una intervención extranjera. Las potencias extranjeras retiraron su apoyo a la posición española de mantener Cuba dentro de la Corona y Estados Unidos interviene y se produce la desintegración de Cuba y Puerto Rico. 
"La incapacidad de buscar acuerdos entre españoles puede propiciar que la resolución de este conflicto llegue de fuera de España"
Lo mismo puede pasar ahora. Estamos en una crisis de Estado y las dos partes (España y Catalunya) están pidiendo una intervención extranjera. Las dos partes apelan una y otra vez a la Unión Europea. Y ese es, en mi opinión, el problema más grave. La falta de acuerdo, la renuncia o la incapacidad de buscar acuerdos entre españoles puede propiciar que la resolución de este conflicto llegue de fuera de España. En este caso, la decisión que tomen los países extranjeros será siempre según sus intereses y no la de los ciudadanos españoles o catalanes. 
Entonces, para mí, la reflexión es la siguiente: ¿Qué hacer en estas circunstancias de crisis? Una vez más estamos como en una situación del primer tercio del siglo XIX. Podemos reprimir o buscar fórmulas de acuerdo. Mi postura es que siempre es mejor un acuerdo imperfecto entre españoles a que la suerte de todos la decida una potencia extranjera en función de sus intereses. 

¿No cree que un referéndum puede solucionar el conflicto?

Creo que la situación es mucho más compleja que un referéndum entre independencia sí o independencia no. Creo que la solución pasa por reformas profundas dentro del Estado español, que incluye también a Catalunya, y por ofrecer esas reformas a los ciudadanos de Catalunya y del resto del Estado. Unas medidas que superen los déficits extraordinarios y estructurales que tiene el Estado español. Eso me parece lo prioritario. Tenemos que hablar con los catalanes, independentistas y no independentistas, y buscar con ellos fórmulas para que se sumen a esa política de reformas estructurales profundas para todo el Estado. No le queda duda de que fuera de Catalunya estas reformas van a encontrar unas resistencias brutales. Reducir el problema catalán a independencia sí o independencia no... pues no creo que sea tan sencillo el asunto"

https://www.publico.es/politica/joan-garces-encontramos-solucion-catalunya-decidira-potencia-extranjera.html

 

miércoles, 16 de octubre de 2019

Escándalo

 
"Durante los últimos tres años, el gobierno de Recep Tayyip Erdoğan ha realizado tantos recortes de libertades que resulta imposible hacer el recuento. Centenares de cargos electos y los colíderes del partido democrático HDP —una coalición formada por el movimiento kurdo y parte de la izquierda turca— han sido encarcelados; decenas de miles de maestros, jueces y funcionarios, purgados por motivos ideológicos. Lo relevante para la comparación con la sentencia del Procés no son los números —la escala turca es inmensamente mayor que la española— sino la naturalidad con la que televisiones, periódicos, intelectuales, tertulianos y tuiteros turcos aceptan la represión. Están convencidos de que viven en una democracia cuasi perfecta y cualquier crítica a la falta de libertad es interpretada como un ataque de los terroristas kurdos y una conspiración internacional antiturca.
La sentencia dictada por el Supremo es una vergüenza. Condena a activistas sociales a nueve años de prisión por convocar movilizaciones pacíficas. Condena a los miembros del Govern a penas más altas que la mayoría de los 33 procesados por el golpe de Estado del 23F o del intento de golpe de Ynestrillas (padre), que en 1980 fue condenado a seis meses de prisión por intentar asaltar con un tanque el Palacio de la Moncloa. Y es una vergüenza la naturalización de la represión por parte de televisiones, periódicos, intelectuales, tertulianos y tuiteros españoles. Están convencidos de que viven en una democracia cuasi perfecta y cualquier crítica a la falta de libertad es interpretada como un ataque de los secesionistas catalanes y una conspiración antiespañola.
Porque fuera de España, igual que pasa con la represión de Turquía, resulta obvio para cualquiera con una mínima sensibilidad democrática. Recibo mensajes de cargos de Syriza preguntando si de verdad el Tribunal Supremo había dictado las penas que reportaban los diarios o era un fallo de traducción. El diputado tory (conservador y unionista) escocés Murdo Fraser declara que “aunque comprendo que se trata de un asunto que compete a los tribunales y al poder judicial español, no veo el sentido de que el Gobierno de Madrid encarcele a los líderes catalanes por una acción esencialmente política”.
Otro escocés, Iain Macwhirter, ex rector de la Universidad de Edimburgo, periodista de la BBC y comentarista político de The Herald and the Sunday Herald, escribe “¡13 años por ayudar a organizar un referéndum pacífico! Incalificable. Lamento que la Unión Europea no haya condenado esta violación de los derechos civiles fundamentales”. La laborista Emily Thornberry proclama en la Cámara de los Comunes que “la sentencia dictada ayer en Madrid contra los políticos independentistas catalanes es innecesaria, desproporcionada y totalmente contraproducente”.
El Bloco portugués va más allá. Condena “a reiterada tentativa por parte do Estado Espanhol em procurar resolver um conflicto eminentemente político a través da repressão e da prisão” y exige “à libertação de todos os presos políticos catalães, ao regresso dos exilados sem represálias e ao fim da repressão na Catalunha”. Los tertulianos españoles, sin embargo, ven lógica la sentencia. Es el Estado de Derecho. Somos una democracia ejemplar. Esto no es un problema para las libertades en España, solo es el fruto de la espiral demente de los independentistas catalanes.
La policía le revienta un ojo a un chaval —uno más, como en el 1 de octubre, en las huelgas, en los desalojos— en las protestas del Prat. En Eldiario.es lo cuentan así: “Un hombre ha sido herido por el estallido de su globo ocular”. Qué mala suerte que te estalle un ojo durante una manifestación. En La Sexta dicen que le están operando de urgencia pero “a esta hora no se puede asegurar que vaya a perder la visión”. La misma tele llama “brutal agresión” al manotazo que desequilibra a María Grima, la militante de Vox que provoca con una rojigualda a los manifestantes en Tarragona. El País sube la apuesta por el periodismo de calidad con el siguiente tuit: “Una madre con su hijo en brazos hace una peineta a los cientos de manifestantes que están cortando la C-58 en Terrasa”. Piqueras en Tele5 se muestra preocupadísimo por los turistas y los contenedores de Barcelona. Jorge Bustos dice que Barcelona es una ciudad sin ley pero no deberíamos perder el tiempo comentando lo que dice un gilipollas.
La PAH publica un contundente comunicado expresando la preocupación por la criminalización de la protesta, que a partir de ahora podrá ser considerada sedición. Ecologistas en Acción considera que la sentencia del Tribunal Supremo contiene una inaceptable criminalización de la protesta y de la desobediencia civil
En Catalunya la reacción va mucho más allá del independentismo y el activismo. El festival de de Sitges, el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, el Barça, el Primavera Sound publican comunicados criticando la sentencia. Da lo mismo, los medios de ámbito estatal siguen tratando las protestas como una cuestión de orden público provocada por independentistas exaltados. La radio del Primavera Sound suspende la programación y anima a salir a la calle. El festival Womanz se aplaza. Varias editoriales anuncian que no tendrán lugar presentaciones de libros. El programa deportivo La Sotana cancela su emisión y publica tuits desde el aeropuerto. La reacción de enfado a tu alrededor es inmensa pero cuando enciendes la tele solo ves una caricatura."
 

 
 

sábado, 12 de octubre de 2019

El día de las fuerzas amadas


Y para más símbolos, el paracaidista con la bandera de España termina abrazado a una farola: para caídas, esa...
Daniel Bernabé:
"Los estadounidenses celebran su día nacional conmemorando una guerra de independencia, los franceses lo hacen recordando una revolución, nosotros, los españoles, tenemos nuestro día nacional situado en algo así como el acontecimiento fundacional de un imperio, y quizá aquí se halle la explicación para que seamos uno de esos países que está recostado permanentemente en el diván contándole al psicoanalista, entre la pesadumbre y el aburrimiento, sus problemas de identidad.
Mientras que los italianos, por poner un ejemplo concreto, andaban en el siglo XIX desangrándose para unirse en algo que no existía, Italia, los españoles andaban desangrándose por mantener un imperio en decadencia que no era suyo, sino del que eran parte. Por mantener algo que existía pero que iba a dejar de existir. Franceses y británicos aprovecharon para quedarse con los restos.
Mientras que otros construían su comunidad imaginada, la nación, nosotros empezamos a construir la nuestra contra los franceses, pero la cosa se quedó a medias porque la otra identidad, la del Imperio Español desmembrándose, se quedó con la energías y los entusiasmos. En resumen, a Rolex o a setas, que dicen los vascos. La cosa se quedó a medio hacer y lo que restó de siglo fue una lucha entre una cierta idea de progreso y reacción, que fue lo que nos contó Galdós en muchos de sus libros, primera manifestación literaria plenamente nacional.
A la segunda, ya generacional, la del 98, se le quedó en la cara y en la letra el rictus serio, que es lo que pasa cuando sabes que lo que viene es tan malo como lo que no acabas de dejar: Abascal y Fernando VII, con toda una serie de oscuros y sanguinolentos personajes mediando entre ellos, forman parte del mismo hilo histórico, ese que despreció a Alejandro Sawa, cronista netamente moderno de una carrera que resumió en un libro titulado Declaración de un vencido, por regodearse en Pedro Luis de Gálvez, un desgraciado cuyo único talento fue aprovechar el cadáver de su criatura para pasearlo en una cajita por las tabernas y forzar la sordidez de la limosna.
Si hablamos tanto de la nación es porque la máquina ideológica de la nación funciona, nos guste o no. Todas las máquinas tienen un sólo uso, y el de la nación es dotar de un anclaje sentimental al Estado. Morir en una guerra por la oficina del catastro no es lo mismo que hacerlo por la grandeur, emociona claramente menos. Alguien se dió cuenta -ese señor llamado proceso histórico- que para unir territorios, para que se pudiera comerciar sin cambios de moneda, ley y medidas cada veinte leguas hacía falta un Estado, y a ese Estado una idea que provocara identidad y pertenencia.
Esa máquina, una vez puesta en marcha, ha tenido un sólo uso, pero ha servido para diferentes aplicaciones. A veces progresistas, como en África, Asia o América Latina donde los procesos de descolonización se basaron en la nación pero, además, caminaron rápidamente hacia el socialismo: ni en Cuba, China o Vietnam se podía haber librado una guerra revolucionaria si antes no hubiera habido una por la emancipación del país.
La aplicación reaccionaria es la que ustedes, a poco que sean despiertos, ya habrán notado: la patria es la manera de hacer pasar los intereses de unos pocos por los deseos de la mayoría. Por eso cuando alguien dice esto es bueno para España normalmente suele querer decir que es bueno para tal o cual gran empresa, y en términos generales, bueno para una clase muy determinada de personas, esas a las que hemos bautizado como las del Ibex.
Pero entonces llegó el neoliberalismo, esa restauración victoriana sin enaguas pero con squash y tecno-pop, y se imaginó que podía prescindir de las ideas religiosas e incluso nacionales, y por supuesto acabar con las de clase. Lo último le salió a la perfección. Lo primero no. En tres décadas, casi ya cuatro, hemos tenido un califato en el sur del Mediterráneo y un resurgimiento de la ultraderecha nacionalista, por citar dos plagas. Es lo que sucede cuando abusas de ambición fraccionadora, que al final entra una angustia considerable y queremos ser parte de algo mucho más más grande. No siempre bueno.
“El verdugo es mi suegro, yo sólo estoy aquí para que no me quiten el piso”. Con esta brutal frase resumía uno de los personajes más tremendos de Berlanga su relación con la identidad. Un tipo que hereda el trabajo del suegro por heredar el piso, que piensa que podrá esquivar la carga que toda asunción de identidad lleva consigo, pero que acaba siendo lo que en principio juega a ser. Para que no nos quiten el piso, por sentirnos más solos que la una mientras que la tormenta de la crisis arreciaba, por creernos algo más que ese vecino con otro tono de piel o acento, nos agarramos a las banderas. La roja pretendía ser mundial, pero se arrió una Nochebuena y nos dejó a los obreros a solas perdidos entre colorines.
Si España empezó a medias, si en el primer tercio de siglo La visita del obispo fusiló a la Tertulia del Pombo, en este principio de siglo XXI la idea de España ha vuelto con más fuerza que nunca. La trajo Zapatero con el patriotismo constitucional -como muchas de las cosas que hizo con buena intención, en este caso unir la idea cívica a la nacional- pero al final se quedaron con ella los de siempre, que pregunten por la sede de FAES.
Aznar colocó aquella gigantomaquia banderil en Colón, precisamente el personaje que da sentido al 12 de Octubre, cuando algunos pensamos que debería estar, algo más pequeña, eso sí, en la Plaza de la Paja, donde ahorcaron a Riego. Lo primero por dignidad nacional, lo segundo para recordar a los que se llama paternalmente “el pueblo” que fueron cómplices gozosos de aquella infamia.
Con el lógico furor adanista que vino tras el 15M se nos olvidó que las luchas para resignificar las líneas nacionales de España no habían sido nuevas. El caso es que mientras que los intelectuales de la política del cambio daban vueltas en torno a aquello, la restauración nacional de la derecha se nos había colado por ósmosis de bandera: la sacamos felices para celebrar los éxitos deportivos y cuando nos quisimos dar cuenta la estábamos empuñando contra los catalanes independentistas. A por ellos, cuando en el fondo ellos éramos nosotros.
Si la idea nacional funciona como máquina sentimental de complicidades, si la victoria por la apropiación nacional ha sido para la derecha, hoy y en el 39, donde además de matar a la revolución se nos robó el país con ayuda de alemanes, italianos y rifeños, ¿es España irreformable como idea política progresista?
Max Aub, que consiguió volver al país para no reconocerlo, como esas aves que no sienten a las crías que cayeron del nido, escribió un cuento donde a un obrero, muerto por un golpe de calor, se le parten las piernas para que encaje en un ataúd que llega como esas camisas prestadas, tarde, mal y sin las medidas adecuadas. La izquierda no encaja en España, España no ha encajado en la izquierda, porque se ha olvidado que las ideas siempre tienen una medida, una base real de la que parten.
Que España como idea sea de la derecha es el resultado a que como país también lo sea. Si las grandes empresas, la judicatura, los cuerpos armados, la religión, los informativos y hasta el entretenimiento son en su mayoría de derechas, es decir, lo que constituye los engranajes de un país, es normal que su idea también lo sea. La izquierda no puede transformar sólo la idea de país si no aspira a transformar también el país en sí mismo, apelar a su imagen apelando también a su fondo. Pero para eso la izquierda primero tiene que librar definitivamente su pugna interna y ver qué camino quiere tomar: el de la fascinación posmoderna o el de su hilo rojo.
Y luego entender España, sin arrogancia pero también sin paternalismo.
España es tan dramática como trágica, lo que significa que tras la representación esperanzada suele venir el desastre. No hay fatalismo, hay dos siglos de pasodoble entre Sorolla y Zuloaga. Lo cual no implica que el resultado deba ser ese. No todas la verbenas acaban en navajazos, algunas también son como el día de Fiesta de Serrat.
Tras el drama de el proceso independentista catalán vendrá la tragedia de la sentencia al mismo. Quizá los que quieran transformar España en líneas progresistas deban empezar por atender esta cuestión, no por escorarla, como si no fuera con ellos. Un país, que quiera aspirar a algo más que a ser una máquina de imposiciones de una parte muy pequeña de su población, debe ser capaz de integrar a aquellos incluso que quieren abandonarlo. Hay todo un proyecto de involución reaccionaria jugando desde hace unos años justo en los parámetros contrarios.
Si no podemos obviar los Doce de Octubre ni los Onze de Setembre, si España no puede dejar de ser dramática, al menos intentemos que deje de ser trágica. Que el humanismo de Machado se imponga al sentimiento unamuniano, que la valentía de Nakens quede por encima del oportunismo de Aznar y Zubigaray, que García y Galán entren en los cuarteles y Millán Astray salga de ellos. Que las verbenas se escuchen más que las fiestas de sociedad, que las asambleas sindicales se impongan a los consejos de administración, que la voz del último de los españoles valga tanto como la del primero"