A Rajoy le ha salido el mitin por la culata. Se enfadó porque llegó a creerse la mentira que cohesiona a los suyos, la de que cuentan con una posición fuerte en lo económico y social como para aplastar a los contendientes a golpes de PIB.
Pero no era así. Oposición y prensa de análisis le desbarataron el cuadro rápidamente, y lo que ha quedado para la mayoría son sus triunfales trampas contables de la lechera. Y su obvia elusión de los elefantes de la desigualdad y pobreza, de la corrupción, del estado del bienestar en picado, de la persistente bolsa de desempleo apenas aliviada por el exilio y el trabajo basura, y contrarrestada por las promesas millonarias Pons.
Grande Alberto Garzón.
No existen elefantes en el país de Rajoy. Era el debate de su estado de alienación.
Un golpe de Estado en curso en la Venezuela de Maduro desde hace semanas. Por aquí no asoma ni la menor sombra informativa al respecto. Simplemente se las arreglan para que Pablo Iglesias condene el encarcelamiento del alcalde de Caracas sin que trasluzcan nunca los motivos.
Una de las cosas que no me gustan de Podemos es la calculadora mirada de Pablo Iglesias: me recuerda constantemente a la de Felipe González. Ojalá sea una intuición errada.
Pero qué rápidamente se han sumado a la propaganda mediática antichavista, en lugar de denunciarla con firmeza y claridad.
No abandonen a Chávez como referente tan pronto. Él nunca lo haría.
¿Tan difícil es recordar todas las elecciones ganadas por el chavismo limpiamente y con autoridad, o remarcar este segundo gran intento de golpe de Estado de la ultraderecha y EEUU, reeditando los métodos que se usaron contra Allende? ¿Especificar que han sido las guarimbas de la oposición las que hasta ahora han dejado un reguero de muertos en las calles, y que cuando la violencia policial entra en la espiral es fulminantemente castigada por el gobierno (ayer mismo hubo un caso)?
¿No debería Podemos usar su fuerza social para rebatir nuestra dictadura de los medios, en lugar de tratar de hacerse en ella un impostado hueco respetable a fuerza de ambigüedad y elusión?
Abogar porque la centralidad del tablero descentre como merece la distorsionada centralidad mediática, y no ajustarse servilmente a ella. Creía que esa era la lucha antihegemónica por establecer una nueva hegemonía.
Está faltando valentía, en cuanto los porcentajes electorales les han nublado el proyecto.
No me gusta, como dice Juan Torres, la prepotencia adquirida por Podemos en los meses de ascenso electoral. Bueno será que la realidad electoral desde Andalucía a Madrid les vaya poniendo los pies en el suelo: creo que esa es la verdadera garantía para terminar ganando, por encima de cualesquiera maquiavelismos.
Que empiecen a pensar en serio la unidad popular, o se habrán limitado a colaborar en el fraccionamiento político del espectro contra el bipartidismo, lo que no garantiza por sí solo la proliferación automática de gobiernos sociales.
Ada Colau está dando una lección de unidad popular municipal en Barcelona. Lástima que no dirija Podemos.
Tan vencedora la posición alemana, según nuestros medios, que Schaüble y compañía ahora deben pedir disculpas en su Parlamento. Nuestra prensa solo resalta las críticas en el seno izquierdista de la propia Syriza.
Desde luego que duele la concesión griega a las privatizaciones en curso. Pero la dignidad y transparencia negociadora ha estado todo el tiempo del lado griego. La doblez y mezquindad para un acuerdo europeo las ha monopolizado el resto del eurogrupo, a las faldas alemanas.
Pero esto no ha hecho más que empezar.
Le toca a los partidos antitroika españoles recoger dignamente ese testigo próximamente, y sumarle unas fuerzas que rebasen el umbral crítico para cambiar Europa.
O para redibujarla partiendo de la solidaridad mutua de la Europa mediterránea. Alemania, que termine votando en referendum su salida del euro.
Por ahora solo tenemos al Lehman Brothers De Guindos boicoteando a muerte a Grecia en el eurogrupo. Y una macilenta España antidemocrática y antisocial denunciada a diario por las grandes ONGs.
Y a Renzi-Hollande alardeando de victoria contra la austeridad para endosarse la medalla Tsipras-Varoufakis.
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