viernes, 15 de abril de 2016

Regreso al futuro cercano



"Si a los "Papeles del Pentágono" de Ellsberg no se les llamó "Papeles de EE.UU.". Si al "Escándalo de Watergate" no se le etiquetó como "El escándalo de EE.UU.". Si a los "WikiLeaks" de Assange no se les conoció como "Los papeles de EE.UU.". Si a los papeles que divulgó Snowden tampoco se les llamó "Los Papeles de EE.UU.", siendo todos exclusivamente de EE.UU., entonces, ¿por qué los "Papeles Mossack-Fonseca", que no son ni del Gobierno de Panamá ni de Panamá, sino de una firma de abogados, se les bautiza como "Los Papeles de Panamá"? El Gobierno de EE.UU. ha aceptado haber financiado la filtración de los 11,5 millones de los papeles Mossack-Fonseca y habérselos entregado al diario alemán. De aquí dan un salto y caen en manos de un Consorcio Internacional de Periodistas Investigativos (CIPI) apoyado por el multibillonario George Soros, Rockefeller y Ford, que se dedican a atacar a los países de la antigua Unión Soviética.
Curiosamente no han desnudado a ciudadanos de EE.UU. que surfean alegremente en la offshore Mossack-Fonseca, sino selectivamente a algunos personajes engorrosos de los países emergentes de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). La casualidad existe, pero no entre discípulos de Maquiavelo.
Panamá ocupa el 13º lugar entre las más grandes empresas offshore del mundo. Relativamente no somos tan importantes. La conspiración va más allá: quieren enlodarnos para provocar una estampida mundial hacia los paraísos fiscales de EE.UU., Gran Bretaña, Holanda e Israel, más "confiables" que los panameños" 





Santiago Alba Rico:
"La peculiaridad del potlach postelectoral español es que en él una de las partes no necesitaba dar nada para hacer creer que daba mucho mientras que la otra hubiera necesitado darlo todo para hacer creer que daba algo. ¿Y esto por qué? Porque el potlach no se celebraba en una plaza sino en los medios de comunicación. Es comprensible y legítimo que los periodistas tengan su propia posición política; e incluso que consideren amenazado su país por un determinado proyecto y consideren que, contra ese proyecto, cualquier procedimiento -incluso el más radical, la mentira- es justificable. Lo que no pueden hacer es llamar a eso periodismo. Pues bien, en el potlach celebrado entre PSOE y Podemos, Sánchez ha contado con una riqueza adicional: las televisiones y los periódicos, que le han permitido aparecer como donante generoso, flexible y abierto mientras se atrincheraba en un pacto con C’s que excluía de entrada y definitivamente a Podemos. Al mismo tiempo, en este binarismo pugnaz, el partido de Pablo Iglesias se veía obligado a escoger entre dos posturas igualmente entrópicas: la intolerancia, si es que defendía su programa, o la debilidad, si es que finalmente cedía para no quedar fuera de juego (...) Sánchez, terrorista suicida, ha dejado incólume al PP y robustecido a C’s mientras conseguía su propósito de hacer daño a Podemos. Gran hazaña demostrativa de su voluntad de “cambio”. Él no sobrevivirá. Podemos quizás sí, siempre y cuando se dedique desde ya a preparar las elecciones, es decir, a recuperar a los que se han descolgado y a sumar a los que faltan"



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