domingo, 17 de abril de 2016

Siempreviva en el ojal


Berta Cáceres iba camino de un reconocimiento a la altura del Nobel de la Paz pero los escuadrones de la muerte la asesinaron en su casa, tras numerosas amenazas desde ese régimen hondureño fruto del golpe militar auspiciado por Hillary Clinton.
El Papa Francisco llegó a tratarla, pero aún no hemos oído su franciscana condena. Que el jefe de la Iglesia hondureña, connivente con el golpe, sea su monseñor mano derecha podría influir.
La ONU avisa -como suele: más por pasiva que por activa- de que Honduras es hoy el país más peligroso para los activistas ambientalistas y de derechos humanos de los indígenas.
Asistiremos a muchos reconocimientos póstumos de Berta, hoy ondea en muchas páginas internacionales. ¿Han leído ustedes sobre ella en los grandes rotativos españoles, en su momento tan tibios cuando se produjo el golpe contra Zelaya?
Esto mientras se suceden los sucesivos golpes blandos de las derechas duras en Latinoamérica: la Ley de Amnistía en Venezuela para absolver asesinatos y actos terroristas con bombas incendiarias, el extravagante impeachment en Brasil, la vuelta maniatada al FMI de Argentina. 
Al final, menos papistas que el Papa.



El ministro Soria del impuesto al sol y de unas prospecciones más en Canarias se enreda en el argumentario típico de un dirigente del PP cazado: solo que empieza a no servirles, tras la avalancha de casos aislados. 
¿Servirá para abrir el melón del debate energético y ecológico? Perdonen que no me levante.
El resto, PSOE, CIU y demás fauna del régimen del 78, reza para que no salgan los papeles de otros lugares.
Pero obliga al PP a hacer precampaña anunciando un melifluo y dialogante programa social, irrechazable por el PSOE, para formar la anhelada coalición que la prensa de papel y tv. demandan con desesperación en esta guerra de los cien días.
Por si las encuestas les volvieran a flojear de aquí al próximo mes.
Veamos el ritmo de degradación de la situación económica y la proliferación de culpas lanzadas sobre la inestabilidad política, léase ausencia de gran coalición de extremo centro.
¿Nuevas elecciones? Desde luego, con un frente unificado de progreso social serían lo más deseable para las gentes de sentido común. 
O que por lo menos se visten por la cabeza.



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