martes, 12 de abril de 2016

Hordas climáticas


Naomi Klein:

"Los libros están llenos de los fracasos del filantrocapitalismo que propone Clinton. Cuando se habla del cambio climático, todos tenemos las pruebas necesarias para saber que este modelo es un desastre a escala mundial. Esa lógica permitió que el mundo tenga mercados de carbono infestados de fraude y dudosas compensaciones en las emisiones de carbono, en lugar de una regulación más dura para los que contaminan: nos dijeron que la reducción de emisiones tenía que ser una situación en la que "todos ganaran" y en "sintonía con los mercados".
Si el próximo presidente pierde más tiempo con estas estrategias, se nos acaba el tiempo, así de simple. Si queremos tener alguna esperanza de evitar la catástrofe, las medidas que se tomen deben ser de una velocidad y alcance sin precedentes. Si se diseña de manera adecuada, la transición a una economía post-carbono puede generar una gran cantidad de situaciones en las que "todos ganen". No solo significaría un futuro más seguro, sino un gran número de trabajos bien remunerados; un transporte público mejorado y económico; ciudades más habitables; así como también justicia racial y ambiental para las comunidades que se encuentran en la primera línea de la extracción de contaminantes.
Precisamente, la campaña de Bernie Sanders está construida alrededor de esta lógica: no la de darle caricias a los ricos esperando un poco de nobleza por su parte, sino la lógica de que el ciudadano común se organice y los desafíe, obteniendo regulaciones más severas, y la de obtener como resultado un sistema más justo.
Sanders y sus partidarios entienden algo fundamental: no todos van a salir ganando. Para que algo de esto ocurra, las empresas de hidrocarburos, que por décadas han hecho una cantidad obscena de dinero, van a tener que empezar a perder. Y perder mucho más que la reducción de los impuestos y subsidios que Clinton prometió recortar. Tendrán que perder también las nuevas concesiones mineras y petroleras que tanto desean; se les tendrán que denegar los permisos para los conductos y terminales de exportación que tanto quieren construir. Tendrán que dejar donde están billones de dólares en reservas de combustibles fósiles.
Al mismo tiempo, si los paneles solares se multiplican sobre los techos de las casas, las grandes empresas de servicios eléctricos perderán una parte importante de sus ganancias: sus antiguos consumidores entrarán en el negocio de la producción de energía. Esto crearía oportunidades para una economía más equitativa y, en última instancia, para bajar las facturas de los servicios públicos. Pero, una vez más, algunos intereses poderosos tendrán que perder (ese es el motivo por el que la central de carbón de Warren Buffett en Nevada le ha declarado la guerra a la energía solar).
Un presidente dispuesto a infligir esta clase de pérdidas a las empresas de combustibles fósiles y a sus aliados tiene que ser mucho más que alguien que no participa en actos de corrupción. Tiene que estar a la altura de la batalla del siglo, completamente seguro de qué lado tiene que ganar. Mirando las elecciones primarias demócratas, no hay duda de cuál de los dos da la talla en este momento histórico. ¿Las buenas noticias? Acaba de ganar en Wisconsin. Y, además, no sigue las pautas de buen comportamiento de nadie"


 

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