jueves, 8 de octubre de 2015

Capitalismo sucio


"El estigma cae en VW pero es muy probable que todos los fabricantes de automóviles hacen trampa, bien para satisfacer los límites de emisión de NOX (más severos en los EE.UU. que en Europa) bien para cumplir con los límites de emisiones de CO2 (más severos en Europa), o por ambas razones a la vez.
Todos estos chanchullos están cubiertos por el "secreto comercial" o el "secreto industrial", que son casos específicos del “derecho de propiedad” capitalista.
En la UE, este fraude de contaminación se institucionaliza a través de un sistema de "regulaciones" que los gobiernos saben que existe sólo para divertir a la galería y para proporcionar un mercado a las organizaciones de certificación de pruebas ... cuyo objetivo prioritario es evadir las normas para atraer clientes.
Muchos informes sobre el estado del medio ambiente y muchos planes de acción en materia de protección ambiental (por ejemplo, muchos informes sobre la protección del clima), así como de nuestra salud están sesgados porque se basan en datos de contaminación artificiales, resultado de pruebas falsas que dan una imagen falsa de la realidad.
Los gobiernos reparten sin ningún tipo de verificación de cumplimiento las subvenciones a los compradores de "vehículos limpios", pero estas subvenciones no son sino un sistema de apoyo indirecto a la estrategia de innovación tecnológica (¡o pseudo-innovación!) de ciertas compañías más que un medio de acción a favor de la transición energética (...)
 Estas conclusiones deben interpretarse teniendo en cuenta el lugar central que ocupa la industria automotriz en la economía capitalista desde la Segunda Guerra Mundial. Con su producción en masa, la industria ha jugado un papel clave para "alargar" la larga onda de expansión de los "Treinta Gloriosos". Desde mediados de los años 70, la industria del automotriz conoce un proceso global permanente de reestructuración, fusiones y concentraciones en un entorno competitivo sin piedad, sin dejar de ser un pilar del sistema. Los nuevos requisitos medioambientales imponen restricciones adicionales a este pilar, ya que en tres o cuatro décadas deberá encontrar una alternativa a los combustibles fósiles. Una alternativa, pero cual: ¿hidrógeno o electricidad? Nadie puede adivinar cual será, pero una cosa es segura: en ambos casos, los costes serán enormes. Que el fabricante líder mundial se arriesgue a hacer trampa con los estándares de contaminación es muy revelador de la extrema dureza de la lucha intercapitalista en este contexto. Que los gobiernos de la Europa "democrática" y los organismos de la UE tapen estas malas prácticas dice mucho acerca de su carácter de funcionarios del capital.
Por todas estas razones, el asunto VW probablemente permanecerá en la historia como un acontecimiento en el sentido más fuerte del término, es decir, con un "antes" y "después". El impasse de la industria del automóvil resume el doble callejón sin salida actual del capitalismo en su conjunto. Impasse social, en primer lugar, en la medida en que las enormes inversiones en capital constante someten a la tasa de ganancias a una presión cada vez más difícil de compensar mediante el aumento de la explotación del trabajo. Impasse ecológico, también, debido a que la transición a los coches eléctricos o de hidrógeno, simplemente cambia el problema de fondo, que es obviamente la contradicción entre las necesidades de crecimiento del capital y la finitud de los recursos terrestres, incluyendo la finitud de los recursos terrenales. En pocas palabras: el coche verde es como capitalismo verde: una contradicción in terminis"

http://rebelion.org/noticia.php?id=204098



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