“En los países democráticos no se percibe la naturaleza violenta de la economía, mientras que en los países autoritarios lo que no se percibe es la naturaleza económica de la violencia”
Bertolt Brecht

"Hay que aprender de los errores del siglo XX y superarlos. El capitalismo no lo ha hecho. Los socialistas deben hacerlo"
Tariq Ali

"La cuestión no es mercado sí o mercado no, es qué espacio tenemos que concederle al mercado para que tenga efectos positivos y qué espacio tenemos que quitarle para que no tenga efectos negativos"
César Rendueles ("Capitalismo canalla" antídoto para "Los enemigos del comercio" de A. Escohotado)

"Los poderosos siempre han perseguido a los alfabetizadores, a los que paraban las balas con columnas de periódico, a los que hacían escudos con libros cargados de metáforas y razones. También a los que han hecho visibles a los invisibles, a los que enseñan a decir no con una sonrisa y también a los que enseñan desde el monte a recordar que no hay que vivir de rodillas"
J.C. Monedero

Qué son los PsyOps: "Los daños que causan las PsyOps [Operaciones Psicológicas] se reflejan en la aparición de cambios en el plano cognitivo y mental (...) Toda operación militar, y por tanto toda operación psicológica, tiene que contar con una cadena de mando. El análisis detallado de los mensajes a través de Twitter y Facebook ha permitido descubrir «nodos de red», o sea estados mayores implicados en la operación. Estos están entrenados en el uso de métodos de control de las multitudes para crear una situación de contagio entre individuos de diferentes medios y orígenes. De esa manera, los estados mayores logran localizar fácilmente los «repetidores de opinión», o sea los individuos que influyen sobre los demás. Los especialistas pueden entonces optar entre informarlos sobre el proyecto o mantenerlos en la ignorancia de lo que está sucediendo"
Valentin Vasilescu (experto en inteligencia militar)

"Gozamos de tres bienes de valor incalculable. La libertad de conciencia, la libertad de palabra y la prudencia de no usar nunca ninguna de las dos". Mark Twain.


sábado, 27 de octubre de 2018

De lo que vuelve como si no se hubiera ido


Guillermo Almeyra:

"Desde hace casi un siglo –desde mediados de los 30 hasta hoy- el mundo está hundido en la barbarie, se acostumbra a ella, la naturaliza. En las mentes de todos pesan diariamente todos los horrores, los millones de muertos de la colectivización forzada en la Unión Soviética, los goulags, los campos de concentración nazis y el Holocausto que exterminó millones de discapacitados, gitanos, comunistas y judíos o los 30 millones de muertos en la última guerra mundial o la monstruosa matanza de civiles en Hiroshima y Nagasaki.
Aplastado el nazifascismo, siguieron las matanzas de los imperialistas franceses en Argelia, Túnez, Madagascar e Indochina, la guerra salvaje de Estados Unidos contra los vietnamitas, las destrucciones resultantes de la guerra de Corea y la guerra en Argelia que eliminó un décimo de la población nativa, la ocupación de Palestina con su brutalidad y racismo cotidianos, los 500 mil muertos en Ruanda y Burundi en conflictos sociales atizados por el imperialismo. La TV presenta entre una y otra noticia frívola o de crónica los migrantes ahogados y náufragos y recuerda Tlatelolco, Ayotzinapa o muestra las continuas amenazas nucleares de Trump y la espantosa situación humanitaria en Yemen por las bombas de Arabia Saudita.
El capitalismo, que se afirmó con el genocidio en la India y en América, ha extremado su carácter criminal en estos dos últimos siglos. Hoy marcha abiertamente hacia una catástrofe ambiental provocada por la avaricia y el desprecio a la Naturaleza y a los seres humanos o hacia una guerra nuclear intercontinental que pondría en riesgo la existencia misma de miles de especies, entre ellas, la humana. 
Culturalmente, las sangrientas series televisivas y las películas de terror así como buena parte de la literatura popular y el auge de las religiones apocalípticas, son sólo un exorcismo contra el horror y la muerte violenta que nos rodean.
Socialmente, las nuevas clases medias reúnen una miríada de trabajadores en los servicios y de asalariados precarios de todo tipo y pequeños propietarios rurales (que en Brasil se identifican con los latifundistas improductivos cuyas tierras ocupa el Movimiento de los Sin Tierra). Los artesanos y pequeños empresarios y comerciantes minoristas generalmente tienen distinto color que sus clientes pobres y temen la delincuencia violenta protagonizada por muchos más negros y mulatos que caucásicos pues éstos monopolizan en cambio la gran delincuencia de guante blanco que evade al fisco, exporta capitales o explota miles de personas y los medios de información marcan el primer tipo de delincuentes y ocultan el otro.
Esa polvareda humana, al igual que los pequeños propietarios rurales, no forma comunidades ni tiene solidaridad. Todos se sienten solos, compiten entre sí y, sobre todo, ven como peligro principal la pobreza y temen caer a las filas proletarias pues los profesionales sin clientes, los comerciantes al borde de la quiebra, los estudiantes sin futuro o los empleados precarios viven en la incertidumbre. Por eso vuelcan su odio contra los más pobres mientras envidian a los obreros que se defienden colectivamente con sus sindicatos y sus luchas.
El fascismo y el nazismo eran hijos del liberalismo, imponían el orden de los cementerios pero criticaban al capital financiero y ofrecían demagógicamente ventajas sociales para competir con la esperanza en el orden anticapitalista, socialista, porque millones de trabajadores daban entonces su vida por una esperanza en una sociedad justa y libre y creían posible esa alternativa. Por su parte, los liberales democráticos aún tenían margen para mantener la democracia formal.
Hoy, en cambio, en una crisis que no terminó y que va a rebotar fuerte a corto plazo, todos los Estados utilizan cada vez más métodos fascistas y, en los menos estables, se desarrollan movimientos racistas y nacionalistas fascistoides que han abandonado la retórica anticapitalista y que son ultraliberales en lo económico y ultrarreaccionarios en lo social.
Los trabajadores resisten heroicamente y sus formas de lucha presagian grandes estallidos sociales en algunos países. Pero los combates aún no están coordinados, la solidaridad internacional es incipiente y las luchas por sí mismas no ofrecen un proyecto de sociedad alternativa, una esperanza creíble, una utopía posible.
En escala mundial sin embargo existen miles de ejemplos positivos de comunitarismo, solidaridad, anticapitalismo, desde las autonomías indígenas, las autodefensas, las policías comunitarias, las fábricas en autogestión, las huelgas de enteras pequeñas ciudades en defensa de obreros despedidos, las ocupaciones de tierras, la solidaridad popular con los emigrados en Italia, Francia, Alemania, Argentina, México.
Pero los sindicatos combativos no crean ni una televisión propia que informe, analice, dé ejemplos, eduque en forma alternativa ni utilizan la red social para organizar. Por eso en un país como Brasil un racista declarado como Jaír Bolsonaro puede ser presidente"



jueves, 25 de octubre de 2018

De oligarquías disfuncionales estos lodos


Lo cierto es que la solución ofrecida aquí, la compra de bonos, no deja de ser una huida financiera hacia adelante, porque es el trasfondo estructural defectuoso, superoligárquico, lo que nos aboca al precipicio, pese a las soluciones coyunturales. Que precisamente prorrogando el auténtico problema exponencian su explosividad y profundidad, para que nos detone en todo su esplendor. 

Entrevista a AdamTooze, historiador:
 
"Esto se va a ver en próximas fechas: los Demócratas Socialistas de América (DSA) han multiplicado por diez su militancia en solo 18 meses; mucha gente de la generación de mi hija, de dieciocho años, declara abiertamente formar parte de esta corriente.
En un Estado como Nueva York, como saben que los demócratas tienen la victoria asegurada, han ejercido una enorme presión para que el gobernador rinda cuentas sobre su política de género. Se han percatado de que, tal y como están las cosas, las luchas locales son importantísimas; y cuando digo local, se me debe entender bien, ya que Nueva York es un estado mucho mayor que muchos de la Unión Europea, una economía importantísima y una de las mayores ciudades del mundo.
El cómo se afrontan las políticas relativas a las leyes laborales, los salarios, el bienestar o los derechos de las mujeres tiene una enorme importancia para la izquierda; así es como las políticas progresistas emergieron a finales del siglo XIX. No van a ser nunca hegemónicos en todo el país, porque el sur es un mundo en sí mismo, pero los Estados, que tienen muchas competencias, van a constituir el próximo campo de batalla.
¿Sigue amenazada la eurozona? ¿Es de los que auguran pocos años a la zona euro?
Bueno, no quiero formar parte de esa corriente euroescéptica, pero quienes afirman que en la eurozona se camina hacia la integración bancaria se engañan. Y el problema, no lo olvidemos, es Italia, que es como diez veces Grecia en términos de deuda. Hasta que no tengamos la seguridad de que el Banco Central Europeo va a actuar en épocas de crisis como un banco central normal, no podremos dejar de pensar que vienen momentos terribles.
La Eurozona vuelve a estar en aguas turbulentas y, además, de manera innecesaria, porque todo lo que haría falta sería que el BCE se comprometiera explícitamente a comprar bonos en situaciones de emergencia. Inglaterra, que estaba mucho peor que la Eurozona en el momento álgido de la crisis, con un déficit que ridiculizaba al griego, consiguió estabilizarse comprando bonos…
Los obstáculos son de carácter político: Ben Bernanke, en la Reserva Federal, demostró que esos cambios se pueden hacer de manera muy rápida en tiempos de crisis. ¿Pero cuál es el principal obstáculo? ¡Es Alemania! Alemania dice que el BCE no puede perseguir inflación moderada y pleno empleo. Para hacer el euro vetaron ampliar el mandato del banco, y va a ser dificilísimo convencerles.
En el año 2011, todo el mundo: el FMI, EEUU, los chinos, todos los banqueros, etc., creían que el BCE tenía que comprar los bonos de los países en mayores dificultades. ¿Y los mercados no querían precisamente eso también? ¡Si estaban gritando que querían que el BCE los comprara! Porque es muy difícil ganar dinero de manera sostenible sin un banco central estabilizando la economía. Y Angela Merkel se limitaba a afirmar que el Bundesbank no se lo iba a permitir… Y lo curioso es quién escribió la constitución de la República Federal Alemana: los Estados Unidos en 1947, creando el banco central independiente y este tipo de reglas.
Esta trayectoria por parte del Banco Central Europeo ha permitido que nazca la ultraderechista AfD, que por supuesto engorda con la crisis de los refugiados. Y es que hay un ala de la derecha alemana que se va a desvivir literalmente por que siga habiendo políticas monetarias únicamente anti inflacionistas, y representan un riesgo para todo moderado que quiera hacer concesiones. Si el euro sobrevive, lo hará como lo ha hecho hasta ahora con Mario Draghi, con operaciones a escondidas y al margen de los mandatos oficiales.
¿Puede ser Italia nuestro Lehman Brothers?
Es muchísimo más. Si entras en contacto con altos cargos del ministerio de Finanzas alemán te das cuenta de que tienen en su agenda un espacio reservado a la inminente crisis italiana. Hay una crisis prevista, y si no se produce ahora, se arrastrará durante años.
Italia necesita unos tipos de interés ínfimos para ser fiscalmente sostenible; a largo plazo es muy difícil que lo consiga, porque en cuanto estos superen el 3% se produce el pánico: al volverse insostenibles, los tipos se disparan, por ejemplo, desde el 2,7% al 6%, afectando al resto de los países, por supuesto. Por este camino, no se va a llegar de ningún modo a una situación de estabilidad.
¿De todo lo sucedido estos años no se deduce que vivamos bajo oligarquías?
Una oligarquía con rasgos democráticos podría ser una descripción razonable, efectivamente. Tienes que ser enormemente rico para tener alguna opción en política en Estados Unidos, esto es precisamente lo que la corriente socialista democrática está denunciando. Los candidatos con dinero los superan abrumadoramente y, además, las televisiones y los medios añaden mensajes muy negativos sobre los que se encuentran en los márgenes, lo que produce muchas dudas entre la gente.
Sería totalmente justo describir a la sociedad norteamericana de esta manera, y muchos politólogos críticos ya lo han hecho. La zona euro, para colmo, es una oligarquía mal organizada, disfuncional; al menos, con la de los EE.UU. los ciudadanos consiguen mayores niveles de empleo"
 
 
 

martes, 23 de octubre de 2018

Filosofía para qué


"El espejismo del camino hacia la libertad se convierte en un nuevo camino -más sutil- hacia otra forma de esclavitud. Un camino al que, nos tememos, la Filosofía puede ayudar si es entendida acríticamente como “pensamiento crítico”. Nuestra segunda razón para pensar que la afirmación de la UNESCO ha de ser matizada es más pedestre. El currículo sobrecargado y, en el caso de 2º de Bachillerato, los exámenes de acceso a la universidad, impiden dar a la materia cualquier enfoque crítico. Respecto a lo primero, es cierto que el Ministerio de Educación ha declarado “que el currículo español está sobrecargado y es excesivo”, pero la situación actual hace imposible -si se quiere cumplir la ley a pies juntillas- dejar espacio al alumnado para el análisis crítico de los temas que se tratan en el aula. Si se quiere “cumplir con el temario”, las clases acaban siendo todo menos un debate crítico y reflexivo y se convierten en una retahíla de teorías descontextualizadas y faltas de sentido para el alumnado. La costumbre de evaluar los conocimientos a través de exámenes memorísticos tampoco ayuda, desde luego. Un problema que se agrava en relación a la Historia de la Filosofía, respecto a la cual hay que sumar el hecho de que si no tratas tal historia según el modelo dominante reflejado en los libros de texto, el alumnado no tiene garantías de que sus respuestas serán bien valoradas en las pruebas de acceso a la universidad.
Una perspectiva crítica respecto a lo que es y ha sido la Filosofía y un cambio profundo en lo que consideramos “aprendizaje” y en los métodos de evaluación utilizados -si consideramos necesario “evaluar” al alumnado- se nos antojan como únicos caminos posibles para superar estos límites pedagógicos. 
¿De qué “pensamiento crítico” estamos hablando?
Pero, ¿qué papel juega en nuestras sociedades lo que habitualmente se entiende por “pensamiento crítico” como para que partidos políticos de claras raíces autoritarias -junto a otros más o menos progresistas- aboguen ahora unánimemente por su presencia en la escuela a través de la Filosofía?
En una sociedad -y una escuela- individualista como la nuestra el pensamiento crítico refleja en muchas ocasiones más un acto de afirmación de la propia individualidad frente a lo colectivo que un elemento que nos una en la lucha contra el pensamiento dominante. No se busca, por tanto, la construcción de una subjetividad teórica -y mucho menos práctica- desde la que, colectivamente, construir alternativas a las ofrecidas por el poder. Se busca, más bien, la glorificación de la individualidad como elemento diferenciador respecto al resto de la masa, impidiendo el desarrollo real de alternativas colectivas cuya potencialidad sea creíble por la ciudadanía.
A este respecto, Zygmunt Bauman nos advertía en Modernidad líquida (1999) que en la actualidad “estamos quizá mucho más ‘predispuestos críticamente’, más atrevidos e intransigentes en nuestra crítica de lo que nuestros ancestros pudieron estarlo en su vida diaria, pero nuestra crítica, por así decirlo, ‘no tiene dientes’, es incapaz de producir efectos en el programa establecido para nuestras opciones de ‘políticas de vida’”. De tal manera que la “individualización” nacida del pensamiento moderno desemboca en “la corrosión y la lenta desintegración del concepto de ciudadanía”.
El espíritu crítico es, por tanto, seña de identidad de nuestras sociedades, pero entendido de tal manera que sirve más para la desafección respecto de la posibilidad de construir colectivamente un futuro diferente que para la construcción real del mismo.
La vuelta de la Filosofía a las condiciones previas a la aprobación de la LOMCE es, sin duda, una buena noticia. Pero, lejos de suponer un cambio profundo en las estructuras de poder que operan en la escuela, puede ayudar a afianzarlas si consideramos que el “pensamiento crítico” es su terreno “natural” y exclusivo. Este debería ser la seña de identidad de todo proceso educativo si la escuela quiere dejar de adoctrinar en las verdades eternas (de cualquier tipo) en las que se sustenta el poder. Hasta qué punto el Estado tiene verdadero interés en que eso suceda es desde luego muy cuestionable.
Mientras tanto, y a pesar de los peligros y dificultades, seguiremos tratando a la Filosofía no como no una disciplina académica ni mucho menos como una asignatura concreta, sino como un modo colectivo de enfrentarse al poder, de ser, como decía Nietzsche, “la mala conciencia de su época”."

https://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/sobre-la-filosofia-en-las-aulas-una-perspectiva-critica

sábado, 20 de octubre de 2018

Disculpas ininteligibles

 
La qunsulia para descuartizar periodistas, claro que sí. Claman las televisiones árabes junto con las occidentales.
Murió por error en una discusión, dice el poder saudí que envió a la guardia real armada de sierras eléctricas, claro que sí. Reformismo a tope el del príncipe heredero, según escribían los colegas del despedazado en el Washington Post. Como se trataba además de un periodista de la elite, afín a otras facciones de la familia real, repercute mucho más que los yemeníes que el descuartizador descuartiza desde hace tiempo.
El rey español lo abraza, las empresas españolas lo arman y veneran a alta velocidad cortesana a la Meca. Y de pronto la hipocresía política española se horroriza. Pero qué horror Cuba y Venezuela, se enrocan aún algunos, siempre afines a las cloacas monárquico-empresariales del poder español.
Junto al escuadronista de la muerte Bolsonaro y al descuartizador israelí de niños desarmados: triple alianza de monstruos la de Trump, señala el sociólogo Petras. El heredero saudí lo fiaba todo al parecer a la irrestricta capacidad de posverdad de Trump, pero no pudo ser. Esto lo hubiera sabido antes un niño andaluz de diez años que cualquier exministra del PP, qué duda cabe, o que cualquier vendedor de armas y corbetas del PSOE tras ganarse un dinerito sobre Abengoa usando información privilegiada, hoy solucionando la mala imagen exterior por el tema catalán. 
Entretanto, como señala Armanian, Madeleine Albright, la gran criminal de guerra de estas décadas, satisfecha de pagar el precio de dos millones de niños a viva voz con Clinton, de destruir Yugoslavia o alimentar el genocidio de millones a machetazos en Ruanda mientras nos decía que apenas existía, se pone en el lado de los buenos y llama fascista a Trump.
Esos raros momentos en que no hay como ponerse del lado de la razón para evitar marearse en el baile de los equívocos y los farfullos de disculpa ininteligibles.
 
 
 

jueves, 18 de octubre de 2018

No es no a la guerra


Nazanín Armanian:
 
"Mientras las fuerzas de derecha lanzaban el “Diálogo de civilizaciones/religiones” para paliar las consecuencias de las guerras, la izquierda casi desaparece del mapa, y aquí algunos motivos:
  1. La frustración generada por “no poder hacer nada” ante el poderío del militarismo.
  2. Los promotores de las guerras, aprendiendo de la experiencia de Irak, las empezaran a vender como “humanitarias” (Libia), “contra el terrorismo”, utilizando el 11-S (Afganistán, Mali), e incluso simplemente las ocultaran como la de Yemen.
  3. Utilizar a mercenarios alias “contratados” de distintos países en vez de enviar a los soldados propios de la “Mili”. Así, no habrá una “avalancha de féretros” y por ende, protestas de familiares. España suele contratar a los latinoamericanos: Entre el 2007 y el 2016, doce de ellos han muerto vistiendo el uniforme del Ejército Español en las misiones internacionales. Según el periodista Miguel González, en 2012 había 3.591 latinoamericanos en los cuarteles de España. Unos mil euros y los “papeles” previamente retenidos, son toda una tentación para los jóvenes que huyen de la pobreza, también organizada previamente.
  4. La privatización de los ejércitos y el auge de empresas reclutadoras de lumpen proletariado dispuesto a matar y morir por dinero, como la Contra nicaragüense, Al Qaeda (y sus filiales “Estado Islámico”, “Muyahedines” “Rebeldes” etc.), Blackwater (ahora Xe Services), etc. En Siria, los grupos yihadistas sunnitas y sus facciones defienden los intereses de Turquía, EEUU, Israel, Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Qatar; el grupo chiita Fatemiyun es contratado por Irán, y Wagner por Rusia.
  5. Los grandes medios de comunicación ya censuran las imágenes del sufrimiento de los civiles en las guerras bajo el pretexto de “no herir la sensibilidad de la audiencia”, y en su lugar transmiten vídeos de militares repartiendo caramelos entre los niños, que no abusando de ellos. Han “deshumanizado” a las víctimas, llamándoles “daños colaterales”. Bajo lemas de “apoyar a las tropas”, han amordazado hasta a algunos líderes de izquierda, que llegan a mandar saludos navideños con videoconferencia a unos compatriotas armados hasta los dientes que han se han apoderado de la tierra de otras naciones.
  6. Presentar la “resistencia” en los países agredidos, como Talibán, “Yihadismo”, etc. impidiendo suscitar simpatía con la nación atacada y la verdadera resistencia.
  7. El que Rusia y China -considerados por un sector de la izquierda “países enemigos de EEUU” no vetaran la agresión de la OTAN a Libia, o que Rusia participara en la guerra de Siria.
  8. La confusión existente en los escenarios de guerra, al no saber quién es “el bueno” y quién “el malo”: EEUU arma a los kurdos para que luchen contra Daesh, mientras arma a Daesh para que desmantele al Estado sirio y, de paso, viole a las mujeres kurdas, árabes, turcomanas, etc. ¡Eso sí, después se premiará con un Nobel de la paz a una de ellas por sobrevivir a la violación y esclavitud!
  9. Existe un sector del progresismo convencido de poder convertir una guerra en una revolución social, poniendo el ejemplo de la Revolución de Octubre del 1917 de Rusia. Algo imposible hoy, teniendo en cuenta el poderío militar devastador de los países imperialistas. Intervenir en una guerra en nombre del progreso es hoy no es una estupidez, sino es una estafa.
  10. Centrarse en manifestaciones y denuncias, descuidando un trabajo continuo de concienciación de los ciudadanos y mostrar los motivos y las consecuencias de las guerras contra otros seres humanos. Se puede preguntar qué hace España en Mali, por ejemplo, o en Afganistán y en el Líbano. ¿Cuál es su grado de implicación en la muerte de decenas de miles de sirios y yemeníes?, entre otras preguntas (...)
Lo que podemos hacer
Ya que el chollo de la interminable “guerra contra el terror” y luchar contra los “Estados canalla” promete alcanzar nuevas naciones y otra década, es primordial crear un amplio movimiento antimilitarista:
  1. Convertir el “No a la guerra, bajo ninguna bandera, ni denominación y concepto” en un principio inamovible, al igual que el “no a la tortura”.
  2. Relacionar lo local con lo global: recordar a la población que es imposible construir una sociedad justa participando en la matanza de otros pueblos, y cerrar los ojos a los crímenes que se hace a nuestro nombre.
  3. Señalar que el objetivo de las actuales guerras no es un “cambio de régimen” (podrían hacerlo como antaño con golpes de estado o magnicidios), eliminando a Bin Laden, Asad, Sadam o Gadafi, sino colonizar países estratégicos.
  4. Dejar de llamar “democrático” al Estado que participa en la matanza de millones de personas “extranjeras”. Martin Luther King acusó al gobierno de los EEUU de ser el “el mayor proveedor de violencia en el mundo“.
  5. Revelar que con el millón de euros que cuesta un misil Tomahawk se podría evitar la muerte de algunos de los 100.000 niños que hoy se morirán de hambre. Donald Trump, que ha creado un gabinete para nuevas guerras, intenta que sus socios de la OTAN paguen más y pongan más carne de cañón. El gasto militar de EEUU, unos 603.000 millones de dólares en 2018, es equivalente a la suma de las siguientes 14 potencias; ha tenido un aumento de 25.000 millones con respecto al año 2017, tendrá otro de 16.000 millones para el 2019, recortando los fondos para vivienda pública, atención médica y educación, medio ambiente, etc.
España ha destinado 32.000 millones de euros al gasto militar y al control social en 2018, según el Grupo Antimilitarista Tortuga, lo que supone un incremento del 10,7% respecto al año anterior (unos 80 millones al día), mientras 10,2 millones de personas (el 22,3% de la población) viven por debajo del umbral de la pobreza.
  1. La educación para la paz en el colegio, para que en el futuro nadie sea capaz de manipularles, enviándoles a poner bombas o lanzar misiles para eliminar a otros seres humanos.
  2. Invitar al movimiento ecologista como parte de esta lucha: cantidad de bombas descargadas sobre Irak desde 1991, y sobre Afganistán desde 1980 hasta ahora, no sólo ha sepultado a cientos de miles de personas, sino ha contaminado la tierra, el agua y el aire, y ha producido daños medioambientales de graves consecuencias para el planeta. Dichos países han sido cementerios de uranio empobrecido y terrenos para probar nuevos artefactos bélicos.
  3. Trabajar con los inmigrantes, ya que un importante sector ha huido de las guerras y conflictos armados.
  4. Integrar al poderoso movimiento feminista: las mujeres aquí y allá son de las principales perjudicadas por el militarismo.
  5. Implicar a organismos mundiales existentes para un cambio positivo basado en la cooperación y la responsabilidad entre los estados.
  6. Insistir en el consumismo ético: no al petróleo de otras naciones, ni a su coltán, a cualquier precio"
https://www.rebelion.org/noticia.php?id=247885

martes, 16 de octubre de 2018

De monstruos en nuestro jardín


El filósofo Santiago Alba:

"Hay algo así como una fuga organizada, colectiva, del silencio, en cuyos abismos tratamos de no caer por todos los medios. ¿De qué está lleno el silencio?

 El silencio está lleno de… palabras. De toda la chatarrería común, de todos los tópicos y toda la hojarasca que nos ha metido el mundo. Pero está lleno también de todas las palabras que no queremos escuchar; de esas palabras socráticas contra las que se levanta, por ejemplo, la así llamada “industria del entretenimiento”, pensada para evitar el silencio y el aburrimiento, para “proletarizar el ocio” e impedir todos los procesos de individuación que tienen que ver con la memoria personal, pero también con la diferencia creativa. La música comienza en el silencio; la polis en el aburrimiento. Una sociedad en la que está prohibido el aburrimiento, matriz de todos los inventos, madre de todos los “vicios”, es una sociedad en peligro de muerte. Más aún si se repara en el hecho de que esos procedimientos materiales de fuga organizada –del turismo a las nuevas tecnologías– erosionan al mismo tiempo la conciencia y el planeta.

Estoy totalmente de acuerdo cuando afirmas: “Lo que me parece mal –está mal– es que nuestras leyes no nos defiendan, nuestras instituciones no nos protejan, y nuestros parlamentarios no nos representen, y que, por este motivo, hayamos desconfiado no de nuestros secuestradores, sino de la política misma”.

En efecto, el problema no son las leyes, a condición de que las hayamos decidido nosotros y sean justas; ni las instituciones, a condición de que sirvan para proteger a los ciudadanos; ni los parlamentos, a condición de que realmente nos representen. El problema, en definitiva, no es la democracia sino su ausencia o deficiencia. Tenemos que tener mucho cuidado a la hora de distinguir las palabras y las cosas; y no confundir a las élites que minan nuestras democracias con la democracia misma. Ese es el camino por el que ha transitado siempre el fascismo, el caudillismo, el autoritarismo. Tenemos que defender la democracia tanto de los “demócratas” como de los antidemócratas.

¿Y la juventud? El pensamiento hegemónico refiere que “ninguna generación ha vivido mejor”. Creo que con toda la razón, contraargumentas que “tampoco ninguna ha tenido menos perspectivas de futuro. Pero no solo eso: quieren ser tratados como mayores de edad, y solo pueden serlo chocando objetivamente contra el mercado. Hay revueltas del pan y revueltas contra las golosinas, y las dos revelan el límite del capitalismo”. 

La idea misma de ciudadanía se asocia, desde la Ilustración, al acceso por parte de la humanidad, según la expresión de Kant, a la “mayoría de edad”. Las dictaduras siempre han tratado políticamente a los ciudadanos –y por eso no son ciudadanos– como a “niños”. Pero también los trata como a niños, desde un punto de vista antropológico, el capitalismo consumista. Nos soborna con mercancías baratas, con gadgets tecnológicos y televisión basura. Los jóvenes de las “revoluciones árabes” se rebelaron contra las dictaduras que los infantilizaban; los del 15M contra la minoría de edad de los mercados: “no somos mercancías”. El año 2011 fue un momento de reivindicación global de ciudadanía por parte de juventudes de diferentes países que vivían situaciones políticas distintas, pero bajo un imaginario común; un momento de reivindicación democrática de ciudadanía revertido trágica y rápidamente. La advertencia, en todo caso, es clara: o se deja a los jóvenes acceder a “la mayoría de edad”, dándoles medios económicos y políticos de participación en la vida pública, o sus revueltas adquirirán formas cada vez más identitarias y violentas.

“ Si no fuese colonialismo, el turismo sería en todo caso mala educación”. No puedo dejar de pensar en que el “Forum de las Culturas de Barcelona” se hizo de espaldas a la Mina, para que los clientes de los hoteles no vieran la miseria y el abandono histórico de este barrio.

En otro de mis libros hablaba del turismo como de una “mirada caníbal”, la expresión más banal, más placentera, más inocente de esa prolongación del aparato digestivo en que hemos convertido la reproducción de la vida en Occidente. Hay motivos ecológicos para comer menos carne; y hay motivos ecológicos, culturales y políticos para viajar menos. Desde un punto de vista material, el planeta no puede permitirse 90 millones de vuelos al año; y no hay que olvidar que, mientras son unos pocos millones de personas las que se desplazan del sur al norte para buscar trabajo o huir de la guerra –y tropiezan con todo tipo de obstáculos– son 1000 millones las que lo hacen del norte al sur, sin que nadie las detenga, para hacerse una fotografía. Este segundo tipo de desplazamiento, destructivo ecológicamente hablando, es difícilmente justificable en términos culturales: la industria del turismo convierte el desplazamiento en lo contrario de un “viaje”; lo contrario –es decir– de una experiencia individual transformadora. Los inmigrantes y refugiados son individuos y viajan; los turistas forman colectivos abstractos protegidos por pasaportes privilegiados y se limitan a consumir experiencias manufacturadas. Estas experiencias manufacturadas, por lo demás, exigen la adaptación de países enteros –con sus economías y gobiernos– a las necesidades de esos colectivos abstractos, con lo que eso implica de recolonización permanente de los recursos y de marginación de las poblaciones. Digamos que la relación con el otro se ha turistizado de tal manera que los occidentales tratamos siempre a los extranjeros más pobres como si fueran inmigrantes o refugiados, y ello tanto en nuestras metrópolis, donde aumentan el racismo y la islamofobia, como en sus países de origen, en los que contemplamos su pobreza como exótica o merecida y su disposición a servirnos como jerárquicamente natural. Nos lo comemos todo: también las imágenes del mundo y los seres humanos que lo pueblan. Vivir antes era un viaje; y lo sigue siendo para los más desgraciados. Para nosotros es una visita guiada; y entre nuestros derechos se encuentra el de ver a alguien muriendo desde la ventanilla.

“El capitalismo ha hecho realidad todas las utopías de la izquierda, pero volteándolas en pesadillas…” Me recuerda las reflexiones de Bifo, devorar lo antagónico para devolverlo en forma de mercancía…

Esa es la primera utopía que el capitalismo hace realidad como distopía: el viejo mito de la cornucopia, el cuerno de la abundancia de los cuentos de hadas, soñado desde hace miles de años por todos los pueblos de la tierra, verificado por fin pero trasladado a una forma –la mercancía– en que esa riqueza que inunda el planeta resulta al mismo tiempo inasible y mal repartida. El capitalismo –insitía Marx– ha producido más y mejor que ningún otro orden económico anterior. El resultado es una pesadilla muy parecida a la de Tántalo en el Hades griego: muerto de sed y sumergido en el agua hasta el cuello sin poder beber. Las mercancías no son “cosas” –pues ni se usan ni mueren– y además están desigualmente distribuidas. Nunca hubo tanta desigualdad entre un señor feudal y su vasallo, ni económica ni cultural, como la que existe hoy entre Bill Gates y un vecino de Móstoles (...) 
 
Se ha producido una subversión de la vieja y clasista memoria estereotípica de la humanidad: “No solo los gitanos, los extranjeros, los pobres, son peligrosos. Cualquiera –tú mismo– puede ser un monstruo. La normalidad misma es monstruosa...”
Antes, en efecto, “los otros” estaban lejos: bárbaros, extraterrestres, extranjeros. Hoy somos nosotros mismos; o viven en nuestro propio edificio. La cultura de la desconfianza cultivada por la soltería mercantil obliga a estar alerta en las cercanías: puedo estar casado con un monstruo que entierra a sus víctimas en mi jardín. La normalidad se ha vuelto sospechosa mientras la lejanía –la de las élites que firman acuerdos secretos en despachos cerrados– nos resulta tranquilizadora. Cualquiera puede ser un monstruo, salvo los que nos gobiernan o nos roban nuestros ahorros (...)

¿Cómo podemos explicar la barbarie en el Mediterráneo? ¿Cómo detener la acumulación de cadáveres en la fosa común? ¿Hay esperanza en un espacio potencial a un lado y otro de “miserias y resistencias compartidas”?

Ocurre que los europeos, sujetos morales normales, están al mismo tiempo interesados en cerrar los ojos. En cada uno de ellos se libra una batalla ininterrumpida entre la moral y el interés. Y entonces llegan los gobiernos y los partidos políticos e inclinan la balanza. ¿Qué hacen? Nos autorizan a anteponer el interés a la moral: es justo, es legítimo, es más “francés” o más “húngaro”. Este proceso de “autorización de la indiferencia” lo hemos vivido en otros periodos de nuestra historia. Por eso yo hablo de un Weimar global en el que la pérdida de credibilidad de la democracia, unida a una severa crisis económica, convierte a los europeos en “refugiados”. Porque son ellos –nosotros– los verdaderos refugiados. Si refugiarse quiere decir –según su etimología– “huir hacia atrás”, no son los sirios o los afganos los que buscan “refugio” sino los gobiernos y los ciudadanos europeos, de vuelta a los años 30 del siglo pasado para construir un enemigo que, mitad dentro mitad al otro lado del mar, fija los límites de los derechos humanos “universales”: “los españoles primero”. En 2011, como decía antes, hubo una posibilidad de democratización común del mediterráneo. Su derrota ha llenado el mediterráneo de cadáveres y Europa de protofascistas.

Para terminar, es elocuente y paradigmático el paralelismo que planteas entre los actuales refugiados y migrantes con la llegada de los “bárbaros”, como paradoja de la decadencia de la civilización occidental.

Sólo un pacto entre los “refugiados” del interior y los “bárbaros” que presionan en nuestras fronteras; sólo un pacto basado en los Derechos Humanos podrá evitar que –como ya está ocurriendo– unos y otros se radicalicen: neofascistas y yihadistas, mezclados ya en los territorios, un poco indiscernibles entre sí, acelerando el proceso de desdemocratización global. Si el capitalismo es, además de un orden económico, una civilización y está en decadencia, el postcapitalismo puede ser aún peor: una generalización de la barbarie –tribal, identitaria, religiosa– en un mundo de “armas nucleares sin fronteras”. Nunca ha sido más necesaria la política como defensa común de la fragilidad compartida (...)
Mi convicción es que, en efecto, el particularismo tribal europeo no sólo ha robado vidas y riquezas sino que nos ha robado un legado universal: la razón con sus límites, la sensibilidad con sus grilletes de flores, el Estado de Derecho, el republicanismo, los Derechos Humanos, el laicismo, el feminismo plural, todos esos milimétricos progresos que, contra el colonialismo, el patriarcado y el capitalismo, ha hecho la Humanidad en su conjunto. Puede que la humanidad la hayan definido hombres blancos ricos y heterosexuales, pero hay que preguntarse si la han definido de tal manera que valga la pena ampliar sus límites a las mujeres, los “negros”, los homosexuales, etc. (como se extendió el derecho al voto a las mujeres y a los más pobres)"

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=247340

viernes, 12 de octubre de 2018

Este desfile es una ruina

 
Y coronado por una casa real en máximos de descrédito en las encuestas, descartado el CIS que prefiere no preguntar, según nos cuentan. En Cataluña lo dicen bien clarito, y eso aún escandaliza a una clase política cortesana y sobreactuada en Madrid. ¿Qué mejor manera de representar la Hispanidad, en efecto? 
 
"Pere Ortega, presidente del Centro Delàs de Estudios por la Paz, denuncia “categóricamente” cómo muchos de los vehículos militares que se exhibirán en la Castellana solo sirven para este desfile y el de las fuerzas armadas, que tiene lugar en torno al 30 de mayo. Aviones y blindados que, indica Ortega, “nunca han sido utilizados ni nunca serán utilizados: lo máximo que hemos sacado son dos o tres aviones en las repúblicas bálticas, hemos sacado media docena de blindados que han ido a Polonia a no se sabe bien qué y nada más”.
Armas con un único efecto “disuasorio” que se lucen dos días al año y que después son conservadas en costosos hangares para evitar la oxidación. A pesar de ello, las compras continúan. “¿Cómo se puede justificar delante de la población gastarse cada año cuatro o cinco mil millones en armamento para solo sacarlo el día del desfile?”, se pregunta Ortega (...)
 Los aliados de la OTAN se han comprometido a aumentar la inversión de Defensa hasta el 2% de sus respectivos productos interiores brutos. En el caso de España, esto supondría un aumento desde el actual 0,9% del PIB hasta más del doble. Pero hay matices. Desde hace años, una serie de partidas militares se ocultan en las partidas de otros Ministerios.
Los cálculos oscilan entre los diez mil y los 15.000 millones de euros que estima el colectivo antimilitarista Tortuga. Ortega explica que en ese gasto no computado se encuentran partidas como la Seguridad Social de los militares, las ayudas de I+D a la industria militar, las pensiones de guerra de damnificados de la Guerra Civil o transferencias extraordinarias a Defensa que suponen mil millones de euros anuales.“Si sumamos todos, el presupuesto real estaría en torno a los 20.000 millones de euros, pero, como ellos no lo suman —indica Pere Ortega—, hay que añadir 15.000 millones para cumplir el objetivo del 2% del PIB”. En todo caso, el plazo para llegar a ese procentaje llega hasta 2024, con lo que el Ejecutivo actual no tiene que hacer un esprint para adecuar sus objetivos, sino continuar con la carrera de fondo, en marcha desde el inicio de la llamada recuperación económica.
Ortega espera un anuncio por parte del Gobierno en línea continuista, es decir, un incremento de mil millones en adelante para el presupuesto de 2019. Un aumento en el que también influye la “herencia recibida” en forma de Programas Especiales de Armamento, que cada año suponen una cancelación de créditos recibidos por la industria de aproximadamente 1.500 millones de euros por parte del Estado.
“Lo primero que nos tenemos que preguntar es para qué queremos unas fuerzas armadas sobredimensionadas, con tanto armamento”, indica Pere Ortega. “Una vez resuelta esa gran pregunta tendría sentido tener unas fuerzas armadas de acuerdo con las amenazas reales del Estado español, pero esa pregunta no se la hacen porque consideran, por inercia del pasado, que tenemos que tener unos ejércitos enormes para prevenir posibles ataques del exterior cuando eso ya no tiene ningún sentido en el siglo XXI”.
En 1961, Dwight Eisenhower, en sus últimas horas como presidente, hizo un raro alegato instando a que los consejos de Gobierno evitaran “la compra de influencias injustificadas, ya sea buscadas o no, por el complejo industrial-militar”. Ese discurso sirvió para acuñar la fórmula complejo industrial-militar, única beneficiaria, según Ortega de las políticas de Defensa destinadas al aumento del arsenal en España.
Quienes hacen caja con desfiles como el del 12 de octubre, apunta Ortega, “son los accionistas de esas industrias, que viven de una política de Defensa que ellos coartan con su presión como lobby para que se siga haciendo armamento”. El último ejemplo de esa labor “de lobby” ha sido la movilización de trabajadores de Navantia, que cerró, a favor de la industria armamentística, el conflicto sobre las corbetas vendidas a Arabia Saudí.
Una presión que impide el estudio serio de la reconversión del sector industrial armamentístico en otras actividades acordes con los problemas derivados del cambio climático y la crisis larga del modelo productivo. “Sigue habiendo una dependencia de este tipo de industria y el Estado español la sigue beneficiando, ¿para qué? para adquirir unos armamentos que no sabemos para qué sirven, concluye Ortega"


 
 

jueves, 11 de octubre de 2018

De esperanzas a largo y corto plazo

 
Un new New Deal, la solución en abstracto mientras no exista potencia social que le ponga el cascabel al gato de las instituciones internacionales: en su lugar la impotencia social engorda al león del autoritarismo fascista:
 
Yanis Varoufakis:
 
"¿Puede el futuro ser más brillante? Sí, claro que sí. Recientemente, junto con Bernie Sanders, hicimos un llamado a un Internacional Progresista para que haga una campaña por un New Deal internacional, un nuevo Bretton Woods. ¿Qué significaría eso en la práctica? Aquí hay tres ejemplos de lo que eso significaría:
Un programa de inversión verde a gran escala mediante el cual poner el exceso global de ahorros al servicio de algo útil: Sería equivalente a un New Deal internacional, tomando prestado del plan de Franklin D. Roosevelt la idea básica de movilizar dinero privado inactivo para fines públicos. Pero en lugar de programas de impuestos y gastos a nivel de las economías nacionales, esto debe ser administrado por una asociación multilateral de bancos centrales (como la Reserva Federal, el Banco Central Europeo y otros) y bancos de inversión pública (como el Banco Mundial, El Banco de Desarrollo de Alemania, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, etc.). Bajo los auspicios y la dirección de, digamos, el FMI, incluso la OCDE (!), los bancos de inversión podrían emitir bonos de manera coordinada, que estos bancos centrales estarían listos para comprar, si fuera necesario. De esta manera, el conjunto disponible de ahorros globales proporcionaría los fondos para inversiones importantes en los empleos, las regiones, los proyectos de salud y educación y las tecnologías verdes que la humanidad necesita.
Tratados de comercio justo, basados en el salario mínimo vital para los países pobres y un plan de garantía de empleo para las regiones desfavorecidas de los países más ricos: Para ilustrar que los aranceles no son la mejor manera de proteger a nuestros trabajadores, ya que en su mayoría enriquecen a las oligarquías locales. Debemos hacer campaña para que los acuerdos comerciales que comprometen a los gobiernos de los países más pobres a legislar los salarios mínimos de vida para sus trabajadores y los gobiernos de los países más ricos para legislar un salario mínimo vital para las regiones desfavorecidas, para que las comunidades puedan ser revividas en países más ricos y más pobres a la vez.
Un nuevo sistema monetario internacional: una unión mundial de compensación de capital y comercio. La tarea aquí es reequilibrar el comercio y crear un fondo de riqueza internacional para financiar programas para aliviar la pobreza, desarrollar el capital humano, apoyar a las comunidades marginadas e invertir en la transición verde en todo el mundo, y no solo en el mundo en desarrollo sino también en los cinturones industriales de Estados Unidos y Europa.
Mientras mantienen sus propias monedas y sus bancos centrales, los miembros del nuevo Bretton Woods acordarían denominar todos los pagos en una unidad contable común, llamémoslo Kosmos (K), una moneda digital común que debe emitir y regular el FMI, la base de un libro contable digital distribuido de forma transparente y un algoritmo que ajustaría el suministro total de Ks de una manera previamente acordada al volumen del comercio mundial, todo lo cual se denominará en K unidades (...)
El suministro de K se ejecutará sobre la base de reglas simples y automatizadas que impulsan el suministro global de K en momentos de desaceleración global, minimizan el poder discrecional de los políticos y los burócratas, regulan en gran medida las transacciones del sector financiero en Ks y mantienen los desequilibrios comerciales y de capital bajo control usando dos instrumentos:
El gravamen: un gravamen por desequilibrio comercial que se cargará anualmente a la cuenta K de cada banco central en proporción a su déficit o superávit de cuenta corriente y se pagará en un Fondo de riqueza común.
El cargo: las instituciones financieras privadas pagarán una tarifa de "aumento" en el mismo Fondo en proporción al aumento repentino de flujos de capital fuera de un país, que recuerda la subida de precios por congestión que las empresas como Uber cobran a sus clientes en momentos de pico de tráfico (...)
 De repente, a través del Fondo Común, el mundo habrá adquirido, sin la necesidad de ningún capital suscrito, un Fondo Global Soberano mediante el cual financiar programas para aliviar la pobreza, desarrollar capital humano, apoyar a comunidades marginadas e invertir en la Transición Verde en todo el mundo, y no solo en el mundo en desarrollo sino también en las zonas desfavorecidas de Estados Unidos y Europa.
Conclusión
2008 fue una llamada de emergencia que cayó en oídos sordos. El mundo en 2018 es más precario que en 2007. Las finanzas continúan succionando el oxígeno de los trabajadores creativos, las corporaciones infra-invierten en las cosas que la humanidad necesita, la mayoría de la gente afronta perspectivas de vida menguantes en un mercado laboral uberizado, y la política democrática está siendo envenenada por la fijación del establishment por el inane business as usual y la creciente y triunfante Internacional nacionalista y xenófoba. Sólo una Internacional progresista, que haga campaña por un New Deal internacional como el que aquí describimos, puede inspirar la esperanza del futuro"
 
 
 
 
Hoy por hoy el único movimiento social capaz de frenar a Trump. Aunque hasta ahora no bastó el feminismo clasista y reductivo de clase media, el que se negó a cooperar con Black Lives Matter en aquellas marchas:
 
David Brooks
 
"El cineasta y activista Michael Moore alerta que todo está en juego en esta próxima elección intermedia, y que si la oposición a Trump no logra el triunfo esta podría ser la última elección libre en este país.
Después de la histórica Marcha de Mujeres que enfrentó a Trump el primer día de su presidencia, el estallamiento de movimiento #MeToo que está tumbando a hombres poderosos en todos los ámbitos, en esta elección hay un número sin precedente de mujeres candidatas al Congreso y otros puestos de elección.
Tal vez las mujeres podrán rescatar al país de este precipicio el 6 de noviembre en las elecciones intermedias donde toda la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y varias gubernaturas están en juego"

 http://rebelion.org/noticia.php?id=247582
 
 

martes, 9 de octubre de 2018

Irrelevantemente algoritmizados


«Tal vez el inconsciente colectivo de Jung o las ideas sintéticas a priori que, según Platón, flotan en las esferas como arquetipos no eran otra cosa que el Internet. Esos pensamientos y sueños comunes forman nubes compactas en suspensión que pueden ser descargadas de nuevo como una lluvia sobre otros cerebros apretando otra tecla. Quien sepa manipularla tendrá todo el poder de este mundo (…). Al final de la historia quedará una sola verdad con una sola tecla bajo el impulso de un solo dedo. Esa verdad nos hará libres. Enter».
(Manuel Vicent: «Enter», publicado en El País el 6 de marzo de 2011)
«No hay ningún obstáculo para hacer un registro eficiente de todo el conocimiento humano, de las ideas y de los éxitos, para crear una memoria mundial completa para toda la humanidad».
(H. G. Wells: El cerebro mundial)
 
Lo celebran con uno de sus simpáticos doodle; ya saben, esa imagen animada mediante la que el archifamoso motor de búsqueda de internet señala algún acontecimiento digno de ser remarcado. Esta vez les ha tocado a ellos, o a él, a Google, la en la práctica monopolística puerta de entrada al ilimitado universo de la world wide web, al cumplir su vigésimo cumpleaños.
Carl Sagan, en uno de los capítulos de su ya clásica serie de divulgación científica Cosmos, el titulado «La persistencia de la memoria», enunció una frase que a mí siempre me ha parecido un prodigio a partes iguales de síntesis y verdad. Venía a decir que el viaje evolutivo de la especie humana empezaba en los genes, continuaba en el cerebro y terminaba en los libros. En el encéfalo, más precisamente en la corteza cerebral o neocórtex, la información innata en la que estaban escritos los programas de respuesta de nuestro organismo para sobrevivir en el medio mutaba en información que ya no podía ser transmitida ni conservada mediante la bioquímica del ADN. Para lo primero, el homo sapiens contaba con el instinto del lenguaje (léase a Steven Pinker) y para lo segundo la evolución nos dotó de una nada despreciable memoria. Pero esta facultad cognitiva, conforme el ser humano fue produciendo más y más cantidad de información que convenía fuese compartida y almacenada para que la especie prosperara, se reveló insuficiente. Homo sapiens inventó la escritura, incrementando con ella su potencial de almacenamiento y de acceso a nuevos depósitos de información, mejorando en variedad y cantidad su repertorio de repuestas a los desafíos medioambientales y poniendo las bases para la creación de un medio social que mejoraba ostensiblemente sus posibilidades de supervivencia. La aparición del libro fue un hito de una relevancia inconmensurable que se multiplicó exponencialmente con la imprenta.
Desde entonces, la cantidad de información que producimos no ha hecho sino crecer y crecer, y cada vez a un ritmo mayor. Uno de los críticos de internet con mayor predicamento en la actualidad, Nicholas G. Carr, señala la aparición del invento de Gutenberg como el origen de lo que él denomina «mentalidad literaria», todo un modelo de pensamiento asociado al hábito de la lectura de libros. En su ensayo titulado Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? alude a dos testimonios de hace siglos que ya destacaban la abrumadora avalancha de información generada por la imprenta. La primera referencia corresponde a Richard Burton quien, en su obra maestra de 1628 titulada Anatomía de la melancolía, describe «el vasto caos y la confusión de los libros» a que se enfrentaba el lector del siglo XVII: «Su peso nos oprime, nos duele la vista de leerlos, y los dedos de pasar sus páginas». Años antes, en 1600, Barnaby Rich, otro escritor inglés, se había quejado: «Una de las grandes enfermedades de nuestro tiempo es la proliferación de libros que abruma a un mundo incapaz de digerir la abundancia de materias ociosas que todos los días se dan a la imprenta».
Con el paso del tiempo y el consiguiente aumento exponencial de la producción de información, el problema de dar con un método eficaz para su almacenamiento y diligente recuperación para su uso pertinente se convirtió en un asunto de principal importancia. Durante el siglo XX se desarrollaron soluciones cada vez más elaboradas, sistemáticas y tendentes a la automatización. Las mismas máquinas que habían agravado la sobrecarga de información se contemplaban a partir de la segunda mitad del siglo pasado como el mejor recurso para aliviar el problema. Ya entonces hubo quien temía que el avance científico se pudiese ver frenado por la incapacidad humana para estar al tanto de toda la información relevante que se producía en relación con un determinado ámbito de investigación. El ingeniero electrónico, Vannevar Bush, asesor científico de F.D. Roosevelt, plasmó esa preocupación en un visionario artículo, no exento de polémica, publicado en 1945 en la revista Atlantic Monthly y titulado «As we may think» (Como pudiera pensarse). ¿Su solución? Un nuevo tipo de máquina de catalogación personal a la que puso de nombre «Memex», útil para cualquiera que se rigiese por «los procesos lógicos del pensamiento». Nos asegura Carr que la máquina de Bush es un antecedente del ordenador personal y su sistema lógico de procesamiento de la información predice el sistema hipermedia de la World Wide Web. «Estamos rodeados de la descendencia del Memex», afirma el autor norteamericano, pero niega que estemos siquiera aproximándonos a resolver el problema de la sobrecarga de información.
En su libro de hace cuatro años titulado La señal y el ruido, el exitoso estadístico Nate Silver repara por su cuenta en dicho problema, cuya esencia radica en que la cantidad de información aumenta diariamente en 2,5 trillones de bytes, mientras que la cantidad de información útil no lo hace: «La mayor parte de esa información es sólo ruido y el ruido aumenta mucho más rápido que la señal. Hay una cantidad creciente de hipótesis que analizar y de información que desbrozar, pero la cantidad de verdad objetiva se mantiene relativamente constante». Nuestro cerebro no está filogenéticamente configurado para manejarse en un medio en el que el silencio está literalmente proscrito, y tiende a simplificar y filtrar aquella información que viene a confirmar nuestros prejuicios. Igual que la ingente producción bibliográfica que hizo posible la imprenta no impidió un largo período de enseñoramiento de los sectarismos religiosos que se tradujo en sucesivas guerras de religión en Europa culminadas con la devastadora Guerra de los Treinta Años, hoy sabemos que internet solo por sí mismo no nos salvará de los fanatismos y las pseudociencias (léase mi artículo El secuestro de la mente y la paradoja de internet). Diríase que a sus veloces lomos se propaga con notable éxito la mentalidad de la posverdad. Esto ya lo predijo Alvin Toffler en su libro El shock del futuro (1970).
Según cree Nicholas Carr, la solución no se encontrará nunca en un dispositivo de computación automático, sino en el tiempo que nos demos para pensar. Se requiere paciencia para decantar el tesoro de conocimiento que resulta de la criba del tiempo. Ahora bien, el autor es muy consciente de que corren malos tiempos para pararse a pensar: «Inundados en todo momento por información de interés inmediato, sin más remedio que recurrir a los filtros automáticos, otorgamos instantáneamente privilegios de validez a lo más nuevo y popular. En la Red, los vientos de la opinión se han convertido en un torbellino».
En el enjambre es el elocuente título de un ensayo de hace cinco años del filósofo Byung-Chul Han, en el que aborda, de un modo más propiamente filosófico, la sobrecarga de información. Aquí alude a la enfermedad psíquica que genera en el sujeto sometido a ella, el information fatigue syndrom o IFS, reconocido en 1996 por el psicólogo crítico David Lewis. Quien lo padece «se queja de creciente parálisis de la capacidad analítica, perturbación de la atención, inquietud general o incapacidad de asumir responsabilidades». Difícil pensar si la capacidad analítica se paraliza, pues ¿cómo distinguir lo esencial de lo no esencial? O, en terminología de Nate Silver, la señal del ruido. Para Byung-Chul Han, «el pensamiento es siempre exclusivo», en el sentido de que excluye toda información que no aporte conocimiento. Porque para conocer es menester reflexionar sobre la información recibida, jerarquizar su importancia significativa y buscar principios generales para ordenarla. Concluye este filósofo: «Más información no conduce necesariamente a mejores decisiones. Hoy se atrofia precisamente la facultad superior de juicio por la creciente cantidad de información. Con frecuencia un menos de información produce un más . La negatividad de la omisión y del olvido es productiva. Más información y comunicación no esclarecen el mundo por sí solas. Y la transparencia tampoco lo hace clarividente. El conjunto de información por sí solo no engendra ninguna verdad. No lleva ninguna luz a la oscuridad. Cuanta más información se pone a disposición, más impenetrable se hace el mundo, más aspecto de fantasma adquiere. En un determinado punto, la información ya no es informativa, sino deformativa; la comunicación ya no es comunicativa, sino acumulativa».
Google –según señala Nicholas Carr– trabaja para que sus usuarios tengan veloz acceso a la mayor cantidad de piezas de información de modo que puedan extraer diligentemente su esencia y seamos, así, más productivos como pensadores. Todo se sacrifica al dios de la eficiencia a cuyo servicio se ponen los más potentes algoritmos, para los cuales no existe lo que no es cuantificable. Confiamos en su criterio, que nos es opaco porque ignoramos esos algoritmos, los cuales en todo caso premian a los sitios más visitados del universo de internet, que –claro está– como son los más buscados serán los que aparecerán en los primeros puestos de los resultados de búsqueda, lo que hará que sean más visitados por los internautas alimentándose el bucle de retroalimentación y la polarización entre la información que es visible y la que no. La cuestión es si todo criterio verdaderamente relevante es cuantificable.
Lo que hizo Frederick Winslow Taylor mediante su sistematización del trabajo manual (taylorismo), lo hace actualmente Google para el trabajo mental. Y según declaraciones de sus potentados creadores, de lo que se trata al final es de la construcción de una inteligencia artificial a gran escala. Según refiere Carr, en una entrevista de 2004, Sergey Brin ya tenía claro que «ciertamente, si tuvieses toda la información del mundo incorporada en tu cerebro, o en un cerebro artificial que fuese más listo que tu cerebro, te iría mejor».
¿Cómo sería ese mundo mental en el que se habría proscrito definitivamente el silencio? ¿No se vería dramáticamente afectada la conciencia de un yo inundado permanentemente de información, flotando sin elección en la superficie de un flujo incesante de bits tan denso que le impedirían sumergirse en las profundidades de un pensamiento contemplativo y potencialmente creativo?"



miércoles, 3 de octubre de 2018

Frente a la soberana estupidez, la soberanía lúcida

 
Mientras los camisas pardas le toman el pulso a la calle, no afinar en la crítica al euro acarrea acusaciones de rojipardismo. La parte afinada de razón de Monereo, Anguita  e Illueca en un nuevo artículo:
 

"Desde que Bodino escribiera Los seis libros de la República en 1576, el concepto de soberanía ha recorrido un largo camino. En un principio se asociaba al Estado absolutista e implicaba la potestad de expedir y derogar leyes y obtener la obediencia de los súbditos sin necesidad de su consentimiento. Sin embargo, no será hasta bien entrado el siglo XVIII, tras un arduo conflicto social y político, que se reconozca al pueblo como verdadero titular de la soberanía y se afirme el papel de la ley como expresión de la voluntad popular. Había hecho su aparición Rousseau. Desde entonces, la idea de soberanía ha sido desarrollada y matizada por innumerables pensadores, generalmente en el sentido de establecer límites al poder del Estado e introducir garantías frente a la arbitrariedad. Pero conservando siempre aquella sustancia que había identificado Rousseau y que está en la base de la democracia: la capacidad de los pueblos de autogobernarse y decidir el modelo social, económico y político en el que desean vivir.
Pues bien, la Unión Europea es la negación de la soberanía y de la democracia. Lo hemos dicho en el pasado y no vamos a insistir mucho en ello. La Europa neoliberal ha exacerbado la competencia entre países, ha liquidado los derechos sociales y está corrompiendo los valores cívicos de las sociedades europeas. Aún más, el neoliberalismo ha dividido el continente europeo en un núcleo de países industrializados dirigido por Alemania y una periferia cada vez más dependiente desde el punto de vista económico. En el espacio europeo no hay lugar para las políticas redistributivas; aquí lo único que cabe es un neomercantilismo feroz e inmisericorde que, en el mejor de los casos, genera crecimiento empobreciendo a las mayorías sociales. Los ciudadanos europeos empiezan a entender el significado de la lex mercatoria que impera en Europa: voten lo que voten, siempre es lo mismo. Y si alguien osa desafiar la autoridad de Bruselas, los mercados le hacen entrar en razón desencadenando ataques especulativos hasta provocar un corralito bancario. Primero fue Grecia. Ahora, tal vez, Italia.
Ha llovido mucho desde la aprobación del Tratado de Maastricht. Tras casi tres décadas de neoliberalismo, las sociedades están reaccionando en el sentido previsto por Polanyi. Millones de personas lo han perdido todo y asisten atónitas a la desintegración de sus comunidades sociales. La miseria se extiende cada día y la juventud carece de horizonte. ¿Acaso puede sorprender el auge que el populismo de derechas está experimentando en Europa? ¿Puede extrañar la reaparición de demandas de soberanía, de seguridad, de protección frente a las consecuencias deletéreas del mercado autorregulado? Cada vez más ciudadanos apelan al Estado y reivindican un marco nacional porque saben que es el único en el que pueden intervenir y vencer (…) La re-nacionalización de la política europea no es un efecto coyuntural de la competencia entre partidos, sino el producto histórico de la globalización capitalista y de la forma específica que ésta ha adoptado en Europa.
Llegados a este punto, tenemos que ser claros. Lo que se está produciendo en Europa no es un enfrentamiento entre un fascismo atávico y un europeísmo pretendidamente liberal y cosmopolita. Lo que se está produciendo en Europa es un enfrentamiento entre dos nacionalismos exacerbados por la competencia que tiene lugar en la economía europea: el nacionalismo económico de Alemania, que propugna una política neomercantilista, y un nacionalismo reactivo y revanchista que emerge en países como Italia, Francia o Gran Bretaña, por no hablar de Europa del Este. El europeísmo vacuo que exhiben las élites políticas y económicas, su defensa cerrada del euro y del mercado único, no es más que una coartada ideológica del nacionalismo económico alemán. Hace casi doscientos años, el gran economista alemán Friedrich List advirtió lúcidamente que la doctrina cosmopolita obedecía a razones nacionalistas de los países industrializados, que predican la libertad de comercio a los países pobres sólo cuando saben que no pueden competir con ellos.
El europeísmo y el globalismo pueden todavía cautivar a las clases medias intelectuales, pero no frenarán el avance del populismo de derechas. Para ello se necesita una nueva síntesis política que sea capaz de interpelar a los estratos populares con ideas fuertes, con pasión e imaginarios radicales. La clave es unir un discurso dirigido a las grandes mayorías sociales con un programa orientado a la defensa de la dignidad de las clases populares y trabajadoras: la recuperación de la soberanía como base de la democracia; la reindustrialización de España a partir de la intervención pública en la economía; una política orientada al pleno empleo; y una profunda transformación del Estado en un sentido republicano, federal y democrático. Naturalmente, ello exigirá un replanteamiento de las alianzas internacionales y una nueva unión entre los países europeos que respete la soberanía de los Estados: una Europa confederal. De fondo, la posibilidad real de una gran alianza entre las clases trabajadoras, los estratos medios empobrecidos y las pequeñas y medianas empresas golpeadas por la globalización. Si no la construye la izquierda, no lo hará nadie.
El soberanismo ha venido para quedarse. Lo que estamos viendo sólo son los primeros vientos de la tempestad que se avecina. A estas alturas, la única pregunta relevante es quién hegemonizará las fuerzas sociales que ha desencadenado la globalización y que demandan protección, seguridad, identidad. La inquietud de las élites neoliberales europeas resulta comprensible: es el correlato lógico de su hostilidad al Estado y a la democracia. Por el contrario, la postura de algunos intelectuales de izquierda es muy difícil de entender. Las personas que nos han criticado estos días soslayan que el control de la soberanía es una condición indispensable de la democracia. No parecen comprender el carácter dependiente y subalterno del país en que viven. Rechazan, en fin, cualquier posibilidad de realización histórica concreta de las aspiraciones populares. Hermann Heller escribió algunas páginas luminosas sobre esta contradicción del movimiento socialista. La única alternativa real al populismo de derechas es una síntesis política que anude soberanía, democracia y socialismo como respuesta a los sufrimientos sociales provocados por el neoliberalismo. Pero una cosa es segura: el futuro de los pueblos se construirá sobre las cenizas de esta Unión Europea"